<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221</id><updated>2011-08-31T10:56:56.180-05:00</updated><title type='text'>Erransaudade...</title><subtitle type='html'>Los hay que viajan solos y su compañía es el encuentro próximo con el otro o lo otro, ya sea en una cantina, en un puerto, ad portas de la partida, en el más insospechado transporte, es allí donde el libro empieza a brotar, donde las historias aparecen con el calor del sol o del licor, con la luz de una vela, en una desolada casa de campo o con la luna que ilumina la arena del mar donde las olas traen y borran historias.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>76</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-131022761577357926</id><published>2011-04-29T06:34:00.002-05:00</published><updated>2011-04-29T06:39:03.455-05:00</updated><title type='text'>Incauta salida del Perú</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Se plantea uno cosas, le pasan por la cabeza. En diferentes momentos, situaciones, puntos de la vida, pero ella que no atiende de normas, cambia, muda y entonces los planteamientos mutan también. En algún punto del vasto Brasil, cuando recorría esas desoladas distancias y apenas si empezaba la cuestión o inclusive antes de la primera partida, concebí un viaje sin retorno. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pensé que tomaba la bicicleta y los caminos no me traerían de vuelta, creo que mi viejo amigo sabía de ello y tal vez era al único que no podía sorprender de haber tomado tal decisión. El día que encontré a mi compañero de viaje, Juan, empecé a sentirme más cerca de Colombia. Tal vez porque fuésemos del mismo país y nuestras conversaciones giraran en torno a él. Por ese recuerdo de fronteras, amigos, dichos, productos que se colaba en nuestros remembranzas. Por esto y por otros factores que se iban sumando en el recorrido, la presencia de Colombia era cada vez más fuerte, definitivamente había que volver.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde Bolivia ya sentía la inminencia de lo colombiano en el camino, una fruta, un sabor, ciertos modismos nos la recordaban y ya en Perú, todavía muy lejos del hogar la presencia se hacía mucho más fuerte. La economía, las fuerzas, la ansiedad jugaban papeles importantísimos en cualquier decisión y no era el mismo ímpetu de cuando salí de allí. Cada uno de nuestros escasos pesos valía mucho más. Lima por ejemplo estaba bastante lejos todavía de Bogotá o la misma Medellín, pero existía un bus que por 120 dólares y en solo tres días nos dejaba en casa. Hay que reconocer que esto a veces resultaba tentador, sin embargo mirábamos el mapa, pensábamos en lo recorrido y en lo porvenir y el camino todavía nos llamaba con fuerza. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Desde la salida de Lima empezamos a dar saltos en bus y sin ninguna pena lo reconozco, ya lo he dicho bien que los heroísmos no me van y que lo importante es ser sincero  y que maneras de abordar el viaje hay muchas. Por cuestiones del destino y del corazón mi amigo Juan se había adelantado un poco y nos habíamos puesto como punto de encuentro la ciudad de Trujillo, él hacía sus kilómetros a su manera y yo llegaría en muchas más ruedas. Estuvimos unos días separados y fue en esa pequeña ausencia que sentí al amigo más cercano y necesario. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero hay que decir que nuestro encuentro se vio empañado por un suceso nada agradable. Seguía ratificando lo molesto que es viajar en bus y más cuando llevas como equipaje una bicicleta de 15 kilos y otro tanto de equipaje poco convencional. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mis bus llegaba a la ciudad de Trujillo a las 6 de la mañana, mi fiel compañero se había levantado temprano para ir a recogerme. La alegría fue inmensa al verlo por la ventanilla del bus, al bajar en esa fría mañana nos abrazamos para seguir como buenos compañeros de viaje, pero en este trámite mañanero, justo cuando descargábamos las cosas del bus, teníamos una parte del equipaje en el suelo y la bicicleta se atasco, en los menos de dos minutos en que hacíamos esto, un pequeño bolso en el que guardaba cosas de valor me fue robado. Fue cuestión de un instante. Recordemos la sabía frase de Woody Allen: “Disfruta del día hasta que un imbécil te lo arruine”, y el idiota apareció haciendo lo suyo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero bueno, gajes del viaje, de la vida, del devenir. Estaba con el Juancho y había especiales motivos ese día para estar bien, el encuentro con el amigo y además conocer uno de los hitos en este viaje, la famosa y bien mencionada “Casa de ciclistas de Lucho”, que podría merecer un capítulo aparte. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Varias hay en el mundo, yo solo conocía la escuálida casa que nos albergo en La Paz, pero si vas a emprender un viaje en bicicleta por Sur América es casi imposible que en tu paso por Perú no tengas en cuenta la casa de este personaje. Todos nos hemos documentado antes y de oídas sabemos de la casa que ha albergado más de mil ciclistas alrededor de 20 años. Yo era el numero 1390, lo sé porque apenas entras firmas el libro de registro y te enteras de que número eres. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lucho es un hombre sencillo y sobra decir que amante de la bicicleta. No tienes que avisar tu llegada ni llenar formularios, Lucho siempre te abrirá las puertas de su casa, que es la casa de todo ciclista que venga viajando. Ruedas, alforjas, radios, pedales, historias regadas por toda la casa, un par de cuartos, con camas, colchones, no importa. Un baño limpio y la calidez de encontrarte con semejantes, un lugar donde conversan los sueños de muchos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Es raro que no haya nadie en la casa, muchos llegan para resguardarse un par de días y terminan quedándose semanas enteras, ya sea porque su bici necesita una mano o porque el ambiente es propicio para descansar. No hay ninguna cuota, lo que puedas y quieras dar a la partida será bienvenido, no hay lucro, solo es para mantener el aseo y la casa, que siempre estará en pie mientras hayan soñadores, primero como el Lucho que la puso en pie con toda la bondad posible y luego locos que con su buen sueño la alimenten. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La casa es un bello caos. La puerta abre a trancazos y nunca sabes quién tiene la llave. Apenas abres te encuentras con un salón enorme, que me imagino también sirve de morada cuando hay casa llena, ya que solo hay dos cuartos, uno abajo con un baño contiguo y arriba otro con una pequeña terraza. Fotos, imágenes, postales, saludos y agradecimientos al Lucho que tiene ubicado su taller en la misma casa. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Un taller igual de caótico y maravilloso del que se puede decir a salvado muchas vidas, entre tuercas tornillos, radios, llaves y piezas difíciles de conseguir que solo el lucho sabe cómo obtenerlas. Desde que comenzó el sueño Lucho va llenando unos inmensos libros donde cada viajero deja una nota de agradecimiento. Algunos artistas del pedal y de los colores dejan sus cuadros en cada página, otros anuncian y cuentan su recorrido, los hay que hacen casi un dosier con fotos, pagina web y demás, hay poemas, frases, cantos en cada uno de esos libros. Voces de todo el mundo, lenguas de cada lugar que te puedas imaginar, es un placer dar un vistazo a aquello. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La casa es punto de encuentro para muchos y para nosotros no fue la excepción, en ella nos volvíamos a encontrar con nuestros amigos Sonia y Carlos, los españoles que cada vez se enamoraban más de nuestro continente. Con ellos compartimos comidas y paseos por la ciudad del poeta de la cara triste, el gran Cesar Vallejo, “Hay golpes en la vida, tan fuertes … ¡Yo no sé!” . &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Impresionante pasearse por esta ciudad y saber que en esa plaza que ahora es colorida el poeta paseo sus primerísimos años. Todavía habían calles de adoquines en la vieja Trujillo, la pequeña y convulsionada Trujillo de mercados de baratillos y donde me decía Lucho que buscara mis cosas robadas que de seguro las encontraría. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me pasee un par de días entre malandrines y humildes que vendían de todo y nada vi, más que un mar de gente, productos inservibles, basura, malos olores y pobres, cientos de pobres. Se que estaba tocado por la situación de mi robo, pero me parece que solo fue esto lo que vi en esta ciudad. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mejor desprenderse una tarde, pedalear quince kilómetros y dejarse estar en las calmas playas de Huanchaco donde también me habitaban los recuerdos de cuando fui rey en alguna de esas terracitas de un inexistente hotel, por allá en el lejano 2001, cuando se respiraba otro aire menos intenso que el de ahora y tomando una cerveza, tirado en una hamaca la tarde se dejaba caer y yo exclamaba que podía morir feliz. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los barquitos de totora  seguían adornando esa calma playa perteneciente al pacifico. Luego volvimos a Trujillo sabiendo entonces que el ritmo de viaje de ahora en adelante sería otro.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Para salir de Trujillo si vas en bicicleta, ya es ley que lo hagas en bus si no quieres ser asaltado en el pueblo de Paiján, ubicado unos kilómetros después de Trujillo. Esto cuenta el Lucho entre sus muchas historias, entonces así hay que hacerlo. Llegados a Pacasmayo, lugar donde nos llevo el bus, decidimos hacer noche y no aventurarnos con los kilómetros, seguimos contándonos historias del tiempo que estuvimos separados con mi amigo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Al día siguiente empezaríamos a marcar la cuenta regresiva para la salida del Perú. Avanzamos hasta la ciudad de Chiclayo, ciudad sin mayor atractivo en la cual existía una particular casa de ciclistas. Allí estuvimos un par de días, pernoctando en un patio de cemento y siendo despertados todos los días por el canto de gallos, gallinas, perros, pavos y demás animalitos que circundaban nuestras carpas. Era un espacio extraño para ser una casa de ciclistas, no lo era como tal, solo que su dueño algunas veces permitía la posada de algunos viajeros que por allí pasaran.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Seguían los caminos, ahora con la meta de la frontera, pero todavía faltaban algunos kilómetros, aunque cercana, había que remontar algunos pueblos para alcanzarla. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Nuestro último hogar sería en una ciudad cercana a Piura. Después de un intenso día de pedaleo, con un sol que castigaba llegamos a la ciudad de Piura confiados en que aquí teníamos una posada, veníamos agotados y con pocas fuerzas. Al llegar a Piura hice las llamadas del caso y cuál sería mi sorpresa al saber que para llegar a nuestra posada tendríamos que hacer doce kilómetros más. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con buena voluntad nuestro amigo Yosimar disponía su casa en la ciudad  cercana  de Catacaos, allí tuvimos por unos días otra de esas familia que te roba el corazón, una de esas a las que llegas tímido y luego te vas como uno más entre besos y abrazos. El padre, la madre, el hermano menor, la cotidianidad del pan y la mesa, todo eso te recuerdas que no estás solo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Veníamos solo por un fin de semana y terminamos quedándonos una semana, por las circunstancias y otro tanto por el afecto de esta familia. Los días allí pasaron supremamente tranquilos, ya que es un pueblo chico. Mi anfitrión me enseño bastante de una danza típica de la región, “La marinera”, el era campeón nacional en este tipo de danza. No tuve oportunidad de verlo bailar en vivo, pero si a su pequeño hermano, el cual ya llevaba el don del baile. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En un concurso, en otra ciudad cercana fue amo y señor alzándose con el primer lugar. Los pañuelos al viento, las guitarras y los cantos, entre los vítores del público hacían las delicias del espectáculo. Luego de nuevo en la ciudad de Catacaos, seguiría aprendiendo un tanto de historia. En algunas de las casas del pueblo se alzaba una banderita blanca, entonces sabias que en aquel lugar vendían chicha, esa bebida tan nuestra, tan típica, hija del maíz, como lo somos nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me contaba mi amigo que aquello de la bandera venia desde la colonia, que este pueblo resistió por aquellas banderas que anunciaban el expendio de chicha, esto despistaba a nuestros enemigos españoles que pensaban encontrar paz allí para venir a imponer su ley y se encontraban con un pueblo en resistencia, de esta manera sucedían las cosas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ese era el sabor que iba dejando Perú en esta ocasión. La despedida de este hogar fue durísima. La madre te acoge en brazos y el padre en su parquedad te anuncia que siempre tendrás una familia allí que te espera y así sale uno lleno entonces. Yosimar quiso hacer algunos kilómetros con nosotros para despedirnos, en una improvisada bicicleta iba escoltándonos hasta el último abrazo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Salir de un país siempre te trae algunas nostalgias, empiezas a pasar por tu cabeza toda la película de lo que fue el recorrido por el, sin embargo se dibuja uno nuevo que trae otras expectativas, siempre inciertas, siempre nuevas, algunas veces buenas y otras… &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;    &lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-131022761577357926?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/131022761577357926/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=131022761577357926' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/131022761577357926'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/131022761577357926'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2011/04/incauta-salida-del-peru.html' title='Incauta salida del Perú'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7459395585340186654</id><published>2011-04-29T05:39:00.003-05:00</published><updated>2011-04-29T05:45:49.375-05:00</updated><title type='text'>Vaho de Lima</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Si Arequipa había sido un hilo del recuerdo, en esta Lima, todo se convertía en un enorme ovillo de recuerdos, necesario volver a pasar por el corazón con otra mirada. Este era otro lugar para desandar los pasos. Aquellos pasos andados 10 años atrás, aquellos pasos de una tempranísima juventud. Aquella Lima pasajera y desconocida, aquel centro de la ciudad entre histórico y con olor apestoso a orines. Hoy venia yo al encuentro de los amigos, hoy venia rodando en pos de ellos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Antes de comenzar este viaje llegaban a mi casa en Medellín un par de tipos que pretendían darse la vuelta al continente con mochila en hombro. Y como vuelvo a pensar en la frase de Vinicius de Moraes, aquella de: “Los amigos no se hacen, se reconocen”. Jóvenes y con la ganas de vagabundear de la mejor manera venían  el Franco y el Camilo. Yo les abría mis brazos y la puerta de mi casa y ellos lo agradecían con una sonrisa, honestidad y alegría. Fue un fugaz fin de semana que nos marcaria a todos. Tiempo después en este encuentro recordábamos el anterior y Medellín entonces era una fantástica resaca de luces, fritos, locura y desenfreno. Hoy en la capital peruana me era dado volver a los amigos y teníamos cuentas por saldar, calles por descubrir, recovecos por andar y palabras por compartir. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;A Lima entraba en bus. Ya lo he dicho que estas capitales, la mayoría te aplastan y hay que tomárselo con calma para llegar. En esta ocasión me sentía menos perdido y las imágenes iban regresando a mi mente, por la ventanilla del bus volvían los retratos de tiempos atrás, descifrando calles, avenidas, reconociendo espacios. Menos perdidos nos bajamos en algún lugar cerca del centro y la ciudad gris como siempre, gris como es Lima dejaba caer la tarde sobre sus avenidas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Franco y Camilo se habían buscado una casa, al regreso de su viaje por Sur América solo para recibir a cuanto viajero pasara por Lima, un hogar para retribuir la ayuda que el continente les había dado en cada una de las casas que habitaron, yo sí que sabía de aquello. Con dirección en mano nos fuimos sumergiendo en la ciudad, en esa hora caótica a la salida del trabajo, en que todos se vuelcan a la calle como desesperados para buscar el cobijo del hogar. A los buses se le sale la gente por puertas y ventanillas y los que van en sus propios autos no quieren reconocer semáforos ni autoridades, entonces en ese mar de gente nos íbamos abriendo paso para encontrar la mejor salida e ir al encuentro de los amigos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Descendíamos por  la avenida Venezuela y parece que fuéramos al fin del mundo porque la avenida nunca terminaba y no dábamos con la dirección, pero de pronto aparecía la indicación, el solcito de la fábrica D’Onofrio, por ahí era, estábamos cerca. Como olvidar ese solcito, si todos los colombianos de mi generación crecimos con la televisión peruana que llegaba mágicamente a través del cable y nos tragábamos cuanta serie viniese del hermano país, su publicidad era la nuestra, sus helados, detergentes, cómicos eran nuestros, así que nada de extraño tienen muchas cosas en este país para un colombiano como yo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Una unidad de antiguos bloques. Allí, en cualquier apartamento quedaba la guarida. Y es que eso era la casa, una guarida, un hermoso antro. Para el viajero desprevenido que solo buscara un lugar donde tirar su bolsa, este era el lugar perfecto. Para quien buscara una limpia, amplia e iluminada habitación; como ocurrió en algunas ocasiones, me contaron mis amigos, debían dar un paso atrás y buscarse un hostal en Miraflores o barranco.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Franco no se encontraba, andaba en alguna correría latinoamericana y Camilo me recibió. Un poco más de años y experiencia habían afinado su tacto y su gusto, que a este hombre junto con su amigo, les sobra. Primero hubo que ubicarse y hacer espacio entre las otras bolsas de dormir que se encontraban tiradas por el piso, ninguno de los anfitriones se encontraba, pero eso aquí no era problema, la casa siempre se encontraba habitada, alguna llave quedaba por ahí. Fue en la noche que nos encontramos y el abrazo no pudo ser más apretado. Es fantástica esta situación de no venir a una gran ciudad como un turista desprevenido. Mejor llegar a tocar la puerta de un amigo y volver a otras caras de la ciudad como ocurriría en esta ocasión. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Empezaría una sucesión de frenéticos días en la ciudad de Lima. No sé si llamarle a aquello descanso. Ahora no importaba nada o casi nada, ir a conocer lo que se “debe” conocer de una ciudad no estaba en la programación. Yo ya había tenido mi momento en Lima y con calma lo hice en esos días. La casa aquella se encontraba siempre llena de gente, pero parece que se desvanecieran ante la presencia de la amistad fuerte que nos unía a nosotros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;En el día, digamos había un respiro, ya que mi amigo Camilo trabajaba, así que tenía espacio para ir al centro de la ciudad a saludar la plaza de armas, una de las más bellas de toda Sur América. Todavía con sus fachadas pintadas de amarillo y ocre, sus carruajes tirados por caballos para que se paseen los turistas, emulando el pasado. El pasto siempre bien cortado, exageradamente bien cortado, casi cada  día por medio lo cortaban, un molesto hombre que solo cumplía su trabajo venía son su máquina a hacerte parar de un banco de la plaza mientras todo era contemplación. La guardia presidencial seguía haciendo su numerito y el cambio de guardia deslumbraba a los turistas. Soldaditos como maquinas, maquinitas de cuerda caminaban de aquí para allá para el deleite de la tradición y la estupidez. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Y la plaza, la plaza incólume, con sus poderes mirándose de frente, callando sus muertes e hipocresías. Colonial iglesia, pulcra alcaldía de balcones tallados en madera. Cerca de allí el tribunal de la santa inquisición, una de sus más poderosas sedes en antaño, se ubicó aquí, ahora convertido en museo, un museo de horror que no quise volver a visitar, ya me había bastado con la ira de la primera vez. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;El centro de la ciudad seguía tan variopinto como siempre y entre esa inmensa colonia china instalada aquí hace tanto me abría paso por el barrio chino donde la cultura peruana había conjugado un ser. Seguía serpenteando por las calles esta vez buscando algo de comida y es en esto donde Perú no decepciona en lo más mínimo. Orgullosos de su gastronomía este pueblo se yergue con algunos de los mejores platos del continente, entonces a este vagabundo viajero le he es dado comer muy bien por muy poco. Sin mucha pompa en algún recoveco del centro, por algún pasadizo, se instalan puestos de comida, de comida de mar, para ser más específicos y hay una lista de pescados de diferente preparación, con un ceviche o chupe de mariscos de entrada, por precios irrisibles. Como era de esperarse el lugar se encuentra abarrotado de comensales que diariamente llenan las mesas. La comida se abre paso entre las cabezas y el olor a mar llega a la punta de nuestras narices y luego los frutos del mar colman nuestro apetito. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Luego las noches, las noches de Lima. Noches bañadas enteramente en pisco, conservadas en la fuerte calidez de esa bebida milenaria,  conversaciones en sucias tabernas de cualquier callejuela del centro o en la tienda de nuestro barrio que no nos defrauda y después de cerrada la puerta escuchamos los cantos de la ebriedad al interior y sabemos que podemos conseguir otro tanto de lúpulo para cerrar otra noche. Noches de Lima sin rumbo, de platos baratos, de caldos de cabeza, de porotos, noches de gente que va por ahí y que ha perdido el juicio. Sube sube sube, baja baja baja, pregonan los hombres que cuelgan de los buses. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Aquí el transporte urbano tiene su propia ley, arman su recorrido como les viene en gana dependiendo de la demanda, el precio es conversable dependiendo de todo, de tu ánimo, de la extensión del recorrido y la buena voluntad del que te cobra el boleto. Sube sube sube, ahí está el hombre del bus convenciéndote para que hagas un recorrido que no es el tuyo o para ofrecerte uno mejor o para recordarte que ese es el bus que debes tomar, baja baja baja, siguiente parada, señor déjeme aquí, señorita córrase al fondo. Buses viejos, colectivos pequeños, bancas desvencijadas, carteles multicolores, me siento como en casa. No hay gala en ningún autobús, hay artistas, hay dulces, hay chucherías, hay vida. Sube sube sube, baja baja baja, avenida Brasil, centro, plaza de armas, Venezuela, barranco directo, Miraflores, rotonda, caballero a donde va, suba que este le sirve. No paran, no descansan estos buses y en lo alto de la noche cuando el cansancio nos vence y los alcoholes también y estamos demasiado lejos de nuestro hogar vamos a alguna avenida y aparece el pregón, sube sube sube, baja, baja, baja, y nos vemos de nuevo viajando en otro bus capitalino.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Hay ciudades que son más o menos amables al ciclista. Lima es una ciudad en la cual montar en bici constituye un deporte extremo en sí. Sus calles llenas de huecos y la rapidez de los autos hacen que no sea nada confortable andar en bicicleta. Tienes que andar con mas sentidos de los que tienes para salir vivo de la situación, debe ser por esta razón que no vi muchos ciclistas en las calles. Sin embargo me di a la tarea de andar algunas calles, en última instancia la bici sigue siendo el mejor medio para conocerla, sobre todo cuando se trata de capitales, de lugares enormes, puedes discurrir y abarcar más espacio en tus dos ruedas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Para mi sorpresa en un lugar cualquiera encontré una ciclo ruta y resguardado en la confianza de no ser atropellado converse con la ciudad mientras la pedaleaba, vi la pasividad de algunos seres que andan por una que otra calle y los inagotables estudiantes que andan en grupos comiendo chicle y dando gritos por ahí. Como toda buena capital Lima tiene sus caras, caras que sorprenden. En el centro, saliendo un poco de él, observas esos apabullantes cordones de miseria que delimitan la ciudad, casitas de colores sobre una montaña gris cubierta de smog. Pero te mueves al centro turístico y ves a un Miraflores y un Barranco perfectamente maquillados para encantar. Y claro que encantan, más cuando vas por los corredores de Miraflores bordeando el mar desde lo alto. El pacifico saludando las ventanas de los apartamentos que han tenido la suerte de plantarse ahí. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Parece increíble esa presencia de la mar en una ciudad tan gris, una ciudad que no suele ser acompañada por la lluvia y en la que las olas apenas la tocan. Barranco se planta con un tanto de bohemia y algunos balcones al mar, eso la hacen un lugar atractivo, más cuando en la noche las luces iluminan esos balcones. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Sumado el tercer mosquetero al grupo de amigos se iba despidiendo la ciudad como era debido. Franco llegaba con su euforia y su chispa a iluminarlo todo. Fue de uno de esos paseos en bici por la ciudad cuando lo vi. Él mismo me abrió la puerta y no lo podía creer, casi fantasmagórico, con unos pedazos de barba y un cabello ensortijado, me apretó en un abrazo que todavía recuerdo. No paraba de hablar de tanta cosa. Del pasado, de nuestros viajes. De su roída gaveta que había en la cocina saco los mejores manjares para celebrar aquel día y nos dimos pasos entre exquisitas bebidas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Las palabras entre los tres fluían entra la risa y el éxtasis y entiendes aquello de que la felicidad solo es real cuando es compartida. Otros viajes nos llevarían por la colonial Lima hablando de lo divino y lo terreno, juntando como heroicos caballeros mientras los otros no entendían nada. Los comentarios punzantes de mis amigos hacia la humanidad en general, las mujeres y los hippies levantaban querellas que me encantaban. Los anfitriones se iban lanza en ristre  contra todo y sus invitados no atinaban a decir palabra, a mi me salían enormes risotadas y las más de las veces estaba con ellos y cuando no, los retaba haciéndoles o bien callar o que se desgañotaran en improperios, pero todo aquello era un teatro hermoso, el más grande de los performances. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Esta vez Lima no fue tours gastronómicos, históricos, de cámara fotográfica en mano por plazas, avenidas principales, parques importantes, lugares cercanos, bares de moda, no. Esta vez Lima fue el encuentro de la amistad. Fue la sublevación de la palabra en lugares no mentados, fue la anti guía turística, fue el desparpajo viajero. Fue el reconocimiento de que los lugares, las ciudades, los espacios los construye la gente, que esos espacios nacen en el encuentro y en la multiplicación de las experiencias que nazcan de él. Gracias a mis amigos por no mostrarme la Lima de siempre y dejarme oler su vaho que tanto me gusto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7459395585340186654?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7459395585340186654/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7459395585340186654' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7459395585340186654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7459395585340186654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2011/04/vaho-de-lima.html' title='Vaho de Lima'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7953610694744122279</id><published>2011-04-29T05:30:00.002-05:00</published><updated>2011-04-29T05:38:54.380-05:00</updated><title type='text'>Líneas…de mar.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;La ciudad que tiene atractivo desde el aire. Las líneas, las figuras ancestrales, el enigma. Otro de los lugares cuyo fenómeno principal obnubila la ciudad, esta se convierte solo en un gran hotel donde cientos de viajeros y turistas pernoctan y comen algún plato típico para ir a ver aquella maravilla. En la ciudad de Nazca las líneas se extienden mas allá de los predios donde se ubican. En la ciudad todo toma su nombre: Farmacia Líneas de nazca, papelería las líneas de nazca, carnes líneas de nazca, restaurante líneas de nazca. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;En el piso de la placita principal se dibujan las líneas, las figuras están copiadas por doquier, en los autos, en las casas, en una que otra empresa. A decir verdad la ciudad es apenas un pequeño pueblo. Por los días que por allí pase, se hacían algunos arreglos en las calles y se aumentaba entonces el caos que tienen nuestras ciudades latinoamericanas, pero aquí hasta este fenómeno hacia armonía. Nosotros simples transeúntes de a pie, pasábamos de acera a acera, de mercado en mercado indagando y olfateando la ciudad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Este era otro atractivo turístico que se nos escapaba, pues las pomposas líneas de nazca como ya bien lo dije solo se pueden apreciar en su magnitud desde el aire, lo que supone gastar una considerable suma de dinero para que te den un paseíto de media hora dando círculos en el cielo en un pequeño artefacto de metal. Lo que hicimos fue aprovechar lo que la ciudad en si misma ofrece, sus alrededores que eran el verdadero centro de la cultura nazca. La bicicleta permitía el perfecto desplazamiento y no muy lejos de allí todavía el tiempo cuidaba antiquísimas ruinas que el viento despeinaba mostrando nuevas caras.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ahí, al lado del camino antiguos templos se dejaban ver y si te adentrabas un poco mas ibas en pos de perfectas obras de ingeniería como lo eran hasta el día de hoy el sistema de acueducto creado por los nazca. Profundos pozos concéntricos creados en roca, piedra por piedra sobrepuesta para manejar el nivel del agua. Hasta por ver estos pozos nos quisieron cobrar, pero hay que apelar entonces al buen don de la palabra y con nuestras bicicletas como carnet de identidad se nos abrían las puertas, ellas ponían la mejor cara por nosotros y nos daban paso. Al lado del acueducto bastos cultivos de papa, de esas decenas de variedades de papa que dan estas fértiles tierras circundaban los pozos. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Esta ciudad volvía a ser descanso debido a los agotadores días que habíamos tenido, las largas jornadas que nos exigía el pacifico peruano, sus cuestas y sus soles fulgurantes. Aquí nos resguardábamos y comíamos esos platos tan peruanos, que se dan al paso nada mas, en cualquier esquina los puedes encontrar, platos humildes que afuera adquieren una gran rimbombancia, un arroz chaufa, el clásico pollo a las brasa y como no, el ceviche, que esta vez defraudo un poco, pues vas afinando tu paladar y con el paso de los kilómetros aprendes un poco de cada mano. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En nazca se encontraron amigos que compartían sueños, un par de amigos que también soñaban con un viaje largo en bicicleta, veían en nosotros la posibilidad de hacerlo. Ellos albergaban viajeros que venían con sus historias y alimentaban su sueño, solo que para ellos, latinoamericanos como nosotros y de una posición económica no muy pudiente dar el primer paso en un viaje es lo más difícil, o en este caso se hace más difícil, pero bueno, el aporte con nuestra presencia es ratificar que los sueños son posibles y los kilómetros no son una utopía, por que como me lo recordaba un grafiti en el norte argentino: “La utopía es eso que todavía no hicimos” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Despidiéndonos de la ciudad salimos para remontar el camino. Es un camino más solitario aun y muchos carteles te avisan que estas pasando por un terreno en el cual no debes ingresar, es patrimonio de la humanidad, paso restringido, las líneas se quedan allá en su soledad dialogando con el tiempo que las ve pasar, como las ven esos turistas asombrados que no dejan de sobrevolar estas tierras. Todavía tengo en mis tímpanos los zumbidos de esos pájaros de metal que pasan y pasan y no dejan de pasar para romper el silencio de la inmensidad en el aire, ellos asombrados las ven. Pero a la vera del camino hay un regalo para quien no pueda remontar los aires. Un mirador se alza unos kilómetros más adelante y por devaluados dos soles puedes subir a la torre y apreciar dos figuras de las nombradas líneas. Cercanas a la carretera las líneas se dejan apreciar, como dos animales tímidos que se acercan a la gente para que los admiren. No se define bien que es cada figura, es parte del enigma, la magia. El tiempo y el viento ha borrado un poco su contorno pero todavía se aprecian y hacen pensar en la mano de estos magnos dibujantes que esculpieron en la arena figuras para la posteridad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estábamos en el centro del país donde se produce la bebida peruana por excelencia: El Pisco y nuestros amigos de nazca nos habían dado unos tips para ir a conocer una bodega de pisco, hablar con su dueño y conocer un poco sobre esta bebida. Aquello suponía un desvío en nuestro camino pero la curiosidad lo valía.  Salimos de la carretera principal y esos pocos kilómetros que no representan mucho para los que van en auto para nosotros si suman y más con el sol en su máxima expresión y un camino nada regular, pero esta buena curiosidad tuvo su recompensa. Buscábamos las bodegas del señor Roberto García, sin saber con qué nos íbamos a encontrar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La verdad yo esperaba un engalanado e insípido hombre de negocios, pero tuve la suerte de encontrarme con todo lo contrario. Nos habíamos demorado un poco para encontrar la bodega, pasándonos unos cuantos kilómetros pues la verdad esperábamos encontrarnos con una gran fábrica o algo así por el estilo y nada de eso había. Los famosos “Piscos García”, se producían ahí mismo en una modesta bodega que ahora se encontraba en remodelación para ser una especie de casa de campo donde; como nos lo conto el propio señor García, la familia se entretuviera entre animales de campo, una buena parrillada y pudiera conocer de cerca el fascinante mundo del pisco. Preguntamos a una mujer por el señor García y nos informo que estaba por allá, regando los mangos, ya eso hablaba bastante bien de él. Fuimos a su encuentro entre campos de papas y el modesto señor García se encontraba haciendo su trabajo de campo. Sonriente y conversador como buen hombre de campo nos recibió sin ningún reparo. Con una inmensa disposición nos contaba su sueño con ese lugar que quería convertir en un espacio que fuese acogedor para todos. Nos fue contando el proceso de la uva para convertirse en esa maravillosa bebida y luego, como no, nos dio a probar de sus reservas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En uno de esos corredores el señor García nos mostraba las variedades de pisco, que ha decir verdad uno se encontraba mejor que el otro, la conversación era cada vez más emotiva y amigable, pero nuestro camino debía seguir, no podíamos dejarnos atrapar del todo por el elixir del pisco así nos encantara. Lo difícil; además de despedirse del amistoso señor García, fue remontar el camino. Algo chispeados por la bebida, buscamos un lugar donde comer algo para hacer esos últimos y difícil kilómetros. La comida nos remato y ahí mismo en aquel restaurante, sobre las mesas hicimos una leve siesta, lo otro luego fue poder llegar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Haciendo camino llegábamos a otra gran ciudad, Ica. La ciudad del ruido por antonomasia y todo venido de las moto taxis, ese vehículo tan peruano. Es lo primero que notas en esta ciudad. Aquí no hay más transporte público que estos diminutos vehículos que hacen todo el ruido que les es posible. Son hordas de ellos y su ley es la bocina que imperiosos tocan para pasar de calle a calle, para avisar una parada, para denotar que no llevan pasajeros, para gritar que llevan pasajeros, para buscar pasajeros. Para todo, estos vehículos tocan y tocan hasta el cansancio la bocina, que se convierte en un caótico concierto que nunca termina. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy cerca de Ica hay un oasis, si, así como se lee, hay un oasis. La ciudad esta circundada por montañas de arena y muy cerca se encuentra Huacachina que es un pequeño poblado en el cual hay un lago entre dunas de arena. Es todo un espectáculo este lugar, como si no existiera, como si fuese un espejismo. Las dulces aguas están allí y en medio ese océano de arena. Se han instalado como no, algunos hoteles, bares y ese movimiento turístico que plaga a un lugar como estos, pero no deja de perder su encanto. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El sitio es famoso por ser la capital del sand boarding. Gente que sobre una tabla de madera juega a deslizarse sobre las dunas de arena, a falta de nieve, arena, dorada arena. Yo lo intente, pero me di cuenta que lo mío es más la contemplación y los deportes extremos no me van. En este caso no encontré divertido que mis pantalones, camisa y zapatos se llenaran de fina arena invadiéndolo todo, eso además de mi nula destreza para maniobrar la tabla y el vaivén de subir y bajar la montaña para deslizarse de nuevo, prefiero subir una vez y contemplar a todo aquellos que lo hacen y lo que es mejor ver el reflejo del sol sobre la laguna o como este se esconde luego tras alguna montaña de arena.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Muy cerca de aquella ciudad se encontraba el mar y seducidos por cierto lugar que nos sugirieron, una reserva natural, nos aventuramos a pasar unos días en la compañía del océano.  La salida de la ciudad como todas, el caos, el ruido, el afán de los autos y luego, el silencio del camino, la más bella constante. La idea era llegar hasta un pueblito llamado Paracas, parar un par de horas, proveerse de víveres para los días en la playa y seguir, pues de allí solo 12 kilómetros nos separarían de nuestro paraíso, pero uno no sabe cuando el infierno toca a sus puertas, siempre ardiente, acechante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tomando la panamericana hay que hacer un desvío para llegar a Paracas, justo en ese desvío nos detuvimos para comer algo. Íbamos felices y tranquilos, la cercanía con el mar lo propiciaba. El camino a Paracas era una apacible recta  y como hace un buen tiempo no lo hacíamos, dada la soledad y tranquilidad del camino, me puse al lado de mi compañero para ir conversando mientras pedaleábamos, esta es una de las cosas más placenteras del recorrido. En la panamericana es impensable hacer eso, es por esto que veníamos tranquilos disfrutando los pedales y la conversación. Ya no recuerdo lo que veníamos hablando, solo que lo disfrutábamos y entre risas y recuerdos todo cambio en un segundo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La carretera era angosta y absolutamente desolada, a cada tanto pasaba un auto que te veía a kilómetros y podíamos hacernos a un costado o el tranquilamente pasar a nuestro lado, pero ahora no fue así. Como esas cosas, que pasan en un segundo, como un mal sueño, un mal rato, una camioneta rompió el encanto del momento y por muy poco alguna de nuestras vidas. Recuerdo varias cosas, como flashes. Hay un ruido y una imagen. El ruido, el tremendo rechinar de ruedas producto de un frenazo justo detrás de mis oídos. La imagen, el cuerpo de Juan volando por los aires junto con sus alforjas y otras pertenencias. Luego el silencio y de nuevo el ruido, el aturdimiento. Increíblemente no me había pasado nada. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me encontraba unos metros más adelante y solo un par de objetos se habían desprendido de mi bicicleta, pero Juan estaba levantándose del piso, con algunos raspones, un poco de sangre y todas sus cosas tiradas al lado de la carretera junto con la bicicleta. Mi compañero rompió en improperios contra el agresor que se encontraba más asustado que nosotros sin saber qué hacer. No sé de qué manera en estas situaciones apelo a una calma que no tengo. Al verme sin heridas y ver que mi compañero se encontraba vociferando y hasta brincando de la rabia supe que todo estaba bien, por lo menos no habían huesos rotos y estábamos con vida, más allá de que nuestras compañeras hubieran sufrido. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tenía que ponerlo todo en calma, tanto a mi compañero que hervía de la rabia; y no era para menos, como ponerme al tanto del sujeto que nos había hecho el daño. Como se sabe, esta clase de sujetos tienden a huir y era precisamente eso lo que quería evitar. Por suerte el hombre quería colaborar. Iba acompañado por una chica que parecía ser su pareja, no se sabe si la oficial, a pasar un fin de semana en la playa, en el carro de la empresa, era esto lo que argumentaba. Nosotros nos encontrábamos alterados porque vimos truncado nuestro sueño, sin bicicletas no habría nada que hacer, era eso en lo único que pensábamos. Hacíamos cuentas de los posibles daños y asustábamos al agresor con números de lo que debía pagar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por mi parte como la cabeza fría de la situación resolví que debíamos ir al pueblo, sentarnos, evaluar conscientemente los daños y arreglarlo con una suma de dinero que el hombre aquel accedió a pagar. Así nos encontramos entonces en Paracas con averías en las parrillas de nuestras bicicletas; nada considerable, y una alforja de Juan bastante averiada. Con unos soles de más en el bolsillo tuvimos que quedarnos esa noche en el pueblo para poner a tono a nuestras compañeras, calmarnos por tremendo impase y tomar aire para continuar al día siguiente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Salir al camino al otro día tenía otro tinte y desde allí las cosas no volverían a ser iguales. Cada proximidad con un auto nos alteraba, el rugir de los motores de esos autos inmensos era como el rugir de un gran dinosaurio que nos sacaba del camino. Por suerte íbamos a la playa a olvidarnos de todo y el mar hizo lo suyo. Lagunillas se llamaba la playa y era uno de esos lugares donde llevan a los turistas para que paguen altos precios por un plato de pescado. Por supuesto nuestras dos carpas eran las únicas que pernoctaban allí. Solo estaba la extensión del océano y la tierra. El día pasaba supremamente lento, con esa lentitud que da la tranquilidad. Los pelicanos y gaviotas se disputaban los peces que traían los pescadores, esos que abastecían los 3 o 4 restaurantes que daban de comer a los turistas, nosotros teníamos nuestros fideos y sopas. Aunque uno de esos días que pasamos allí, mi buen amigo Juan se aventuro a pedir algunas conchas a los pescadores y como si nada una gran bolsa de ellas nos fue entregada, comeríamos unos fantásticos fideos marinos ese día. Volvía a encontrarme con la belleza de las barquitas de pescadores y me siguen fascinando como siempre. A la tarde se juntaban todas y quedaban estáticas mecidas solo por tímidas olas, algunas se alineaban como cuidándose, otras se juntaban de a dos, había las solitarias mirando al horizonte y otras acompañadas por pájaros en su proa, todo enmarcado por la caída del sol. &lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7953610694744122279?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7953610694744122279/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7953610694744122279' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7953610694744122279'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7953610694744122279'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2011/04/lineasde-mar.html' title='Líneas…de mar.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7215670465794590558</id><published>2011-04-29T05:22:00.004-05:00</published><updated>2011-04-29T05:29:44.074-05:00</updated><title type='text'>De cara al pacifico.</title><content type='html'>&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;El olor de la sal en la distancia. El profundo llamado de una ola. El arrebatador embrujo del océano. Fuera de Arequipa existía para mí eso y cada nuevo pedalazo proponía llevarme a él. Dibujaba el mapa una fina línea roja que desembocaba al pacifico. Un solo objetivo. Más que avanzar, volver al mar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;La salida de la ciudad no pudo ser mejor, cuando el camino te regala viento a favor y un descenso largo largo que se prolonga entre kilómetros y minutos. Entre verde y café se pintan las montañas que luego con el correr del camino darán paso a la dinámica de la aridez y lo rocoso que ponderara por un buen periodo de tiempo. Pero poco importa, estoy en movimiento perpetuo bajo los cielos peruanos y la santa soledad del camino me acompaña. El enfrentamiento con la nada. La cuesta que rompe la placidez de la bajada, una cuesta empinada  que fustiga con el sol que impera en lo alto. Justo arriba como premio de montaña, una de las ruedas de mi compañero pincha, yo lo noto desde atrás, como disminuye el aire y nos detenemos en la cima. Mientras mi paciente amigo hace lo suyo, yo soy una libre de las montañas, brincando entre las rocas. Hay arriba una vista inmejorable, un valle con una tenue bruma y un horizonte donde se dibuja la cordillera que caracteriza a este país. Picos blancos abrazando los cerros. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La aridez se ve cortada por un pequeño pueblo que como una esponja traza una fracción de verde sobre las montañas de arena. Es la vid, la uva que arma su trinchera en estas rutas para dar paso al nacimiento del pisco peruano, bebida milenaria. Y en este pueblo donde los gestos de bondad se alzan como el astro rey. Ni bien hemos puesto las bicicletas a la entrada del humilde restaurante que anuncia almuerzo casero, un hombre levanta su voz para decir: Yo invito. Es así como nos vemos con un grupo de comensales, al amparo de los alimentos compartiendo la vida. Tenía que ser un fanático de las ruedas el hombre que nos invitara al almuerzo, tenía que ser una persona que sabe de pedales y los disfruto en su momento tanto como nosotros el que nos dejara sentar a su mesa. Cultivador del campo, de estos campos que se creyera no dan más que fragmentos de polvo, nos cuenta que no, que la cosa no es así, que pisamos una tierra fértil si se la sabe tratar, él cultiva Palta, aguacate como le llamamos en mi tierra y se asombra que este alimento brote por aquí en compañía de la uva. Sabios los que saben hablar con la tierra. Conocedor este hombre de caminos, nos ilustra un poco con lo que nos encontraremos, sin embargo toda descripción es poca cuando se corre el telón y pasa uno disfrutando la función del paisaje.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y el camino es así, casi tan impredecible como el hombre, pero con menos conflictos. Una recta lo bastante extensa como para preguntarse si habrá algo al final de ella es cortada con una inesperada bajada, como caer a un foso sin fondo para luego tener que remontarlo y encontrar su salida. Se ha ido la tarde que presagia la noche y con presteza buscamos refugio en el campo, una especie de potrero es la casa. Entre el mugir de las vacas y el canto de los grillos cae el día. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ha vuelto el verde y con él su frescor. Hoy es un día para pedalear dejándose llevar por el viento que sopla en dirección al mar, al vasto océano pacifico. Ni esa enorme cuesta que apareció kilómetros antes diezmo las fuerzas para ir en búsqueda de él, no es tan plano este camino de la costa como lo pensaba. Pero por supuesto, todo lo que sube, tiene que bajar y luego bajamos o más bien nos desprendimos, nos descolgamos desde lo alto sintiendo más cerca el rugir de ese monstruo hecho de agua. Hace rato que no lo veía, como a un viejo amigo que no lo ves en mucho tiempo y que entonces das la vuelta a la esquina y está ahí, recibiéndote con un abrazo como si el tiempo no hubiera pasado. Este, el del mar, es el más inmenso de los abrazos, un abrazo de sal que hueles en la distancia y unas juguetonas olas que son el saludo en movimiento.  Ahora se suma este compañero de viaje y yo solo atino a decir como siempre, robándome las palabras de Lautreamont: “Te saludo viejo océano”.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Con la felicidad que proporciona este tipo de encuentros vamos buscando una morada y las playas desiertas de este pueblo fantasma resultan el mejor refugio. Después de un desabrido almuerzo, el más incipiente que se pueda ingerir ya que es inadmisible comer unos malos fideos al lado del mar por precios ridículos, recorremos unas calles donde la vida se ha detenido. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pienso en el término del cual gustaba el viajero y escritor Paul Theroux, “temporada baja”, y entonces me parece que la vida se vive en temporadas y que hay algunas mejores que otras. Rimbaud planteo una terriblemente bella, en el infierno, que da título a uno de sus magníficos libros. En estos sitios que viven de la gente que los visita en sus lapsos de sol o nieve según sea el caso las temporadas bajas son tiempos muertos. Por aquí se pasea el fantasma de la algarabía que traen los forasteros, en las fachadas de restaurantes con puertas clausuradas se leen borrosos los exquisitos menús que ofrecieron, las campanillas de los hoteles solo las mece el viento que circula en la playa, en el aire hay una tonada de las discotecas que llenaban con su estruendo las calmas noches, pero un empecinado hombre vende productos de panadería paseándose por la fantasmagórica playa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En esa temporada baja, la vida tiene un respiro y se deja escuchar el mar en toda su extensión, se come uno la ilusión de los menús que no probará y hay que deleitarse con el vacio en la arena. Como si todos durmieran un larguísimo sueño las casas cerradas no se abrirán hasta que suelten la jauría que volverá a llenarlo todo en la temporada alta, gracias al cielo esta no lo es. Con el permiso que nos da la soledad de estas playas armamos cómodamente campamento en ellas y un cansancio que va de la mano con la alegría de la mar nos duerme.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Luego vendrían una sucesión de pequeños pueblos al lado del mar. La constante de este camino la marcarían dos factores, de un lado la admiración por pedalear observando las vastas aguas del pacífico, ese gran pacífico que no cabía en ningún lugar y que dejaron frente a la ventana del poeta Neruda como a él le gustaba decir y que ahora se desparramaba por todas partes y de otro en lo concerniente al camino mismo. Veíamos una línea dibujada al lado del mar y pensamos en una llanura, pero no fue así. Por momentos, aparecía una cuesta que se empinaba hacia una montaña de arena y roca alejándonos de la mar, luego el sol hacia lo suyo cuando se encumbraba en lo alto y hacia difícil la jornada. Fueron días de pocos kilómetros, de mucho esfuerzo y de una gratitud infinita. De pronto te perdías por  un par de horas llegando a la cima de una montaña y luego el azul de las aguas saludaba desde arriba para luego dejarse acariciar por el viento, el viento que en este caso corría a nuestro favor. Por momentos cuando nos deteníamos a descansar y una fruta calmaba el hambre y la sed nos alegrábamos de estar a su favor, pensábamos en los viajeros que podrían venir en su contra y entonces el camino no les sería tan favorable. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Algunas poblaciones se alejaban de la orilla y había que ir hacia dentro a buscarlas, de repente un campo de cebollas y un pueblo, otro fragmento de verde que concuerda con el azul del mar. Noches en coliseos deportivos en Ocoña con el eco de nuestras voces y el hervor de unas verduras, días en estaciones de policía en Atico en los que vuelves a estar de cara al mar y en las noches el viento golpea las carpas mientras en la playa reposan las algas al sol. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Hacemos otros tantos kilómetros peinando las montañas de arena que parecen helados que el viento saborea creando un reflejo de las olas que ve en el mar, se miran, se observan, el mar y la arena. Hay que mirar de soslayo esas inmensas dunas ya que el reflejo del sol golpea fuerte en los ojos. Por otros instantes todo desparece y hay un fino hilo de asfalto que se pierde en la nada, por allí van nuestras ruedas como único testigo, son muchísimas horas de viento. En un descenso parece que llegáramos al paraíso. Primero un pueblo pesquero deja sus barcazas descansando a las orillas para que nos saluden junto con un refulgente sol en esa paz de las primeras horas de la tarde y luego unos pasos más adelante un par de hombres, esos que comandan las barcazas nos estiran la mano a nuestra llegada con unas cervezas frías. No nos conocemos pero eso aquí no importa. Sin más remedio que detenerse y disfrutar se nos pasan unos buenos minutos allí, justo a la entrada del pueblo. Ese recibimiento basta para que la tarde se vaya tranquila en Chala, que volvamos a encontrar resguardo en la ley y descansemos para seguir avanzando al día siguiente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El pacífico sigue inabarcable a nuestra vista  y los hilos de asfalto se pierden cada vez más, poca vida hay por estos parajes, algún parador a la vera del camino, poblaciones más pequeñas calman nuestra hambre para poder seguir con la jornada. Insospechado pueblo de Yauca con sus olivares. Luego y como para seguir fieles a lo planeado en el comienzo del día vamos buscando el siguiente pueblo, Lomas, pero este se nos va escurriendo en una potencial tangente que parece nos alejara del camino correcto, pero así es la geografía. Más bien es el camino buscando a la mar. En este escondido pueblo tan diminuto ya apartado no hallábamos morada, hasta que la municipalidad volvió a abrir sus puertas. Una vieja casa, venida a menos fue refugio y la amabilidad de una señora que vendía “Picarones”, ciertas frituras bañadas en miel, nos permitieron un postre antes de ir a la cama. La casa estaba vacía, olvidada, antes servía para las vacaciones de los pequeños del pueblo, talleres, actividades se desarrollaban allí, ahora el polvo era el dueño y señor, un tanto lúgubre nuestra morada, pero al fin y al cabo una casa, un techo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Veníamos de unos días nutridos por el mar, de pedalear casi sin descanso, pernoctar, seguir, pernoctar, seguir, por olvidados pueblos y el cansancio se hizo presente al día siguiente, el cuerpo habló. No podríamos llegar a nuestro próximo destino por nuestra cuenta, lo intuimos cuando nos levantamos, sin embargo tratamos de hacerlo yendo al camino y una vez en él, entre el aletargamiento  de nuestros músculos y la cara gris de ese día, levantamos nuestro dedo para que un camión se detuviera, para nuestra sorpresa esto se dio de inmediato, dimos un salto a su interior y de esta manera llegábamos a la ciudad de las líneas, las de Nazca. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;     &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;     &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7215670465794590558?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7215670465794590558/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7215670465794590558' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7215670465794590558'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7215670465794590558'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2011/04/de-cara-al-pacifico.html' title='De cara al pacifico.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-3364164745228862619</id><published>2010-12-02T18:03:00.003-05:00</published><updated>2010-12-02T18:09:30.326-05:00</updated><title type='text'>Arequipa o el hilo del recuerdo.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Dentro del bus unas mujeres con sus trajes típicos; aunque esta vez predomine el negro, tejen y sin despegar sus ojos de las agujas hacen bromas y conversan animadamente. Afuera voy adivinando el panorama que se presenta de una aridez y soledad abrumadoras. Es un pequeño punto que se mueve en medio de la nada este transporte. Voy jugando sobre cómo pudo haber sido este trayecto en la bicicleta, eso siempre pasa cuando debo tomar un transporte que no sea el de mis dos ruedas. Pensaba en la posibilidad de haberlo hecho en ella o no, entonces cada cuesta es un descanso y la desolación una batalla que se ha ganado sobre esta decena de ruedas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No pasa mayor tiempo sobre este desvencijado bus que quien sabe cuántas veces habrá hecho este mismo monótono trayecto y ya voy entrando a la blanca ciudad de Arequipa. Aquí me asalta el recuerdo de la juventud, no vengo a conocer, vuelvo a reconocer. Hace diez años con todo el candor de mi juventud, una mochila al hombro y la compañía de un gran amigo veníamos dando desprevenidos saltos hasta esta parte del continente, este en aquellos tiempos fue nuestro punto más lejano, nuestro desparpajo no nos permitió llegar más lejos, en esta ciudad hicimos cuentas que nuestro dinero no daría para recorrer un país más. Llegada esta pues a esta, ciudad de gran significación para mí, con ella cerraba un ciclo, completaba Suramérica, ya podía decir que le había dado la vuelta, pero el viaje no termina, el viaje nunca termina. Aquella vez con mochila y menos años, ahora con bicicleta y más kilómetros.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No atinaría a decir si todo estaba igual o se encontraba diferente. La ciudad era un vago recuerdo, yo tenía que ir identificándola de nuevo. Después de la aridez del camino a la entrada de la ciudad una porción de verde, unos sembrados desconocidos refrescaban el paisaje, luego adentro la ciudad antigua y la nueva se confundían. Sin vacilar había que ir en búsqueda del centro, no contaba esta vez con una posada solidaria y tendría que vivir de nuevo la urbe desde los hoteles de paso con su encanto especial. Siempre he dicho que me gustaría vivir algún fragmento de mi vida, periodo corto de tiempo en algún cuarto de hotel, no sé que tipo de hotel, cualquiera, desde una humilde pieza, esos hoteles tan chicos donde el portero termina sabiendo tu vida, hasta los grandilocuentes donde eres solo un numero de cuarto. Me gustaría tener que ir en esos chicos siempre al restaurante de la esquina a buscar la comida, donde llegue y me conozcan, ubicarme siempre en la misma mesa con horarios casi fijos, hasta estar en esos donde el servicio al cuarto de la posibilidad de no salir si se quiere uno quedar y ver el mundo solo desde la ventana o el balcón si así lo permite. Me parece que por los pasillos del cuarto de cualquier hotel pasa toda la vida, vienen todos con su mundo de trabajos, de viajes, de penurias, de amores al vuelo y las habitaciones son guaridas para escapar, no son refugio como lo puede ser un hogar, la esencia de un viaje de un viaje se completa en un cuarto de hotel cuando se abre la maleta adentro de él y te das cuenta que ahí está la vida entera y además de que esta vida es prestada, alquilada en este caso, que poder ejercen esos cuartitos para mí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Ahora bien, hablando de instalarse, buscar ese refugio, albergue, posada, hotel, motel, hostal, tantos nombres y solo uno. Qué momento placentero esa incertidumbre de cual será nuestro espacio. Es como un anaquel de pequeñas casas, un desperdigado anaquel de fachadas que hay que ir descifrando y cuando tus pesos son pocos descartar y descartar. Si hay una calcomanía de máster card o visa en la puerta, olvídalo, no es para ti, de seguro vendrá con desayuno incluido, pero eso será en otra ocasión, es como si tuvieras que escoger la mujer con la que vas a pasar la noche, para aquellos que las buscan, entre un ramillete de doncellas de saldo y esquina como dice Sabina. Te vas por la más recatada, la de maquillaje caído y desdibujado, la que no sobre sale sobre las demás, la que se junta con sus compañeras y no destaca. Entre callecita y callejuela vamos encontrándola y como dije antes su fachada sin pretensión nos abre las puertas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Paredes rayadas por los amantes que las habitaron, pasillos oscuros y estrechos, una mosca que se quedo atrapada y no puede salir de allí pues no hay ventanas y torpe se golpea contra las paredes del desespero, tenemos compañía y un televisor en lo alto iluminando de imágenes vacías las cuatro paredes, ese es nuestro palacio. El baño queda afuera y es amplio, como olvidado, aparte, bien aparte, una escueta cortina que no abarca la inmensidad de la bañera, la vieja bañera y un chorrito que cae como desde el cielo en un hilito de agua, todo lo necesario para volver a la vida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La ciudad blanca la llaman, Arequipa, un cielo azul donde es posible ver cóndores que esta vez no se dejaron ver. Blanco el cielo también, blancas las paredes de bloques macizos, antiquísimos, bloques con inscripciones, filigrana de cemento, en cualquier pared, en cualquier fachada, el hombre escribiendo sobre su morada, un territorio marcado. Mucho más significativa la de las iglesias, las innumerables  iglesias desperdigadas por toda la ciudad. Su frente cubierto por escudos, rostros, frases en latín recordándonos el yugo español, el poderío esclavista de su palabra, sus imágenes queriendo tocar el cielo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pero la ciudad es mucho más que esas iglesias de belleza ancestral, son sus calles de piedra también, blanca piedra curtida por el paso del tiempo, las letras de quienes la toman por papel, pasillos que en la noche son iluminados por faroles. Vagamente me llegaba la imagen de aquella noche de una década atrás, nunca pude identificar con exactitud donde fue que estuve, problemas de alcohol y me memoria claro está. Se encoge la ciudad al darle vueltas y más vueltas, el centro está en cualquier parte  y adivina uno si ya paso por aquí o no. Los arcos de la plaza en el parque son altísimos, uno detrás de otro dibujan un circular túnel a su alrededor por el que discurre un número considerable de turistas indagando como siempre por lo que hay que ver. Por curiosidad morbosa preguntamos por cierta excursión turística, el valle del colca esta vez y entonces claro, el discurso de siempre, de vendedora paisajística: el bus los recoge a, hace una primera parada en, estaríamos visitando tal, a eso del medio día tiene usted la posibilidad de, ya en horas de la tarde nos estaríamos acercando a, tiene usted la posibilidad entonces de, allí podrá apreciar a o b, con la posibilidad también pagando una cuota extra de ir a c y conectar con d en una viaje de aventura, para luego de varios días u horas dependiendo de su tiempo y posibilidad económica, llegar a casa y conocer el lugar por medio de las fotos o videos que logro usted captar. Gracias señorita ha sido usted muy amable, veremos las fotos por google imágenes o buscaremos la información por wikipedia o lo que es mejor, empezaremos a ahorrar para un próximo viaje.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Vámonos a tomar un pisco le digo al Juan. Ya ha caído la noche y hay que iluminarla con algunos tragos, saludar a este nuevo país con su bebida, que mejor homenaje, ancestral bebida hecha de la uva, diáfano trago que es disputa entre chilenos y peruanos. En las calles se escuchan voces, muchas, diferentes voces, discordantes voces de todas partes. Por esta temporada parece que hubieran soltado a todos los franceses posibles y hubieran escogido como destino común Suramérica, uh la la, cest la france. También y como una plaga nuestro acento colombiano no es ajeno y esa tonadita revolotea en el aire. No sabíamos porque, pero veníamos huyéndole a ella, corriendo de la compañía de la patria. ¿Por qué?, le pregunte al Juan, porque hacemos esto. Bien, decidimos abrirnos, no al mundo, al mundo hace rato nos habíamos abierto, abrirle la puerta a los nuestros, volver a ellos. Nos dijimos que de encontrarlos departiríamos con ellos y así nos lanzamos a la calle para conversar con la ciudad, ver su mejor cara de noche en la compañía del pisco.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Entrada la noche, disminuido el pisco y con las luces mas centellantes divagábamos en busca de un no sé qué. Comíamos un buen plato de chaufa, ese arroz que da cuenta de la mixtura de orientales en el país de los incas. Plato de arroz abundante y generoso que se ve en toda la extensión de esta nación. Entraba el espíritu burlón de la música, invitaba con unas notas que cantábamos y empezamos a buscarla y no la encontramos, ella nos encontró a nosotros. Venida de una guitarra, de cuatro sujetos y una chica, venida de un rincón de la calle, venida desde Colombia. Si, habíamos invocado la patria y ella tan buena en su infinita misericordia nos trajo algunos de sus hijos. Con esa ebria tonada inconfundible le hicimos un guiño e inmediatamente respondió y de la mejor manera que sabe hacerlo, con una copa en la mano, que patria ebria tenemos. Rasgando la guitarra con clamor nos fuimos instalando en una cera de cualquier calle en construcción y se junto la bulla y la algarabía de un país. Discurría de mano en mano las copas de trago barato sin identificar la calidad de él. Tonadas de la tierra que solo serían cantadas en esas circunstancias se entonaban con un impresionante júbilo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La noche se diluyo sin saber cómo en otra posada que no fue la nuestra, la patria seguía cantando exacerbada, se estrechaban los abrazos, se levantaban las voces, tanto como para que fuéramos arrojados de allí, y tener que volver al cuarto de hotel, dulce hotel.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Arequipa volvió a ser lo de antes, casi lo de hace diez años atrás, lo cual quiere decir que no he cambiado mucho. Pero todavía nos faltaba una ciudad por conocer, con la lentitud y el paso tranquilo que debe hacerse.  La excusa para caminarla fue buscar un mapa de Perú que hasta el momento no tenía. Me había estado moviendo con pedazos del que traíamos del país anterior.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;De una librería a otra iba preguntando por el mapa que no aparecía, así dibujaba el mapa de Arequipa. En ese andar tope con el mercado central, ese lugar donde siempre se puede uno perder horas entre sus particularidades, de puesto en puesto. Entre hortalizas miles, carnes, trozos de pollo sobre la blanca loza, mariscos y la rareza de los anfibios colgados sobre un hilo, así como se lee, pequeñas ranas secas pendiendo en el aire como un exótico manjar, del que hasta jugo sacan, el letrero reza: Jugo de Rana, allá ellos. La fila de mujeres que venden jugos naturales, bendito trópico que calmas nuestra sed con papayas, fresas, maracuyá, carambolos, moras, mangos, piñas y cuanto fruto brota de estas sagradas tierras. Mas allá el sector de las comidas donde hay que ceder ante un ceviche, es imposible no detenerse y dejar que una de esas mujeres ponga un plato ante ti. Ese pescado marinado con jugosos limones, pedazos de algas, morada cebolla, picante por doquier, batata dulce, frijol, todo, todo en un solo plato y además, una refrescante chica morada para calmar la sed.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pudimos encontrar el mapa que mostraba en toda su extensión al Perú, volví a recordar a Graham Green con aquello de que “no hay mejor materia para un sueño que un mapa”. El ultimo y dada la laboriosidad de mi compañero de viajes nos dimos a la tarea de acicalar un poco a nuestras compañeras de viaje, en una pequeña terraza de nuestra posada y con el amparo de un radiante sol, hacíamos esas tareas propias de la errancia, lavar algunos ropajes, limpiar, poner todo en orden, hacer algunas compras como combustible y víveres para enfrentar lo que faltaba de camino, que no era poco. Así volvíamos al camino alejándonos de Arequipa y su estela de recuerdos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-3364164745228862619?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/3364164745228862619/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=3364164745228862619' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3364164745228862619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3364164745228862619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/12/arequipa-o-el-hilo-del-recuerdo.html' title='Arequipa o el hilo del recuerdo.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-6405344197251245126</id><published>2010-11-29T20:50:00.002-05:00</published><updated>2010-12-02T18:21:53.218-05:00</updated><title type='text'>Rumbo a la ciudad blanca.</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Empieza el juego con la geografía variada. Hay que remontar una cuesta para salir de Puno. Entre calles estrechas y de curvas cerradas sorteo la salida. Esto todavía es la puerta de entrada al Perú, las gentes de este acogedor país me lo recuerdan y un hombre a la salida de la ciudad, en todo lo alto de ella me dice: Bienvenido al Perú. Se aprecia desde lo alto la ciudad y el lago que la acaricia, la última mirada al lago sagrado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small; "&gt;Me desprendo en un largo descenso, de nuevo otro ascenso y por último la llanura, constante llanura. A pesar del sol no está de más el abrigo cuando se corta el viento. En las fachadas de las casas hay mil y una pintada con propaganda política, diseminados partidos alzando sus voces en los olvidados muros de ningún lugar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Llegando a Juliaca se sucede la despedida con nuestros amigos, ellos van en pos de otros rumbos, se dirigen a la mágica ciudad de Cuzco, puerta del imperio inca. Que recuerdos me traen esas tierras visitadas hace tanto. Nuestros caminos no son los mismos, Cuzco es una ciudad potencialmente turística, ciudad que junto como mi compañero en momentos distintos visitamos, por lo que optamos virar nuestro camino. Nunca se acostumbra uno a ese extraño acto de despedirse. Entre los ruidos de las moto taxis y el éxtasis del medio día cerramos con un abrazo, un afectuoso hasta luego seguros de que nuestros mapas nos traerán de vuelta en este continente que se va achicando más a medida que lo recorres.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;En el mentado Taiwán peruano; como nos comentaron que le decían a esta ciudad,  debo ir en búsqueda de mi aro y empezamos a indagar donde se ubica el ojo del huracán de las ventas. Por caóticas calles nos vamos abriendo paso, es tal el desorden que prima allí que un buen hombre desde su auto nos ofrece guiarnos, así que somos peces pilotos siguiendo la cabeza de cuatro ruedas. Una vez allí estalla un mar de gritos, ofertas de todo tipo entre alimentos, enseres, juegos, herramientas. En verdad aquello era un pequeño Taiwán. Dada la imposibilidad de circular por esos pasajes atestados de gente y productos, Juan cuida las bicis mientras voy preguntando por un aro de 32, marca Maveric. Empiezan las negativas y mi desconsuelo, pero siempre se levanta una voz de no sé donde que me da una luz. Bien al fondo en otro de esos pasajes un hombre afirma tener lo que busco, a un precio cómodo mi bicicleta volverá a rodar como es debido.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Me seguiré sorprendiendo de la presteza de aquellos que saben bien su oficio. Dejo en sus manos a mi compañera y mientras este hombre hace lo que a bien sabe hacer nos tomamos un respiro, volvemos a nutrirnos de jugosas mandarinas que a bien quiere invitarnos este hombre sabio y aparecen historias de otros que por allí pasaron con sus bicicletas recorriendo el mundo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Ha llegado la hora de la comida, esa adormilada hora donde los alimentos entran como el mejor de los sedantes y luego se hace difícil volver al camino, pero hay que comer. Uno de esos almuerzos baratos con sopa y segundo hace nuestra delicia. Preguntar luego por la salida de estos laberintos y volver a la santa paz del camino. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Cambia la geografía y ahora aparecen unas inmensas montañas teñidas de verde, aunque con suerte seguimos en la planicie. Con el objetivo en mente, como siempre, nos repetimos el nombre del pueblecito donde pernoctar, juntando kilómetros y avisos se deja ver no muy lejos de allí. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Cabanillas se llama. Más chico que grande. Uno de esos lugares que plantean un problema al buscar una posada solidaria. Uno de esos que son casas a lado y lado con una diminuta plaza y una despoblada alcaldía donde tocar las puertas. Un tanto de aridez como para imaginarse un lugar donde sentar campamento. Irrumpimos entonces por esas calles de hombres que se asombran al paso de las dos ruedas y un mundo en ellas. Las posadas de paso entonces se perfilan como el lugar donde pasar la noche y se cuenta con suerte. Donde menos se espera se abre una puerta de garaje y hay cuartitos como de cuento para mitigar el cansancio de la jornada. 6 soles el cuarto y tres por la ducha que esta fuera de ellos. La ducha lo vale todo, más que una cama se necesita el agua caliente que espante el cansancio. Resulta esta una de las mejores posadas, una ducha para gastarse todo el tiempo y el agua posibles, un cariño al cuerpo venido de este precioso liquido que lo cura todo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Pueblo  pequeño por donde pasaba el fantasma del tren, un espectro de rieles que lo visitaron en antaño. Pueblo que se alista para la feria en la noche, con sus desvencijados artefactos de apuestas, de juegos, de diversión y piensa uno entonces que se puede ser feliz con tan poco. Una feria, una musiquilla saliendo de rústicos parlantes y solo eso basta para existir en esos parajes visitados por nadie.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;La jornada de este día traería retos geográficos importantes. Viendo el mapa no se puede adivinar mucho, se divaga. Vuelve uno a indagar sobre puntos perdidos y distantes sin saber qué es lo que existe entre uno y otro. Ya no jugábamos sobre terreno plano, de nuevo el fantasma de las cuestas aparecía y de qué forma, solo nos fueron regalados 33 kilómetros de planicie para luego molernos el cuerpo con esos ascensos sin tope. En esos ires y venires, en ese camino de tobogán como me gusta llamarlo, de montañas donde te sientes que pedaleas en un mundo que solo existe para ti y donde te pierdes entre el verde, una gran laguna refresco el paisaje, regalos del camino rompiendo con la monotonía del cansancio. De pronto, allá a lo lejos se divisan unos coloridos y diminutos puntos naranjas, más adelante reconocemos a otros viajeros de dos ruedas, alemanes ellos, sus alforjas refulgen entre el gris del asfalto. De nuestra parte siempre hay alegría por estos encuentros casuales con los que creemos nuestros semejantes. La barrera idiomática se alza, además de la cultural. Hacemos gala de nuestra fraternidad contándoles como viene el camino para ellos y proveyéndolos de datos que le sean útiles a futuro, como casas de ciclistas, resguardos solidarios y demás datos. De su parte solo obtenemos la parca información de que más adelante vendrá una gran cuesta y así cada uno sigue su rumbo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;En efecto venia algo para sacarnos de casillas y enfrentarnos a un animal colosal. Hay subidas de subidas y esta no era una entre las más. Cuan pequeño te sientes cuando tienes ante ti el comienzo de un camino que parece eterno. Allá a lo lejos ves la cima, piensas en el tiempo que te llevará remontar aquello, el cansancio físico que demandara, miras el reloj, haces cuentas, vuelves a mirar el mapa y entonces se apodera de ti un desasosiego. Vez las nubes que amenazan con mandar sus goterones encima de ti, la carretera se siente aun mas desolada, no pasa ningún auto, eres tú, el camino y la bicicleta como único instrumento para salir de allí. Intercambio jugadas con mi compañero de viaje, decidimos ver cuán altiva es la montaña y tratar de coronarla. Nos bastan dos curvas para darnos cuenta que aquello nos llevará una gran cantidad de tiempo y el reloj juega en nuestra contra, no hay de otra, necesitamos el auxilio de los motores. La suerte sigue de nuestro lado y no hay si no que levantar el dedo, para que una grúa remolcadora se detenga ante nosotros para sorpresa nuestra. Amables hombres ayudan a que nuestras compañeras tomen posesión de su nuevo vehículo. Dada la precariedad del espacio Juan va haciéndose cargo de que las bicis mantengan su sitio atrás, a mi me es dado el puesto delantero y la conversación de nuestros amigos que de nuevo indagan y se asombran de nuestra procedencia. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Decidimos ir hasta donde nos pueda llevar el auto, que efectivamente tiene que remolcar un camión de cerveza que ha volcado en el camino ya avanzará unos buenos kilómetros. El trayecto que teníamos que atravesar no era nada amable, el mismo auto con dificultad pasmosa escala la cuesta y luego en el punto más alto de nuestro viaje un cartel nos avisa que estamos 4550 metros sobre el nivel del mar, no es ningún chiste este camino.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Al descender del auto todavía tendremos que pedalear 20 kilómetros para llegar a  nuestro destino y ahora otro nuevo reto se posa sobre la ruta, es el viento, ese fantasma que aparece cuando menos te lo esperas. 20 kilómetros suponen una hora de pedaleo, pero bajo estas circunstancias el tiempo se dilata y esa meta que vemos no bien hemos tomado las bicis se hace esquiva por un tiempo mucho más prolongado como un espejismo. Mecidos y golpeados en ocasiones por los tirones del viento que agotan nuestras fuerzas y paciencia nos acercamos con lentitud a nuestro objetivo. Al llegar el hambre y el frio aprietan. Lo primero se resuelve pagando un costoso almuerzo debido a lo olvidado del lugar, Imata se llama el pequeño paraje, nunca podría olvidarlo por su intenso frio y desolación. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;Con el estomago a punto, el problema ahora es donde dormir. No se reconoce nada que sirva como albergue y la policía que entre amable y parca responde con una negativa nos deja sin ninguna posibilidad, hasta de posadas carece este lugar de paso. Entonces, en esa indagación desesperada alguien nos cuenta que un hombre de cierto restaurante nos podría ofrecer su garaje para pasar la noche. Efectivamente el hombre responde con un gesto que parece sincero y tenemos de nuevo un lugar para ampararnos. Es tal el cansancio que desfallecemos no siendo hora de dormir y el suelo recibe nuestros cuerpos agotados. Solo el hambre al comenzar la noche nos levanta para degustar una sabrosa trucha  y luego volver a caer en brazos de Morfeo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;No recordaba un frio como este, desde aquel helado norte argentino. Di vueltas dentro de mi bolsa como si quisiera convertirme en un capullo para sacar calor no sé de donde. En la mañana me percate de que mi frio anterior tenía fundamentos. Las ventanas de nuestro cuartito se encontraban cubiertas de una delgada escarcha y un tanque de agua, afuera, en el baño, este que servía para vaciar el mismo, se encontraba con una inmensa capa de hielo de varios centímetros que había que cortar a golpes si querías tener un poco de ella. Esa mañana también nos dimos cuenta que el albergue no fue tan solidario que digamos ya que debimos pagar un precio por él. También supimos que los alemanes del día anterior habían pernoctado allí, información que no fue compartida por ellos cuando les preguntamos por la ruta.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-size: small; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small; "&gt;Planteaba este día  interrogantes sobre donde llegar. Ya lo dije que sobre el mapa todo son divagaciones. Todo parece tan cerca y a la vez tan lejos que es una total incertidumbre. Cercanos a la ciudad blanca, Arequipa, pensamos que nos bastarían dos días para llegar a ella. Las montañas verdes habían desaparecido para dar paso a las rocosas y arenosas habitantes de la lejanía. Ni asomo de alguna población cercana, rectas interminables, soledad total. Arena volando en finos hilos. De pronto, al mucho rato de pedalear el camino planteaba un desvío que iba a dar al Cuzco, camino que no nos pertenecía. Unos modernos molinos daban cuenta de la fuerza eólica que aprovechaban los pobladores, lo que también nos avisaba que ese factor podría ser des estabilizante y amenazar el camino. Con un horizonte incierto y la cercanía de nuestro destino próximo y siendo fieles a nuestra filosofía económica y de pensamiento convenimos en que lo mejor era llegar a la ciudad, esta vez en más de dos ruedas. En uno de esos viejos buses peruanos fue como entonces fuimos transportados hasta la ciudad de &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Areq&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;uipa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-6405344197251245126?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/6405344197251245126/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=6405344197251245126' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6405344197251245126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6405344197251245126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/11/rumbo-la-ciudad-blanca.html' title='Rumbo a la ciudad blanca.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-8489110555316962667</id><published>2010-11-29T20:46:00.001-05:00</published><updated>2010-11-29T20:48:34.533-05:00</updated><title type='text'>Al alto Perú.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Diez años ha que no pisaba tierras peruanas. Levantarse para ir en busca de una nueva frontera tiene un encanto particular. Los kilómetros bajo ese propósito se diluyen y solo existe la meta. El paisaje acompaña mucho mas como resguardando el objetivo. Seguía con la compañía de la dulce agua del inmenso lago Titicaca escoltando mi paso, llevándome. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Las fronteras son como un degrade de pueblos, un leve cambio, un tonito diferente, tal vez algunos nuevos ropajes, otras costumbres, pero todo en un manto de sutileza. Del lado boliviano el cobijo del lago y su extenso pasto amarillo, casitas parapetadas en la hierba. Solo ocho kilómetros para ir en búsqueda de la frontera, calma frontera, nuevo premio de montaña. Siempre los ingenuos hombres de migración sin poder acreditar nuestro paso, un sello más y la sorpresa de su parte por las mochilas de la bicicleta. Algunos curiosos indagan por el viaje, hombres que reconocen un sueño, gente que se ve viajando contigo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Una inscripción que recuerda el lago sagrado del Titicaca y una puerta de entrada al Perú. Un pequeño arco que me marca el nuevo país, un país que en viejos tiempos era un vasto territorio que abarcaba más de lo que es ahora. Recuerdo que en un pequeño pueblo del norte argentino, La caldera, un cartel anunciaba que por allí pasaba el camino que conducía al alto Perú. Desde allí se me dibujo el país de los incas, un pueblo que iba y venía como en una eterna procesión nómade conversando con los suyos, llevando e intercambiando sabiduría. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Gratamente sorprendido entro a este país que me recibe con cientos de sonrisas y saludos desde el costado de la carretera. Brazos de hombres laboriosos que se alzan para dar la bienvenida, tímidas sonrisas de mujeres que caminan lento, coquetos y juguetones gestos de niños que admiran el paso de mis dos ruedas. Es la región de Puno con sus 3.825 metros sobre el nivel del mar. Hermosa planicie que sigue teniendo como compañera al sagrado lago. Somos ahora un grupo de cuatro pedaleando, sigo con la compañía de Carlos y Sonia, nuestros amigos españoles y la siempre fiel compañía de mi amigo Juan. Me desprendo en una alargada solitaria como queriéndome comer el país primero que ellos, ver todo antes que nadie. No cesan los saludos que tan importantes son, yo los siento como un sinónimo de hermandad, algunos indagan por mi origen y entonces Colombia no se les hace ajeno ni lejano cuando lo grito desde mi bicicleta. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Va terminando esa primera jornada para empezar a sentir en Perú. Nos detenemos a la entrada del primer pueblo que será nuestro resguardo, una agradable jornada de setenta kilómetros. Desde lo alto del pueblo, a la vera de la carretera divisamos el que será nuestro hogar. Las calmas aguas del Titicaca con una porción de hierba nos llaman para armar campamento, siente uno entonces que es tierra de todos, como debe ser. Me detengo un momento para observar a mi compañera como escrutando su estado y observo un imperfecto en ella. Su aro trasero está resentido, es el peso y los sobresaltos del camino que han hecho mella, uno, dos, tres, cuatro rajaduras me alertan, hay que cambiar el aro. Empieza entonces el juego de los kilómetros. Donde estamos, cuánto durará, donde podre cambiarlo, son las preguntas que me hago. Más adelante aparecerá la ciudad de Puno, tal vez allí sea. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No nos equivocamos en el lugar escogido para pernoctar. Con el permiso de la policía bajamos hasta el lago y hacemos campamento. Sorprende la belleza del pueblo, con su inmensa plaza y como no, la iglesia ponderosa de belleza, ese legado español sembrando su semilla cristiana por todos los rincones. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Cae la noche y con ella el frio. Metidos en nuestras bolsas de dormir comiendo unos trozos de pollo nos alcanza la oscuridad quebrantada solo por las miles de estrellas en el cielo, las aguas mansas del Titicaca y su niebla nos adormecen.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Se abre el día y con él un nuevo objetivo, la ciudad de Puno. En estas tierras de la abundancia y el buen comer las costumbres son otras, sobre todo para quien no es de estas tierras. Un desayuno es algo más que unos cereales o un escueto pan con café. Bien lo sabemos nosotros acostumbrados a ello. Nuestros asombrados amigos españoles abren los ojos ante el tazón de caldo de pollo a ingerir en la mañana. Juan y yo tenemos una mirada cómplice y de gusto ante este manjar. Flotan los trozos del animal en un caldo exquisito. Carlos se suma y se aventura a ingerirlo, Sonia por su parte es más clásica y pide lo habitual. Con el estomago lleno nos aprestamos a una generosa jornada de pedaleo. Continúan las planicies y vuelvo a escapar de la manada en pro de mi soledad, la mejor compañera del camino. No cesan los saludos y kilómetros más adelante retorna la panamericana, esa vía que como una flecha con curvaturas atraviesa este continente, ancha, plana en este caso nos lleva con dirección a Puno. Las mandarinas y variadas frutas son el alimento que nos proveen esos pueblos donde hacemos un alto. Un jugo tal vez, un yogurt cuestiones tan comunes para hacer fuerza y seguir. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La alegría de ver una ciudad nueva que te da la bienvenida es incomparable. Sigue extendiéndose el Titicaca, bordeando la ciudad de Puno. Hay cantos y risas al entrar a ella. Hay impaciencia también por llegar a su centro. La fiebre del mundial de fútbol paraliza el tiempo, yo, escéptico del juego de la pelota, huyo de mis compañeros que van al ritual de la observación y el aliento. Tengo un momento de paz cuando decido apartarme de ellos y regalarme un tiempo para mí. La alcaldía abre sus puertas para resguardar a nuestras compañeras de viaje. Un libro y la certeza de noventa minutos de juego son mi espacio, pero es difícil escapar a la convocatoria de la pelota, en cada pequeño televisor transmiten el juego, me doy un almuerzo rápido para huir de la hipnosis del balón. Una vez terminado el juego y con las risas de mis amigos españoles por la victoria de su equipo nos separamos nuevamente, vamos cada uno en procura de nuestro hogar de paso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Una casa se nos abre en esta ciudad. Hay que hacer el trámite necesario, las llamadas, la espera posterior. En la plaza principal hay sol, pero a la sombra sin embargo hay frío. Las palomas siguen visitando las estatuas y cagándose desprevenidamente en ellas mientras los turistas van desorientados de aquí para allá, mientras tanto en una de esas bancas de parque un hombre nos aborda, con sonrisa amigable y el tiempo se deja ir entre charlas que nos van acercando al pueblo. La constante de siempre, indagar por la situación de ellos, el verdadero dialogo, con las bicicletas de por medio y siempre, ser hermano en los problemas y las desventuras de pueblos vecinos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Tenemos un cuarto más no un hogar, cada espacio es diferente. No hay agua, viene a ratos y uno esperando el ansiado baño. Nuestro anfitrión apenas se deja ver y nos deja allí en ese cuarto desordenado, con algunas indicaciones sobre la ciudad. Ya con otros ropajes nos damos a recorrerla, ella, que entre provinciana y medianamente grande sigue siendo visitada por muchos. La catedral ampara a esos que siguen teniendo como punto de encuentro su parque. Las calles y las viejas casas de diseminan en un laberinto lleno de colegiales y caras que notoriamente no son de aquí. Como riachuelos las calles van dando a uno que otro parque, banderines y ruido, la luz de la noche entonces. Hay una calle principal con ínfulas de boulevard, exhibiendo menús costosos para nosotros y confort para los extranjeros, casas de cambio en cada esquina para que el dinero de los otros valga. El mío aquí no costaba nada cuando me encontré con la no grata sorpresa que me llevo al desespero cuando mis viejos billetes eran rechazados de casa en casa, el valor relativo del dinero, de una moneda que va de mano en mano deteriorándose y valiendo cada vez menos. Una leve resquebradura del billete bastaba para ser rechazado, así que tenía y a la vez no tenía dinero. Busque entonces mis mejores billetes para salir del aprieto, los que tuvieran las sonrisa mas reluciente del personaje central y los menos ajetreados, este hecho me crearía un trauma de aquí en adelante para cambiar dinero. Definitivamente no me la voy con el vil metal ni el conmigo, como diría cierto escritor de mi tierra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Como siempre se presentaban los variados planes turísticos para incautos viajeros. Esta vez y como atractivo mayor, las islas flotantes de lo uros, cuestiones que originariamente eran bellos espacios navegando en el lago, morada de pueblos. Ahora y para entrar en el juego solo eran vacios espacios seudo teatrales para apreciar una representación que se repite sin sentido, así que cuando ya sabes que te van a presentar y mas algo tan sin sentido, es mejor no ir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En aquella primera estación de Perú un hombre, un maestro me había hablado sobre conocer un pueblo cercano a Puno, Chucuito, así que en un tranquilo paseo retomamos camino hacia el mentado lugar. Unas tímidas ruinas evocando la fertilidad eran el atractivo de este lugar. Deambulábamos entonces como por entre un pueblo fantasma, viendo sus varias y viejas iglesias como evocando espíritus, un pequeño canal de agua atravesaba el pueblo de antiguas casitas y uno que otro local de suvenires aparecía en alguna esquina. Retornamos pronto a la ciudad y así nos íbamos despidiendo de Puno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Infructuosa resultó la búsqueda del aro para la Maleva. En uno de esos mercados lo busque con desespero intentándolo hallar en cada tienda que exhibía aros, ruedas, marcos y todo tipo de partes para bicicletas. Mucha oferta pero nada se ajusta para la rueda de mi compañera. A veces se ponen quisquillosas y solo se quieren vestir con las mejores galas, pensé que por ser una ciudad grande allí lo conseguiría. Había uno que no se ajustaba a su mecanismo de 32 radios y entonces volví a las cuentas del camino para saber cuánto más podría durar el que tenía e indagar donde podría encontrarlo. Me hablaron de Juliaca entonces, la Taiwán peruana, si allá no lo consigue en ninguna parte lo hará, me dijeron. Así que a aguantar querida compañera, por suerte el camino era plano y sin sobresaltos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;             &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-8489110555316962667?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/8489110555316962667/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=8489110555316962667' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/8489110555316962667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/8489110555316962667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/11/al-alto-peru_9924.html' title='Al alto Perú.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-4447322134701243844</id><published>2010-09-28T19:30:00.003-05:00</published><updated>2010-09-28T19:36:03.901-05:00</updated><title type='text'>Bebiendo del Titicaca</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Vuelvo a comenzar por el Alto. El Alto ahora es salida de La Paz. Un pequeño carro remonta la subida y arriba comienza el camino. Arriba todo es confuso. Ventas y mas ventas, la mañana que hierve, los carros que atropellan, la gente que grita, la ciudad que late cerca, el camino que hace guiños en el fondo. Es la ciudad del alto de donde vienen artesanías y productos que bajan a la Paz. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Hay que salir entre una interminable y arrolladora jauría de carros que te quieren comer. Un quite, otro más, ahora entre dos buses, te zafas, pedaleas, uno por el lado, cuidado con la moto, esquivas el hueco, viene otro, otra vez, más buses, uno por detrás, cuidado con el de adelante, sigues pedaleando cuando puedes, lo más rápido que puedas, le das duro por una hora y así, estas fuera de la ciudad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Ahora viene la soberana soledad del camino, la inmensa y alegre soledad del camino, que te cobija con sus montañas, esta vez cubiertas de nieve en la lejanía que sientes próxima. Amarillo del pasto, blanco de la nieve.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Si atrás, en la ciudad tenia la sed en el alma por la falta de verde, ahora el paisaje me regalaba algo para calmar toda la sed posible. Me regalaba el precioso y apabullante lago Titicaca. Ya al término de una placida jornada de pedaleo va apareciendo de a poco, porque es imposible abarcarlo todo de una mirada, no cabe tanta agua en el cuerpo. Bolivia volvía a sorprenderme, primero lo del salar y ahora este gigantesco lago, este majestuoso lago. Juro que grite de emoción sobre la bicicleta, me fui cantando no se qué canción al lado del lago y cada vez que veía una parte de él gritaba mas y corría más, era imposible contenerse sobre aquella visión. El lago más grande de América Latina se aparecía ante mis ojos, con su azul profundo y esas montañas formando islas en su interior como acompañándolo para que no se sienta solo. El pasto amarillo y con algunos tonos de verde, los fardos de paja, el ganado pastando, la gente tranquila recorriendo sus orillas, saliendo de sus humildes casas como si nada les importase. Rodar y rodar en esa abrumadora belleza. Este lago bendecido por los dioses, lago sagrado de los incas, lago ritual, lago infinito, lago océano, entendible del porque es tan querido y cuidado por los pueblos que lo precedieron.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Terminando la jornada en la población de Huarina, había que buscarse un lugarcito para descansar el cuerpo. Una escuela, una escuela que siempre es un hogar con su cancha de futbol, unos hombres y mujeres que pisan unas papas, unos hombres y mujeres que siguen trabajando lo que les da la tierra, esos mismos que ni se dan por enterados cuando llegan estos extranjeros, cargados con sus bicicletas. Un saludo a la distancia, un permiso correcto para no perturbar su tierra y listo, ya se tiene un hogar con la mejor vista, vista al lago sagrado, al Titicaca. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Instalado el campamento, me gustaba ir casi a su orilla y quedarme mirando el lago, su quietud, su inmensa paz, ese azul que simulaba galones y galones de pintura fresca, eso era el lago, una pintura fresca, fresquísima. Todavía desde allí se podía ver la cordillera blanca que a lo lejos lo circundaba. Un buen hombre en aquella quietud se acerco para conversar. Curioso pueblo este y eso está bien. Al contarle de dónde veníamos inmediatamente, o sea de la Paz, nos increpa diciéndonos que allí no aceptan gente de la capital. Alegamos entonces que no somos de allí y todo se arregla, cambia el tono de su voz y el sentido de la conversación, igual no deja de inquietarme de que las cosas sean así en todo lugar, que siempre al capitalino se le tenga bronca, que sea mal visto. Caída la noche un fuego calienta el frío que amenaza, una fogata en la cercanía del lago para dormir a su abrigo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El día siguiente vamos en pos de Copacabana, la ciudad limítrofe con Perú, ya voy buscando el nuevo país. La ruta sigue plagada de belleza. El lago jugueteando con las montañas, las cuestas que lo esconden y luego lo dejan ver. No hay cansancio ante tanta belleza, no es posible, aunque las pendientes sean duras, volver a pasar los 4000 msnm, ir en picada viendo ese lago que se confunde con un océano. A Bolivia no le fue dada una salida al mar pero fue bendecido con la gloria de este lago que dibuja playas en sus bordes y cuando hay viento pinta algunas olas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El lago corta el trayecto en alguna parte y hay que recurrir a un pequeño bote que cruza carros, animales, mercadería, gentes de un lado a otro. Siguen las subidas que ya van agotando para luego regalarte el pueblo, brindarte a Copacabana que descansa directamente al lado del lago. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Copacabana es otra de esas ciudades contradictorias que se juega su belleza al amparo de ciudad comercial y netamente turística. Bajas al puerto y ves los barquitos para pasear en domingo, con formas de gansos y patitos, están los puestos, más de 15 que te venden las mismas variedades de truchas, esta la calle de siempre que te ofrece artesanías y fiesta gringa, all in english, ¿nobody here speak spanish?, ni idea. Se agota Copacabana en dos o tres calles que juegan a lo mismo y eso aburre bastante. De otro lado está la oferta turística. No hay que irse sin haber estado en la isla del sol. Decenas de empresas te llevan, todas por el mismo precio, todas en el mismo barco, no lo entiendo, no entiendo el marketing, ni la economía, en fin.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Te embarcas hacia la isla del sol. Lento va el barquito atravesando el lago. El azul es cada vez más intenso a medida que te adentras en él. La ciudad se pierde y avanzamos, ya nos hemos perdido y en verdad sientes que estas en el océano. Muy a lo lejos se dibuja una montaña, un contorno de casitas donde vive quien sabe quién. El barquito va tan tan lento que se adormece uno con el ritmo más la quietud del agua, pero cuando llegas a la parte sur de la isla te despierta una avalancha de gente, un alud  de nativos que te cobran por todo, según ellos para el mantenimiento de la isla, vaya usted a saber si es cierto. Te cobran por pisarla, por verla y por recorrer sus diferentes puntos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Habíamos dispuesto que la recorreríamos y empezamos nuestra tarea, luego del primer golpe, de que te cobren, de ver el desfile de gente que poco a poco se va dispersando, ya sea porque los atrapo algún hotelito de esos que parece increíble que existan en un lugar como ese o porque solo llegaban hasta allí, sigues el recorrido y la compañía de la soledad vuelve a dar lo suyo. Pagamos por que nos vayan marcando el camino, eso no está mal, el camino te va llevando al otro lado. Un camino de piedras dispuestas uniformemente cuestión que no dificulta mucho la caminada. El sol está en el cenit calentando la jornada. Hay momentos en que desde la cúspide se puede apreciar la verdadera magnitud de este lago y pienso que Latinoamérica toda, tendría que venir a beber de esta agua. Uno que otro caminante se cruza en el camino, algún nativo va pasando de punta a punta, callado, silencioso pero con respeto saluda. Va cayendo el sol conforme avanzan los pasos, las montañas dejan pasar el viento que refresca los pasos, alguien ha jugado con las piedras del camino formando montículos, no es ningún hallazgo arqueológico pero resulta interesante el juego de paciencia que hizo ese alguien. Con la caída del sol viene otra luz y la sombra de las montañas se dibuja sobre el lago, los matices del cielo cambian combinando colores y así llegamos a la cara norte de la isla, una cara totalmente diferente a la del sur. Un hombre te saluda al paso dándote la bienvenida, un atardecer con colores increíbles tiñen el cielo y una playa de agua dulce y calma te recibe. Se posa la carpa para ver la caída del sol mientras todo se apaga en este tranquilo pueblito, este es el Titicaca en pleno. Cobijamos la noche con vino barato y conversaciones que van hasta la madrugada, el agua del lago y el vino mojan la palabra que cada vez se ve mas exaltada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;El mismo barquito nos va llevando de regreso a la ciudad, parando en todas partes, volviendo tedioso un viaje que ya de por si es lento. Es una larga despedida de tan glorioso lago. Una vez en la ciudad el camino nos trae más alegres encuentros con amigos. Nuestro argentinísimo Ariel por un lado que nos cuenta de sus periplos en la selva y de otro nuestros queridos amigos españoles con los que nos seguimos pisando los talones. Hay espacio para una comida, la rica trucha que son los frutos del lago, entre otros, así vamos dándole la despedida a Bolivia que tanto trajo, que sorprendió de tan bella manera. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Me llevo los colores de los faldones de estas mujeres, su raza indígena, su dignidad para pelear por lo que es suyo, me llevo su hermosa humildad, su manera de festejar la vida, me queda el alma un poco más en blanco como su salar y refresca todos mis cansancios el agua de su magno lago. Me deja cansado sus cuestas pero me relajan sus aguas cálidas y su comida que me acerca a mi país, voy sintiendo profundamente los lazos que hay entre nosotros. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-4447322134701243844?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/4447322134701243844/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=4447322134701243844' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4447322134701243844'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4447322134701243844'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/09/bebiendo-del-titicaca-vuelvo-comenzar.html' title='Bebiendo del Titicaca'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7625183448016731960</id><published>2010-09-28T19:25:00.002-05:00</published><updated>2010-09-28T19:29:23.272-05:00</updated><title type='text'>La Paz</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Desde lo alto y desde el alto se llega a la Paz, la capital, el centro de esta particular Bolivia. Iba buscando una ciudad grande desde que entre al país y nada aparecía. Ciudades pequeñas, pueblos, poblaciones, caseríos es lo que vas viendo por todo el país. Parece que solo existiera la Paz como centro, eso fue lo que yo conocí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Precedida por esa ciudad también caótica que se llama el alto, vas viendo a la Paz, allá, metida en un hueco. Me recordó a mi Medellín, a una mayor escala y sin el verde de sus montañas. Kilómetros de adobes apilados unos sobre otros. Te da una sed en el alma al ver la ciudad que se extiende hasta donde te alcanza la vista con sus miles de casitas, un gran pesebre es la Paz. Ligeras montañas que son los cerros de adoquines hace mucho despojaron al verde que me imagino hubo alguna vez aquí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Hay que entrar en varias ruedas a las grandes ciudades. En estos centros urbanos se suele acumular todo. Siempre &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;el sueño del progreso se instala en las capitales, con ellos vienen los problemas, la delincuencia, sobre población, sueños truncados en última instancia. Por esto hay que tener precaución y guardar la bicicleta en la bodega de un bus y así llegar un tanto más tranquilo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Es difícil que no te encuentres con el panorama habitual al entrar a la Paz, es decir, con una manifestación. De cualquier índole, de cualquier sector, siempre el grito en la calles por los derechos, por lo que falta, lo que es negado, lo mal pago, por la diferencia. Recordaba a Asunción el día que contabilice cinco marchas al entrar al centro de ella, lo de siempre, educación, transporte, salud, lo básico, lo negado. Esta vez era un grupo de mujeres pregonando por sus derechos, esta vez los faldones de colores engalanaban las calles con gritos, pancartas y coros de voces por un futuro mejor. Es triste que nuestro panorama sea la protesta, el reclamo, que la fauna común sea la ausencia de derechos, eso sumado al caos habitual de estas ciudades que siguen prometiendo el cielo cuando lo que brindan es el mismísimo infierno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Kilómetros atrás un bici viajero nos comenta que hay una casa de ciclistas en la Paz y con dirección en mano nos dirigimos a ella. Después de sortear la manifestación tomamos calle abajo por esa principal que te lleva a la iglesia de San Francisco. Revienta la ciudad en gritos, transeúntes que van de aquí para allá tratando de pasar una calle o comprar uno de los miles de productos que te venden por ahí. Empiezo a buscar la dirección como un pirata con un mapa busca su tesoro. Una pregunta, una indicación, una calle que no se puede pasar debido a los arreglos en ella hace que tengas que dar una vuelta inmensa y te alejes de tu objetivo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Nuestro hombre se ubica justo en esa calle donde confluyen todos los turistas queriendo llevarse algún “recuerdito”, cientos de artesanías, baratijas, tejidos, paños, camisetas con el nombre de Bolivia bien en el centro y así. Pasadizos que nos llevan al fondo de la entrada del café Chuquiago. Y bien interesante resulta ser nuestro anfitrión. Entender bien al hombre será la tarea más difícil de la humanidad, desentrañar sus intenciones, encontrar el quid del asunto. La verdad nunca supimos bien las intenciones de este hombre con la famosa casa de ciclistas. En este largo camino donde se me ha tendido tantas veces la mano, he tratado de leer la intención de esa mano que me abre puertas y que también me las cierra. La hospitalidad no tiene que ver solo con esa cama que brindas o ese vaso de agua que ofreces. La hospitalidad va más allá del ofrecimiento, es la intención que ha bien guardas detrás de ese ofrecimiento. Si bien es cierto que obtuvimos una casa, un espacio para resguardarnos, un baño donde tomar una ducha, una cocina donde preparar nuestros alimentos, nunca se nos fue dado una conversación amistosa, un encuentro para un café, un espacio para multiplicar nuestras experiencias de vida. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Recuerdo el día que íbamos hacia la casa aquella. Después de haber esperado un buen rato a que nuestro anfitrión nos condujera a la casa, consumiendo uno de esos partidos mundialeros que tan poco me importan pudimos ponernos rumbo al hogar. Aquello de que las grandes ciudades te tragan resulto casi verdadero en ese trayecto. Yo iba adelante siguiendo las indicaciones de mi anfitrión y mi amigo Juan detrás de mío. En una de esas interminables filas de carros, en una esquina y sin saber cómo ya no estaba Juan, así sin más ni más se lo había tragado la ciudad. Llegamos a casa sin él y deje mis cosas resuelto a encontrarlo, pero nada, la ciudad lo despisto y lo perdió. Si hubiéramos estado en Colombia hubiera pensado que lo habían secuestrado, pero igual tampoco, no valemos mucho en dinero los ciclistas. El caso fue que un rato más tarde apareció Juan, en efecto la ciudad se lo trago por un rato y luego lo volvió a poner en ruta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;La estancia en aquella casa fue bastante placentera, apenas para esos días que la precedieron que entre cuestas y cansancios atrasados agotaron los cuerpos. Volvimos a encontrarnos con nuestros buenos amigos españoles, la pareja de ciclistas conformada por Carlos y Sonia. Había que festejar el nuevo encuentro. Digo nuevo porque ya venía esa constante en este viaje. Ellos adelantan, paran, nos encontramos y viceversa, así es el juego del camino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;La Paz fue eso, Paz para el cuerpo. Se me hace difícil siempre hablar de las capitales. Hay tanto y a la vez no hay nada. Para uno que viene en un ritmo tan lento, tan piano, entrar en este ritmo discordante de ellas es un choque directo. En esos pueblos tan amables todo es cerca, todos se saludan, la gente existe. En la ciudad es todo lo contrario, todo es lejos, el tráfico te atropella, me siento absolutamente descolocado en estos lugares de nadie. Las ofertas se supone son tantas que no sabes por dónde empezar, que hacer, a donde apuntar. Menos mal sigo siendo un viajero tranquilo y poco ansioso. Yo las cosas me las voy encontrando y me vienen como deben llegar si es que tienen que llegar. Como sigo sin guía, mi guía son los desordenados pasos que doy en cualquier calle y el mayor atractivo turístico son los sitios sin nombre. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Las capitales que he encontrado en Sur América parecen todas hermanas. Tienen ese aire frio y apático entre sí. Se ubican en las alturas, tienen sus cerros cubiertos o no por la nieve blanca o por la espesa niebla. Su gente camina rápido, muy rápido. La Paz se me hermano mucho con Bogotá. A pesar de que La Paz esta mucho más alta, a 3800 msnm no es tan fría pero tiene ese frio bogotano tan sabroso para el cuerpo, basta una chaqueta y listo, así anónimo como caminaba las calles de Bogotá camine estas de la Paz, las de mucha publicidad en las aceras, las de buses que van por todos lados y las rutas que se pregonan desde las puertas de ellos en movimiento, la de las caras cuadriculadas por el estrés del trabajo, la de la guerra del centavo. Cartelitos ofreciendo trabajo por doquier, como por doquier se sabe la paga miserable. Un sueldo mínimo en Bolivia son 100 dólares, definitivamente es poco lo que se puede hacer con tal cantidad de dinero. Sin embargo esta la oferta en todos lados, trabajo hay, dinero, no sé. Seguía leyendo una ciudad de muchas caras en La Paz, seguía necesitando el verde que no veía, ni desde sus miradores ni desde la calle, así como quien nació al lado del mar necesita el sabor de la sal en sus labios y el ruido de las olas en su piel, yo soy monte, arboles, montañas que sigo buscando por todas partes, soy directamente lo que se dice, un montañero. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Hablando de miradores es todo un espectáculo llegar a uno de ellos en la Paz. Primero hay que ir en uno de esos buses urbanos piloteando cuestas, callecitas empinadas y pequeñas, estar en el barrio de verdad, el barrio que veías desde lejos, estar en el cerro. Otras caras, otro aire, sangre maleva por ahí que mira diferente al extraño, humos de diferentes colores, tienditas de ventanas pequeñas y luego un mirador que se encumbra en todo lo alto. Como lo he dicho la vista se cansa y a mi alma le da sed mirar las capitales, sobre todo en esta donde solo hay casas y mas casas, apiladas no se sabe cómo ni hacia donde. ¿Dónde termina y comienza la ciudad? ¿Tendrá esto un fin? Es una batea deforme La Paz, metida en un valle como mi Medellín.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Su centro tiene sabor indígena. Es innegable la raza en este país, además teniendo en cuenta que aquí sucede lo que en toda gran capital, la migración de sus pobladores hacia ella. En la famosa calle de las brujas encuentras la pócima, el brebaje para todo tipo de enfermedad. Curioso ver fetos de llamas colgando disecados en las tiendas, una ofrenda para la madre tierra. Frascos y frasquitos, polvos, yerbas, menjunjes de todo tipo de tienda en tienda, una cuadra entera con el mismo espectáculo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;En otra calle unos hombres juegan a leer la suerte con todo tipo de formas. Una clara de huevo que cae en un vaso medio lleno de cerveza, la mirada concentrada en él y el discurso del hombre sobre la suerte de su comensal. Otro juegan con una aleación parecida al aluminio que derriten y posteriormente leen la forma que ha quedado de esta, ahí está el destino, metido en un vaso o transfigurado en metal, el destino que el hombre lee a su antojo, como a su antojo debería estar el de forjárselo. Son rituales que se repiten de tiempo en tiempo, la curiosidad, las ganas de saber lo incierto, la vida sobre el papel, el vaso, la figura, el cigarro, el chocolate, la taza…y ¿la vida?.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;En la Paz hay una feria, una celebración, a un santo, a la tierra, a todo, es un pueblo que agradece y celebra, a su manera, con sus trajes de colores y su música pausada de bandas que desfilan por las calles o se agolpan en las plazas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Me queda el recuerdo de esa casa donde pase los días en la Paz. Una casa antigua que fue de un famoso artista Boliviano, Paceño. Conitzer era su apellido, una casa como la ciudad, abarrotada de figuras y figurines, una casa donde en cada rincón hay una sorpresa si te detienes a observar, una casa desordenada lista para ordenar, una casa lista para recibir amigos si se quiere, una casa que puede ser como nosotros queramos, si es que queremos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7625183448016731960?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7625183448016731960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7625183448016731960' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7625183448016731960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7625183448016731960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/09/la-paz.html' title='La Paz'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-3678265544201805646</id><published>2010-09-10T13:58:00.001-05:00</published><updated>2010-09-10T13:58:42.665-05:00</updated><title type='text'>Camino a la Paz.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Bajar de las alturas, caer a la tierra desde la ciudad de Potosí, ir en un interminable descenso. Surcar montañas en una extensa bajada que nos sacara de la ciudad. Para nuestros cansados cuerpos aquello venia de maravilla, era volver por los caminos de Bolivia, atravesarla, ir rumbo a su capital pasando por parajes desolados, ir a su centro.&lt;br /&gt;En un terreno desconocido fuimos sumando kilómetros. Muchas veces el mapa no dice mucho y solo queda preguntar a los locales y es allí donde te das cuenta que poco saben sobre su propio lugar. Un eterno sube y baja de montañas, verdes montañas, curvas inquietas, subidas desafiantes, es la hermosa soledad del camino y el querer descifrar su verdad que no es otra que el horizonte. El sol que entra por un lado y sale por el otro y se esconde y se vuelve a dejar ver entre montículos.&lt;br /&gt;Cumples con tu jornada y te encuentras un pueblecito que es un rejunte de casas a la vera del camino, juegas con los nombres tratando de retenerlos en tu memoria mientras avanzas por los caminos, es difícil, entre la disposición de los nombres y la forma como es dada la información se hace imposible retenerlos.&lt;br /&gt;Tambo Alcalá es el primero de la jornada. No hay mucho, unas pocas casas y mujeres que lavan sus ropas en un hilo de agua canalizado. Una desolada edificación cerrada nos cobija y el campamento está instalado. Coquetea el frio, se sortea el hambre, cae la noche. Un pedazo de luna acompaña los alimentos que se cocinan tratando de cortar aquel vientecillo.&lt;br /&gt;La jornada anterior define lo que serían los días venideros, la constante de agotadoras subidas. De nuevo la desalentadora noticia de no saber a cuanto esta el próximo pueblo ni de tener noticia, si es llano o en cuesta el terreno. Un dicho boliviano se escucha en cada rincón cuando preguntas la ubicación de un lugar: “Ahí sito no más”, expresión que denota una incertidumbre total, ya que puede ser una distancia que está a la vuelta de la esquina o como bien sucedía, una extensión interminable de kilómetros. La mentada expresión viene seguida de otra que podría denotar nuestra tranquilidad pero que poco se da, nos dicen que después del “Ahí sito no más”, seguirá “Solo pampa” y ni lo uno ni lo otro. El pueblo esperado se hace esperar por interminables minutos y cuestas y la tan mentada pampa nunca llega más que al término de la jornada. Lo que salvan esas jornadas es la belleza de esas montañas que se pierden en la inmensidad, que se juntan como gigantes a dormir sobre la cordillera, montañas que van pintando de otro color la caída del sol, montañas que son valles y hermosos despeñaderos ante los cuales hay que rendirse.&lt;br /&gt;Hay jornadas que terminan con la caída del sol, el agotamiento de toda fuerza, de saberse casi perdido y de pronto encontrar algo para pernoctar, otro de esos pequeños pueblos, esta vez Tola palca.&lt;br /&gt;Luego de este pueblo el paisaje regala descanso y llega la esperada Pampa, un regocijo para las cansadas piernas. Te vas perdiendo entre ríos y montañas que están a lo lejos, ya no surcas sus costados, las ves apenas allá, algunas pequeñas y otras inmensas. Por kilómetros me pierdo solo, como si el viento me llevara y me dejo ir viendo cómo nacen y mueren pueblos en mi camino, lugares de nadie, de pocos. El camino me recuerda lo vulnerable que puedo ser y me sucede un pinchazo, hace rato no pasa, no es nada para preocuparse. Poner a la maleva llantas arriba y manosear sus ruedas, un juego como otro.&lt;br /&gt;Challapata se llama el nuevo destino, ciudad un tanto más grande que las otras y debido a nuestro cansancio buscamos resguardo en esas humildes posadas de paso. La aridez lo domina todo pero una tonada de nuestra tierra colombiana no deja de sonar en el ruidoso parlante de una tienda, hay otros aires. Son las notas de algún viejo vallenato que te recuerda la Colombia fiestera, ruidosa y caliente, esa de la costa Caribe, la del ron y el mar.&lt;br /&gt;Un baño de agua caliente me devuelve a la vida y no hay mucho que ver por las calles de este pueblo. Entre el confort de la tarde apremian algunos antojos y los lácteos que hace rato no probamos nos seducen. ¡A por ellos! Un buen pedazo de queso, mermelada, buñuelos (que son una especie de hojuela de harina) y una bebida local llamada Api, calman nuestras ganas. Se llena la calle en la noche de puestos que venden todo tipo de comida, chicharrones, pescados, sopas, fritos y demás, vamos a la cama con el espíritu y la barriga llena.&lt;br /&gt;Cambia un tanto el paisaje, montañas amarillas y rectas en el horizonte, casitas olvidadas al lado del camino y escuelas con su respectiva cancha de futbol, de futbol que muchos en esta fiebre mundialera juegan a cualquier hora del día. La carretera es tranquila, muy tranquila, atrás han quedado esas agotadoras colinas donde tenía que arrastrar la bicicleta y donde rogaba al cielo que la próxima curva trajera un descenso, esa inolvidable altura de 4.275 metros sobre el nivel del mar alcanzada en alguna montaña.&lt;br /&gt;Aparece el pueblo de Poo Poo y kilómetros atrás nos informan de unas termas que gustosos visitamos. Esta agua caliente venida de la montaña, pequeños cuartos privados para sumergirse en el salado liquido que repone como ningún otro el cansancio de la jornada. Luego a buscarse esa posada solidaria, la de siempre, jugando en contra de las reglas del dinero.&lt;br /&gt;La municipalidad siempre es una buena casa en los pueblos chicos. En la secretaria una mujer me dice que para obtener el permiso debo hablar con el alcalde, el cual se encuentra afuera bebiendo cerveza con otros paisanos, estas son las cosas de mi continente. Se encuentran celebrando la entrega de una herramienta para trabajar la tierra. Su fraternidad no se hace esperar, se cruzan palabras, se pregunta por recorrido, origen y hasta un libro de visitas firmamos.&lt;br /&gt;Ese particular movimiento de la tarde en estos pueblos donde luego de la hora del almuerzo todo queda quieto, como un animal que apenas se mueve. Algunos puestos todavía venden comida. Como olvidar unas tajadas de plátano maduro que te recuerdan la tierra, te hablan de que somos una misma manta con distintos parches pero que cobija una misma tierra. Vence el cansancio y hay que dormir un poco, tirarse donde se pueda en la municipalidad que por supuesto no tiene un lugar concreto donde dormir, donde recibir a ese desprevenido viajero que viene de paso pidiendo una mano. Un corredor hace las veces de morada, pero la fraternidad tiene otro rostro y nos es ofrecido el mismísimo salón de reuniones. Piso de tablas, un viejo piano que no se sabe quien tocara con sus teclas empolvadas y balcones donde pienso en algún tiempo se promulgo algún discurso. Cae la noche.&lt;br /&gt;En el camino que no cambiaba mucho con sus planicies y sus llamas saludando al paso aparecería la ciudad de Oruro. Cifrada estaban las esperanzas de hacer un alto en el camino, varios días de pedaleo tenían el cuerpo más que exhausto, pero esta ciudad mostraría una cara no muy amable. Se iba dejando ver a lo lejos y su centro se perdía entre pedalazos viendo como las casitas coronaban los cerros, esos famosos cordones de miseria de nuestra Latinoamérica. Ventas de todo tipo a las afueras de la ciudad, esos mercados llenos de verduras y frutas que ya pasando el día dejan las sobras y sus frutas podridas a los al rededores. La típica desorientación a la entrada de una ciudad grande nos lleva al centro, un centro sumamente caótico y sin orientación, perdidos vamos entrando sin saber a dónde ir, sin un lugar donde dormir. Más ventas al interior de la ciudad, entre comidas, víveres y enseres de cocina, de casa, prendas de vestir, dulces y cuanta cosa se pueda uno imaginar debe uno abrirse paso para buscar una morada. La morada aparece y no es lo imaginado. Barata, fría, un tanto sucia, acomodada al presupuesto pero no apta para el descanso nos hace pensar que solo un día podemos estar allí. El día de descanso se convierte en una larga jornada capoteando las horas para que el día más frío del año, donde la gente come perros calientes, hace fogatas y enciende fuegos pirotécnicos, pueda pasar, pasar en ese cuarto de pensión, cansados y al cobijo de un vino barato.&lt;br /&gt;Sacando fuerzas de donde no hay, se remonta el camino, de donde pensábamos parar un par de días. Reconforta que el camino no lleve muchas cuestas, que el paisaje aunque seco sea agradable, con unas montañas entre verdes y amarillas, un viento peina las ruedas mientras se suman kilómetros y ya se presiente la capital.&lt;br /&gt;Konani se llama el pueblo. Árido por supuesto, calmo, un tanto apagado. Su plaza central es apenas un pasto seco cercado por unos adobes y el movimiento esta dado por la cercanía con la capital, buses que van y vienen cargando y descargando gente. Entran y salen bultos de esas bodegas que parece que no les entrara un bulto más.&lt;br /&gt;Regresa el dilema de donde parar, donde pernoctar. Una banca del parque calienta la tarde y quema las ideas, nada pasa, nada sucede. Hay un gran caserón que parece tiene que ver con la municipalidad. Acercándome a ello constato que si lo es. Adentro muchas mujeres con esos faldones beben cerveza, a cada trago ingerido va uno al piso en ofrenda a la tierra. El interior huele a cebada y comida. Se supone, es una reunión política. Hay un hombre que viene de la paz a dictar una charla sobre no se qué. Nadie nos presta atención, nosotros solo queremos un lugar donde dormir. Después de mucho intentar y preguntar, indagar por quien sería el encargado, sabemos que hay que hablar con la sub alcaldesa. Nos animamos a entrar y este buen hombre nos ofrece de su cerveza, ya nos han dicho que efectivamente tenemos posada, otra victoria, pensamos que es un gesto desinteresado, el de la cerveza, pero cual sería nuestra sorpresa cuando la misma sub alcaldesa nos pide una gran suma de dinero y en dólares por que dice ella que nadie beberá gratis de su cerveza. No se da cuenta esta señora, que particularmente encarna la autoridad, que si no tenemos plata para pagar un hospedaje, menos tendremos para comprar una caja de cervezas, no es nuestro objetivo. Así y después de nuestros argumentos, nos mandan a descansar con marcada diplomacia.&lt;br /&gt;Abajo comienza un jolgorio de grandes magnitudes entre cumbias locales y un ruido que menos mal no se extiende mucho, debido a la borrachera temprana que llevaban todos allí. Nuestros cansados cuerpos caen en un par de colchonetas de aquello que pareció ser la municipalidad de Konani.&lt;br /&gt;El día siguiente tiene una gran meta, la capital, La Paz. Mi compañero de viaje vuelve a ser víctima de la comida boliviana y lo que pensamos como jornada de pedal, se convierte en un tranquilo viaje en bus para remontar esos últimos kilómetros. El paisaje no cambio mucho, nos vamos acercando al alto, la ciudad que precede a la paz, un espectacular caos, de autos y gente por doquier y allá, allá abajo en un hueco esta La Paz. Con su inmensidad y su cemento, su falta de verde, sus casa que se extienden a lo lejos y te resecan la garganta, otro monstruo, otra capital por descubrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-3678265544201805646?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/3678265544201805646/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=3678265544201805646' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3678265544201805646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3678265544201805646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/09/camino-la-paz.html' title='&lt;strong&gt;Camino a la Paz.&lt;/strong&gt;'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7335760793533163973</id><published>2010-09-10T13:55:00.001-05:00</published><updated>2010-09-10T13:57:45.401-05:00</updated><title type='text'>Potosí, Visión de un saqueo.</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;De los balcones de Potosí cuelga el olvido y la miseria, el tiempo y el vacio. La encumbrada Potosí, la ciudad más alta del mundo, descansa sobre el recuerdo de lo que fuera el mayor punto de la explotación minera en el tiempo de la colonia, la fiebre de la plata se apodero en el pasado de su espíritu.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Corría la opulencia por sus calles empinadas. Putas, oro, plata, todo la revestía con un aire de ciudad cosmopolita, una de las mayores del mundo. Venían los españoles y demás arañando las entrañas de las montañas, sacando cualquier cantidad de plata posible y discurría el dinero en todos los bolsillos y la ciudad seguía creciendo, creciendo a ningún lugar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;De sus balcones colgaban las guirnaldas de plata, esos bellos, bellísimos balcones hechos en madera, balcones que abarcaban toda una esquina y abrazaban los hogares. Balcones tallados con la mejor madera, balcones que eran en si una pieza de arte, balcones hechos para perdurar, con los mejores acabados, con toda la elegancia posible. Colgaba la opulencia en aquellos tiempos. ¿Y hoy?, hoy no queda nada. Queda la vieja pintura en las fachadas, queda la caída pintura en las puertas de entrada, queda el olvido y el dolor en las calles. Ha ganado el espacio la pobreza y la tristeza de la que fuera una de las ciudades más alegres.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Potosí iba hacía el cielo, iba para arriba, Potosí siempre va para arriba, es una ciudad empinada. Si alguien de mi tierra antioqueña la definiera diría que es la ciudad de las tres efes, Fea, fría y falduda. Pero le sobra una efe a Potosí porque aun sabe guardar la belleza a pesar del saqueo. Su belleza se esconde en cada callecita que lleva un nombre de época y descubres en otra esquina que no habías visto si te atreves a recorrerla despacio y observando bien.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Difícil pensar que este pudo haber sido el centro del mundo por aquellos tiempos, que el auge de la plata extraída de la tierra lleno miles de bolsillos y se engalanaba la ciudad entonces con vestidos, tabacos y joyas. Difícil pensarlo si miras el rostro actual de Potosí y conoces aunque sea un poquito de su historia. Con sangre y muertes prematuras de esclavos se escribió su grandeza, que fue a la vez su caída, no es posible que se le trate tan mal a la tierra, que se le explote de tal manera, una peste habría de caer sobre la ciudad para terminar el saqueo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Toneladas de plata bajan del aquel entonces cerro rico, toneladas y toneladas camino a Europa. Quiero pensar en esa imagen de la que hablan, aquella que dice que con toda la plata sacada de aquellos cerros pudo haberse construido un puente desde América hasta Europa. No creo que sea ingenuo pensar en aquella imagen de un inmenso puente que se extiende a través del mar, que surca las aguas cual delfín plateado para atracar en tierras Europeas y enchapar bancos y más bolsillos. No lo creo si tenemos en cuenta la magnitud de estos cerros, su estado de virginidad en esos tiempos, el hambre de riqueza que tuvieron los colonizadores y el manantial que encontraron en el cual saciaron su sed. Manantial que por supuesto secaron hasta que ya no hubo una gota y las miles de vidas que se extinguieron no importaron más que como cenizas que volaban de los cerros y se iban en el aire por toda la inmensa América.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;I&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;glesia tras iglesia se aprecia por las calles de Potosí, bendiciendo la plata y el saqueo, bendiciendo la muerte y la explotación, bendiciendo la mano española que aniquilaba la indígena, bendiciendo su riqueza bajo la muerte local. En esas calles estrechas y empinadas se aprecian iglesias de todos los tamaños, que quitándoles la carga moral quedan como preciosos templos para adorar al viento. Casas y caserones de señores desde donde se delinquía, donde se comerciaba todo lo que bajaba del cerro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Potosí ejercía una gran fuerza sobre mí, había visto muchos lugares que me interesaban en todo mi recorrido por Latinoamérica, pero esta ciudad me atraía de manera especial por su historia de dolor y muerte, por ser este uno los pilares del exterminio español, por ser metáfora del tiempo actual y de los futuros. Una fuente, un descubridor, un saqueo sin piedad y la posterior muerte del lugar. Quería constatar con mis propios ojos el cerro por el que en antaño muchos aventureros se jugaron la vida, otra especie de dorado, pero esta vez encontrado y de plata. Quería ver esa montaña, no tan inmaculada ya, manoseada, un poco triste en este paraje árido, reseco, donde el verde brilla por su ausencia, en un paisaje que no te pasa por la garganta cuando lo vez, no pasa por la garganta y lo que es peor te raya el corazón cuando te lo quedas viendo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Al propio cerro había que subir, claro, caminar sus senderos y sentir como palpitaba la tierra ahora desde allí. Pero no subir como lo hacían y lo están haciendo muchos turistas. Es triste ver que las formas de explotación han cambiado de forma pero todavía subsisten.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Hay un tour para ir a ver el cerro, ver cómo trabajan los mineros, bueno, trabajan es una forma de decir. Es como ese tour del que supe hay en Río de Janeiro para conocer la miseria de la favelas, ni más ni menos. En el de Río no se les disfraza de malandros a los turistas para que se adentren en ellas, poco falta para que lo hagan, pero en el de cerro rico si, se les disfraza a los turistas como mineros, con su casco y herramientas y me imagino que hasta los dejaran arañar la tierra en algunas picadas, cuestión que me parece más que absurda y sin sentido. Van allí mientras estos humildes hombres, con los más rudimentarios elementos y en las más precarias condiciones, se parten el lomo por extraer cualquier roca que luego será procesada por una máquina para sacar de ella lo valioso que pueda tener. Yo no quería hacer parte de este horrendo juego, consciente de la explotación de hace de 500 años, no quería jugar a lo mismo en estos tiempos, pero si sentía la curiosidad por indagar cual era la realidad de ahora.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Un bus local nos deja en las puertas del cerro, este no se separa tanto de la ciudad, la gente convive con él. En el campamento de entrada hay un inmenso dibujo con una frase que reza lo siguiente: “Sin mineros no hay Potosí”. Todo es tan árido, tan rocoso, que en verdad sientes que de allí no podrá brotar nada, que todo está seco. Una vieja y obsoleta maquinaria se encuentra esparcida por la tierra, pedazos de ella por aquí y por allá. Solo existe el mínimo de movimiento, el calor y el viento frío conviven, parece tierra de nadie ya que algunas familias se han tomado pedazos de cerro para con sus propias manos y en los huecos ya hechos por otros excavar rudimentariamente las minas. Algunos niños te ofrecen tures para ver las minas, por unos pocos bolivianos, la moneda nacional puedes ir a ver como los hombres rasgan la tierra, no tenemos dinero ni nos interesa, por respeto más que todo. Uno de ellos enseña unas rocas que todavía se sacan de la mina, coloridas piedritas que los hombres buscan en la oscuridad de la tierra.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Vamos rumbo de la cumbre donde vemos un Cristo alzarse de brazos en lo que pare ce una capilla. En el camino, hombres, mujeres y hasta niños, llevan rocas de aquí para allá, son como topos desnudos que quisieran roer la tierra para sacar cualquier cosa. A cada tanto puedes ver uno que otro hueco de cierta extensión que va hacia el centro de la mina, son cientos de pasajes que hay por ahí. Carretas viejas que ya solo taren algunas rocas y de pronto, Pum, una explosión, otra, otra más, hay que darle como sea a la tierra para que se desprenda y nos muestre su interior, les muestre más bien a estos hombres que se juegan su vida por alguna piedrecita.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;De camino a la cumbre, esta la que parece ser una oficina. Un hombre nos recibe amablemente y nos comparte sus experiencias como minero. Dice que el estado no se preocupa en lo más mínimo por su condición, ni siquiera servicios higiénicos tienen, es así como el cerro se llena de deposiciones por todas partes, siguen haciéndolo todo por su propia cuenta, comprando materiales costosísimos para explotar la mina, cuenta que así ha sido siempre, casi desde tiempos de la colonia. Este hombre no es tan hombre, es muy joven, tiene 28 años, la mina se les va comiendo la vida, el color, la alegría, la mina no da mucha expectativa de vida, comen gases tóxicos y es una lotería lo que puedan o no encontrar, puede ir desde una piedra preciosa, hasta la misma muerte.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En la cumbre hubo una capilla, ya no hay nada más que la imagen de Jesucristo convertido en un hogar donde vive una señora con sus hijos y sus animales, algunas antenas repetidoras y nada más. Ese Cristo se debe de haber cansado de mirar a la ciudad árida y seca, debe dirigir su mirada a algún punto de la montaña o del firmamento para ignorarla, como la ignora el estado y el mundo, menos los turistas que quieren ir allá a disfrazarse de mineros y jugar ser un topo sin futuro por unos momentos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7335760793533163973?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7335760793533163973/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7335760793533163973' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7335760793533163973'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7335760793533163973'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/09/potosi-vision-de-un-saqueo.html' title='Potosí, Visión de un saqueo.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7110697339302365669</id><published>2010-09-10T13:53:00.000-05:00</published><updated>2010-09-10T13:55:15.159-05:00</updated><title type='text'>Camino a Potosí</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El más, el menos. Aburrido, divertido, seguro, peligroso, alto, bajo, frio, caliente. Así se la pasa uno definiendo los caminos, las gentes, los lugares, las ciudades y así en definiciones se va yendo el rumbo. Cuando crees que has vivido algo y nada lo puede cambiar llega otra situación a mostrarte una cara más cruenta o amable de la moneda.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Que el mundo no es plano eso ya lo se hace rato. De vez en cuando llega una cuestica a recordármelo. Viene detrás de la curva, escondida y en una larga sonrisa me muestra su extensión. Otras veces me muestra solo un pedazo, una curva que te deja en el vilo de saber que habrá después. Están las dos caras del camino, la del asfalto y el ripio. El monótono asfalto con su uniformidad bendita. Bendita para las ruedas, espalda y riñones, en suma, para la salud y no tanto la física, la mental inclusive, la de saberse cómodo por algunos kilómetros, para mí no es monótono esa extensión de asfalto que a veces se sucede por días enteros. La otra cara es el ripio. El despiadado juntarse de rocas y arena sin uniformidad alguna. La carretera destapada como la llamamos en mi tierra. Los agrestes caminos virginales. Solo que uno va preguntando aquí y allá, esquivando estos caminos que no vienen nada bien para la bicicleta y los instrumentos llevados en ella y por supuesto para quien la maneja, en este caso yo. Así esquivando estos caminos cuando se puede se da uno por bien librado y les hace el quite, viéndolos de lejos apenas presumiendo su dificultad. Pero esta Latinoamérica que tiene lo suyo te lleva en ocasiones por esos caminos ineludibles. En Bolivia estos caminos son la ley, no hay forma de no transitarlos y hasta he escuchado en que bus son igual de tortuosos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Saliendo de Uyuni nos esperaba el que es sin duda alguna el camino más difícil de todo el viaje hasta el momento. Por eso me refería a esas categorizaciones de más y menos. Desde la ciudad se divisaba esa primera subida, empinadísima he infinita. Uno no sabía que le depararía ni como la enfrentaría, solo la veía allá a lo lejos tenaz e inquietante.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En la mañana hay sol y uno no sabe si eso es bueno o malo. No es un sol que queme, en estas tierras es difícil eso, es un sol que apenas batalla con la brisa que trae siempre el frio. Hay expectativa por remontar el camino, sobre todo para mí por ir en búsqueda de Potosí, una ciudad que me llama poderosamente la atención.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Entre brinquito y brinquito por la cantidad de piedras del camino se puede decir que avanzo, primero en una recta que te acerca cada vez más a la temida cuesta por mí. Es particular pero todavía en estas instancias una cuesta para mi sigue siendo un reto que impone sus condiciones las cuales siempre se me hacen desfavorables.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Estas bicicletas de montaña o todo terreno, como también las llaman, se supone deben estar adecuadas para estas lides, pero resulta que a la mía tanto como a mí no nos van mucho estos retos. Me vi fatalmente derrotado por la cuesta. No me gusta entrar en el juego de la muerte con ellas, si su inclinación es demasiada, solo le sobo el lomo y me voy lento con la maleva arrastrándola, es así, sin más ni más. Solo que el camino es largo y las cuestas se extienden por kilómetros y kilómetros y entonces la acción de arrastrar la bicicleta se convierte en un pesado fardo, una tortura extensa. A esto hay que sumarle varios factores, uno y quizás el más determinante es la altura. No hay que olvidar que Bolivia se enclava alto alto. La altura te imposibilita una correcta respiración, falta el aire y a mí particularmente me empezó un fuerte dolor de garganta que hacía más difícil toda acción. Entre subidas y bajadas cambiabas absurdamente de altura sobre el nivel del mar. Lo otro era en aquellas alturas el vientecillo helado que te pegaba directo en los huesos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Se nos había sumado una parejita de españoles con sus bicis y todos sucumbíamos ante la cuesta, unos menos que otros por supuesto, siempre están los avezados. Lo que hacía que el ritmo disminuyera aun más por uno que había que esperar en lo alto de un pedazo de cuesta.&lt;br /&gt;Desde arriba podía verse una gran extensión del Salar. En verdad es un mar blanco que te nubla la vista y vuelve a dejarte perplejo. Pero ahora había que mirar hacia el frente. Unas dos horas aproximadamente para sortear solo ocho kilómetros, aquello era una cuestión de paciencia también. Entre eternas subidas y ligeras bajadas, que dado lo dificultoso del terreno tampoco podían hacerse rápido, el camino iba avanzando bastante lento. Las llamas brinconeaban por allí sin que nada les importase, sus pezuñas eran más efectivas que los piñones de nuestras bicicletas. A cada tanto un pueblecito perdido aparecía por ahí, sin dar rastro de gente, se preguntaba uno entonces como es que se sucede la vida en esos lugares, el agua, la luz, el transporte, la vida cotidiana allí tan alejado de todo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En Bolivia las carreteras siempre están en construcción. Hay eternos carteles de “Hombres trabajando”, trabajan por pedazos y pienso yo, que por temporadas. Hay tramos en los que han intentado tirar algo de asfalto y algo parecido a ello queda en la vía. Nos regala la carretera pedazos llanos en donde soy rey y me desplazo velozmente, pero luego vuelve la montaña, la nada. El agua se agota y una fábrica de no sé que aparece en la ruta. Nos acercamos con la esperanza de obtener tan preciado liquido y obtenemos solo una negativa, agua no hay. Me pregunto cómo trabajan estos pobres hombres, aprieta tanto el calor como el frio y falta algo tan básico como el agua. Andan tan desorientados estos hombres que ni siquiera saben a cuanta distancia esta el próximo pueblo, sin embargo nuestros mapas arrojan vagas distancias.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El efecto del ripio se deja ver sobre las bicis y uno que otro tornillo se ha caído, mi prevenido compañero tiene como solucionarlo. Se han juntado las horas del día y el cansancio hace presencia y entonces algo como un pueblito, una pequeña población va apareciendo. Tica tica se llama, nos recibe calmada y tranquila, casitas a lado y lado del camino. Se hace difícil poner la carpa, hay frio, hay mucho cansancio. Pero no hay problema, llega la mano amiga. Un buen hombre nos dice: Bienvenidos a mi casa, que es la casa de Dios. Si Dios nos quiere recibir bienvenido sea. Es un humilde cuarto con una pequeña cama, hay bultos de papa y de maíz. Como siempre la presencia de los niños, eternos curiosos no se hace esperar. Con ellos departimos mientras preparamos algunos alimentos que calmen el hambre. Nos cuentan de sus vidas, de sus esperanzas, quieren ser futbolistas cuando grandes, jugar en el equipo de Potosí. Vence el cansancio una de las jornadas más agotadoras pero estamos bajo techo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El día siguiente no cambiaria mucho la geografía, el paisaje y la carretera. Te levantas con otra cuesta bajo tus pies, hay que apretar la garganta y seguir, aquí no hay de otra. Sigue implacable esa abierta carretera y la altura y todavía quedan bastantes kilómetros por delante, digamos que unos dos días de lo mismo para arribar a Potosí.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Aparece un restaurante y decidimos cambiar las empanadas de nuestras alforjas por un suculento plato que nos regrese a la vida y eso que solo hemos cumplido con 30 kilómetros. Una gaseosa local hace lo propio con mi estomago y lo destroza en el acto, ni bien termino el ultimo vaso tengo que correr al baño. Eso no se ve nada alentador para lo que viene, sin embargo decidimos tomar camino, pero es imposible, mi cuerpo vuelve a pedir un baño, por supuesto tengo que recurrir a la naturalidad del camino, estoy destrozado, no puedo seguir así, el camino se ha pronunciado y ya no hay nada que hacer, los últimos pasos habría que hacerlos en bus. Sobre ese desvencijado aparato de muchas ruedas vamos llegando a la ciudad y me percato de la imposibilidad de haber hecho ese tramo en dos ruedas. Llegamos entonces a la ciudad de Potosí la más encumbrada del mundo con una historia que descubrir. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7110697339302365669?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7110697339302365669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7110697339302365669' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7110697339302365669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7110697339302365669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/09/camino-potosi_10.html' title='Camino a Potosí'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-3003028417210970739</id><published>2010-08-20T15:31:00.002-05:00</published><updated>2010-08-20T15:34:57.445-05:00</updated><title type='text'>Uyuni, un hombre en la luna.</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La pequeña población de Uyuni descansa a la sombra de su mayor atractivo turístico, el Salar, el salar más grande del mundo, una extensa blancura que lo cubre todo. El pueblo solo es un punto de paso desde donde te diriges al tan mentado salar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Desde aquí es donde empiezo a vivir Bolivia, la del profundo rostro indígena, la de esas mujeres con sus faldones, uno puesto sobre el otro, esos colores vivos, llamativos, festivos, cortando en estas tierras la aridez del paisaje y en otras confundiéndose con él, esos sombreros que se elevan sobre sus cabezas sin entrar en ellas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Uyuni es un pueblo chico y la vida discurre entre su calle peatonal y las cientos de ofertas para recorrer el salar. En las vitrinas y como gancho comercial los viajantes han dejado sus mensajes recomendando tal y cual agencia, diciendo lo bien que la pasaron…lo poco que vieron, en árabe, francés, inglés y quien sabe que lenguas mas, cartelitos de colores como esquelas en un álbum. Pero esto por supuesto no es lo más interesante de Uyuni. Pocas calles cortan el pueblo que se deja recorrer fácilmente. Con un par de mercados donde matronas se apoltronan como reinas de sus mercaderías y locales donde tímidos pedazos de carne cuelgan, luego se puede pasar a una serie de mesas que hacen las veces de restaurante y mujeres que te ofrecen variados menús, que entre carnes de Llama, chancho y cordero hacen las delicias de propios y viajeros de paso, aunque particularmente parece que a la guía lonely planet se le olvido mentar este lugar porque ningún extranjero se aparece por allí, como lo dije, la sombra del salar se lo roba todo. Estas cosas siempre me hacen pensar sobre los viajes, los de la gente, el mío, sobre lo que hay que ver, sobre lo que se encuentra para ver, me gusta repetirme hasta el cansancio que mis viajes son por la gente y no por los lugares, la gente da espacio a lugares y sucesos que son los que abren la verdadera brecha de la realidad. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;En cierta ocasión quería comprar una cerveza, la tarde estaba apta pare ello después de un buen plato de comida y bien podría haber ido a la calle peatonal aquella y sentarme en uno de esos lugares bien adornaditos, pero la cerveza además de costosa era chica y buscando buscando di con el distribuidor de la buena cerveza potosina, la cerveza local. Un garaje en el que había que golpear una puerta siempre cerrada, se abría y una mujer mayor con presteza sacaba la inmensa cerveza y hasta un vaso te ofrecía. No era un bar, no era una tienda, era una distribuidora que olía a cebada y tenía cajones y cajones apilados, la mujer callaba pero sabía sonreír como lo hace el pueblo boliviano, con una sonrisa tímida pero sincera, no es un pueblo curioso pero sí bastante atento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Se había formado un grupito para ir a pedalear el salar, junto con mi amigo Juan estaban Clementine de Francia y Ariel de Argentina. No había sido nada fácil conseguir las bicicletas para nuestros amigos. Pasar de lobo estepario a coordinar la manada. Igual venía bien un tanto de compañía para remontar tan difícil tramo como lo es el del salar. Con provisiones para tres días nos lanzaríamos a la blanca planicie.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Bolivia representaba paisajes de esta envergadura, un país pequeño, un tanto olvidado, que el mundo miraba ahora por tener un presidente indígena que los representase se lazaba desde siempre con estas maravillas. De haber estado solo hubiera tenido que conocer el salar bajo las caparazones de las 4 por 4 que son los animales naturales del salar, por suerte los amigos del camino dan esa entereza para afrontar nuevos retos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Así nos mandábamos una mañana con dos bicicletas viajeras y otro par que apenas podían llamarse bicicletas. Las agencias estas, que ofrecen el oro y el moro, no tenían por supuesto un buen par de bicicletas para remontar el salar, no muchos lo hacen, solo aquellos que llegan en las propias. De todas maneras estaba el espíritu por trasegar esos blancos e inmaculados caminos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Si uno no supiera de la existencia del salar, diría, saliendo de Uyuni, por esos paisajes extremadamente áridos, que jamás podría encontrarse con la extensa blancura de la sal. Unas casas de barro y arena, polvo, suciedad, marcan la salida de Uyuni. Un cementerio de bolsas plásticas que se queda atascado en los espinosos arbusticos que se dibujan a lado y lado del camino. El camino es de tierra y piedras sueltas que dificultan el pedaleo, pero así y todo no bajan los ánimos y vamos en pos de nuestro objetivo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;La primera jornada es corta, no hay que abusar. Nos regala el camino un pueblo más que diminuto llamado Colchani. Todo está quieto, algunas pintadas de propaganda política han manchado las paredes y otro tanto de publicidad añeja sobre el salar se ve des dibujado de las mismas, pero un renovado y verde cartel avisa que a 5 kilómetros esta el salar. Con un par de puntos marcados en el Salar, sabemos que hay que hacer noche allí si se quiere alcanzar dichos puntos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Esto es la evocación de un pueblo que se supo con movimiento años atrás. Las vías del tren que todavía se ven agarradas a la tierra nos hablan de esas historias. Las casas derruidas al lado de estas vías nos cuentan que fue hace mucho lo del movimiento. Solo las 4 por 4 pasan raudas por allí y alguno que otro carro que abastece de alimentos al pueblo. La mujer que te vende el chicharrón con mote me habla que ni siquiera conocer el salar, su vida ha transcurrido allí sin mayor curiosidad por las fronteras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Veo las casas construidas con bloques de sal, firme sal, imbatible, sirviendo además de sazón, de cimiento para construir un hogar. Hay algunos montículos de sal alrededor del pueblito, montículos que pasaran a ser procesados artesanalmente, como artesanalmente serán sellados por una vela en la oscuridad de la noche, eso pude ver, unas manitos laboriosas introduciendo la sal en pequeñas bolsas, que luego serían selladas ahí mismo con el calor de la luz de la parafina. El frio golpea fuerte en las inmediaciones del salar, no hay que olvidar que al fin y al cabo esto es un desierto. El día pasa viendo caer la luz en este pueblo olvidado donde luego la noche lo envuelve todo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Es de día, hay que ir a perderse en la blancura, como un blanco océano para tener como destino una isla, una isla de cactus y rocas en medio de la nada. Nos vemos entonces a las puertas del salar donde una inscripción recuerda que algunos murieron allí, no es este motivo para amedrentarse y dar marcha atrás, en el camino no se conoce la palabra miedo, el miedo quedo muchos kilómetros atrás cuando me vi de frente con esta aventura.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Pequeñas montañas de sal, sal en estado puro, charcos de sal, caminos de sal. Todo se empieza a cubrir de blanco. Con fuerza se dan esos primeros pedalazos y uno se pregunta si todo será así. No hay más ruta que las que han marcado los carros que una y otra vez pasan por allí cargados de turistas. Es una sombra negra que dejan las ruedas y que sirven como guía, hacía la isla, hacia la isla. La isla pescado que es así como se llama dibujada en nuestras mentes. Pero luego la inmensidad del salar lo borra todo, es un papel en blanco, una extensa pizarra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Me pierdo de la manada, no puedo andar con ellos, mi egoísmo me lleva kilómetros adelante y mi mente se pone como el salar, en blanco, no hay nada en que pensar más que en el horizonte blanco. No hay otro paisaje como este, tal vez la Antártida como espejo de este paraje se le asemeje, yo no he ido todavía allá. Por ahora ruedo sobre este suelo firme de cristales finos y el piso se seca formando hexágonos por doquier. Los lentes oscuros aminoran el brillo que viene de la superficie. Miro hacia atrás y veo unos puntos que se van perdiendo con la blancura, son mis compañeros, van quedando a lo lejos, me sumo en un transe del que nadie me puede sacar, esta es mi luna, mi superficie de cráteres planos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Hay un monstruo en algún lugar del salar, es un hotel, con paredes e inmobiliario salado, a algunos le interesa quedarse allí, aquel exotismo turístico. Unas bandeas ondean a la salida del hotel y derrapan algunas avionetas, otros autos llegan cargados de turistas, caen desde el cielo o los traen algunas ruedas, nosotros seguimos rodando en dos y vemos como otros más lo hacen también.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Siguiendo con el camino me vuelvo a perder, por minutos, por horas, vuelvo a mi luna salada. Solo se ve manchado el camino cuando pasan las 4 por 4 zumbando a lo lejos, de resto la inmensidad y la blancura lo domina todo. Hay que detenerse por unos minutos para experimentar algo impensado en las ciudades, el silencio. Me parece que nunca había experimentado un silencio más puro, más virginal. Un silencio pintado de blanco. Si el cielo existiera debería ser algo así, no sé si exista.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Me he detenido en la única piedra que encuentro en el desierto. Por supuesto es una piedra de sal. Al lado hay un pequeño pozo, veo el agua al interior, lanzo algunas rocas que encuentro, pequeños trozos salados, juego en medio de la nada. Hay hexágonos por doquier, hexágonos de sal, resequedades simétricas. No escucho más que mis pisadas y el viento se ha ido, me ha dejado oír el silencio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Mis cansados amigos se han quedado atrás y yo continuo llevando la bandera del egoísmo, huyo, huyo con un ritmo continuo y vuelvo a perderme, perderme en mi soledad, dejo que el desierto me trague, me envuelva y soy solo un punto que se mueve lentamente bajo dos ruedas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Aparece la isla. Se ve a kilómetros y parece el más bello de los espejismos. Las distancias en el desierto no son lo que parece o más bien, aparece. La isla se ve, cerca o lejos. No se sabe. Se ve y el ritmo del pedal parece que te acercara a ella, pero no. Va apareciendo, el contorno, su lomo, como un animal que duerme en la lejanía. Como la boa que se trago al elefante en el principito y crece su panza. Por muchos kilómetros y minutos la ves pero no la tocas, no se hace presente, hace falta mucho tiempo para tocarla, para derrapar en ella, es un ejercicio de paciencia llegar hasta ella pero por fin lo logro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Soy el Robinson de mi isla. Los cactus me saludan en su espinosa soledad y un animalejo que raudo se esconde a mi llegada, vaya usted a saber que es. Corono mi isla desde la punta y veo el blanco mar de sal mientras llega la noche, cae el sol y los naranjas y amarillos hacen presencia en el cielo. Sigo solo y mis compañeros no llegan, pienso que se los trago la inmensidad y tengo que hacer campamento pues ya hay un manto negro en el cielo. Salgo a la mitad de la nada haciendo luces gritando al cielo porque aparezcan y más allá unas luces me responden también. Los ha pillado el cansancio y el espectro de la isla les jugo todo el camino. En el desierto lo mental juega mucho más que lo físico. Veían la isla pero no la podían tocar y eso fue lo que los aniquilo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Ya es de noche y mis derrotados amigos duermen, la jornada ha sido devastadora para ellos, para mí, la más bella de las jornadas, uno de los días más gloriosos del viaje, ser rey en este salar, transitar el silencio y la soledad en un estado total de éxtasis. La noche entonces me regala todas las estrellas que puede, son millones, billones, se desprenden a cada tanto en una veta luminosa, me interno un poco más en la nada del salar para que el velo negro lo cubra todo y se dejen ver más estrellas, así entonces termina la noche, mi primera noche en el salar más grande del mundo. Hay que anotar que la isla encontrada no era la que buscábamos, íbamos en pos de la isla pescado y apareció la Incahuasi, pero no había más que anclar allí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Al día siguiente la luz lo iluminaba todo y había que remontar la última meta de este recorrido, queriendo ir al pueblo de Tahua a las orillas del salar. No serían los 80 kilómetros del día anterior, hoy solo serían 40. El salar daba las fuerzas para seguir en pie y rodando. Desde la lejanía se escuchaba una música, presagio de lo que vendría. Volvimos a errar, No era Tahua, era el pueblo de Coqueza, pero sería tal vez la más bella equivocación, el buen azar que nos quiso llevar allí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Llegaba a una fiesta, la fiesta de San Antonio, el pequeño pueblo que miraba al salar, construido con rocas se alzaba en jolgorio y celebración. En la diminuta plaza, se levantaba la polvareda debido a la danza. Hombres con tambores y vientos resonando hacían danzar a todos. En pueblos como estos veo derrotada toda teoría política, todo falso discurso que alza el hombre. Ni comunismo, ni capitalismo, ningún ismo funciona aquí más que la hermandad. Lo digo por el movimiento de la fiesta, había un plato de comida, de abundante comida para cada comensal, incluso el despistado extranjero que llega y nada entiende cuando se le convida a tan bello gesto, hasta la bebida, cerveza por doquier era regalada. Aquí no se enarbolaba ninguna bandera más que la de felicidad y la fiesta. Paraba un grupo, seguía el otro, hombres y mujeres, extranjeros y locales se abrasaban, venia una ronda y otra y todo era jubilo. Un hermoso día de sol para cortar algún frio que quedara en el alma. La noche no lo detenía todo, al contrario se animaba más, un par de hombres traían el sonido y la cerveza y el trago local seguían rodando. No se podía negar uno a entrar en el juego, alguien te agarraba de la mano y te veías en el juego de la ronda y el baile sin poder parar. Un hombre viene con una gran bandeja una y otra vez llevando pequeñas copas, una bebida no muy fuerte para alegrar más el espíritu, otro hombre atrás con otra bandeja para no ir a dejar las copas de plástico por ahí, la acción se repetía sin cesar. Aquí no había extraños todos éramos hermanos. Ya bien caída la noche se calmo la música que no había parado de sonar desde el medio día del día anterior, ya era justo, los pies no daban más. Nos repartíamos en conversaciones en los laterales de la pequeña placita, una conversación aquí, otra allá, hermanos todos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Al día siguiente no se había detenido la solidaridad y un hombre nos invita a un plato de sopa. Una gigantesca olla de sopa para que cada persona del pueblo venga por su plato, es de no creer tanta solidaridad, tanto espíritu de unión, tanto bello desinterés. La sopa viene de maravilla, cierra con broche de oro esa magnífica equivocación de haber venido a parar a orillas del Salar de Uyuni para obtener este regalo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Volveríamos en carro a Uyuni, con las bicicletas en las alturas y una película blanca rodando por las ventanillas de ese paisaje inmaculado instalado bien adentro del corazón. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-3003028417210970739?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/3003028417210970739/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=3003028417210970739' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3003028417210970739'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3003028417210970739'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/08/uyuni-un-hombre-en-la-luna.html' title='Uyuni, un hombre en la luna.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7479942490649066604</id><published>2010-08-20T15:27:00.003-05:00</published><updated>2010-08-20T15:31:00.128-05:00</updated><title type='text'>Bolivia, la frontera.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Hierven la mayoría de las fronteras. Esta se asemeja a un hormiguero. Desfilan diminutos hombres y mujeres por un angosto puente que solo ellos usan. Van cargando todo tipo de mercaderías, solo son bultos que corren raudos de un lado a otro. De Argentina a Bolivia, llevando lo que no hay de un lugar a otro. Un par de patitas que ves moverse en el calor de la mañana mientras golpea el viento que trae una ráfaga de frio. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Hay un puente, parece que siempre hubiera un puente que corta la geografía, me parece que esto ya lo dije, me parece que lo vuelvo a decir, yo me repito, el hombre se repite, los países se repiten, con distintas caras nos miramos pero igual nos repetimos. Hace rato no tenía una frontera con tanto movimiento, me viene a la mente Ciudad del este, pero la Quiaca tiene otra cara. Las mujeres con esos eternos faldones y esa piel negra mascando coca miran con ojos apagados. Rojo, amarillo y verde ondea en lo alto del puente y en algunos de los buses que se detienen en el. Por uno de estos buses los trámites fronterizos se hacen más caóticos. Una ventanilla, dos funcionarios, la gente que va y viene en un lentísimo devenir burocrático. Un angosto corredor y afuera los hombres como hormigas no paran de correr, la única ley de la frontera es la ley del dinero. Productos de un lado y del otro, la moneda de un lado y otra moneda del otro y el letrero de “Money Exchange” dibujado en hileras de locales. En cuanto andará el señor dólar por estas tierras. Anda bajo, anda alto dependiendo del punto de vista, dependiendo de la procedencia. Del otro lado del puente en esta nueva Bolivia para mi, tengo una bienvenida un tanto folklórica. No es la diligencia de otros países detrás de la ventanilla donde te estampan el sello. Este señor bien podría estar vendiendo tomates a la salida del puente. Se quiere pasar de listo cobrándome un dinero que no debe ser, pero mis kilómetros y experiencias fronterizas me han dado la perspicacia de torear estos fieros animales. Informo que voy andando en bicicleta y ni mi casco, guantes y ropa de ciclista son suficientes para este individuo y así manda a uno de sus ayudantes, un desprevenido infante a corroborar dicha información. Se me tacha de hippie y malabarista, además de alegar intenciones de que me querré quedar en su país, nada de esto es cierto por supuesto, ni tengo profesión más que la de viajero ni pretendo quedarme en ningún lugar. Ante mi firme convicción obtengo mi sello de entrada, estoy en Bolivia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Se abre esta primera calle como una piñata en un cumpleaños, hay niños, viejos, hombres, muchos hombres, siguen engalanando las mujeres con sus faldones, hay locales miles, hay mercancía que viene de no sé donde, falta la luz, estamos en Latinoamérica, no sabes a dónde mirar, todo punto se roba tu atención, las calles son de piedra, el comercio informal es el rey,  esto es Villazón, la primera ciudad de Bolivia. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Aprieta el hambre y la oferta de comida no se hace esperar. Un hombre y una mujer atienden con su carretilla abarrotada de ollas en una acera. Diez bolivianos o 6 pesos argentinos, en las fronteras se juega con dos monedas. Una comida barata y abundante, aquí soy menos pobre pero igual de paria que todos. Arroz, fideos, ensaladas variadas, chuletas de cerdo, picante, mucho picante, todo en un mismo plato, estoy en otro país, un país más cercano al mío. En esa misma acera como sintiéndome uno más, no tendría porque ser diferente y como mi almuerzo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No da para quedarse en este caos y los nuevos caminos bolivianos que sabemos difíciles plantean el mayor reto e interrogante a la vez. Vuelve a aparecer la figura mitológica del tren haciendo guiños. Bolivia no ha aniquilado el tren del todo, de hecho resulta uno de los medios más amables para acortar camino, quiero dar un salto hasta la ciudad de Uyuni y cuento con la suerte de estar a tiempo para ir a tomarlo, el tren espera allá dormido para remontar ese primer tramo Boliviano.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Entre los bultos de los locales que viajan en el, las mochilas de los siempre presentes mochileros voy colando mi bicicleta que se parapeta como otro objeto mas y vuelvo a subir a un tren, un tren que me sorprende por su pulcritud y buena atención. No hay que subestimar a los países y su gente, Bolivia tiene lo propio, su magia indígena y árida.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Solo serán nueve horas de viaje, unas con luz y otras en la noche para llegar hasta Uyuni. Vamos desplazándonos lento por tierras áridas y deshabitadas. Un hombre limpia periódicamente los pasillos del tren y quita el polvo que se va acumulando en el televisor que hay en cada vagón, si, hay televisión para el “disfrute” de los viajeros. Afuera poblaciones perdidas en el espacio se suceden con el paso de los kilómetros en esta agreste Bolivia y a cada tanto carreteras de piedra y arena  se pueden ver a través de las ventanas que también se llenan de polvo. Me encantaba entrar así, de esta manera a mi nuevo país que era una total incógnita para mí, el último que me faltaba por conocer, más no el último por recorrer, mucho tenía que aprender de Bolivia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;Hace el tren su primera parada, es de noche en la población de Tupiza, muchos bajan, muchos suben, afuera los puestos de comida vuelven a rebosar los platos y el tiempo es justo para ir a llenar la panza. El tren hace su llamado no bien ha descansado y todos de nuevo acudimos a él.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:arial;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: small;"&gt;No hay luz afuera por los caminos y se ha sucedido la noche, solo en las curvas la luz potente del tren ilumina las rocosas paredes de las montañas, nos dejamos abrazar por la noche y esperar nuestro destino. En la madrugada arriba el tren a buen puerto, todo está calmo, casi muerto y así es como llegamos a Uyuni. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;  &lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7479942490649066604?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7479942490649066604/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7479942490649066604' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7479942490649066604'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7479942490649066604'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/08/bolivia-la-frontera.html' title='Bolivia, la frontera.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-6600587982677505344</id><published>2010-06-30T09:40:00.000-05:00</published><updated>2010-06-30T09:43:17.953-05:00</updated><title type='text'>Norte Argentino, un amigo para cortar el frio.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Se dibujaba en la mente otro país, había que ir saliendo de Argentina, remontar su norte para cruzar a Bolivia. Pero en el papel todo resulta fácil y en esta Latinoamérica inusitada nunca sabes que hay a la vuelta de la curva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una fría mañana tucumana tenía que ser cortada a pedal después de mucho tiempo de no tomar las bielas. Con paciencia y un camino por delante salí. La constante hasta la salida de este país sería una: el intenso frio. Ni siquiera en el sur donde se supone todo lo cubre la nieve y las bajas temperaturas llegue a sentir tanto frio como aquí. Cada jornada suponía un nuevo descubrimiento de temperaturas jamás vividas. Las montañas se aparcaban a lado y lado como testigos del viento helado. En el primer pueblo que pare, Trancas, alguien me advirtió cuando vio que armaba mi carpa que caería una fuerte helada. Yo todavía con las imágenes y sensaciones del sur hice caso omiso. En verdad la noche no fue tan fría, lo que si sucedió en la madrugada cuando punzaba el frio. En la mañana vi lo inesperado, mi carpa estaba toda cubierta por una fina escarcha, pequeños trozos de hielos adheridos como babosas a sus paredes, fue ahí cuando entendí lo de la madrugada. Salí por los caminos y al ver las montañas que iban quedando atrás me di cuenta de la magnitud del frío nocturno pues la cima de ellas estaba cubierta de nieve. El camino se presentaba como una constante y ligera inclinación que exigía al cuerpo y aunque el sol se pusiera en el cielo el frio seguía imperando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una estación de servicio, degustando lo que era mi almuerzo de aquel día, galletas integrales, con jugo de durazno y maní, me aconteció un hecho de singular belleza. Nunca he enarbolado mi libertad al hacer lo que hago, solo la nombro en los actos que acontecen, pero hoy mi libertad se vio reflejada y cantada. Al sentarme a comer en aquella estación fui interpelado por una pareja de ancianos. Él, bastante curioso preguntaba sobre mi viaje, yo gustoso de nuevas conversaciones contestaba. Siempre se sirven en la mesa los temas de siempre, lo importante son los puntos de vista de cada uno. La señora por su parte callaba y solo intervenía para corregir a su esposo cuando erraba en los datos. Se despidieron amablemente y fue entonces cuando la señora tuvo voz propia para decirme lo siguiente: “Lo felicito por el sentido de la libertad que tiene”. No dijo más, con decir aquello ya todo estaba dicho. A mí me quedo sonando aquella frase todo el resto del camino, tanto como para terminar haciendo una jornada de 140 kilómetros sin que los sintiera mucho. Muchos hablan de lo que carecen, como aquello de que perro que ladra no muerde. Los he visto a lo largo del viaje hablando de su libertad, de sus alas, pero que tienen cadenas las cuales no pueden ver, en suma de lo que no tienen o lo que esta intervenido. No creo en la libertad, creo si, en como lo dijera el maestro González, los procesos de liberación, por eso creo que con cada pedalazo y la certeza de hacerlo me voy liberando y es tal vez lo que vio aquella señora sabiamente, un “sentido”, no un final, una forma de entenderlo, de vivirlo en última instancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se acercaba otra ciudad bien mentada, Salta. Se acercaba otra fecha que pudiera ser cualquiera, pero no cuando se está sobre una bicicleta y en cualquier lugar del camino. Se acercaba mi cumpleaños, el tercero en este viaje y las cuestas del camino me negaban la llegada y yo que a veces me hayo preso de la ansiedad quise apurar para no verme en medio de la nada soplando las velas del pastel, son uno de esos sucesos que solo importan en este caso al que escribe estas palabras. Si, volví a pedir un ligero aventón y así llegar hasta Salta, la linda como la llaman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque como me decía el amigo que me llevo hasta la entrada de la ciudad, esta ha sido supremamente vendida como atractivo turístico, Salta sigue teniendo la magia de un tanto de urbe con la fascinación de los pequeños pueblos. Hay que ir a descubrir las calles de Salta en el encuentro de las esquinas. Hay que leer sus carteles con los nombres pomposos de calles y hay que dejarse iluminar con el sol que volvía a salir en Salta. Cumplí años acompañado de quien quise y de la mejor manera descubriendo un espacio lleno de calor. Supimos descubrir la otra Salta para transitarla como se debe, despacio. En su patio de las empanadas, las famosas salteñas, unas pequeñas empanaditas fritas que hacen las delicias de muchos paladares. Un hombre se pasea por el pequeño patio y toca canciones que me hacen recordar a mis padres de esas tonadas que escuchaba en la infancia, esas bellas sambas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Salta hay un cable al cielo para subir en teleférico y apreciar su belleza desde lo alto, entonces vemos como las montañas abrazan la ciudad que se ve bella hasta cuando el sol la abandona.&lt;br /&gt;En una esquina perdida se encuentra uno con lo que se tiene que encontrar. Alejado del bullicio de la avenida Balcarce, la de las peñas y discotecas, Don Carlo fundo un pequeño café, Los Tribunales. Sus mesas llevan el paso del tiempo junto con las paredes donde las fotos cuentan historias de poetas y cantores. Hace 53 años Don Carlo sigue sirviendo esos cafés y cervezas con tanto gusto y allí no hay más música que el murmullo de los paisanos que hablan de política, de futbol o se saludan al calor de las copas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la plaza nueve de julio, los naranjos en flor adornan su contorno, eso además del ruido por el bicentenario. Me gusta aquello de los naranjos en flor porque no es nada más que otro tango que suena hasta en el norte argentino. Las ferias locales amenizan con bandas propias y comida abundante, el Locro “pulsudo”, reforzado o trancado como diríamos en mi tierra y las empanadas llenan las mesas y esas mismas mesas compartidas en la avenida del poeta hacen nuestra tarde. La conversación es la misma en toda la argentina, un pueblo fantástico para intercambiar la palabra. Así Salta se va yendo entre el júbilo del bicentenario, la buena mesa y mi inigualable compañía que me trajo toda la alegría por un año más de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saliendo de la ciudad recibo uno de los más lindos regalos en manos de un amigo que se encontraba justo en el otro extremo del país. Mi buen amigo Daniel, de Ushuaia se entera de que ando por estas tierras y se conecta con otro amigo que posee unas cabañas cerca de allí en la localidad de San Lorenzo. La solidaridad abre las puertas a este errante para que su cuerpo descanse en la tranquilidad y el silencio como a él gusta. Agradezco tamaño gesto y me resguardo entre el frio de las montañas y la comodidad de las cabañas del sol que por esos días se esconde haciendo placentera mi estancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me entero de que luego el camino tendrá una dura cuesta y trepo en una mínima jornada de veinte kilómetros para acampar justo en el comienzo de la ladera. Me resguardo por un día para obtener otro regalo al día siguiente, esta vez por obra y gracia de la naturaleza. El camino es angosto, bordea la montaña y se ve una quebrada seca, La Caldera. Es de una belleza inusitada que aminora el esfuerzo físico hasta la cima, luego viene la cereza que cubre el postre, una inmensa, extensa bajada entre montañas y vegetación que cubren las laderas. Paso a la última provincia argentina, Jujuy, entre pequeñas lagunas y pueblos hermosos. Llego a la ciudad del mismo nombre que no reviste mayor atractivo y paso casi de largo. Saliendo de Jujuy sigue apretando el frio y las cuestas se hacen aun mayores, todavía hay verde en las montañas pero luego este norte argentino muestra su última y más bella cara. Es increíble cómo puedes pasar de un paisaje a otro así sin más ni más. Aquí viene la postal norteña y del frio se pasa a un delicioso calor, se pierde el verde y viene una acogedora aridez en las montañas y esos fálicos y espinosos amigos, los cactus adornan el paisaje por doquier.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empiezan los pintorescos y últimos pueblos del norte bajo la pampa argentina. El primero de ellos Purmamarca  con su cerro de los siete colores. El viento hace un poco de presión a la llegada pero remonto los kilómetros que te desvían para arrimarse al pueblo. La aridez lo cubre todo y es como un pueblo perdido en medio de la nada. Tiene renombre y por eso muchos turistas vienen hacia acá. Ya se empieza a presentir la tierra Boliviana, el rostro indígena de Latinoamérica. Los tejidos, gorros, mantas y otras artesanías locales se venden en la minúscula plaza, todo es de tierra y arena, las casas, las calles y en la noche aprieta con fuerza el frio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una agotadora jornada de pocos kilómetros acompañado por el viento que ya creía había desaparecido por estas tierras llego hasta la otra bien mentada Humahuaca. Un tanto más grande que el pueblo anterior sigue con ese mismo sabor de los pueblos del norte, típicos, de calles empedradas y aridez en las laderas. Aquí ocurre uno de los hechos más significativos de todo mi viaje. Yo, viajero solitario que renunciara a muchas compañías me veo de cara a una que no podía rechazar y es que como siempre digo, yo no busco, encuentro. No reniego a lo que viene de buena fe y a lo fortuito. Buscando refugio en este pueblo, buscando el precio económico de una morada para instalar mi carpa llego a un desolado y lejano camping dentro de la ciudad. El tipo está instalando su carpa, me saluda y en el tono común nos reconocemos. Del cansancio de escuchar esas mismas voces en la gran Buenos Aires viene la alegría ahora de escuchar la misma tonada de la tierra. Viene desde el Bolsón y tiene como meta Colombia. Un par de colombianos se encuentran, bajo un par de ruedas con el mismo destino. Cansado de lo foráneo me reconozco en el otro y ya tenemos una invitación al camino para hablar un mismo lenguaje desde la palabra y la acción, ahora tengo un compañero de viaje para mi grata sorpresa. Ahora la historia ha de ser escrita entre dos que comparten un mismo sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se llama el tipo, que tranquilo y nada pretencioso se ha ido comiendo el camino con humildad y ganas que es lo que se necesita para hacer una proeza como esta. Vamos hablando en esa lengua colombiana de dichos y códigos comunes y empezamos a establecer un puente que se va haciendo más firme con el paso de los días. Las noches a pesar del frio intenso se harían menos frías por el efecto de la conversación. Juntos ahora comenzamos a compartir la maravillosa vagabundería a la que nos hemos dado con fervor, cada uno a su manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Compartimos un día más de descanso en Humahuaca, momento preciso para ir conociendo y afinando tuercas. Compartimos nuestra hambre y economía que rompemos con finos guisos de lentejas y desayunos a la colombiana, suculentos huevos revueltos con cebolla y tomate, no tenemos nuestro café, pero tenemos la tradición y con el grano local la seguimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguimos camino que nos permite a su vez seguir la conversación en ruta, cuestión que pocas veces tuve pero que se apreciar de la mejor manera, sobre todo cuando las palabras vienen sinceras y sentidas. El ritmo viene unificado y como siempre he dicho, la vida es una cuestión de ritmo, si compartes este puedes compartir entonces la vida. Ya un par de pueblos nos separan de la frontera y desde un principio supimos establecer reglas claras para rodar, reglas basadas en la confianza y el respeto mutuo, todo mediado siempre por el dialogo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Teníamos los mismos cánones de juego en la ruta. Proveerse de comida, parar a  determinada distancia para comer, llegar a buscarse una posada solidaria y así pudimos avanzar exitosamente. Ese primer día llegamos a un pequeño pueblo llamado “Tres Cruces” a 3800 metros sobre el nivel del mar. Supimos como buscar posada y por gracia de la alcaldía nos dieron un resguardo bajo techo, unas casas en obra negra serían nuestra casa. En la noche, en esa casa sin luz nos vimos bajo la luz de una vela con una conversación extendida y las buenas cajas de vino barato que animaran el espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguíamos camino con esa frontera en la cabeza, esas ganas de cruzar. El paisaje no cambiaba mucho, excepto por esas coquetas llamas que se paseaban de lado a lado, con sus listones coloridos en las orejas y su cadencioso masticar constante. Parábamos para el respetivo descanso de frutas y empanadas en cualquier pueblo, Abra Pampa, digamos. Nos encontrábamos con otro ciclista, esta vez un francés. Intercambiar saludos, consejos de viaje, vivencias. Seguir camino y terminar en cualquier pueblito, esa es la suerte de la bicicleta, la magnífica incertidumbre de cada día. El camino lo va dando todo. Entre un pueblo y otro puedes encontrar uno perdido en el cual te preguntas como puede transcurrir la vida, digamos, Pumahuasi, donde unas llamas posan al lado del cartel de la entrada, que son esos mismos carteles ferroviarios que indicaban el paso del tren hace mucho, como ya sabemos del tren solo queda la sombra de las vías y las ruinas de la pequeña casa que hacía las veces de estación. Es en una de esas roídas casas donde dormimos en nuestra siguiente parada. El piso está sucio, no hay puerta, no se sabe quien pasa por allí, aunque alguien nos dijo que algunos ciclistas habitan ese espacio de pasada, puede ser. Para nosotros es un techo, una guarida, una casa. La tarde pasa entre suculentos inventos de arroz con verduras y el tiempo de luz que regala el sol. La noche vuelve a traer el cortante frio que tiene entrada libre pues nuestro cuarto no tiene puerta y en el techo se dibujan algunos huecos por los que se ven las estrellas, a pesar de eso se duerme bien.&lt;br /&gt;Por fin llega el día glorioso de estrenar frontera, país, de cambiar de aires. Solo 50 kilómetros hay hasta la frontera. El camino se hace amable y ni el frio, ni el intenso viento pueden dañar este momento. A lo lejos se va viendo el pueblito, La Quiaca. Las llamas nos dan el último saludo y arribamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No paran de aparecer los carteles, en la entrada, más adelante, en las calles. La Quiaca, La Quiaca, La Quiaca, a tantos kilómetros de Ushuaia, a tantos metros sobre el nivel del mar, primer o último pueblo de Argentina, depende de donde se le mire. Es domingo y todo anda un poco muerto. Los pasos fronterizos estos días presentan otra cara. Un humilde camping nos acoge pues ya nuestros pesos están casi extintos, así se llega a una frontera, jugándosela para lo que viene. Vamos al puente, esos puentes que marcan lo otro y hormiguea el corazón de emoción de saberse en otro lugar, volvemos y hacemos noche en argentina. Mañana empezaremos a comernos Bolivia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;                &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-6600587982677505344?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/6600587982677505344/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=6600587982677505344' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6600587982677505344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6600587982677505344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/06/norte-argentino-un-amigo-para-cortar-el.html' title='Norte Argentino, un amigo para cortar el frio.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-5845639405443163440</id><published>2010-06-30T09:37:00.002-05:00</published><updated>2010-06-30T09:40:13.061-05:00</updated><title type='text'>¡Viajeros al tren!</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por amores, azares y jugarretas del destino había derrapado de nuevo en aquella Buenos Aires de encuentros y desencuentros, no hablare de ello, tal vez en otro momento lo haga. Hablare esta vez de la nueva partida, de esta que son muchas partidas, las de siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volví a salir en un vagón de tren, esta vez un viaje largo, un viaje soñado y dibujado tiempo atrás. 1200 kilómetros para surcarlos en 24 horas, vagón de turista, pasaje barato, sillas incomodas, encuentro con la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un gusano inmenso, verde, como de 10 cavidades y con vertebras, genial metamorfosis. Viajando en las entrañas de este gigante, en sus vísceras, fuimos saliendo de la estación de retiro. La Maleva despojada de su rueda delantera cojeaba en el furgón del equipaje, medio equipaje en bolsas y las alforjas abrazándose tomaban el sitio que les daba el maletero. El gusano inquieto tragaba gente de todo sexo y condición, voraz animal con capacidad titánica. Perezoso y a un ritmo pianísimo comenzaba a dejar la capital. Adiós, adiós, adiós… a lo que venga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jubilo en el interior, bolsas, bolsitas, maletines, termos, juegos. Cada individuo se preparaba como podía y sabía para ser movido por el gusano. Por las ventanas de doble pared discurría una ciudad acompañada por un luminoso sol que calentaba algunas cabezas y el cuerpo de esta serpiente – gusano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajar en tren, es lo mejor… dice la vieja canción infantil, chu chu!, dice la del ritmo caribeño, yo no digo nada, me maravillo y guardo silencio. Bancas de tres, bancas de a dos, clase turista, bancas de 90 grados, bancas duras, bancas viejas, bancas que pueden cambiar de posición. Todavía los hay que vienen a despedir a los viajeros pero no vi ninguna pareja de enamorados que corriera a su lado, al tren le toco salir solo como quien recorre el camino que sabe de memoria. La ciudad en su inmensidad desafía al animal que tímido se va apartando de ella entre villas, avenidas por las que no pide permiso al pasar, parques con deportistas mañaneros y barrios con distintas pinturas. Luego respira nuestro animal en la libertad de la estepa, furioso carruaje con sus diez vagones, turista, coche cama, pulman, restaurante, furgones y centro de operaciones. Con la sabiduría de quien sabe de memoria los caminos vamos a saludar a los pueblos de paso, destino Tucumán, norte argentino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los trenes palpita la vida de una forma distinta, te vez, te reconoces y saludas a tu semejante como diciendo: aquí estamos, vamos juntos, seamos. Un saludo, el mismo o diferente destino por el mismo riel. Manos laboriosas trazaron el camino de rocas, madera y fierros, un camino inacabable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi lado una mujer que se dice poeta, que ha bebido del budismo y que se ha dejado seducir por la india, nos encontramos en la palabra, inquietos por el juego poético pensamos que nos queda un camino largo. Al otro lado inquietas adolecentes que juegan a las cartas cuando sus teléfonos celulares no acaparan su atención, todos van conectados a algo. Las madres acomodan a sus hijitos y disponen viandas y maletas, sobre nuestras cabezas hay tecos hechos de valijas. Los perezosos padres y algunos viejos apoltronan sus traseros hacia una larga jornada y entre las paredes de este viejo tren todos soñamos que llegaremos a algún lugar mientras viajan los sueños y las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si fuésemos infantes todos y como en el principio del principio nos vemos mecidos por los rieles, solo faltaría el arrullo de la madre y una canción de cuna para recordar cuando salimos del vientre, en vez de esto tenemos la estrepitosa tonada de una cumbia argentina o la melosa rítmica reggaetonera salida del parlante del teléfono celular de la adolecente de la banca de adelante, eso entre los despistados jóvenes viajeros que llegaron últimos buscando su asiento, preguntando por su vagón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre tanto nuestro rítmico gusano hace rato viaja volando entre lustrosos rieles que el tiempo ha brillado. Algunos como yo preguntamos por las vidas de los otros o respondemos preguntas como si abriéramos puertas. Parece que todos conocieran la larga jornada y de infinitas bolsas como cornos de la abundancia brota comida para alimentar todas las bocas, yo me guarde la economía para ir a conocer el vagón restaurante cuando el hambre lo ameritara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran estepa argentina hace presencia y este solitario animal con sus entrañas llenas de almitas se abre paso en un ritmo que no asusta al viento, no se podría decir que voláramos, apenas si atinamos a querer planear. Estos viejos trenes no conocen todavía de altas velocidades, no son balas, son flechas. Flechas de madera y viejos fierros visitando pueblos fantasmas cuyos espectros saludan al paso. Al lado de la vía quedo la vida y viejas y caídas casas de lo que en otrora fue prospero apenas si resuenan al paso de nuestro viejo vapor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que fue primero, ¿El huevo o la gallina?, que fue primero, ¿El tren o los pueblos de paso. Hoy supe en conversaciones posteriores que en cuanto al tren este fue primero. Los pueblos fueron como hijos que iban naciendo a su paso, los pueblos fueron los amores del tren con el espacio. Pero el padre estado, el mayor, el tirano, fue aniquilando al tren, mutilando sus amores. Entonces los hijos se fueron quedando solos y muriendo allí donde habían nacido, a la vera del camino y ahora como en una película de ficción solo vemos fantasmas, espectros de vidas pasadas. Pero como en todo, hay amores más fuertes, amores que resisten a eso del tiempo y allí siguen meciéndose al lado del camino esperando a su viejo amante a las mismas horas de siempre, cumpliendo él la cita. Tanto amado y amante están viejos, los pueblos, en estos casos la estación con un movimiento lento y el maquillaje caído, el tren como viejo lobo que todavía cumple su cita en el mismo cascarón aunque maquillado deja las arrugas en su piel, el embate del tiempo y los golpes de sus hijos bastardos. Estos golpes son algo literal, todavía se suceden. Sentí los primeros llegando a la estación de Rosario Norte y comprendí el por qué de la doble ventana. El tren es humilde y siempre entra por la puerta de atrás de cada ciudad que visita, no se da las ínfulas de gente importante y accede por el portón de los desposeídos, pero apenas llegando un par de rocas quieren aniquilar al gusano tratando de atravesar su dura piel, se escucha el estruendo pero nuestro sabio animal no pierde el rumbo, se resiente lo sé, le duele, pero no se detiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viaje sigue al interior del tren mirando las caras de quien lo habita. Algunos altruistas pudieron conversar con Morfeo y se les ve estableciendo el dialogo del sueño mientras el trayecto los mece, caras de viejos con la boca abierta, gente ya viajada. Hay interminables filas al vagón comedor para buscar el caliente y puro líquido, el agua para cebar mas mates, hay yerba para todo el camino. El piso se llena de migajas de galletitas y migas de pan de los sanguches de milanesa, es un completo tapete de migajas, navegamos sobre harina procesada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la madrugada el viejo visita a algunas de sus amantes y se detiene en algún pueblucho, siempre las bocinas anuncian la llegada del gigante, él es un caballero que no pide permiso para cruzar avenidas pero luego derrapa tranquilamente en sus parajes. Descargamos como tullidos bultos queriendo correr y estirar las piernas, hombres y mujeres fuman sus cigarros desesperadamente, en el interior del animal no es posible. Afuera se escucha el pregón de ¡Café, café!, ¡Alfajores por diez pesos!, ¡garrapiñada!, y golosos todos comemos mientras nuestro gigante descansa y como Caronte lleva nuevas almas a cruzar su destino. Fuera de las ventanas el día se ha cerrado y la luna hoy no ha asistido  a la jornada, debe andar perdida en otra galaxia, nos acompaña a cada tanto unos tímidos faroles de la vida que palpita en el exterior, una calle, una casita, mientras nuestro vidente que conoce el camino apenas palpándolo sigue abriéndose paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la hora de la comida vuelvo al vagón comedor, tranquilísimo lugar con mesas para leer, pensar y ver la noche. Dentro del vagón no existe la noche ni el sueño aunque algunos lo consigan, algunas luces se apagan como invitando a dormir, pero no son todas, ni todos aceptan la invitación. A estas horas las relaciones están establecidas y la conversación avanza como los kilómetros. Es de mañana y nos han sorprendido las horas. En la estación de la banda desciende un número considerable de pasajeros, no todos llegan al final, igual que en el juego de la vida. Me despido de mi amiga la poeta que de seguro seguirá escribiendo versos para seguir resistiendo. Las bancas se hacen más amplias y de nuevo la luz al exterior. La estepa, la inmensidad, los sembrados, el ganado, algunas casas. De nuevo un bocinazo fuerte y profundo, el más largo, se acerca el destino, aparece, o más bien lentamente se deja ver la ciudad de Tucumán. Juntamos 24 horas y el ritmo disminuye para entrar en la urbe. Como en otras ocasiones por la puerta de atrás, la parte vulnerable, los desposeídos en sus ranchos nos muestran el rostro, un rostro que dibuja una sonrisa saludándonos al paso. Entre basurales, fuegos y uno que otro árbol frutal todavía hay espacio para la risa. En la inocencia de los niños uno de ellos levanta sus bracitos dándonos la bienvenida. Cloacas y ríos de agua sucia son el preámbulo y luego la vieja estación, guarida de nuestro gusano que pugna por un descanso, agradeciéndole que nos haya traído a buen puerto lento pero con buen paso. El techo de valijas desaparece y todos cargan con sus pertenencias, yo voy ligero buscando a mi compañera para preguntarle cómo le fue. Cubierta por una capa del polvo de los caminos sigue bella e intacta. Incorporo su rueda, la revisto de su equipaje y me avisa que esta lista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora el viaje a de seguir en dos ruedas, el sueño del tren quedo atrás con sus kilómetros y lejanía. Preciso partir en búsqueda de nuevos caminos. Salgo de la estación.         &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-5845639405443163440?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/5845639405443163440/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=5845639405443163440' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5845639405443163440'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5845639405443163440'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/06/viajeros-al-tren.html' title='¡Viajeros al tren!'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-5668166314400614296</id><published>2010-06-30T09:33:00.001-05:00</published><updated>2010-06-30T09:36:21.511-05:00</updated><title type='text'>Santiago y Valparaíso</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Otra gran ciudad, otra capital. Todavía me rezumbaba en el alma el rugido furioso de Buenos Aires, mi última capital. Todavía tenía en la piel los arañazos de fiera que me había dado y ahora retornaba a otra gran urbe sin saber que me esperaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santiago es una mujer de piernas larguísimas. Fui entrando a ella por sus piernas, que son unas grandes avenidas que ni siquiera te dan la bienvenida. Piernas largas de mujer engalanada, piernas que nunca se acaban. Plantas, pantorrillas, unos muslos fuertes donde ya se sentía el agite de ciudad y luego, luego unos túneles luminosos de ciudad cosmopolita. Si las avenidas son piernas, los túneles son como un sexo oscuro al que retornas, un hueco cálido lleno de ruido, de autos que te quieren comer, una luz esperada al final. Así salía y entraba definitivamente en Santiago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas estas capitales son como monstruos que no se muestran a la primera. Van dejando ver sus caras, sus múltiples caras, las de terror, de pánico de la periferia casi siempre con sus cordones de miseria. Estas grandes ciudades no comienzan en ningún lugar, se van dando así de repente. No son como esos acogedores pueblos perdidos de los caminos que con un humilde letrero te avisan donde estas, no. Aquí tienes que dar por hecho que ya has llegado, que estas adentro, que ya no puedes salir, caíste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me vi en uno de esos barrios de la periferia de Santiago pensando que ya estaba adentro y todavía me faltaban kilómetros y avenidas. Un leve temor me invadió pues como ya dije, nunca entras por la mejor cara de la ciudad. Entre por la parte sin maquillaje de Santiago, una mujer despintada y trajinada por la vida. Tuve que saber que me faltaba algo para ir a su centro y los buces me fueron zumbando casi llevándome con su ritmo frenético a donde quería ir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Centro, caos, ventas, avenidas salvajes, gente corriendo maratones, miradas perdidas, iglesias, edificios mirando al cielo, parques con vagos, parejas furtivas, publicidad por doquier, había llegado a Santiago. Esa ciudad que como dice Neruda es una ciudad prisionera, cercada por sus muros de nieve. Y claro están los cerros que cuando el smog lo permite y se va, los deja ver, a veces en esos días de frio donde los cubre todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Instalado en la banca de un parque, al lado del instituto de bellas artes, bajo el asombro de que allí sobreviviera una escultura de uno de los artistas de mi tierra, Fernando Botero, ese que llena con sus voluminosas formulas el mundo entero, esperaba mientras mi anfitriona llegara a su casa. Yo que soy experto en ir dejando pasar el tiempo amasaba minutos en aquella banca, comiendo las paltas donadas por mi tan generosa familia, huevos duros, pan, atún, todo un gran picnic sobre ruedas y en aquella espera una chica que pasaba con su bici, saco de su mochilita una preciosa flauta traversa y me regalo unas notas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegada la noche estaba de nuevo en un hogar. Cálido como todos los que abren sus puertas. Una mujer diminuta, bella, tranquila, una paz brotando de aquella morada, de la fantástica música que salía del estéreo, un caldillo de salmón con la mejor charla y todo mojado por el mejor vino del mundo, el chileno por supuesto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y bien, un día nuevo para sentir la ciudad. Meterse de lleno con dos patas y dejar las ruedas para convertirse en transeúnte anónimo. Nada más que una libreta y una escueta cámara fotográfica para pescar algunos peces de letras e imágenes. Siempre al centro del centro. Ahora las llamamos “Plaza de Armas” en este lado del continente. Plazas enormes donde se fundaban las ciudades. La gigante catedral que da sombra a mendigos, putas, vagos, desempleados, oficinistas que pasan raudos al medio día en busca de su almuerzo, vendedores ambulantes, comediantes locales que no paran de disparar chascarrillos todo el santo día y por supuesto, nosotros, los anónimos sin máscara. Volvía a ser la hormiga de la manada, la abeja obrera del panal, me parapetaba tomando fotos de lo que me parecía particular, como los jugadores de ajedrez del centro de la plaza, con su espacio dispuesto para ello o las esquinas ya sea con inscripciones históricas o pintadas contestarías. Así me iba de calle en calle mirando fachadas coloniales, entradas de museos que no habitaba, porque para mí la verdadera historia es la que se está dando ahora, es decir, en el momento que yo paso y mi viaje es por gentes y sucesos cotidianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me gustaba ese frio de otoño en Santiago, sus ventas de completos italianos engalanados con palta calmando el hambre de tantos, barato alimento para el pueblo y claro esta yo como loco consumiendo de aquello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el centro político de la ciudad todavía estaba el palacio de la moneda y a quienes nos gusta la dignidad no podemos pasar por alto los hechos del grande Allende que desde allí soporto los embates del imperialismo bruto y salvaje hasta que le sobrevino la parca en oscuros hechos.&lt;br /&gt;Por invitación de mi anfitriona volvía a montarme en dos ruedas para ir a mirar la ciudad, ahora de noche. Cuento con la mejor de las suertes al tener como amigos a gente que quiere mirar el mundo de otra forma, y en dos ruedas sí que se le puede mirar bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empieza la mejor de las guías, la mejor de las noches, la mejor de las compañías. Bares, calles, barrios, pedazos de historia se me van abriendo con mi compañía. Un local típico, “La piojera”, para comer unas empanadas de pino, acompañarlas con un huevo duro, aquel coctel llamado terremoto con esa bola de helado flotante, como flota el humo de los cigarros en todo el local que entre jóvenes y viejos rasgan guitarras y entonan canciones hasta al delirio alcohólico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche discurre entre el barrio Brasil, el concha y toro con su plaza de la libertad de prensa, plaza adoquinada con pequeña fuente en el centro para mojar la noche. Después, la “peluquería francesa”, que entre cabellos en el piso y figuras en las paredes nos ofrece un delicioso “Pisco Sour”, trago que se sigue debatiendo la autoría entre Chile y Perú, pero eso aquí no importa, América latina es una sola. Siguen los barrios, ahora el más antiguo, el Yungay de la época de la Colonia, luego de todo esto hay que llamar a más amigos y como el espíritu está arriba hay que moverlo con el baile. Hace aparición la cueca, baile tradicional, alzamos los pañuelos y zapateamos el piso, mientras truenan las guitarras, el piano, la caja, el acordeón y canta todo chile, así termina una bonita noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la Maleva, que sigue de curiosa como yo, vamos al día siguiente al Cerro San Cristóbal para mirar a la ciudad desde arriba y atraparla en su extensión hasta donde alcance la mirada. Todos esos hombres y mujeres deportistas, junto con familias enteras suben el cerro para apreciar la ciudad, yo lento muy lento corono los 4 kilómetros hasta la cima. Santiago se abre desde allí y es imposible abarcarla toda, tremendo animal. Una virgen abre los brazos en el cerro saludando la ciudad, tomo un mote con huesillos para refrescar la jornada, pienso, miro la ciudad y vuelvo a bajar raudo esos 4 kilómetros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo una visita pendiente, “La Chascona”, una de las casas del poeta Pablo Neruda, una de esas casas que construyo la palabra, la poesía. Esas casas no son más que un homenaje al juego, a la amistad, al mar. El marinero en tierra, como se hacía llamar el poeta juega con el diseño para construir una morada en la cual seguir jugando y descansado su amor con Matilde. Pasadizos, bares, escaleras que van de un lugar a otro, nada estructurado como la vida del poeta. Hermoso lugar en el cual perderse. Objetos de todas partes del mundo con el mejor gusto adornan la casa, esa que la dictadura en los últimos días violo y violento, esa en la que su gran amor Matilde vivió hasta los últimos días sobreviviendo con estoicismo la ausencia del poeta. Neruda visionario la construyo en el que ahora se dice, es el barrio “Bohemio” de Santiago. Barrio lleno de bares, talleres que emulan lo artístico y calles llenas de grafitis y pintadas con frases del poeta, el barrio Bellavista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así paso Santiago por mi piel dejando una marca imborrable y un amor duradero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Hablemos de Valparaíso…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no llevo guías ni me lleno de información sobre los lugares que voy a visitar, son las voces del camino que me van contando con lo que podría encontrarme y mucho se me dijo sobre esta ciudad, pero no sabría que esta era otra de las que se quedaría con un pedazo de mi corazón del que ya va quedando poco o casi nada pues América Latina con sus espacios y gentes se lo ha quedado todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que citar de nuevo a Neruda para introducir a Valparaíso cuando dice de esta que, “abre sus puertas al infinito mar, a los gritos de las calles, a los ojos de los niños”. Mar y cerros, así escuetamente se podría definir a Valparaíso. Y digo escuetamente porque pos supuesto es mucho más que eso, pero esos dos factores son lo que primero te cautivan y de allí parte todo para definirla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nace en el mar, en el infinito océano pacifico y se dirige hacia el cielo por sus escaleras todas y los ascensores que van hasta las casitas de sus cerros. Decenas de ascensores empinadísimos, viejos y todavía supremamente útiles y bellos nos llevan a otro punto de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Contaba con la inmensa suerte de tener todavía a mi compañera santiagueña como la mejor de las guías para recorrer ahora a Valparaíso y juntos nos fuimos a perder por la ciudad para escudriñarla todo lo que fuera posible en un día. De un cerro a otro, del centro a un ascensor, a un bar, a otro más, al puerto, a la cercanía de la noche, así se nos fue pasando el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del cerro Barón al túnel del cerro Polanco; como aquel personaje de Cortázar en su “62 modelo para armar”, túnel oscuro y húmedo que te lleva a una puerta de un ascensor rayado por el tiempo. Un buen hombre que oficia la ceremonia de ascensión todos los días con una sonrisa nos lleva a lo más alto y entonces una de las miles de ventanas de la ciudad se abre. Casas de colores, humilde ciudad que mira al mar, callejones pequeños que suben y bajan son el preámbulo del día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el cerro Bellavista esta el museo a cielo abierto, que no deja de ser otra cosa que las mismas bellas calles adornadas con pinturas y murales, pasadizos de arte tajados por el tiempo. Los cerros se extienden tanto que hay que parar en mitad de alguna calle para descansar por lo empinado y sin embargo aquí vive gente que convive entre ascensos y descensos diarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que volver al centro, el hambre apremia y otro pasadizo descubierto por mi compañera me lleva a uno de esos sitios únicos para comer en el sitio que se dice invento las “Chorrillanas”, plato de papas fritas miles, con cebolla, huevo y trozos de carne, una montaña de comida que junto con ese buen vino hace las delicias de los comensales. El sitio esta tapizado por las firmas de quien por allí pasa, cada uno imprime su nombre para pasar a la posteridad, el tiempo los va borrando y otros quedan más en la memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta ciudad es mar y el mar es puerto y el puerto es el mundo entero que se abre, es la boca más grande de todas, es el vientre que trae al mundo todo el alimento, mercancías, víveres, enseres. El puerto es la casa de altos marines y humildes porteadores, de vividores, de pescadores con barquitos coloridos que alimentan el hambre de mar que tenemos los que habitamos en tierra, es hogar de aves que no paran de revolotear esperando algún pez que caiga vivo o muerto. El puerto es tiempo detenido, el puerto es llegada y partida, de sueños y encuentros, el puerto siempre es luz, en el día fuerte de sol radiante y en la noche faroles de enamorados que buscan refugio, el puerto siempre está vivo y palpitando, es el lugar más cosmopolita del mundo porque aunque los aviones sigan surcando el aire y algunas vías del tren lleven y traigan mercancías, el infinito mar nunca cerrara sus aguas y un puerto siempre será la mejor puerta abierta a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos puertos siempre me dejan sin aliento y cada vez que llego a uno me veo arrebatado por el silencio de la contemplación de horas enteras mirando sus barcos y sus aguas. Quedo sediento, pero el puerto que sabe de aguas siempre regala algún bar cercano y una fría cerveza que calme la sed de viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cerveza morena, una artesanal en esos bares que parecen haber nacido con el mar, por ese que tantos pasaron y muchos todavía pasan y entonces sin pensarlo nos cobija la noche, hay que subir a otro cerro para verla  desde arriba. Cerro alegre, ascensor el Peral, paseo yugoslavo, se confunden nombres, calles, gentes como sombras que todavía transitan a esa hora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche se cierra en otro típico bar, el Cinzano, donde tantos han cantado y las paredes dibujan a Gardel y otros grandes del tango, hoy no hay tanta música, pero si la buena comida como un sándwich de mechada, papas fritas y una jarra de borgoña, así hemos mojado, bebido y caminado Valparaíso, viviéndola intensamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastaron otro par de días para terminar de sentir la ciudad. Tenía que visitar “La Sebastiana”, la otra morada de Neruda, dejarme seducir por la incomparable vista que el poeta poseía desde su casa – barco donde decía él le habían dejado el pacifico tirado porque no cabía en ninguna parte.&lt;br /&gt;Me despedía de Valparaíso en algún restaurantico perdido por ahí en una plaza comiendo un chupe de mariscos y bebiendo una cerveza de litro para salir embriagado no por el alcohol si no por su magia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despidámonos con las palabras del poeta que supo vivir esta ciudad, el eterno Neruda que nos dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;“Pequeños mundos de Valparaíso, abandonados, sin razón y sin tiempo, como cajones que alguna vez quedaron en el fondo de una bodega y que nadie más reclamó, y no se sabe de dónde vinieron, ni se saldrán jamás de sus límites. Tal vez en estos dominios secretos, en estas almas de Valparaíso, quedaron guardadas para siempre la perdida soberanía de una ola, la tormenta, la sal, el mar que zumba y parpadea. El mar de cada uno, amenazante y encerrado: un sonido incomunicable, un movimiento solitario que pasó a ser harina y espuma de los sueños.”      &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;       &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-5668166314400614296?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/5668166314400614296/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=5668166314400614296' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5668166314400614296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5668166314400614296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/06/santiago-y-valparaiso.html' title='Santiago y Valparaíso'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7832854535262868646</id><published>2010-06-18T21:36:00.002-05:00</published><updated>2010-06-18T21:45:07.138-05:00</updated><title type='text'>Dos ruedas para Chilito.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por no cruzar la desolada ruta 40 en Argentina, un bus me trasportaba desandando los pasos que había hecho en bicicleta por la Argentina hasta mi nuevo país, Chile. 32 agotadoras horas saltando de país en país, para sentirme entonces de verdad en Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaba a la ciudad de Osorno, en el sur y entonces las cosas cambiaban. Los rostros, las calles, la economía, todo me indicaba que estaba por fin en Chile. Si bien es cierto que habite la Patagonia chilena, esos lugares apartados de nuestra América en cada país, parecen que nos hablaran de distintos países al interior de cada uno y por supuesto Chile con su forma de columna vertebral no era la excepción. Ahora me sentía en el sur, al interior de este país que se presentaba como una incógnita para mí. Los versos de Neruda, la lucha de los indios Mapuches, la danza de la cueca, era someramente lo que sabía de este hermano país.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;América latina tiene infinitas caras, pero en este recorrido en bicicleta por ella puedo establecer dos bien marcadas. El atlántico nos habla del Caribe en la parte sur, hasta las costas brasileras, y luego ese sur un tanto europeizado, después y es donde me encontraba ahora el rostro mestizo de América, de aquí hacía el norte vería la cara indígena que nos habla de otra condición, otras costumbres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aturdido por el largo viaje en bus; cuestión anómala en este viaje, me di unos días a descansar en Osorno para remontar Chile. Quería empezar a oler la ciudad, degustarla, parparla en la forma que me gusta hacerlo, ir a su centro, ver rostros y escudriñar calles. Una pensión fue mi refugio, mi trinchera. Albergue para estudiantes y viajeros de paso, casa extraña entre familiar y de nadie. Me permitía cocinar para sobreponer el duro golpe que fue el cambio de economía, ya que Chile se me presentaba como el país más costoso del continente. Abrumado en un primer momento por los altos precios de la comida cocinaba mis sencillos platos, pero luego fui encontrando esa cara amable de cómo se juega en Latino América. Mercados populares, plazas llenas de puestos de comidas donde los precios son favorables y la oferta amplia. Los mariscos bañan a Chile y engalanan los platos. La palta; aguacate como lo llamamos en mí tierra, y el ají picantísimo acompañan todos los platos de Chile, así que me sentía en casa, llenándome de Paltas y poniendo ají a todas mis comidas. Percibía ese sabor supremamente popular en las calles de Osorno, los estudiantes, los cientos de estudiantes en la plaza principal, la vida lenta y tranquila de una ciudad que sabe andar despacio aunque a veces se vea invadida por eso que llaman progreso y los centros comerciales empiecen a invadirlo todo, pero entonces su mercado principal en el que encuentras la vida en toda su expresión se mantiene tan vivo y no se puede dejar de beber de él. En ese mercado me alimente un par de veces para comer exquisitos pescados y sopas, en ese mercado encontré sastrerías que remendaran mi roída ropa, en ese mercado corte mis cabellos, por eso digo que en ese mercado estaba la vida entera. Cada pasillo, cada sector era un mundo nuevo, comidas, víveres, artículos para el hogar, todo en esas puertas que se abren en la mañana y dan de comer al pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovechaba esos tranquilos días en Osorno para escribir lo que me había dejado el sur argentino, ese frío recorrido de la estepa. Volvía a la plaza a ver la vida lenta, a escuchar el canto chileno de estas nuevas voces para mí y su particular acento que no se parece a ningún otro y que al principio cuesta entender. Pienso en la sentencia de Vallejo o del mismo Pessoa que la dijo antes, el colombiano por su parte diciendo que su patria es el español y Pessoa que no se cansaba de repetirnos que su patria era la lengua portuguesa. Pero estas patrias nuestras son rebeldes, juguetonas, bastardas, cambiantes. Esa lengua no se deja aprehender y te extravía, te despista, pero luego la tomas entre las manos y las haces tuya y de nuevo estás en tu patria, en mi lengua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaba el día de partir al norte, hacia arriba, a comerse Chile de muchos bocados. Qué bien se dejaban recorrer estas hermosas carreteras. Nunca me desvíe de la autopista y aunque el paisaje no cambiaba mucho, no dejaba de sorprender. Cada país de nuestro continente se ufana de tenerlo todo bajo su territorio y es cierto. Chile se debate entre la montaña y el mar. Desde cualquier punto todo está cerca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día que salía de la ciudad un frio amagaba con opacarlo todo y la mañana se cubría con un manto gris que luego el sol fue corriendo. Me dejo ver entonces esas hermosas cordilleras Chilenas, esas impresionantes montañas y algunas veces volcanes que se cubren en la punta con la bella nieve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con buen espacio al lado de la carretera que me cubriera de los voraces autos y una pista llana, la Maleva y yo rodábamos sin mayor preocupación ni prisa, como nos gusta. Cumplía con mis kilómetros diarios y jugaba a meterme en algún pueblito. Ahora era Máfil. Un pequeño lugar dividido en dos por los rieles del tren, ese tren que también aquí aniquilo el estado. Rodaba buscando un espacio y nada aparecía, a pesar de que en los lugares chicos siempre es más fácil buscar un espacio solidario. La estación de trenes se presento como la mejor opción. Las viejas maquinas que según me decían llevaban reparando hace años ocupaban el mismo lugar, ya no atravesaban Chile como solían hacerlo, ya no viajaban hasta el sur con precios favorables para el pueblo, llenando de vida cada pedacito de Chile, a nuestros dirigentes eso no les importa, un medio amable, económico y favorable al ambiente parece no importar mucho. Igual en aquella estación los vigilantes hacían los turnos y cuidaban aquellas maquinas y la vieja estación todavía tenía pintura fresca en sus paredes. Había pedido un espacio para mi carpa y me terminaron ofreciendo un colchón y un cuarto, era más de lo que podía pedir. Amables hombres me trataron con cordialidad y en la noche me regalaban su conversación, historias y palabras, se sentían felices de que pisara su país y querían regalarme todo, nuestra lengua fue nuestro mayor vínculo. Hasta me proponían que me quedara más tiempo en aquel lugar, así me empezaba a abrazar Chile.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí rodando para parar en una ciudad grande donde me esperaban amigos. Temuco sería mi destino. Entraba tímido en el juego de las avenidas y los autos, pero al fin y al cabo no era una enorme ciudad. Una nueva casa, sus costumbres su tradición. Casas viejas donde la chimenea se mantiene encendida para espantar el frío, olor a leña y madera, olor a campo al interior de la ciudad. Con mi anfitriona salimos a caminar la ciudad, pasear a los perros y nos encontramos con un evento que mueve mis más viejas fibras musicales. Un concierto de hardcore punk para ayudar a poblar de libros una biblioteca de barrio. La música es una de las más bellas artes; tal vez la más diría yo, y un instrumento directo de expresión. En cada ritmo hay algo de rebeldía y de denuncia y es bien sabido que el Punk ha tenido esa consigna desde su nacimiento. Estos tipos rasgando sus guitarras desafinadas, el mal sonido de los amplificadores, la pésima acústica, el sonido primario de este fantástico ritmo que acompaño mis más tempranos años en la Medellín punkera, me trajo frescos recuerdos de cuando yo también hacía lo propio con mi banda de hardcore “Mancha Roja”. Cantando, denunciando, gritando todo con rabia e ira. Veía en estos chicos que las cosas no han cambiado y que por suerte se sigue gritando en cada rincón donde haya algo de conciencia. Ellos hablaban de su realidad que en nuestro continente no dista mucho la una de la otra en nuestras desgracias de dirigentes corruptos y ladrones nos reconocemos, en el aniquilamiento de nuestra memoria más fuerte, los indígenas, tristemente también. Ellos hablan de la lucha del pueblo Mapuche y mezclan instrumentos tradicionales entre los básicos acordes del punk, dos chicos rapean bajo la estridencia de los tarros que cada vez aumentan la velocidad.&lt;br /&gt;En Temuco hay espacio para ir al campo, probar la chicha, que a diferencia de la nuestra no está hecha de maíz si no de las frutas propias de la región, en este caso de la manzana. En Temuco no fui a su centro, no sé porque, se me paso. Luego de que supe que allí paso sus primeros años, uno de los más grandes poetas de nuestra América, el chileno y universal Pablo Neruda, me dio un poco de tristeza no haber recorrido esas calles que fueron creando el carácter del poeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paso por pequeños pueblos de nombres que me llaman la atención por su profundo carácter indígena, como Collipulli, hago noche en una estación de servicio cobijado por grandes volquetas, una estación de servicio de origen colombiano y me doy cuenta como se extienden los tentáculos de la patria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi próxima ciudad comienzo a ver los estragos del terremoto que removió el país meses atrás. La tierra habló, movió sus entrañas para avisar que está viva y que ella tiene la última palabra y no el hombre que la cree dominar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de llegar a Los Ángeles la carretera ya me mostraba las fisuras del estremecimiento terrenal. Había un desvío a cada tanto y algunos puentes cedieron al movimiento telúrico. Pero ya en la ciudad la realidad era otra. Las viejas construcciones de tapia cedieron y muchas vinieron abajo. En otras se notaban profundos resquebrajamientos en sus paredes y en otras más solo había que esperar con mucho cuidado a que cayeran. Todavía se sucedían replicas y el miedo acechaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los amigos seguían abriendo puertas para probar a Chile con ese gusto a picante, licor y verduras. Maravillado por sus mercados populares siempre iba en búsqueda de ellos, de este nos llevamos un jugoso queso, fresco y barato. Las jarritas con el ají casero, verdes, rojas, grandes, pequeñas, desafiantes, frutos endiablados para mover el espíritu de una buena comida o que decir de esas verduras que son un enigma agolpadas en bultos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los Ángeles volví al campo, a la casa de mi amigo que vive cerca de allí, a pasar un día como se debe, con la paz que da la naturaleza de esa gente que no sabe de correrías, de afanes. En esas veredas vive gente que constantemente va a trabajar a la ciudad, no son más de 20 kilómetros, han decidido no sucumbir ante los supuestos encantos de la urbe y viven en su santa paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa era pequeña, humilde pero llena de amor y con todo lo suficiente para no salir del lugar. Mi inocente amigo me mostraba los frutos dados por la tierra, para él era natural aquello de las nueces, membrillo, variedades de uvas, manzanas, peras, mandarinas que crecían desaforadamente sin mayor ley que la de la naturaleza. Yo le decía que vivía en un paraíso.&lt;br /&gt;Quienes tenemos que lidiar con la ciudad y yo que las mas de las veces por la forma en que como viajo me proveo de muchas frutas como fuente de energía vemos aquellos espacios como lugares de ensueño. Allí las manzanas caían porque no hay quien las recoja y son un festín para los alados pájaros que tiene en ese lugar un corno de la abundancia. Las nueces que valen una fortuna en cualquier mercado se lanzaban de los árboles para ser abono de la tierra. Nunca había comido tal cantidad de frutas, picaba todo como un pájaro también. Le daba dos mordiscos a una manzana y luego probaba el membrillo que indiscutiblemente tiene mejor sabor en el dulce. Pasaba a las nueces que me daban problemas con su coraza y luego una deliciosa recompensa se encontraba en su interior, como un pequeño tesoro proteico. Probaba todos los tipos de uvas, además que estábamos en cosecha y me volvía loco con los colores, tamaños y dulzura de esos frutos báquicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces las bicicletas vuelan, no solo ruedan al ritmo de los pedales. Cuando el viento se pone de nuestra parte salen alas de las alforjas y los autos no entienden que pasa. El trayecto de Los Ángeles a la ciudad de Chillán resulto casi automático. Los kilómetros pasaban raudos en el velocímetro y las montañas nevadas a lo lejos a penas si se dibujaban a mi paso. Son esos días que pareces de otra raza y la bicicleta tiene algo de Pegaso, zumba el viento detrás de las orejas y te cuenta que va contigo. Así de un momento a otro se dejo ver la ciudad de Chillán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez una hermosa familia me acogía de nuevo como a uno de los suyos. Acostumbrados estaban estos a los locos de la bicicleta. Me entero que meses atrás un par de colombianos bicicleteros hicieron lo propio parando en la misma morada. La familia guardaba un libro que todos los viajeros que por allí pasaban iban firmando con gusto y no podía uno hacer menos de la manera en que éramos tratados por ellos, como siempre la palabra se queda corta cuando la solidaridad y el amor la supera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Chile es bastante fuerte la tradición de esa comida que va entre almuerzo y cena, que en los diferentes países tiene muchos nombres. Me asombre de que aquí tuviese el mismo nombre que en la ciudad de Bogotá, las onces la llaman ellos. Y como no recibir a este viajero con unas buenas onces en un sitio típico de la ciudad, lleno de tiempo y recuerdos. Los estudiantes, en su mayoría universitarios acuden a tomar un buen vino chileno que bien saben  hacer en estas tierras. De entrada esas empanadas con buen picante, de tomar, una bebida que habla de la realidad del país, un pueblo que se burla de sus desgracias naturales. La bebida se llama “terremoto”, es un vino local con una bola de helado que se la va comiendo la uva. De pronto llega un enorme plato a nuestra mesa, la famosa “Pichanga”, una suculenta mezcla de papas fritas, con carne, salchichas, queso, aceitunas y palta, algo bien propio de aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mercado central de Chillán tiene renombre y no es para menos. Hay que perderse por sus pasadizos de artesanías, patios de comidas, verduras, frutas, especias, granos, flores, artículos variados, todo, todo se encuentra en ese lugar. No me quedaba de otra que sentarme en alguno de esos puestos a mojar la tarde con una enorme cerveza chilena y luego comer un perro caliente, completo como lo llaman aquí, cubierto de palta y tomate y como no, el ají, ese que cuelga en enormes gajos por todo el mercado. Dos hombres en la mesa de al lado interpelan a la vida con una guitarra en mano, mientras hablan de mitos griegos entonan una canción en el medio y saludan a las damiselas de paso, algunas de ellas se ven seducidas por los acordes de la guitarra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las eternas partidas me llevan a otra ciudad mientras que las fuerzas sobre la bicicleta se mantienen y a veces me dejan hacer jornadas olímpicas, esta vez y contra todo pronóstico de 165 kilómetros hasta la ciudad de Talca.&lt;br /&gt;Aquí ha golpeado mas el terremoto acabando con muchas edificaciones del centro. En las aceras todavía se ven y se verán por algún tiempo los escombros de lo que se derrumbo. Chile se levanta con dignidad de esta catástrofe pero cuesta. En algún momento por esta tragedia pensé en no rodar por estas tierras, temía que el ánimo estuviese como sus casas, abajo, pero no, el pueblo chileno es un pueblo cordial, sin mucho jubilo la verdad, pero siempre con la palabra justa para acoger al errante. Aunque a estas alturas todavía la tierra se movía, habían replicas esporádicas y la gente se iba acostumbrando tomando sus precauciones. Aquí viví una de ellas. Fue en la madrugada y de no más de tres segundos, un ligero remesón. Pensé entonces en cómo fue aquello que duro tres minutos, tres minutos apocalípticos para muchos chilenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino me ponía ahora en una de las regiones vinícolas por excelencia de Chile. Yo miraba atónito desde la bici esos enormes sembrados de uvas que se perdían en la lejanía, jamás había visto algo igual. Organizados racimos colgaban de los parrales de los más diferentes colores, unos rojos, otros verdes y otros por efecto del otoño en unos hermosos ocres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la ciudad de Curicó los bomberos volvieron a ser mi refugio. Estos alegres hombres no vieron problema en acoger al viajero y brindarle una posada. En Chile los bomberos son voluntarios, sin mayor apoyo del estado y uno de ellos me decía que era mejor así, cuando las cosas se hacen de corazón. Sonaba esa ensordecedora alarma y entonces dejaban lo que estuvieran haciendo y acudían al imprevisto, siempre dispuestos, atentos a solucionar problemas de cualquier índole.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya cerca de Santiago, la flamante capital, en la ciudad de Rancagua tuve uno de los mayores regalos que me fueron dados. Pensé que me iba sin poder conocer un viñedo, pero la suerte que esta siempre de mi lado hizo que parara en casa de un amigo cuyo trabajo consistía en ser guía de uno de estos frondosos viñedos chilenos, uno de los mejores vinos del mundo. Allí en esa inmensa casona con parrales extensos luego de degustar un buen vino me vinieron estas palabras que recogía en mis libretas de viaje:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Colchagua se llama el valle. Aquí me trajo el camino y la amistad, la hermandad de la uva de esos viñedos que veía desde la carretera y que ahora estoy viviendo en carne propia. Apostado en una banca de esta fastuosa hacienda que se hace tan mía como las tierras que he venido conociendo. Se me abrieron las puertas de este viñedo y por sus senderos volcados de pequeñas frutas camine. Temporada de uvas, diminutos círculos morados y verdes que posteriormente el hombre; que cuando quiere y puede ser sabio y bello, transforma en esa bebida majestuosa, el vino. Hectáreas de parras frondosas que dejan colgar sus racimos de uvas, campos que se extienden hasta donde alcanza la vista, laboriosos hombres y mujeres el divino fruto en néctar jugoso y embriagante para el deleite terrenal. Experiencia mágica, divina, embrujada que se esconde en esas hojas que ahora el otoño decolora. Ahí está el vino, en estado puro. Luego viaja hasta la mesa y un sabio gurú nos comparte su conocimiento, entonces la bebida cobra sabor, aroma, cuerpo, vetas, fragancias que nunca antes experimente y aquella sentencia cobra aún más fuerza: “la felicidad solo es verdadera cuando es compartida”. Una mesa redonda, tres nacionalidades, muchas copas, un solo continente, el mismo, el único, América Latina, esta vez brotando de las entrañas de esta tierra chilena. Embriagaba más la buena conversación y la risa que va soltando la uva y sobre esa mesa se ponen sueños, se abren mas caminos y reina la paz que dan los frutos de la tierra. Esos toneles guardaban el fruto de la felicidad, la amistad que se añeja y madura como la vida misma. Aquí en el epicentro mismo donde la tierra unos días atrás se estremeció, el espíritu de la uva sigue intacto para mostrarnos su verdad, humilde fruto que ha perdurado por siglos y aun se mantiene inquieto. Larga vida a la vid de las tierras chilenas, larga, perdurable y jugosa.       &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7832854535262868646?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7832854535262868646/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7832854535262868646' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7832854535262868646'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7832854535262868646'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/06/dos-ruedas-para-chilito.html' title='Dos ruedas para Chilito.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-2199874855179956879</id><published>2010-05-29T17:10:00.000-05:00</published><updated>2010-05-29T17:11:16.458-05:00</updated><title type='text'>Para alegrar el espíritu</title><content type='html'>&lt;object width="353" height="132"&gt;&lt;embed src="http://www.goear.com/files/external.swf?file=c905eb9" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" quality="high" width="353" height="132"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-2199874855179956879?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/2199874855179956879/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=2199874855179956879' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/2199874855179956879'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/2199874855179956879'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/05/para-alegrar-el-espiritu.html' title='Para alegrar el espíritu'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-6913661631742066491</id><published>2010-05-28T19:39:00.002-05:00</published><updated>2010-05-28T19:42:37.057-05:00</updated><title type='text'>Patagonia Compartida. Un pedazo de Chile, otro de Argentina.</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: justify; font-family: arial;"&gt;Estos accidentes geográficos movidos al antojo del hombre y sus intereses, guerras y peleas me llevan a visitar la Patagonia chilena, porque Chile también tiene su pedazo de Patagonia.&lt;br /&gt;Por lo recorrido con la Maleva, no desandar caminos y  llegar a la Patagonia chilena, más exactamente a la ciudad de Punta Arenas tome un bus, lo cual confería pasar por los mismos lugares recorridos en dos ruedas, no se justificaba el desgaste mío y de mi compañera. Así volví a pasar por la primera angostura del estrecho de Magallanes,  recordar buenos y duros momentos allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Punta Arenas se puede apreciar el punto más ancho del estrecho de Magallanes, la ciudad con sus casas de techos de colores me recibe con su frio típico del sur. Un viento helado y constante. Espero en la plaza de la ciudad al amigo que me recibe, bajo la sombra oscura de la noche que cae y la figura incólume de un monumento a Magallanes. El hombre mira al cielo, a ese cielo que lo fue guiando para encontrar su paso así como yo he ido encontrando el mío. Lo interpelo en la espera, en la noche que se pliega a los pies de la ciudad, en estas bancas de parque que también saben tanto de historias. Los jóvenes se reúnen a montar sus patinetas, saltar muros, hacer figuras con sus tablas y los estudiantes, los eternos y enamorados estudiantes de colegio se prodigan el más puro e inocente amor acompañándome en la espera. Colegialas de falditas ardientes que no conocen de frio, vagos que buscan colillas de cigarros en el piso y apurados hombres que salen de sus oficinas, esa es la vida de una plaza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro amigo, otra casa. Yo voy con mis historias instalándome donde el amor me deje.  Estoy en Chile pero todavía no me siento en él, en ese país que es una incógnita para mí. Escucho sus voces y su acento particular, ya voy presintiendo otro país. Me dejo caminar por los vericuetos de la ciudad con sus botillerías, sus nigth club típicos de puerto donde los marineros buscan el amor y oscuras damiselas lo prodigan. Sus comidas nuevas para mí, la palta y el ají pululan en las calles, aquí me siento bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a saltar sobre la bicicleta para dirigirme a la ciudad de Punta Arenas, si es que el viento me lo permite. Otros vientos aún más agrestes que los argentinos soplan en estas tierras. El primer día no avanzo mucho y una olvidada estación de gasolina es mi refugio, hasta el viento impide que pueda cocinar, poner mi carpa y otras actividades básicas. Ya hasta había olvidado cuando el viento se pronunciaba y rugió, rugió con fuerza retándome, no dejándome pedalear, sentía que no llegaba, que no podía avanzar, eran solo 250 kilómetros para llegar a mi destino, pero volvía a transitar tierras inhóspitas, cuesta arriba, bordeando paisajes que ya cambiaban de color, entraba el otoño y las hojas caían, los campos se vestían de amarillo. Salí con fuerza en ese segundo tirón intentando avanzar pero el viento hacia lo suyo. Kilómetros más adelante, perdido en el camino y el velocímetro marcando un escuálido 6 kilómetros por hora, un enorme camión se planta a mi lado y desde adentro una voz me dice: ¿te llevo?, si, respondo yo con voz cansada, no hay de otra, ya sabemos que no me van los heroísmos. Un minúsculo hombre con la fuerza de diez más, levanta a la Maleva con casi todo su equipaje y la planta en la parte de atrás. Aquí empiezo a conversar con Chile a conocer sobre su gente que es la que hace los lugares. Como siempre el tema político se pone sobre la mesa, yo que quiero empezar a conocer este país pregunto. Si bien es cierto que Chile es uno de los países que mejor esta a nivel suramericano no deja de tener sus vacios y la gente lo siente. Este hombre me decía algo que me sorprendió y es que me decía, que aquí no hay clase media, o se es rico o pobre. Tal vez sea una aseveración algo dura pero desde su punto de vista tendrá su verdad. Lo que empiezo a palpar es la normatividad que rige a un país como Chile. El golpe de la dictadura dejo mella en su piel poniendo a marchar a sus ciudadanos sobre la norma, todo se cumple, todo se hace, no hay espacio para salirse de la raya. Me hablaba por ejemplo del poco, casi nulo nivel de corrupción de los policías; carabineros como los llaman acá, cuestión para poner en duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así llegaba a Puerto Natales, ciudad chica y movida básicamente por el turismo, el de aventura, muy promulgado. Solo se veían llegar chicos europeos con sus mochilas creyéndose exploradores para ir a hacer las caminatas marcadas, los senderitos agrestes al parque nacional Torres del Payne, parque de singular belleza claro está. Ellos, audaces aventureros, se irían a internar 5 o 6 días para hacer todos los senderos, con sus equipitos de alta montaña, sus mochilas con todo lo necesario, sus viandas y víveres, sus cocineticas que no les permitirían morirse del hambre, todo por un módico precio, para ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mi parte yo estaba en el gran dilema pues debía enfrentarme con la ruta 40 que atravesaba argentina en su parte más inhóspita, esto era lo que el camino me demarcaba, volver a entrar en tierras argentinas y trasegar por el camino más solitario de toda América del Sur, camino que hasta los buses esquivan, camino que pocos habitan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras esto sucedía en mi cabeza, salía por las calles de Puerto Natales a encontrar una respuesta de si cruzar o no en bicicleta esta ruta. Había que entender que ya llevaba dos años de viaje, que mi economía y mis equipos no se encontraban en las mejores condiciones y que esto me llevaría un tiempo y un esfuerzo largo. Salía a caminar con mi libreta y mi pipa para encontrar respuestas y juntar palabras. En esas largas caminatas me encontré con un espectáculo, para mí digno de admiración y de singular belleza. Me iba caminando al lado del estrecho y a su vera iban apareciendo pequeños barquitos olvidados, desvencijados, roídos por el tiempo. Un barquito aquí, un barquito allá, todos diminutos, pesqueros en su mayoría. Luego un pequeño puerto pesquero. Bello puerto, personal puerto, digno puerto. Solo los pescadores podían entrar en sus sagradas plataformas donde todas las barquitas se apretujaban, pegadas al mar, al agua, como bebiendo de ella. Humildes barcazas, como la humilde y sabia gente que las tripula, que las navega. Yo me moría de ir a su lado y escucharles sus historias, al menos escuchar sus rumores, como quien pone atención y trata de escuchar una conversación ajena. Pero no me fue posible entrar. Solo personal autorizado, me dijo el tipo desde su garita. Yo me quede como desde la barda, viendo los tranquilos animales retozar. No podía creer tanta belleza. Lo único que pude hacer fue disparar fotos con mi cámara de bolsillo para aminorar la melancolía y así tratar de llevármelos conmigo, sentía que había descubierto un tesoro que muchos de aquellos exploradores de paso no verían y mucho menos les interesaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero al lado de aquel mini puerto tendría mi recompensa, un cementerio de barcos, restos de pequeñas embarcaciones que en otrora navegaron y cuyos viejos mascarones reposaban ahora en tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más poético que los nombres de estos barquitos. San Pedro, Vuelvo por ti, Unión I, Maria Jose, Como pudiera. Nombres que golpeaban en mi cabeza como grandes campanas de catedral, resonando en mi alma. Pasee largo rato por entre esos cadáveres tan vivos como nunca, yo los sentía vibrar con toda esa sal de mar en sus viejas pieles. Algunos parecía que todavía se hacían a la mar, como si todavía tuvieran el coraje para remontar el océano y solo estuvieran descansando de una larga jornada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui de allí un tanto más feliz y en la banca de un parque escribí hasta que la lluvia me lo permitió, una de esas lluvias del sur que van y vienen. La escritura me trajo la lucidez para decidir lo que vendría en mi viaje. Pensé que me debía atrincherar por unos días en la ciudad e intentar conocer lo que hubiese a los al rededores de esta de una manera más sosegada, jugando un poco al papel de turista; que a veces hay que hacerlo, y luego por otros medios que no fueran las dos ruedas de mi compañera de viajes, dar un salto olímpico de saltamontes y pisar tierras chilenas, el sur y desde allí seguir como venía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vendrían entonces el parque nacional torres del paine en suelo chileno y el glaciar perito moreno en tierra argentina. Desde Natales me movería para conocerlos y luego partiría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una camioneta llena de gente nos conduce al parque. El frio nos cobija en esa mañana sureña, el guía va avisando por donde vamos transitando, contando sus historias mientras se dibujan las montañas a través de las ventanillas. Entramos primero a la cueva del Milodon, prehistórico animal que habito esas tierras, especie de oso gigante que se paseara a sus anchas milenios atrás. Cavernas donde cabe el mundo entero y ahora solo habitan el eco de las pisadas de cientos de turistas que las visitan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, el parque. Las Torres del Paine. Extenso parque, orgullo nacional. Todavía uno que otro Cóndor engalana los aires mientras nos adentramos por sus carreteras destapadas y a cada tanto nos saluda un rio, una laguna de verde esmeralda y de aguas salinas. Las torres no se dejan ver, esos tres picos que apuntan al cielo los cubre una bruma misteriosa, no todos los días ellos se muestran, se guardan algunos días celosamente, hay una complicidad entre ellos y la espesura. Seguimos avanzando y como corderitos tomamos las fotos que el guía nos sugiere, todos apuntan, todos disparan, ríen y perduran para la posteridad. Varias cosas me sorprenden en el parque, las naturales, la belleza de una cascada donde las aguas verdes pulen las piedras en un trabajo ornamental y laborioso. En este lugar como nunca antes; y eso que lo viví en carne propia y he hablado hasta el cansancio de él, el viento tiene la voz mayor, es el ojo del huracán, el centro. Arrasa, golpea, aniquila, te tira contra el piso, no te permite estar de pie, como si fuerzas demoniacas lo trajeran consigo. Habla, grita, aúlla, arremete contra estas pobres almitas que solo queremos ver la cascada. En ráfagas apocalípticas se presenta y nos inclina a los pies de la tierra como diciendo: besen a su madre, no se alcen en sus dos patas, sepan de donde vinieron. No hay árboles para asirse a ellos, solo unos diminutos arbustos con espinas que engañan cuando los tocas, es una perfecta trampa de la madre naturaleza, una enseñanza para quien sepa quién manda este juego y hacernos sentir lo pequeños que somos. Salimos de allí entre asombrados por el agua y aterrorizados por el viento. Lo otro que me había sorprendido fue que dentro del parque y en medio de la nada aparece un lujoso hotel. Que flamante se pasea el capitalismo robando espacio. Que pequeñas grandes victorias tiene en ocasiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los caminos del parque siguen y entre mas ríos caudalosos vamos a dar a uno que nos muestra en una playa un par de troncos de hielo azulado. Yo que nunca había visto un glaciar, por ponerle un nombre a nuestro par de amigos, me maravillo y contemplo. Parecen espectros que brotaran del agua y que nada los tocara, ni el viento ni el tiempo, son como mármoles en bruto. Con esa imagen me voy del parque, como un calentamiento a lo que verían mis ojos posteriormente en tierras argentinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viaje hasta el Calafate  en suelo Argentino en otra excursión fugaz antes de partir del todo de Puerto Natales. Un fin de semana para conocer el imponente glaciar Perito Moreno. Otra de esas maravillas naturales que se deben conocer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante las fuerzas de la naturaleza toda palabra queda pequeña y claro está que nosotros mismos quedamos pequeños, como des dibujados ante las pinturas de la creación. Como pensar una masa gigante de ¿Agua? Que ha quedado detenida por efecto de la congelación. Eso es el Perito Moreno. Hay que acercarse a él con timidez, es un animal inmenso que duerme, que se mueve desde adentro en un movimiento invisible a los ojos humanos. El hombre ha construido una plataforma para irlo tanteando desde la distancia, una plataforma que descaradamente se ha ido acercando cada vez más. El ya se ha cobrado unas cuantas vidas, recordando que hay que tomar distancia. Gruesos pedazos se han desprendido y una daga de hielo ha acabado con ciertas vidas, así es la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al perito hay que irlo viendo por partes, no se nos muestra por completo. Va uno maravillándose con cada pedacito que nos da desde la lejanía. Esa organizada plataforma nos va acercando a lo que él se deja y luego de caminar un rato desde lo más alto que podemos llegar, pobres mortales, aparece en su extensión, la que nos dan este par de ojos. No cabe, no cabe en nuestra cabecita para verlo todo, hay que quedarse en silencio para verlo en su extensión que parece infinita, el va a esconder en las heladas montañas que cubre un poncho blanco y lo que se nos muestra son unos picos quietos que a cada tanto se van desprendiendo, se lanzan al agua, en un armonioso suicidio que los convierta en agua para cumplir el ciclo y volver de nuevo a sus entrañas.         &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-6913661631742066491?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/6913661631742066491/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=6913661631742066491' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6913661631742066491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6913661631742066491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/05/patagonia-compartida-un-pedazo-de-chile.html' title='Patagonia Compartida. Un pedazo de Chile, otro de Argentina.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7308246864021062628</id><published>2010-05-28T19:32:00.003-05:00</published><updated>2010-05-28T19:44:39.734-05:00</updated><title type='text'>Ushuaia, Babel 3079.</title><content type='html'>&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Principio o fin? Con ese gran rotulo de “El fin del mundo”, la famosísima ciudad de Ushuaia se enclava allá, bien al sur del continente en las costas del no menos famoso Canal Beagle.&lt;br /&gt;La vos gastada de Goyeneche canta…”Vuelvo al sur, como se vuelve siempre al amor, vuelvo a vos con mi deseo con mi temor, llevo el sur como un destino de corazón…”. Estando allí en ese lugar plagado de turistas europeos y estadounidenses, bajo la voz del cantor y con mis expectativas y vivencias por haber conquistado este sur, me preguntaba por las de ellos, en como asumirían este fantástico lugar. Ahora vuelvo a escuchar a Goyeneche, al Polaco, al de la voz de arena y siento que esa canción recoge mi sentir con este haber coronado al sur, coronado a mi manera, en esa forma humilde que tuve de ir acariciándolo desde Buenos Aires hasta acá, el sur argentino, siempre el sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya lo dice el Polaquito para traer estos, mis sentimientos con los que vengo al sur, ese sentimiento con el que se llega al amor; vaya usted a saber cómo es, cual es, ¿deseo, temor?...el sur es un destino, es el destino. Los vi desplazarse en sus terribles motos de todos los cilindrajes, vestidos con los más altos y especializados trajes, motos de todos los lugares del mundo con un solo destino: Ushuaia. Los vi en esos últimos kilómetros moviendo los pedales, luchando contra el frio y el viento, todo para llegar a su destino, desde los más lejanos confines: Ushuaia. Todos reclamábamos esa ciudad como destino, pero no sé si todos podrían decir como lo dijo Goyeneche, destino del corazón. Yo si lo sentía así, un destino del corazón que hace parte de esta Latinoamérica que sigo sintiendo tan mía cada vez que la recorro más, aunque en esta ciudad me haya sentido un tanto ajeno en términos de convivencia, no de geografía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Ushuaia la circunda un entramado de montañas que a diferencia de las de mi tierra se cubren con una fina capa, un manto blanco, una maraña de ternura que les da un toque angelical. Yo las vi desde lejos, inmensas, arrebatadoras, muchos kilómetros antes de llegar a la ciudad. En estos tiempos donde no son tiempos para llevar todo el ropaje blanco que las caracteriza en invierno apenas si tenían algunos manchones blancos aquí y allá, como si la nieve desordenada y juguetonamente callera donde quisiera, se posara en cualquier lugar de la piel de la montaña y así irse cayendo por el efecto de los parcos soles que a veces se suceden en esta temporada meramente nominal de verano que era lo que pasaba cuando llegue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los climas del sur son tan disimiles como aquellos que recuerdo del norte brasilero. Cuando llegue a Ushuaia el cielo se partió en dos y no me permitía ir a la ciudad todavía. Yo ávido  por conocerla, palparla, saludarla tenía que esperar, allá en la parte de arriba, donde todavía no se divisa. Porque hay que decir que para llegar a la ciudad literalmente hay que bajar, bajar hasta la bahía donde se posa. Pero el tiempo, el clima después de dejarme penando me regalaba un flamante sol y me abría las puertas de la ciudad. Calles mojadas, charcos del inmenso aguacero. El fin del mundo está hecho de agua, liquida en su mar, su bahía, congelada en sus montañas donde se agrupan los cristales de nieve. Pero ahora había sol, ese sol que se abre paso en el sur y apenas calienta donde reina el imperio del frio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despido del amigo que llega a su destino y quien sabe que vientos soplaran en sus caminos, parece que quiere navegar, llegar más lejos, más lejos aún de lo que en el fin del mundo se puede llegar. Porque aquí, en el fin del mundo se puede ir más lejos, porque el hombre siempre quiere más y más y no se conforma con el rotulo. Aquí se puede ir a la Antártida, cruzar en bote, barco o yate de lujo por altos costes y llegar al medio de la nada, al blanco final. Muchos lo hacen, muchos llegan con ese objetivo entre sus bolsillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi escasa economía no me permitía degustar de todas las mieles turísticas que les ofrecen a estos turistas que quieren hacerlo todo, comérselo todo, todo lo que les sirvan por supuesto. Pingüinos, canales, faros, botes, yates, caminatas seudo salvajes, excursiones “ecológicas”, todo todo en inmensos paquetes para conocer el fin del mundo. Mi ritmo como siempre va más lento y yo voy comiendo lo que aparezca, viajo para ver realmente lo que hay allí, citando a Kazantakis.&lt;br /&gt;Me iba al centro de la ciudad como me iba por los barrios; los pocos, que también pertenecen a Ushuaia y no salen en las guías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El centro de Ushuaia es una calle larga que hace las veces de centro comercial y aquí es donde aparece el titulo de este escrito, la Babel, babel congelada, el paraíso congelado como diría cierta canción de un grupo de rock colombiano…”la escarcha en las palmeras…y los pelicanos…, un paraíso congelado”. Hay miles de voces de otros lugares, lenguas, acentos, pieles, rostros que se confunden entre abrigos, suéteres, guantes, solo somos rostros. La oferta de vestimenta para el frio esta a la orden del día junto con los suvenires, si no puedes ir a ver un pingüino, cómprate uno de felpa o llévate la postal, o la camiseta que diga que habitaste el fin del mundo. Conocí quien fue hasta este lugar solo con ese fin, comprarse una camiseta alusiva al lugar y bueno, hay de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los otros barrios de Ushuaia que no son el centro turístico es donde existe la vida que discurre paralela a esos viajantes de paso. Donde la gente va a el trabajo y convive con el frio de las montañas y la visita en invierno de la nieve. Roberto, mi amigo que vive fotografiando aves, plantas y paisajes del fin del mundo, me contaba que cuando llego aquí hace más de veinte años su casa era una de las únicas de esta ladera, ahora detrás de la suya hay una casa verde que no nos permite ver la bahía, Roberto maldice ese verde hogar que un día apareció sin más ni más. Lo que si no se esconde desde la casa de Roberto son las gigantes montañas y allá donde me señala, el imponente glaciar Martial al que me encamino. Es una de esas maravillas naturales que todavía el capitalismo no puede explotar. Camino por el glaciar, rumbo a…no se la cima está muy lejos y no tengo equipo, solo quiero ir a conversar un poco con la nieve, palpar ese manto blanco. Voy subiendo con el cansancio propio de estos lugares donde falta el oxigeno y cada paso es un reto, no entiendo a los alpinistas, está bien, como alguien no entenderá a los que viajan en bici.&lt;br /&gt;De repente empieza a llover, pero me percato de que no es una lluvia, no lo es. Finísimos copos de nieve se plantan en mi chaqueta, la nieve se me va instalando en todo el cuerpo, asisto a mi primera nevada y me quedo largo rato dejándome vestir con el manto blanco de la montaña, nieve, copos de nieve. El acenso debido a la fina lluvia y los juguetones copos de nieve se dificulta y forma lodo que hace que te resbales y ahora empiezo a entender a los montañistas, hay que llegar a algún lugar, para ellos la cima, para mí donde el cuerpo me lo permita. Llego a un finísimo lago y parece que es el fin de mi ruta he coronado mi cima, me creo Dios y hago mi primer muñeco de nieve, pienso en el Popol Vuh y sus hombres de maíz, así es como comienza la vida, jugando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene más que ofrecerme esta ciudad, AMIGOS, Leticia y Daniel, me llevan a conocer la mítica Estancia Haberton. Generaciones de ingleses instalados por años allí. Costumbres transmitidas de generación en generación, hasta el mismísimo Chatwin llego hasta aquí para hablar de ella en su libro “In Patagonia”, todo está detenido en este lugar, el té y las tortas, los cultivos y hasta la vestimenta de sus pobladores que se niegan a dejar su lengua y visten como granjeros. En el camino los árboles bandera nos saludan, postal de Ushuaia, esos árboles que el viento a peinado de una manera casi salvaje, inclinados, casi tocando el piso, aquí donde el viento es soberano, amo y señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El puerto, siempre el puerto, fascinante puerto donde duermen los gigantes, donde llegan y parten sueños, barcos enormes, botes pequeños, veleros mágicos. Me siento a contemplar el puerto a fumarme el puerto con una pipa llena de los tabacos argentinos y vienen a saludarme las aves que circundan el cielo de Ushuaia, se posan calladas y ruidosas cantándole al cielo. Cae la noche y las luces se dibujan en el agua, las de los barcos y los faroles, el sol se pone en el fin del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todavía tengo que ir al fin del fin, al parque nacional tierra del fuego al kilómetro 3079. Me acompaña la Maleva y juntos nos vamos de camping. Hace un frio que congela los huesos pero que calienta el alma con esos paisajes majestuosos de  lagos y caminos de piedra. Me saludan los zorrillos plateados y las liebres al lado de la carpa. Me ven cocinar y comer sobre una roca al lado de este pequeño lago, laguna esmeralda. Salgo en largas caminatas que me llevan al fin del camino, al fin de la ruta tres. Un cartel me avisa que aquí acaba todo, pero me gusta ver los finales también como principio. Ese cartel me hace pensar en los kilómetros atrás y no dejo de sentir alegría por ello. Bordeo un camino que me lleve más al fin, un sendero empantanado para ir a conversar con los patos que me miran con asombro, un hombre por estas tierras del fin del mundo. Allí vuelvo a instalarme y dejarme maravillar por el agua que discurre tranquila, saco mis zapatos y mis medias mojadas para sentir el frio en mis pies, camino descalzo por las rocas y subo a un minúsculo faro que me imagino se encenderá en la noches para iluminar la vida de estos parajes y marcarle la ruta a algunos barcos. Vuelvo al campamento para partir a la ciudad, no sin antes pasar por un lugar encantado en este parque, una casilla de correos, un hombre que se erige como gobernador de una isla y permite que mandemos postales a todos los confines del mundo. Hago lo propio e invoco a mi familia desde estos parajes, postales viajeras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los atractivos de la ciudad paradójicamente es el presidio que se construyo en este remoto lugar. Los presos pusieron piedra por piedra y levantaron su refugio. Las paredes cuentan terroríficas historias de siniestros asesinatos y el frio se instala en las lúgubres celdas que ahora solo guardan voces encastradas en las piedras. Cuando el sistema no sabe qué hacer con los hombres se inventa estos lugares para salir de sus problemas. Como figurines, en uno de los pasillos del presidio y para deleite morboso de nosotros los turistas, se instalan las figuras de presos famosos, su soledad y su miedo se ve reflejado en las caras de esos maniquíes que sufrieron las inclemencias del lugar. No puedo olvidar la figura de ese anarquista al que sus hermanos lograron sacar con todo tipo de piruetas, las fraternas cartas que mandaban sus camaradas y la dignidad con que llevo su encierro. Todo por el precio de la libertad que tanto cuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así quedaba para mí en el recuerdo esta blanca ciudad donde me abrazo la nieve, el puerto, las montañas, los amigos y donde sigo pensando que el fin del mundo no es nada más que el principio.&lt;br /&gt;Volvamos a cantar al polaquito diciendo ahora: “siempre…volveré al sur como se vuelve siempre…”     &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7308246864021062628?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7308246864021062628/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7308246864021062628' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7308246864021062628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7308246864021062628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/05/ushuaia-babel-3079.html' title='Ushuaia, Babel 3079.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-1635258123047377113</id><published>2010-04-12T16:05:00.002-05:00</published><updated>2010-04-12T16:07:53.604-05:00</updated><title type='text'>Puerto San Julián – Ushuaia. Etérea crisis a la llegada del fin del mundo.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me había tenido que quedar en ese perdido camping de Fitz Roy un día más. A la mañana cuando abrí mi carpa el panorama era bastante desalentador para salir al camino, un horizonte absolutamente gris lo congelaba todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente partí, con una meta en esos puntos que te plantea el mapa. Una estación de servicio quizá, una posada, un hotel, cualquier cosa y el frio que no me soltaba. Balanceabase mi bicicleta por efecto del viento, como un pequeño barco en medio de la mar. De nuevo la mente en blanco y solo pensar en poder avanzar haciendo jornadas impensadas, no hallaba lugar y el panorama comenzaba a ser desalentador por el cansancio y el infinito horizonte. Sin mayor remedio tuve que volver a recurrir al aventón, era pasar tres días a merced del viento o tratar de avanzar. Tengo que reconocer que me veo un tanto derrotado cuando tengo que montar mi bici sobre un carro, siento que pierdo el paisaje debajo de cuatro ruedas pero no hay más opción, el viento habla y así es, es el soberano de estas tierras. No es difícil que alguien te lleve, los mismos carros saben lo duro que es transitar por esta zona y no te dejaran perdido allí. Las camionetas pasan raudas y cortan el viento. Me veo sobre una de ellas yendo hacia San Julián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En puerto San Julián me abre las puertas una familia que amasa sueños. La Panadería La Pancha es su negocio hace veinte años, entre panes y repostería exquisita esta familia me da la bienvenida. El día que llegue conté con la suerte de probar una de las delicias de esta tierra, el famoso cordero patagónico. Un asado familiar con amigos y demás era mi bienvenida. Las brasas van cocinando el animal que abierto va soltando la grasa que lo protegía del frio y ahora hace las delicias para nosotros. Es el momento justo para conocer a la familia. El negro, Natalia, su madre y un numeroso grupo de gente se reúnen alrededor de la mesa y no me siento extraño. Por aquí pasan viajeros que acogen de la mejor manera, inclusive meses atrás paso otra ciclista amiga mía de suiza que viene andando el mundo. El Fernet con coca y los aperitivos previos corrían como corría la charla para conocer a esta maravillosa gente. En la noche en medio de la conversación ocurre un hecho maravilloso, se va la luz, entonces aparecen las velas y seguimos conversando mirándonos las caras en la bruma, nada se detiene, todo continua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fueron días tranquilos en puerto San Julián, días de descanso donde el sol volvió, una mujer de la panadería dijo que yo lo había traído y tal vez sea así, yo vengo de la tierra del sol y lo llamo para que venga, ahora quería que estuviera con nosotros. Todos los días me levantaba con ese majestuoso olor a pan, siempre me ha parecido bella la labor de quien amasa el pan, esa comida tan legendaria, humilde y que nunca falta en la mesa. En las tardes me paseaba por la panadería para llevarme algunos biscochos y tomar el algo o la leche como la llaman aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el puerto tuve la oportunidad de conocer algo que me dejo maravillado. En este punto, muchos muchos años atrás anclo un barco especial. Fue la Nao Victoria, comandada por el navegante portugués Fernando de Magallanes. El primer hombre en circunnavegar la tierra. Aquí comenzó el mito patagónico que dio nombre a todas estas tierras. Los patagones, el estrecho, la fauna, todo adquirió el nombre de este hombre. Hay una réplica exacta de la Nao y yo la tenía que conocer. No puedo explicar la emoción que me dio cuando conocí el barco. De alguna manera Magallanes fue un motor para mí, para hacer lo que ahora estoy haciendo. Ese aventurero se lanzo al mundo para buscar un paso entre las Américas y el pacífico pasando todo tipo de penurias. De hecho su barco anclo cinco meses en este punto y por eso el homenaje de hacer una réplica de la Nao. Allí estaba, como si el tiempo no hubiera pasado, la Nao Victoria, la única que retorno de tamaña aventura. Con sus hombres a bordo, sus toneles de provisiones, su proa, su popa, sus velas que la llevaron a recorrer el mundo entero. Allí estaba el mito que seguí y leí por tanto tiempo para llenarme de valor y a mi manera recorrer el continente. Tenía que transportarme al momento en que la Nao estaba activa y sentir el temor y la alegría que sentían aquellos hombres que la habitaron siglos atrás. Allí no estaba anclado un barco, estaba anclado el sueño de un hombre y yo bien lo entendía. Ese fue el gran regalo que me dejo Puerto San Julián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la Patagonia no terminaba para mí y había que salir a remontarla, saber si el viento me permitiría continuar mi aventura como se lo había permitido a Magallanes hasta ese punto. Con un camino tremendamente agotador de subidas y bajadas, curvas cobijadas por el viento pude llegar hasta Piedra Buena y anclar en la isla Pavón. Un camping bien equipado fue mi refugio por un par de días. En verdad era una pequeña isla y allí fui soberano. El Río Santa Cruz pasaba por sus riberas y sentado en confortables sillas a su lado pensaba en todo lo que había hecho hasta ahora. Veía caer la tarde y como el cielo se llenaba de colores, nada como un atardecer patagónico de los más variados colores. Un rosa que llena el cielo en diferentes tonos y luego un naranja cuando el sol se apaga. Fumaba mi pipa y pensaba en el futuro, en la gente que iba dejando atrás, en los que se habían robado mi corazón, en este camino que todos los días me planteaba un nuevo desafío, en lo que faltaba por conocer, me sentía con fuerzas pero también con una nostalgia terrible, eso hacen los bellos paisajes, esa es la saudade de la que hablan los portugueses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui al pueblo para conocerlo, acompañado por mi compañera de dos ruedas que también es curiosa como yo y pide que la lleve a todos lados. Piedra Buena está llena de murales hechos por artistas de la región, estos adornan sus avenidas y todo en la ciudad es pulcro, hasta los cestos de basura están adornados con peces de madera, truchas que pululan por sus ríos.&lt;br /&gt;Al día siguiente trate de avanzar lo más que pude, solo logre hacer 40 kilómetros, ya lo he dicho, la palabra la tiene el viento y esta vez como en ocasiones anteriores me frenaba en seco y no me dejaba avanzar. Un aventón más, simple recorrido en automóvil, esta vez en la parte de atrás sintiendo todo el poder del viento que no te dejaba mover avance hasta la ciudad de Rio Gallegos.&lt;br /&gt;Rio Gallegos es la meca del viento, en ninguna otra ciudad sentí su poderío como en esta. Hasta para transitar caminando se torna difícil la situación. Me han contado que en ocasiones las ráfagas alcanzan tal magnitud, que tienen que poner lazos para que la gente se prenda de ellos y pueda caminar sin ser víctima de él. Mientras esperaba a mi anfitriona que me iba a hospedar tuve que resguardarme en una esquina porque ese día como otros rugía ferozmente. Al interior de las casas puedes sentir su poder, sientes como golpea en las ventanas y silba como un desesperado, miras los arboles como resisten los embates y algunos ya tienen la marca de la dirección en que normalmente sopla, se han inclinado a merced de la naturaleza. Mi anfitriona, Mónica es una mujer que gusta de la bicicleta, junto con un numeroso grupo de amigos formaron el equipo de ciclo turismo Koyen Aike, que significa lugar del viento. Ellos lo conocen bien, pero cada vez que pueden y quieren salen a desafiar al viento sobre sus bicicletas recorriendo la región y sus alrededores. Fue interesante compartir con ellos y conocer sus historias sobre ruedas. Me contaban que tranquilamente cuando el viento a estado a su favor, en terreno llano han podido alcanzar velocidades de 70 kilómetros por hora, esto para una bicicleta es una locura, debe ser exactamente como volar, desplazarse sobre el pavimento. Caminando por su costanera sientes el poder del viento cuando te dejas ir hacia atrás y el te sostiene, caminas en su contra y es como estar arrastrando una pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta ciudad partí con una alegría inmensa pues me debía internar en la isla de Tierra del Fuego, cruzar una frontera, pasar por ese pedacito de Chile que comparten con Argentina, cuestiones de la geografía. Hace mucho rato no cruzaba una frontera y para mí siempre supone una especie de pequeño triunfo remontar una. Agradezco andar en bicicleta cuando paso una frontera, nunca tengo mayores inconvenientes como si los tienen los que viajan en bus y tienen que descender, mostrar su equipaje y demás. A mí solo me sellan el pasaporte y ni se fijan en la bici. Primero sellas la salida de Argentina, luego cambias de sala y ya estás en tierras chilenas. Un cartel te anuncia la llegada y como es habitual te insertas por parajes solitarios en el nuevo país. Tenía que hacer unos cientos de kilómetros, cruzar el estrecho de Magallanes y luego volver a tierras argentinas. El objetivo de este día era otro de esos parajes que moría por conocer. El estrecho de Magallanes, el sueño de aquel Fernando, del navegante. Lo primero que comí en tierras chilenas fue un plato de lentejas en uno de esos restaurantes perdidos en la nada. En chile gustan del picante, así que bienvenido, soy bueno para él. Con ese calor en el cuerpo me fui al estrecho, cada vez me acercaba más y de pronto, luego de algunas horas apareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cuantos viajeros desprevenidos pasan por este punto sin saber qué es lo que están cruzando. El punto se llama primera angostura, es como su nombre lo indica la parte más angosta del estrecho. Habría que imaginar a aquellos hombres viendo por primera vez el paso que tanto estaban buscando, debió haber sido como la luz que vez al final cuando estas cruzando el túnel. Ahora un enorme ferri te pasa de lado a lado, son solo veinte minutos atravesándolo. Cuando llegue, el ferri salía inmediatamente, no me dio tiempo de digerirlo, estaba por fin cruzando el estrecho de Magallanes. Me vi sobre aquel enorme aparato cruzándolo, deje mi bici instalada y subí a ver el paso, no lo podía creer, fue uno de los momentos más emotivos de todo mi viaje. Hubiera querido que el ferri demorase más tiempo en cruzar, sentía que iba demasiado rápido. Me vi del otro lado, ahora con tiempo de observar este mítico paso. Me tome el tiempo para observarlo y pensar un tanto en Magallanes. Lo bueno de todo esto es que debía pasar una noche allí así que tenía más tiempo para digerirlo. Solo hay un restaurante del otro lado y conté con suerte para instalarme. Había un puesto de gendarmería abandonado y a su lado un par de casitas que fueron mi refugio. Me instale con la maleva y fui a comer. Otro regalo con buena comida para celebrar el paso. La tarde se fue lenta mientras comía y pensaba en el estrecho. Un letrero gigante te avisaba que entrabas a tierra del fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde este paso ya empezaba a pensar en una de las metas más deseadas de todo el viaje: Ushuaia. El camino de hoy me iba poniendo en ruta. No sabía lo que me esperaba. Era una paradoja pero con más de 16.000 kilómetros andados era poco lo que había hecho por carretera destapada en esta Latinoamérica que muchos piensan rural y el día de hoy tenía ese planteamiento. No quería creer lo que me había dicho lo mujer en el restaurante, tenía que sortear 100 kilómetros de ripio. Este día me proponía hacer solo la mitad pues ya había cumplido con lo del día. Podría decir que desde este punto empezaron para mi ciertas enseñanzas que hasta ahora el camino no me había dado. Cada viajero tiene su estilo propio de moverse. Yo viajo bastante ligero de equipaje, en la mañana como algo y espero para llegar hasta un punto para volver a comer, por suerte siempre encontré algo, para mí el continente no resultaba tan inhóspito como muchos de afuera piensan. El sur y sobretodo esta parte está plagado de viajeros que quieren conquistar Ushuaia, ya sea en moto o en bicicleta. Europeos, Canadienses, Australianos en su mayoría.  Yo contaba aquel día de camino de ripio esperar un pueblito donde parar a comer pero esta vez no resulto. Me vi en medio de curvas pedregosas con una casita de lata puesta por quien sabe qué mano sagrada para pasar mi noche, un paquete de galletas y dos botellas de agua, de pronto y no sé de donde detrás de mí apareció otro ciclista, un canadiense, de estos que andan lo suficientemente equipados como para llegar a la luna, con todos sus buenos jugueticos de camping que impresionan a cualquiera. Ese día fui aprendiendo, después de tanto tiempo, que no viene mal llevar un tanto de comida extra. Aquel hombre salvo mi estomago ese día. Compartimos algunas experiencias de viaje y dormimos viendo guanacos saltando afuera de nuestra casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro día no traería buenas experiencias para mí. Desde el despertar ya se anunciaba lo que sería un día negro. La bici estaba pinchada. El frio calaba los huesos y había que empezar a repararla, ya ese acto se robaba las primeras energías de la jornada. Es bastante desalentador despertar así. Mi compañero de viaje viendo mi lentitud en cambiar la rueda, me dijo sabiamente; yo lo entendí, Jaime tenemos ritmos diferentes de viaje, yo debo seguir. Así fue. Volví a quedar solo en aquella casita reparando una rueda y un par de cosas más que aparecieron en el momento. Solo podía pensar en los 60 kilómetros de ripio que me esperaban. El camino estaba bastante deteriorado y las rocas hacían saltar la bicicleta. De pronto empezó una racha de pinchazos que no podía creer. Tres en total, haciendo mi camino mucho más tortuoso de lo que ya era. Cambiar una rueda puede no suponer mucha complicación, pero hacerlo con viento fuerte alrededor si lo es. A la tercera reparación ya era todo un experto y encontraba el hueco reparándolo al instante. Fueron largas horas para hacer un camino que no suponía mucho tiempo. Ya pronto para llegar y debido al cansancio, al agotamiento y la desesperación me desconcentre y caí de la bici rodando unos metros lejos de ella. No fue mayor cosa, un leve raspón y sentirme como el mayor de los idiotas por caer de tan ingenua manera. Miles de pensamientos se pasan por mi cabeza, por vez primera me cuestione lo que estaba haciendo. Por vez primera me sentía equivocado en algo de lo cual tenía la más absoluta certeza de querer hacer, esto fue lo que más me conmociono. Cuando llegue a la primera frontera, San Sebastián, la salida de Chile, esperaba un buen lugar para pernoctar pero no fue así. Con suerte pude comer un buen sanduche de carne y no obtuve lo que más quería, mi anhelado baño. Ese día llegue a pensar que todo podía terminar y Ushuaia sería el último punto de mi viaje. Era triste, tristísimo que se me pasara esa idea por la cabeza, pero es lo que puede hacer el cansancio y una mala jornada de pedaleo acompañada por días ruines. En ese paso fronterizo que esta vez no supuso alegría me sobrevino la tristeza y sentí la soledad golpeándome la espalda, pero no lo di todo por perdido, me decía que debía llegar Ushuaia y pensar, pensar mi regreso, me daba esos kilómetros para reflexionar y por suerte nuevas experiencia me enseñarían que no todo estaba perdido y al camino le faltaban nuevas enseñanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino me regalaba al día siguiente una ciudad, Rio grande, a 200 kilómetros de mi meta. Una ciudad donde posar la cabeza en la almohada y pensar. Busque un hostal, unas sabanas blancas y al lado del mar pensé. Me dije que no podía tirar por la borda todo lo hecho atrás y que todavía faltaba mucho continente por comerme sobre mis dos ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquel hostal paro otro ciclista, otro canadiense que venía desde su país recorriendo nuestro continente, parece que esta vez sí tendría un compañero de viaje. Se llamaba Bryan y con el haría los últimos 200 kilómetros hasta Ushuaia. Salimos en otro de esos días grises patagónicos donde la garua se mantiene todo el trayecto y tendría más para aprender. Bryan también llevaba comida para el camino, yo no. Paraba siempre en la mitad del viaje y comía, comía mucho este hombre. Se sorprendió de que yo no llevara nada y me insto a que de ahora en adelante debía proveerme antes de hacer una jornada, de él aprendí eso. Un hombre de andar tranquilo, sin prisas, como debe ser todo buen viajero. Un tipo que había encontrado su ritmo después de 40.000 kilómetros, había que aprender de aquello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paramos en Tolhuin antes de llegar a Ushuaia, en la famosa panadería la Unión comandada por un ángel que abría ese espacio a cualquier viajero que por allí pasara, sobre todo si iba en bicicleta. Por supuesto el lugar estaba plagado de ciclistas y como siempre hubo espacio para un par más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo 100 kilómetros nos separaban de la ansiada meta, sobre todo para Bryan que allí terminaba su periplo de dos años y medio de recorrido, para mí era la mitad del viaje. El día anterior nos habíamos despachado en conversaciones mientras pedaleábamos, hablábamos como dos buenos viajeros sobre nuestras compañeras de viaje, pero esta jornada no fue así. Me gustaba pensar que para este hombre era toda una jornada de reflexión, me pensaba llegando a mi querida Medellín cuando ello sucediera y en lo que podría estar pensando en aquellos momentos.&lt;br /&gt;El camino estaba plagado de verde, de montañas, de cuestas, lagos, rectas, curvas, lo tenía todo. A lo lejos se veían unas montañas ligeramente cubiertas de nieve y para mí era el más bello de los espectáculos. Pensaba en mis montañas antioqueñas cubiertas de verdor y veía estas que sugerían otra belleza con su minúsculo manto de nieve, nieve que no es común para mí. Contábamos los minutos para arribar a nuestra meta. En un tramo Bryan se descolgó en solitario, tal vez quería regalarse solo la llegada a Ushuaia, ser el primero que viera su meta. Un cartel anunciaba que a pocos kilómetros estaríamos entrando a la ciudad más austral del mundo. Aquí no había espacio para el agotamiento cuando entre curvas que iban y venían se abrió paso la ciudad y su cartel que decía: Bienvenidos a  la ciudad más austral del mundo, Ushuaia. Nos abrazamos, felicitamos y saltamos de júbilo, yo tome su foto y el la mía, de pronto el cielo se partió en dos y empezó a llover, el cielo celebraba con nosotros, el fin del mundo nos recibía por fin.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-1635258123047377113?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/1635258123047377113/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=1635258123047377113' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/1635258123047377113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/1635258123047377113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/04/puerto-san-julian-ushuaia-eterea-crisis.html' title='Puerto San Julián – Ushuaia. Etérea crisis a la llegada del fin del mundo.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-4590464400206392860</id><published>2010-04-12T15:53:00.001-05:00</published><updated>2010-04-12T16:04:05.381-05:00</updated><title type='text'>Las Grutas – Fitz Roy, y ahora el frio.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; font-family: arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un río, un río es el que marca casi siempre la división de dos provincias, estados, pueblos, naciones. Pero solo es la geografía la que habla, es una demarcación natural de la que el hombre se vale. De un lado Carmen de patagones, del otro Viedma, de un lado, la provincia de Buenos Aires, del otro Rio Grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantaba una tormenta de arena en horas de la tarde el día que llegue a Viedma, una tormenta como nunca había visto en este sur donde el viento tiene la palabra. Era de día y la arena volaba en partículas haciéndose casi de noche, nos resguardábamos todos en casa para no ir a volar por los aires. Fantástico espectáculo de la naturaleza para quienes no estamos familiarizados con ráfagas de esta dimensión. Pienso siempre en esa condición de quienes tienen que vivir atentos sobre cuál será la dirección en la que ira a soplar el viento hoy, que aires traerá y con qué fuerza va a despertar nuestro etéreo amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me recibe otra familia con la que sigo compartiendo vida, más amigos a la cena y esa costumbre de la buena mesa argentina, pequeñas grandes abundancias que entre empanadas, pizzas y tartas van llenando la noche. Tonada cantarina argentina, otra tonada un tanto diferente a la de los buenos aires pero al fin y al cabo una unidad entre el che, el revoleo, guarda con el postre y demás palabrejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paseo por los alrededores de esta ciudad y ya voy sintiendo que entro en otros terrenos. Un cartel, bastantes kilómetros atrás me avisaba que había entrado en la Patagonia, yo todavía no registraba lo que concebía como Patagonia. Aquí hay que pensar en el clima, las estaciones y demás. Estamos en verano y las desnudas y áridas estepas se extienden por kilómetros. Salir de paseo a ver el faro más antiguo de la Patagonia que resiste en su eterna blancura desde 1887 a pesar de las nuevas tecnologías dando luz a los marinos. Más allá, visitar la mayor reserva de lobos marinos del país, esos tranquilos animales reproduciéndose en grandes cantidades, piel dura para resistir el frío patagónico, los vientos que vienen del mar, colonias de las más diferentes edades, acurrucados en manada, los ves dese la altura como si el mundo no los tocara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para seguir camino desde ahora hay que estudiar bien la ruta, estoy entrando en verdadero terreno patagónico, lo que supone distancias larguísimas donde  existe la nada de la nada, la desolación humana se hace presente. Mas o menos a cada 180 kilómetros aparece algo, una estación de servicio, un paraje y en ocasiones de mucha suerte, un pequeño pueblo y en otras se alza una ciudad. De haber salido a pedal desde Viedma me hubiera tenido que enfrentar con parajes tan desolados que realmente asustan. Esa constante ausencia de kilómetros y kilómetros golpeando a la par con el viento, estepas con poca vegetación y rectas que nunca terminan. Pero tuve la suerte de contar con un ligero aventón de mis anfitriones y así entre matesito y matesito nos fuimos en el carro mientras me maravillaba e intimidaba a la vez con el paisaje.&lt;br /&gt;Tuve una despedida en un kilómetro perdido en mitad de camino, fácil para los carros y todo un reto para quien va en bicicleta. Seguía robándole espacio al viento cuando me dejaba pedalear y como siempre hacia lo desconocido, el mapa dice una cosa y la geografía otra, los consejos de las personas otra y la intuición que se va afianzando otra más, entre ese mar de voces, corazonadas y orientaciones llego a una playa bien turística, de las que no me gustan pero que resulta bien para ir de paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La playa las grutas, con sus formaciones para acceder a ellas en imitación al nombre que reciben alberga en esta temporada a cientos de turistas que se meten en esos campings familiares que tanto gustan los argentinos. No hay de otra que me terse en uno de esos que mucho no disfruto mucho, por el ruido y la cantidad de gente, pero contando con la suerte esta vez de que me salga gratis por la benevolencia de quienes ven en mi viaje una aventura digna de llevarse a cabo.&lt;br /&gt;Estepa grande y marcada acompañada del viento, desolación por kilómetros y pueblos más adelante, Sierra Grande es uno de ellos. Un ciclista viajero se deja ver en el camino pero mucho no habla, hay de todo tipo en la ruta. Al día siguiente en una de esas paradas que no tenía prevista como muchas de este viaje supe que era alemán y trabajaba para la BBC de Londres, que se comunicaba con sus equipos satelitales desde cualquier parte del mundo. Esto me lo conto doña Elsa, un alma de Dios que me brindo un café con tostadas, dulce de leche y mantequilla, cuando yo solo le había pedido un café, además del sanduche a la noche que no me quiso cobrar. Ahí en medio de esa otra nada hace bastantes años Doña Elsa junto con su esposo montaron un restaurante casi familiar. Habituales camioneros que transitan la ruta toman sus alimentos y beben su cerveza al paso en medio de la Patagonia. Además de la charla con doña Elsa luego vienen estos personajes y toma otro rumbo la conversación. Soy de Colombia y en este país futbolero recuerdan a mis compatriotas que pasaron por sus equipos, por aquellos todavía hay gran veneración. Por ahí se deriva la conversación hacia los consabidos temas de siempre, como política y hasta literatura. De buena manera me sorprende el camionero aquel que me dice: ah sí, sos de la tierra de García Márquez, a mí me gusta, lo he leído, pero mi preferido es Hemingway.  Qué bien sientan esas charlas, que tanto se aprende de ellas. Un camionero hablándote de Hemingway con total propiedad, magnifico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El camino recto y el viento me van llevando a mi próxima ciudad, Puerto Madryn. Por un momento pensé que no podría hacer eso 90 kilómetros que me separaban de ella, el viento arremete con toda y la estepa se calla lo suyo, pero luego hay un regalo y desde lo alto se deja ver la ciudad allá en el fondo. A unas se llega subiendo y otras te descuelgas riéndotele en la cara al viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la mitad de esta gigante Patagonia sobrevive y con una belleza particular Puerto Madryn, tanto como para que algunos cruceros se acerquen en temporada y descarguen su tonelada y media de turistas para que desfilen por la bella costanera que ofrece esta ciudad. De un mar calmo y un hermoso azul se tiñen sus aguas. No sé porque pero la forma que tomaba para mí la ciudad era la de un lobo marino que se acostara sobre sus costas dejando descargar su cabeza en la punta donde se divisa toda su extensión. Cada día despertaba y tenía la posibilidad desde donde estaba de ver el mar. Inclinaba mi cabeza y lo primero que veía era un sol posado sobre la mar encandilando mi vista que en segundos se acostumbraba al regalo del despunte del astro rey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí hubo espacio para encontrarse con viejos amigos de caminos atrás en esas citas que cumplimos con la vida y que otros llaman coincidencias. Viajeros que van, viajeros que vienen, viajeros que comienzan su jornada. De bici, de moto, de carro, todos tienen sus sueños en mochilas y hay momento para hablar con ellos y sentirse afortunado de tenerlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me lleva el camino a una ciudad de la que todos me dicen lo mismo: es fea, Trelew es fea. Pero bien sabemos de la relatividad de la belleza, de que ella depende de los ojos con los que se la mire y en estos desolados caminos llenos de estepa una ciudad con amigos resulta un oasis. El día que llegue a Trelew era Domingo, parecía aquello un pueblo fantasma, me preguntaba donde andarían todos. Solo como de costumbre el viento como un niño bastante loco se paseaba por la ciudad corriendo de aquí para allá y si bien es cierto que Trelew no resulta una ciudad muy llamativa son las historias que descubres tras de ella lo que le dan su esplendor. Los gigantes que habitaron estas tierras, dinosaurios y demás especies hacen de esta tierra un lugar particular. Con su museo que reúne piezas únicas se levanta como una importante ciudad patagónica. Antes la mar lo cubrió todo y a su paso dejo la vida de estos enormes habitantes que habría que imaginar paseándose tranquilos por estos lugares, en el museo se da cuenta de ello. Te paras al lado de sus huesos y eres un microbio, es una visita al pasado del pasado, a la otra vida, caracolas y gigantes por los aires, la idea de otra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra familia me recibe, otra familia del buen comer argentino, esa costumbre tan suya. Un Fernet para abrir el apetito y esperar que la carne chorree su grasa sobre la parrilla, luego a la mesa a contarse historias. Y el viento, el viento que parece que aumentara al paso de los kilómetros. Vamos a la playa cercana, playa unión, mates y reposeras, tortas fritas y bailes juveniles, es verano y hoy el viento nos permite un día hermoso, así dejamos caer la tarde para volver a casa. No hay mucha actividad en esta pequeña ciudad, todos se conocen y se saludan al paso del viento que peina los árboles. Un pequeño canal local me hace una entrevista y hay tiempo para hablar de mi viaje, para contar historias y contagiar a otros de este maravilloso virus del viaje. Hablar del viaje es siempre re pensar el trayecto y mirar a lo que viene, tomar fuerzas y seguir camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debía seguir por la ruta tres que me llevara al sur y creo que fue la primera vez en todo el trayecto que erre mi ruta pues saliendo de Trelew fui a dar de nuevo a playa unión, eran solo 20 kilómetros pero no quería devolverme cuando supe de mi error ya que me esperaba un camino incierto de 130 kilómetros hacia un paraje perdido en medio de la estepa. Decidí quedarme y hacer camping por un día, ver que me deparaba ese “error”. Pongo entre comillas la palabra error puesto que errores no hay en el camino, son oportunidades nuevas para conocer historias y la de playa unión esa vez fue diferente. Una aldea de artesanos me abre los brazos y sigo aprendiendo de la gente que es el mayor atractivo de cada paraje. Ellos con sus historias de múltiples caminos se anclan por unos días allí. Unos venden ropa, otros fabrican collares y todos se enseñan su arte. Cocinamos y nos contamos las propias. Lo que más recuerdo es a un joven que al saber que me gusta la literatura me hablaba con gran pasión de su escritor de cabecera: Almafuerte. Recitaba pasajes enteros de su obra con una pasión única, me hablaba de su labor de literato ermitaño y me contagio a que lo leyera, he ahí un gran regalo. El otro era un brasilero errante que con su júbilo era ya bastante conocido por todos en el lugar. Sin querer constituyeron una comunidad que como es normal tenía sus problemas, por eso había que seguir camino en solitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente me vi en camino con el viento a mi favor y es que cuando este etéreo amigo está con nosotros parece que volaras en la ruta. Esto fue solo por unos cuantos kilómetros, luego, lo de siempre…gigante y desolada estepa que se interrumpió por un momento cuando un despistado guanaco, esos parientes de las llamas corría como loco buscando la salida por un alambrado que luego atléticamente salto. Corrió el día y llegue a una estación de servicio donde planeaba mi estadía, pero no, no resulto así, un tanto por la mala disposición de sus dueños y otra por las escasas condiciones para hacer camping. Decidí entonces que tenía que pedir una ayuda para llegar mi próximo destino y cuál sería mi sorpresa cuando un auto se detiene y me saluda amistosamente. Parientes de mis anfitriones en Trelew. Dos camionetas repletas de gente y equipos de pesca. Se dirigían hacia Comodoro Rivadavia para un concurso de pesca. Los hay que disfrutan largas horas con sus varas frente al mar, un concurso que duraba 12 horas seguidas, divididos en equipos esperan recolectando peces. Una de estas camionetas decide llevarme, sin importar cuánto equipaje tuvieran y sin explicarme como, mi bici y mis pocas cosas entran en su equipaje y así me veo llevado por un grupo de locos a 120 kilómetros por hora hacia mi próximo destino. La cerveza y la conversación acompañaron el camino que en la noche estuvo acompañado por asado al lado del mar haciendo unas pruebas de caña de pesca, preparándose para su magno evento del que esperaban salir victoriosos. Cada uno tiene su locura. Yo me voy por los caminos en un par de ruedas y poco equipaje y estos locos se pueden pasar 24 horas con sus cañas esperando que piquen los peces y desafiar el frio y el viento para alzarse con el título.&lt;br /&gt;A Comodoro la recuerdo como una ciudad árida, cuyas montañas de tierra se alzan a sus lados. Ciudad petrolera y un tanto olvidada en términos de diseño por lo que había que buscarse un lugar y salir de ella. Solo dos día pase allí, uno con los pescadores y otro en un caro hotel, pues todo en esa ciudad era costoso, cuestiones que determina el auge del petróleo. Por suerte una playa cercana, Rada Tilly a 15 kilómetros abría su mar para mí. El camping municipal barato, bien equipado y tranquilo sería mi refugio. Una playa con gran extensión de tierra y no muy apta para tomar baño por el viento y el frio. Un lugar para estar y seguir pensando en el atrás y el futuro en el horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De aquí en adelante aparecerá una compañía no muy buena para el viaje, empieza la Patagonia que me imaginaba, la fría Patagonia. Además del viento y las cuestas del camino este helado compañero hará presencia. El frío complica un poco más las cosas, debes invertir más energía por lo que el desgaste físico es más notorio, pero hay algo que lo compensa todo y es pedalear al lado del mar. La brisa, el sol sobre el agua, la estrecha carretera se extienden hasta mi próxima parada Caleta Olivia. Otro paraje de paso, otro lugar que me desafía a buscar un refugio que se me hacia esquivo. Por una información errónea fui a buscar un camping a la salida de la ciudad que no resulto cierto, había que devolverse con el cansancio de una jornada de pedaleo y luego seguir buscando hasta encontrar el lugar. Un pequeño camping del sindicato de trabajadores del mar me abre espacio, soy el único allí. Solitaria carpita amarilla y enfrente el bravo mar que mece el viento formando poderosas olas que arremeten contra las rocas, veo unos barquitos amarillos que resisten en medio de la tempestad, los mismos que un momento más tarde tienen que fugarse de allí. Es la flota amarilla. Una pintada en la ciudad decía: ¡Aguante la flota amarilla! Me entero que es la comunidad de barcos pesqueros que hace 5 meses resiste haciendo una protesta todos los días ahí en frente. Una empresa norteamericana que vino a explotar el mar hizo daños ecológicos y ha matado a todos los peces con sus prácticas sucias, es por eso que la flota amarilla se ha quedado sin trabajo, nadie responde por ello, cinco meses sin suelo, sin peces, pero estos hombres siguen allí, ahora yo también digo: ¡Aguante la flota amarilla!. El día siguiente resulta fatal para mí pues una lluvia que había comenzado el día anterior se convirtió en una gran tormenta. Había ubicado mi carpa en un lugar donde se formaba un charco, todas mis cosas absolutamente mojadas flotaban sobre el agua. Nueve de la mañana y sacar todo con total presteza para que aquello no siguiera. Voy al baño del camping y me resguardo. Por suerte tengo el auxilio de los hombres del camping que permiten que seque mis cosas al lado del calentador y hasta un plato de comida me ofrecen y como no, unos exquisitos mates para calentar la fría tarde. Allí supe lo de la flota amarilla y de cómo es la vida al lado del mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al seguir camino siento que estoy en el corazón de la Patagonia con un frio que me congela los huesos, que chuza por encima de la piel y hace difícil el pedaleo, es la desolación total y ligeras lloviznas me acompañan a lo largo de toda la jornada. La mente está en blanco solo concentrado en el próximo pedaleo, en mover los pedales y avanzar, en pensar que la lluvia es pasajera y que no pasara a mayores. Y es que así sucede en la Patagonia donde en un día tienes todas las estaciones. Llueve y luego el viento deja pasar un tímido solo que solo se mantiene por unos minutos después vuelve el frío acompañado con el viento, los autos tocan sus bocinas en señal de aliento pues en ese lugar donde no hay nada y pasa uno a cada tanto estoy yo dando la batalla con mis pedales. Me imagino los comentarios dentro de sus autos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llego a Fitz Roy, uno de esos pueblos que se ubican a la vera del camino. Un día frio y gris. Nada más que unas pocas casas, una estación de servicio, una oficina de turismo que ya en este punto te empieza informar de todos los puntos que hay que conocer del exótico sur. Hay un camping, no lo puedo creer, La ilusión, se llama, apropiado nombre para el momento y el lugar. Por supuesto vuelvo a ser el único campista. Me instalo y puedo tomar un baño, agua caliente para volver a la vida. Estoy tan agotado que no quiero cocinar, solo deseo una buena comida y como en el único restaurante que hay, lo tomo como un regalo que me debo dar por lo duro de la jornada. Luego de comer me paseo por el pueblo que parece deshabitado, vuelvo a la carretera y puedo pararme en mitad de ella, no pasan autos, disparo mi cámara de fotos queriendo llevarme un instante de infinito de esta fría y desolada Patagonia que me presenta otro reto, ahora le sumo un amigo mas, el frío.                 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;     &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-4590464400206392860?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/4590464400206392860/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=4590464400206392860' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4590464400206392860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4590464400206392860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/04/las-grutas-fitz-roy-y-ahora-el-frio.html' title='Las Grutas – Fitz Roy, y ahora el frio.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-5841794437150035933</id><published>2010-02-21T09:59:00.003-05:00</published><updated>2010-02-21T10:29:38.684-05:00</updated><title type='text'>Necochea – Viedma. Gira sol Gira viento Gira Lluvia.</title><content type='html'>&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Sigo ruta, salgo de Mar del Plata y una tímida bici senda me va marcando el camino. Ayuda un poco a que no se lo coman a uno estos feroces carros que poco quieren saber de pedales. La bici senda es  algo que alguien hizo y luego se olvido. Va en la mitad de las dos carreteras, la que viene y la que va y ya se la está comiendo el pasto, es lo que hay. Luego se acaba y comienzan unas subidas retadoras, habla la soledad del camino y me queda un largo trecho por delante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sube y baja y se extiende el camino en cuestas que te retan, pero sigo con la pintura de los girasoles que miran al cielo. Salí con esos 135 kilómetros en la cabeza; distancia que hay hasta la ciudad costera de Necochea, los hice con solo una parada, ayudado por el clima y el viento a mi favor. Ya en la ciudad lo de siempre. Aquí no tenía un hospedaje seguro así que a jugársela para proveerse de algo. Los consabidos bomberos parecían ser una opción segura. Un par de mujeres bombero; destacamento que está inscrito a la policía, me reciben y me dicen que su jefe no está, es él quien da el visto bueno, pero no creen que haya problema. Me invitan a tomar unos mates, siempre vienen bien unos buenos mates, aunque haga calor se toman siempre caliente. El jefe llega y un contundente ¡Imposible! quiebra mi esperanza de dormir con los bomberos, desde hace un tiempo viene fallando mi estadía con ellos. Estoy cerca de la playa, es un balneario la ciudad, así que sé que hay camping y es uno de estos bien familiares, grande, con piscina, restaurante y demás, a mi esto no me importa mucho, solo un lugar donde bañarme y poner mi carpa basta. Es bien particular que para acceder a un lugar de estos te toman todos tus datos personales. Me fascina saberme sin domicilio, sin teléfono y hasta para formular mi profesión tengo problemas. Formado en Teatro, sin ejercer, con cuasi título de Licenciado en Filosofía y Letras, una somera experiencia en docencia, algunos pinos en la escritura, no sé qué decir, pero sé, eso sí de corazón y es lo que me gustaría poder decir siempre y que se tomara en cuenta, profesión: Viajero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una bandera colombiana se alza en el camping, conforme va llegando gente de otra nación se alza su bandera. Con la bandera en alto y el cuerpo limpio me doy a conocer el balneario. Siguen lindas estas playas, la belleza se da por sí sola si esta el mar, la vasta mar que acoge a los hijos que disfrutan de sus orillas y sus aguas llenándolo todo. Aquí me vuelvo mucho más contemplativo y los veo de lejos, colándome como un anónimo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el camino y con un promedio de pedaleo de 100 kilómetros por jornada un trayecto de 60 kilómetros podría ser desdeñable, a veces hay que hacer un poco menos, un tanto más, no dicto las distancias, es el camino quien pone sus parámetros. Y esta distancia que parecía ser pequeña fue tan retadora como una larga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Viento del sur del que tanto me hablaron empezó a hacer presencia. Es todo un reto y queda corto todo lo que se hable de este etéreo amigo que en ocasiones se convierte en el peor enemigo cuando está en tu contra. Un trayecto que se puede hacer en tan poco tiempo me llevo mucho más, me canso el doble e hizo que se agotaran varias veces mi reserva de agua, partió mis labios y acabo con mi paciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No avanzaba prácticamente nada, me paraba para pedalear y el viento me sentaba ya que era casi nulo el esfuerzo. Aquello fue un ejercicio de total paciencia, desde ahora sabia que nada tenía que ver tiempo con kilómetros, estoy a merced del viento y las condiciones climatológicas, esto es una muestra de lo que vendrá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo tiene su recompensa. Esos pequeños lugares que son solo un punto en el mapa me dan más satisfacciones que los pomposos parajes siempre tan mentados. ¿Cómo puede haber un pueblo que se llame: Energía? Es increíble. Me gusta esa palabra, es una expresión bien utilizada por mí. Denota empuje, ganas, buenos augurios y así resulta esta pequeña población. El olfato me lleva  a un restaurante que parecía cerrado. Sus comensales comen y yo pido lo mío, hay espacio para un plato más. Además me ofrecen un patio para acampar y un baño, no puedo estar mejor. En la tarde hay de nuevo conversación entre mates, la bebida que riega estas tierras para que nos juntemos todos. Don Carlos está acompañado por Lilian su amiga con la que conversa en las tardes. Ella me cuenta que está bastante afligido, días atrás su madre ha muerto, ella que lo acompaño otras tantas en su negocio, a él, el hijo único. A veces me sorprendo de lo plagado que esta mi viaje por la muerte, siempre la parca toca a las puertas, así como la amistad, la solidaridad, todas se pasean poniendo su toque. Los sueños, siempre los sueños también están ahí y yo que voy llevando el mío despierto los de los otros. Lilian quiere recorrer su país en una casa rodante, yo espero que lo haga, lo sueños se ven truncos y la vida nos lo plantea así por momentos yo le digo que depende de cada uno que estos se hagan realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me deslizo fácil sobre el pavimento para llegar a Tres Arroyos. Aquí me suceden cualquier cantidad de peripecias para hacerme a un lugar. Negativa de bomberos, policía, municipalidad. Preguntar por el uno, por el otro, buscar al intendente, al secretario, corre el sol, aprieta el hambre y nadie dice nada. ¿Por qué no hablas en la emisora? Allá te pueden ayudar, me dice alguien. ¿Una emisora? Digo yo. Está bien, ya en estas instancias del viaje no me cierro a nada. El tipo de la emisora termina haciéndome una entrevista antes de que me vaya y como ultima sugerencia me dice que hable con el secretario de deportes. Ya he pasado tantas veces por las calles de esta pequeña ciudad buscando albergue que me sé de memoria sus calles. Un buen hombre, el secretario habla con otro y termino durmiendo en un lugar que no lo había hecho antes, el campo de argentino junior, el equipo local me acoge de buena manera. Son los camerinos de los jugadores mis duchas y lugar de estar, al lado de  la cancha armo mi carpa. La tarde estará plagada de nuevo de mates, esta vez por parte del hombre que cuida la cancha, José Luis. De familia chilena y sin conocer ese país. Hincha apasionado de boca, aunque odia profundamente a Maradona, tanto como para no cantar los goles de su equipo que él anota. Me cuenta de su periplo bonaerense cuando llegaba joven, como muchos a buscar fortuna, de tener que dormir en bancas de parques y demás, cuanto lo entiendo. Terminamos reflexionando sobre esa hostilidad que imprime la ciudad para los hijos parias. En la noche José me invita a una cerveza, sin mucho glamur, a pico de botella, con salamín y palitos, un fernet cola de esos de botella de plástico, en su humilde casa hay espacio para este viajero, juego con sus hijos y hablamos de geografía, les muestro donde queda mi país. En la mañana José me despide con unos mates, unas galletas y unas cartas de sus pequeños, he aquí más ángeles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomo la famosa ruta tres, la misma que directo me llevara hasta Ushuaia. Sigue soplando el viento pero a veces me le cuelo por esos espacios que me permite y me voy abriendo paso. A unos pasos de mi próxima parada aparece mi otro enemigo natural, la lluvia. Comenzó muy tímida y entre pedalazo y pedalazo miraba al horizonte pues solo 8 kilómetros me separaban de mi destino y de un momento a otro me vi envuelto por una tormenta. Fui presa de la desesperación puesto que en esta etapa no estaba preparado para la lluvia y temía que ciertas cosas se mojaran. Un supuesto cobertor que había comprado no me fue útil ya que no abarcaba todo, me desesperaba mucho más, no sabía qué hacer, los camiones que pasaban a mi lado me mojaban aun más, me tiraban al lado cortando el viento, todo se tornaba bastante confuso. Solo tenía que pedalear para llegar como fuera a esta ciudad y de pronto aparece una pequeña casita, un cuartico al lado del camino, fue una luz y me dirigí a ella. Vení, pasá, calentamos unos mates, seguí. Me dice una chica desde adentro. Estoy bastante mojado. Cuento con demasiada suerte al encontrar este espacio. Daniela se llama ella. Vende conservas, aceite de oliva, quesos, cositas exquisitas. Se pasa la tarde entre lecturas y conversaciones con quien pasa por allí, no es suyo el negocio, es un trabajo que por ahora le permite vivir bien con sus pequeños y su pareja, además de poder estar haciendo su sueño que es tatuar, hace sus primeros pinitos y ya tiene una maquina. Me cuenta de sus viajes cuando era más pequeña, los espíritus errantes se encuentran. Tanto como para ofrecerme hospedaje en la que por años fuera su casa. Una casilla rodante, viejísima, al lado de la casa de sus padres. Su padre la arreglo y ella la pinto de rosa y verde, pintoresca combinación. En la noche me encuentro comiendo cordero con la familia. El mismo que su padre mato y preparo, de esto entre otras cosas vive la familia. Don Aníbal cría sus animales y vende su carne. No puede ser más amable y tranquila esta comida, además de gustosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Aníbal me despide y me empaca el cordero que sobro de ayer, me manda al camino a sabiendas de que el viento ruge, ruge como nunca. Salgo por esa extensa ruta tres y habla el viento, él tiene el mando, no me deja avanzar, por más empeño que le ponga no puedo, el velocímetro marca 7 kms por hora y sin muchos los que tengo por delante, ruge con total voracidad como si quisiera tirarme al piso. Batallo toda una mañana para tan solo hacer 30 kms que no son nada teniendo en cuenta todo lo que me falta, hay que pedir una ayuda y decido pedir un aventón, no lo consigo en mi primer intento y vuelvo al camino, es imposible, consigo avanzar. Me detengo con la firme intención de que alguien me ayude. La ayuda llega y un buen hombre me recoge, son solo 60 kms para él, para mí lo es todo. Sentimos como ruge el viento desde el interior del auto y en un momento estamos en Bahía Blanca. Dicen que esta como entre un pozo, por eso el extremo calor en esta ciudad, calor y viento hasta ahora. Me recibe una pareja de seres maravillosos, Luisina y Manuel. Tengo el norte para encontrarme con la mejor gente que pueda en este camino. Ella hace cine, él hace música. Se respira el arte en esta casa. Amantes también de las bicicletas, junto con un grupo de amigos salimos a recorrer las afueras de la ciudad, a meternos por campos y bosques y terminar con una vista hermosa de la ciudad que pinta el cielo de un violeta impresionante. Tomamos unos mates desde las alturas y vemos como unos rayos nos retan, es el agua que se viene, descendemos por una colina y bajamos a la ciudad. Que bien recuerdo esas conversaciones con Luisina, esta mujer que se empeña en hacer cine y me encuentro con lo de siempre, la imposibilidad y las trabas que le ponen al arte para ser realizado. Con las uñas y haciendo esfuerzos titánicos Luisina se la juega para hacer sus películas, yo le cuento como en mi ciudad, los teatreros tenían que mendigar unos pesos del presupuesto local para llevar a escena sus sueños, pero esta es la pelea que hay que dar y hacerles saber a quienes tiene el dinero que solo eso tiene, dinero, que nosotros tenemos el poder d ela creación y que eso vale más que todo. Que es en cada batalla por escribirse, ponerse en escena pintarse, que estamos nosotros, que la batalla es con nosotros mismos y que esas barreras que son solo burocráticas no van a impedir que se siga haciendo historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La solidaridad funciona como nunca y esta bella pareja, a la que me duele dejar; como otra de esas despedidas a las que todavía no me acostumbro, me hace una serie de contactos en el camino para que otras puertas mas se me abran. Rumbo a Buratovich, mi siguiente parada, donde esta vez el viento me ha permitido rodar, pero ahora es el calor extremo quien me agota hasta que mi reserva de agua llega a su fin, me veo en medio del camino sin una gota y tengo que parar en uno de esos pueblos que parecen fantasmas. Estamos a mas de 35 grados y todavía me falta otro tanto para llegar. Veo una casa que parece deshabitada y me tiro en su acera, estoy agotado y caigo dormido. De pronto un hombre sale de su interior. Me levanto con susto y algo de pena, estoy en propiedad privada. Pero la buena voluntad de este hombre me hace saber que no es así, me ofrece agua, empezamos a charlar y luego su mujer me invita a pasar para comer algo. Terminamos hablando de política y literatura, de historia también. Es genial como sin esperar nada la vida te da estas sorpresas. Debo seguir camino y llegar a mi destino de hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí otra sorpresa de la vida. Me recibe Alfonsina, una amiga de Luisina. Vas a dormir en un vagón de tren, ¿sabías? Esperaría uno un desvencijado vagón de tren, pero no es el caso de este. Es el proyecto de unos jóvenes que decidieron recuperar un par de vagones olvidados para darles vida y albergar cultura. Uno está totalmente recuperado, tiene luz, aire acondicionado, mesas, sillas, te puedes hacer un café o unos ricos mates dentro de él. Un espacio para la vida, la pintura, la escritura, un lugar de encuentro para la comunidad. El proyecto se llama “Un vagón hermoso” y es bien acertado el nombre. Dormí en un vagón hermoso, conocí un molino en la noche estrellada y de luna llena en Buratovich y me lleva a otros amigos en mi recorrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viento que también es condescendiente conmigo me llevo por paisajes verdes y calurosos mientras soplaba detrás de mis orejas dándome un empujón hasta la ciudad de villa longa, a lo de la abuela de Lu. Una hermosa mujer, una abuela con ese cariño y bondad de todas las abuelas del mundo. Interrumpí su siesta que aquí en estos pueblos del interior es sagrada, pero igual me recibió de brazos abiertos, poniendo la mesa para mí y disponiendo todo para el descanso del viajero. En la noche me dice: te voy hacer una comida para que recuerdes a tu casa. En efecto, es una comida que tiene todo el olor y calor de hogar, unas papas con carne bien condimentadas que me traen recuerdos de hogar. La abuela de Lu pinta y enseña a otras personas a pintar, desde pequeños a mayores y me cuenta que mas que pintar lo que se forma en su hogar son deliciosas tertulias al calor de oleos y telas, que lastimosamente los más chicos no quieren saber mucho de esto y lo hacen un tanto por imposición de sus padres, pero que en otros encuentra el eco que el arte sabe buscar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para llegar a mi último destino de la provincia de Buenos Aires volví a tener inconvenientes con el viento. Estaba cruzando un desierto de arena por la carretera debido al viento que lo levantaba y el vendaval era de enormes proporciones, se me metía el viento en ojos y boca, me puse los lentes y trate de sortearlo pero no fue posible. Tuve que recurrir a los carros del camino y esta vez conté con más suerte pues un buen hombre  acudió en mi ayuda rápidamente.  Acostumbrado como me contaba él a levantar algunos viajeros en el camino no se le hizo extraño levantar a uno más. Aquel hombre trabajaba en el correo y me contaba que cada vez que levantaba a un viajero le entraban unas ganas irrefrenables de salir por los caminos o por lo menos de hacer un pequeño viaje. Yo que iba en bicicleta le contaba de mi experiencia y le compartía lo bien que se sentía viajar en ella, él por su parte me contaba que no era ajeno a la bicicleta, pero que por aquello de los años y no sé que más y que bueno, tenía pensado hacer una travesía que tenía entre manos hace algún tiempo, ir hasta el estado de Corrientes en una especie de peregrinación a visitar a esta especie de santo que ayuda a los viajeros del camino, quería hacerlo en bicicleta me contaba. Este hombre me hacía pensar en ese espíritu viajero que lleva consigo cada hombre y que ya sea por las circunstancias personales, de familia o economía o el miedo que nos imprimen los tiempos, no se llevan a cabo. La historia de este hombre es otra más de las que conozco de otro que quiere viajar, que sueña con viajar. Yo sigo esperando que la semilla de la inquietud por el viaje haya sido bien creada y que sorteen el obstáculo más difícil de todos: tomar la decisión de partir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;          &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-5841794437150035933?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/5841794437150035933/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=5841794437150035933' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5841794437150035933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5841794437150035933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/02/necochea-viedma-gira-sol-gira-viento_21.html' title='Necochea – Viedma. Gira sol Gira viento Gira Lluvia.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-4618718825379385235</id><published>2010-02-21T09:37:00.003-05:00</published><updated>2010-02-21T10:28:43.642-05:00</updated><title type='text'>La nada de los otros, mi nada, la nada.</title><content type='html'>&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Hay dos puntos en el mapa, hay varios puntos en el mapa, no hay ningún punto en el mapa. En el mapa no hay nada, en el mapa hay todo. En el mapa hay dos puntos y entre ellos no hay nada. Hay dos puntos en el mapa y entre ellos hay todo. Hay gente que ve un vaso medio vacío y gente que ve el mismo vaso medio lleno. Hay gente que ve la vida desde la pantalla de la televisión y hay gente que hace televisión. Hay gente que cree en lo que sale en televisión y otros que ni siquiera ven televisión. Hay gente que mira la vida correr desde la ventana de un auto y quien toma el volante de un auto. Hay gente que no tiene auto y camina, hay gente que resuelve ver las cosas con las suelas de sus zapatos y encuentra que entre punto y punto del mapa puede existir todo y que no es lo que sale en la televisión ni lo que veía desde la ventana del auto ni tampoco lo que le habían contado y mucho menos lo que él creía creer, porque vaya usted a saber en qué hay que creer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora bien, hay gente que ha decidido ver la vida en dos ruedas movidas a motor de corazón y musculo. Hay gente que rueda para existir o que podría existir para rodar. Ruedan y ruedan y empiezan a ver otras cosas. Los puntos de los mapas son aun más ricos y dejan de ser solo puntos para convertirse en oasis o infiernos en otros casos. Infiernos y oasis en medio de la nada, la de los otros por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viajar en bicicleta supone ver la vida de otra manera. La vida, ese crisol de luces. De ases iluminados para unos, de hoyos negros para otros. Yo no le doy más apelativo que el de “vida”. Yo que viajo en bicicleta he visto la vida. Digo “he visto la vida” y es porque viajando en bicicleta he podido sentir otro modo de ver la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero de rodar es una cuestión de ritmo. Piano, piano. A un ritmo de máximo 20 kilómetros por hora la vida se siente diferente y se encuentra diferente. Por eso no es lo mismo lo que ves en la televisión, a lo que ves desde un avión, o desde un auto a lo que sientes viajando en bicicleta.&lt;br /&gt;La nada de los otros nada tiene que ver con mi idea de la nada. Cuantas veces he sido tildado de loco por recorrer lo que los otros consideran la nada y cuantas de esas veces ellos han estado tan pero tan equivocados menospreciando la idea de vida que hay entre esa nada que mencionaron.&lt;br /&gt;Medio lleno o medio vacío, usted elije. Yo he encontrado espacios llenos. De vida, historias, cariño, sorpresa, angustias también. Entre dos puntos cuyo camino más fácil no siempre es la línea recta he encontrado vericuetos que me han llevado a hombres que jamás encontrare en los puntos equilibrados que nos muestran las rutas ya trazadas. Por eso prefiero mi nada que esta tan llena de todo. Entre esos dos puntos que creía casi deshabitados se alza una casa que para mí ya es un palacio, sale un hombre que gobierna su reinado y siempre me ha permitido entrar en sus terrenos, me ha ofrecido de sus mieles, su comida y casi siempre, cuando la hay, me presenta a su sequito, que suele ser una bella familia. Al ir tan rápido los otros verán derruidos ranchos donde yo he encontrado palacios, por eso nunca pueden ver nada. Los pueblos que creen deshabitados o con poquísimas casas, unas dos o tres dicen ellos, resultan ser para mi inmensas poblaciones llenas de amigos porque las dos ruedas de mi bicicleta resultan más diplomáticas y con mejores discursos que los de los políticos a quien nadie quiere escuchar o los de la apurada gente por mencionar a otros. Me abren más puertas porque están tan cercanas a su corazón y entonces resulta natural tender una mano, en ese punto, yo encuentro ya todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa nada mía he tocado puertas a la vera del camino para ser atendido como uno más y estar sentado con la familia compartiendo su comida. En esa nada mía he roto concepciones que traía y un policía de esa estación en medio de la nada a preparado una cama para mi, llevado galletas con café y salame para luego dejarme a cargo de la estación porque él se va, así que más que un abrigo y una casa encontré confianza, valor a punto de extinguirse. En esa nada mía he encontrado otros puntos que hasta los mapas niegan y que los lugareños bien conocen. He encontrado familias tan disimiles pero tan unidas cuyo punto de referencia es esa nada que yo acabo de encontrar. En esa nada mía he leído los mejores textos tumbado al sol con un concierto de aves y  algunos canes que vienen a saludarme mientras se pone el sol ya sea frente al mar, al lado de un rio, entre montañas o bien al lado del camino, donde sería más evidente ver lo que muchos no ven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nada no está guiada por la razón que a muchos desconcierta, más bien se presenta como una eterna corazonada que late en cada nuevo encuentro. Por eso yo no solo veo los puntos marcados en los mapas si no que más bien quiero dejar de ver esos puntos para así ver la infinidad de puntos que componen el paisaje. Si me hubiera detenido cada vez que me dijeron no había nada o hubiese saltado esos puntos por otro medio me hubiera quedado en verdad si ver…nada.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-4618718825379385235?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/4618718825379385235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=4618718825379385235' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4618718825379385235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4618718825379385235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/02/la-nada-de-los-otros-mi-nada-la-nada.html' title='La nada de los otros, mi nada, la nada.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-4075118974277074061</id><published>2010-02-21T09:23:00.005-05:00</published><updated>2010-02-21T10:24:14.233-05:00</updated><title type='text'>Buenos Aires…el otro..</title><content type='html'>&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;Quedó un tanto de la hiel con el otro Buenos Aires, quedó el mal sabor con la otra ciudad, pero no todas las cosas son una sola, son muchas y así pasa con esta. Me parecía justo venir a cantar otro aire para los buenos aires, los que también soplan en este centro al lado del río de la plata. Me parecía justo alzar la voz para entonar aires que reivindiquen la cara que pude descubrir de este fantástico monstruo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo dejar de recordar mi llegada al rio de la plata. Cruzar desde Montevideo en ese enorme Buque. Tranquilo rio de la plata que a tantos llevo de un lado a otro. Recuerdo haber leído en un temprano periódico bonaerense, una reseña sobre la llegada del mítico poeta español Federico García Lorca, de cómo se refería al rio, al tranquilo rio. Yo iba dentro de un enorme buque y apenas presentía la nueva ciudad cuando de pronto desembarcábamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ruedo por la avenida Córdoba y claro que me deslumbran esas antiguas construcciones, esos son los guiños que hace Buenos Aires. Las esquinas a las que tanto les canto Borges en su Atlas. Encuentros de viejas calles que se saludan. Luego ese hervor de gente a todas horas que entre el bullicio y la joda, el caos y la desesperación se encuentran para llenar vacios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carne, carne de mi carne y no la carne de cañón. Cultivo de reses que crecen como crecerían las frutas en otras tierras. El aviso de ¡Parrilla!, brasas, carbón, chorizos, entrañas. Una elegante mesa vestida con los mejores trajes y las más finas copas es tan similar como una de plástico puesta en la acera y el hombre que te trae en una servilleta un invento argentino fabuloso: El Choripan. Nada más que un pedazo de pan abierto a la mitad y un jugoso y tierno chorizo, gordo y relleno como el mundo para calmar el hambre y unir gentes. ¡Dame un chori y una birra!...!Sale Chori con birra!...en la costanera, en la boca, en el barrio, en cualquier barrio, en la parilla, en el asado. Viene el Chori, la bondiolita al limón que levanta el humo de las brasas de su jugo que cae sobre las cenizas. No es solo hablar de un pedazo de carne, no es la superficialidad de hablar de un alimento. Es la carne la que define al pueblo Argentino que vive y convive alrededor de un asado, que se junta y se mira al tiempo de la cocción de un pedazo de carne que deja de ser solo un pedazo de carne para convertirse en un lazo. ¡Vamos a comernos un asadito!...! Dale!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La costanera al lado del rio de la plata, de la reserva ecológica alberga variados carritos que dejan salir sus olores variados de esa carne que se dora al carbón, todos con nombres de ensueño, con la misma variedad y un gustoso sabor, aquí es donde sabe muy bien la ciudad, puede uno decir que en verdad se come Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejamos atrás la carne y la sangre se convierte en letras y las letras en páginas y las páginas en libros y los libros buscan guaridas y aparecen cientos y cientos de librerías. Tantas y tantas para perderse en ellas. Buenos Aires es una ciudad para leerla y no morir en el intento de conocerla. Dicen los que saben de libros, de literatura y demás que el primer cuento latinoamericano; haciendo relación a carne y literatura, fue precisamente de un argentino, Estaban  Echavarría, con su cuento “El Matadero”, esto por poner algún dato que de seguro resultara impreciso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Corrientes discurre un sin número de librerías. En cada cuadra hay tantas como puedas contar. Nuevas, de viejo, usados, leídos, temáticas, saldos, de todo puedes encontrar. Lo otro son los horarios. Como para salir a la una de la mañana e ir por ese texto que te esta desvelando y te tienes que leer, esto es posible en Buenos Aires, por ese lado estamos salvados. Las grandes editoriales se alzan al lado de las de libros usados que se venden y se compran por pocos pesos, es posible alcanzar los libros en esta ciudad. Cuantas veces me vi perdido por las mismas librerías buscando y re buscando estantes para encontrar alguna joyita, a veces tienes éxito y en otras solo se exhibe lo vendible y lo de moda, entonces los Sábato, Borges, Cortázar y Bioy casares están a la orden del día y te puedes hacer la completa biblioteca de ellos por unos cuantos pesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no solo es Corrientes, es el parque Rivadavia, Plaza Italia, Plaza Francia, San Telmo donde encuentras libros por doquier. Pequeños puestos que atesoran toda cantidad de textos extraños, escolares, revistas deportivas, musicales, que no sabes a dónde mirar. Hablan los libreros cuando no pasan los clientes, empacan sus textos para que no se los coma el polvo de la ciudad.&lt;br /&gt;El parque Rivadavia me regalo un encuentro con un viejo amigo del colegio. Mientras husmeo en sus estantes, me saluda y nos reconocemos. Libros entre la amistad, la amistad entre libros. Escucho mi tonada, siento a un semejante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de los parques los parques, inmensos pedazos de verde para ser más anónimo en Buenos Aires y sumergirse en el lago de los bosques de Palermo tirado bajo la sombra de un árbol en los tiempos de verano y cobijarse en los brazos de una mujer en invierno y de nuevo en primavera, puede ser de la soledad, mi hermosa soledad. Reposeras al viento, al sol, termos metálicos y coloridos para regar el mate, la yerba, galletas y galletitas, sábanas y mantas, enamorados y amigos, jugadores de la pelota, lectores solitarios y de nuevo los enamorados. Patricios, Centenario, Lezama, de Nuevo la costanera, tanto verde para poder escapar y de nuevo no morir en el intento de conocer la ciudad, para que no te coma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo viejo…lo antiguo, lo de ayer, fachadas donde crecen plantas, edificios que se niegan a morir, esa vieja Buenos Aires. Montserrat, San Telmo, La Boca, Palermo Viejo por nombrar alguna cosa. Y en lo viejo calles con nombres que resuenan, avenidas para pasar con saltos olímpicos.&lt;br /&gt;Desembarco de inmigrantes en la boca, pintoresco ayer que hoy se tiñe de fútbol y rueda la pelota y de color, bajo flashes de turistas y canticos deportivos. Muerte entre bosteros y gallinas, entre Fernet y birra. De nuevo atravesados por asados y carne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminemos en San Telmo para seguir con lo antiguo. Mares de gente por la calle Defensa, paños de artesanos tapizando las aceras. Ropas, discos, accesorios, recuerdos, suvenires de todos los tipos y otro amigo vendiendo libretas para anotar pensamientos con el objetivo de que no se los lleve el viento. Siempre me llevaba el camino a él y terminábamos cantando bajo el influjo de la cebada. Mientras pasaban las murgas cantando con otro batallón detrás de ellos y la gente casi sacada por el ritmo de los tambores, toda una fiesta. El viejo San Telmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y de los cafés en Buenos Aires. Algo más que una bebida, la perfecta excusa para perder o invertir el tiempo en cafetines con amigos y pasarse hablando como bien saben hacer los porteños cuando quieren escuchar, porque para hablar primero hay que escuchar. Aprendí de los cafés que su precio no va en la taza que bebes si no en el tiempo que ganas conversando y en la galleta que endulza la palabra. Están los re nombrados cafés y el cualquier café de anónimas calles que tienen la misma función e igual magia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra ciudad es la de sus artistas, grandes por talento e ingenio. Gracias LES LUTHIERS por existir  y seguir resistiendo a punta de risas. Cuanto genio hay en estos cinco hombres que se renuevan con el pasar de los días. Abre el telón del Gran Rex y por espacio de dos horas no puedes parar de reírte y te duele la barriga, se saltan las lágrimas y sales mucho más liviano. Luego entras al ateneo y ves a Melingo haciendo una perfecta milonga, haciendo piruetas sobre el intimo escenario que esta tan cerca de nosotros, piruetas con los instrumentos y el cuerpo, su maldito tango lo transforma hasta la locura golpeando todo tipo de instrumentos para volverse y volvernos loco, esa es la Buenos Aires que perseguía y a ratos pude encontrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego de este mar de gente, en Buenos Aires puede aparecer alguna sirena que te robe el corazón, una mujer del Caribe para saldar las cuentas de las heridas que deja la ciudad y resarcirse con afecto, ternura… Amor, y poder ver el otro color del monstruo gris bajo los brazos de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También estuvo el amigo que me llevo a navegar entre bicicletas y a quien debo muchísimo, el que fue mi hermano en Buenos Aires, el que ama los pedales y a su bella familia, el que me abrió sus puertas cuando más lo necesitaba y luego me dio un abrazo para poder partir tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me despide una mujer que es todo un personaje, que merecería más páginas e historias. Betty, mi casera, una porteña diferente, pero porteña al fin y al cabo. Que ama por sobre todo a su Buenos Aires querido, que canta sus tangos como canta la música francesa de Edith Piaf y te habla de Europa como de la pampa, la que fuma sus cigarros desde la ventana de un piso 11 en el ombligo de Buenos Aires, en corrientes y callao. ¡Mirá que vista Che!, me dice, estas en el ombligo de Buenos Aires, recalca. Ella y sus viajes, sus hijos, sus amores, las muertes, la gente de sus cuartos, su tranquilidad y estilo peculiar. Me despide con un buen churrasco, un vino, unas deliciosas empanadas porteñas cortadas a cuchillo. Quiero que el último churrasco te lo comas conmigo, me dice. Así es. Esos vinos, la conversación sentida, un vínculo bello que deja un buen sabor de gente, de esa gente que todavía hay en Buenos Aires.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esos fueron…mis otros Aires.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-4075118974277074061?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/4075118974277074061/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=4075118974277074061' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4075118974277074061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4075118974277074061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/02/buenos-airesel-otro_21.html' title='Buenos Aires…el otro..'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7869486338135456887</id><published>2010-02-04T10:56:00.003-05:00</published><updated>2010-02-21T10:30:46.954-05:00</updated><title type='text'>Buenos Aires – Mar del Plata, o el paso a la libertad.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Este viaje ya no será el mismo desde la estancia en Buenos Aires. Fue como un tajo al espíritu parar en un monstruo de ciudad como esta. No me equivocaría en decir que fue mucho más emotiva la salida de aquí que cuando partía de mi querida Medellín. Años planeando la salida, el tan anhelado viaje y aquel momento llego. Pero ahora todo era diferente. Antes de la partida no sabía con lo que me iba a encontrar y de alguna manera vivía en mi ciudad, trabajaba, tenía una cierta vida regular y la partida llego con la emoción que debía llegar, obnubilado por cada experiencia nueva pero con una previa continuidad de vida. Aquí todo paro de golpe por las circunstancias monetarias que me trajeron a esta ciudad sin saber lo que me iba a encontrar, ya anteriores escritos han dado cuenta de las caras de esa ciudad, por eso fue tan especial este nuevo comienzo, la otra etapa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Todo es un continuo aprender en esta vida, cuando crees que lo tienes todo bajo control viene un suceso y otro a demostrarte que nada has aprendido o que lo vivido son solo recuerdos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Tenía que poner todo en mis alforjas de nuevo, bajar peso, reorganizar, buscarle un nuevo sitio a los implementos de viaje. Unos nuevos, otros los mismos, las mismas alforjas, la nueva bicicleta, ropajes que iban y venían, lo de aseo, implementos de cocina, repuestos para la bici, nueva ropa para enfrentar el frio patagónico, cuadernos de viaje, la nueva computadora; por aquello de entrar en la onda tecnológica, cuestión que todavía me cuesta, bajar equipaje y darse cuenta que se sigue cargando con mucho y que en ultimas la vida entera cabe en dos mochilas, lo que queda por fuera no va, sobra, es añadido inútil.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Con gran esfuerzo monte la bicicleta en la puerta de la Avenida Callao 433, esquina Corrientes, en la que fuera mi casa por la mitad del tiempo que estuve en la ciudad. Tanto peso para llevar por medio continente, sientes que no puedes, pero todo empieza a rodar y…empieza a rodar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Un frío y oscuro Buenos Aires me despedía, quieto Buenos Aires, temprano Buenos Aires. No le puedo pedir mucho a esta trasnochadora ciudad. Tampoco quería guirnaldas a mi paso, su silencio e indiferencia me bastaban, ese era el verdadero homenaje para mi salida. Un punto azul (la bicicleta), cargado de amarillo (las alforjas), con un sujeto de casco extraño prominente (yo), bajando por la calle Corrientes rumbo al obelisco, un último vistazo, quieto, incólume en su blancura mirando al cielo y dejando abajo a todos sus mortales porteños que se mueren por llegar a la cima. Avenida 9 de julio camino a Constitución, la estación de trenes que me sacará de la ciudad, después del susto no hay que arriesgar. Que linda Buenos Aires, me dejaste cargado de un miedo estúpido, así cargas a tus hijos parias, les dejas ese regalito, un sucio y pesado recuerdo. Con él me monte al tren, yo que tanto odio al miedo, que tanto me asquea, que me lo saco de los bolsillos cuando se me cuela alguna migaja. El primer vagón, camino a la ciudad de La Plata. No hay nada de que temer loco, laburadores todos, quedáte tranquilo. Sucio y despintado vagón, pequeño, un vagón a la libertad. Por su pequeña ventana sentía ese olor único, característico de quien quiere emprender vuelo, de quien deja todo atrás y se monta a tomar las riendas de su vida. Una que otra historia en el furgón de las bicis. El del tipo que se le ha muerto su yegua que quedo segunda en la última carrera, tenía que ir por ella al hipódromo…¿Tenes un cigarro?...de segunda llegó, y bueno que se le va hacer, ya fue, me dice. Por breves trayectos el pequeñísimo vagón se llenaba de una cantidad tal de bicis que me veía acorralado en mi rincón, con cara de yo no fui y sin querer hablar mucho. Los banderines en mi bicicleta me delatan, las alforjas, no vengo de cerca y voy para lejos, es evidente, entonces parece que hay un respeto por el que va, ya no temo a nada, he arribado a La Plata.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Como si montara la bici definitivamente, como si partiera al infinito y más allá. Cambia la forma de ver las cosas, la luz es de un tenue maravilloso, el sol no golpea, solo cumple su función de calentarnos el espíritu y la gente bien lo sabe, su sonrisa y tranquilidad  me lo comunican. Me doy cuenta al preguntar una dirección y recibir una respuesta con total cordialidad…!Buen viaje Flaco!.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Como cerrar y volver a abrir los ojos en un lapso de tiempo indescifrable. Ahí estaba la ruta, su verde, sus kioscos a lado y lado, el perderse en la nada de la naturaleza, volver a ser saludado por pájaros y vacas que a mi paso perplejas atienden a mover sus orejas. Ahí estoy yo, rodando a 25 kilómetros por hora de nuevo con el corazón en la mano, con un destino próximo que para mí siempre es la cumbre más alta, el premio de montaña de una vuelta al mundo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Primera parada, Punta Indio. Un camping familiar al lado de una playa que forma el todavía Rio de la Plata. Uno de esos tan comunes camping familiares con los que me voy a encontrar por todo el camino. Hay que reconocer que los argentinos saben de campings y no en el sentido de saber mucho de la materia, me refiero a saber disfrutar de ellos. Sus consabidas reposeras, esas sillitas multicolores, el infaltable mate, unos fiambresitos y no falta nada más. La suerte de todos mis ángeles que me acompañan hacen que el camping me salga gratis. La travesía cumple sus cometidos. ¿De dónde venís?, Colombia digo, dale tranquilo quedate que es gratis no hay problema. Luego me veo rodeado por los infaltables personajes de siempre, los niños que con sus preguntas mil no dejan de maravillarse así no tengan idea de en qué lugar esta Colombia. Ya en el camping todo es tranquilidad, familias que me acogen y puedo conversar, darse al gran gusto de la conversación. ¿Tomas mate?, cuantas veces voy a escuchar esa pregunta. Claro que tomo. Además de gustarme la yerba, para mí es el pretexto perfecto para conocer de los otros, ese es el otro viaje. La familia que siempre viene a este camping, ya son 7 un numero que en nada disminuye las ganas de viajar. Los López que son solo 4 y me invitan a unas hamburguesas a la parrilla, sigo alimentando más el alma que la panza. Hay tiempo para mirar el rio que se fue con la tormenta del día anterior en la mañana y a la tarde vuelve, ¡que sabias que son las aguas!, habrase ido un tanto a conversar con la mar cercana en la mañana mientras las familias duermen y en la tarde regresar para dar un poco de divertimento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Caminos solitarios estos de la Argentina que me hacen hacer esfuerzos que creía olvidados. 160 kilómetros de pedaleo para una segunda jornada no están nada mal. Tenía que seguir en búsqueda de mi resguardo y los mapas y señales me hablaban de un paraje lejano. Pero una pintura que se ha hecho común en esta etapa del camino lo iluminaba. Extensos, interminables sembrados de Girasoles. Inmensos Girasoles creciendo sin cesar, propagándose por los campos. Molinos a su lado donde el viento, este del sur, sopla con furia, estrechas avenidas que me hacían hacer piruetas entre el viento y los camiones para no ser arroyado. Inevitable ver un molino así estos tan comunes y no pensar en Don Alonso Quijano, batallador de sueños, él en su “Rocinante”, yo en mi “Maleva” seguía su sombra, la de todos los que queremos ser terriblemente locos, locos por la libertad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Se abre la puerta en otra comisaria de policía, en un pueblo perdido; General Conesa, y no entro como maleante, soy un viajero de kilómetros y países. Soy bien recibido, más mates, más charlas, pero el cansancio me vence, rápido a la carpa después de que el frío cale en los huesos, presagios del sur.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Voy camino de la mar, siempre en búsqueda de ella y me interno en una ciudad llamada “Villa Gesell”, me reciben amigos que no conozco y que basta mirarlos para reconocernos. Un asado, la arena y justo al lado, a unos pasos, el soberano mar. Hay que hacerle la reverencia a su verde y su infinito. Aunque la playa sea de esas destinadas al turismo, aunque se plague de familias y jóvenes, el mar se sostiene en su extensión y su incontenible belleza que aquí no es menos. Esperaba encontrarme con menos por lo dicho en boca de los mismos argentinos, pero he aprendido de las múltiples caras del mar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Leo a Villa Gesell como un gran parador turístico, que se activa por estas épocas donde somos como hormigas en la calle, pero se apartar esa vida efímera que se da por temporadas para mirarla en su contenido real de casas que armonizan con el paisaje, de calles de arena que no violentan el paso del tiempo para conservar lo propio. En sus alrededores existen otro tipo de parajes con mucha más belleza aun. Aunque un tanto intervenidos por la mano del hombre y hechos para cierta clase social, lugares como Mar de las Pampas, Carilo, se mantienen en su belleza y combinan un perfecto bosquecito de pinos, con casas de madera y luego el mar. Pero para mi sorpresa, el hombre se lleva sus artificiales mundos con él y puede en medio de estos bosques armar un perfecto centro comercial donde exhibe sus autos y sus marcas de ropa, como si esto le imprimiera un glamur, sin saber que la sombra de los árboles y la estela de hojas que caen ya de por si son la perfecta gala que la naturaleza regala para embellecerlo todo. En medio de ese bosque donde mi amigo Alejandro hace su programa de radio “Después del chapuzón” tuve una entrevista. Era más una charla de amigos para comentar mi viaje y esta nueva etapa que ahora comienza. Contar anécdotas, formas de ver a esta gente que está fuera de la capital y que no me canso de repetir es la verdadera Argentina. Tan ajena al acoso de tiempo y su falso devenir, su ritmo de tun tun acelerado, estas ciudades se miran, se reconocen, se dan un tiempo para la conversación, es por eso que puedo estar entre amigos y charlar sin que pareciera que delante mío tengo un micrófono.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Villa Gesell me despidió con música, que mejor despedida. Por aquello de estar en pleno verano las actividades culturales están a la orden del día. Cuento con la suerte de ver en vivo a quien tanto escuche en Buenos Aires, al bueno de Kevin Johansen, que en sus propias palabras se diría un desgenerado de la música por no tener un ritmo que lo encasille, eso lo hace mucho más libre y suenan la flauta traversa, los bongoes, el charango, suena su intima guitarra acústica y su profunda voz. Kevin le canta a todo, puede cantarle a su hija que ha visto dormir en el calor del verano y a esa misma que se mece en un columpio, allí hay una canción, con esa sencillez tan suya y con una gala de virtuosismo y humildad su banda se deja escuchar en el centro de Villa Gesell, para mí es una fanfarria de despedida irme con los oídos y el corazón lleno de música, no puede haber mejor alimento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Retomo el camino de la costa para ir a otro de esos lugares donde estalla la gente, me refiero a Mar del Plata. Voy pedaleando bajo un sol intenso, voy entre extensiones de tierra y justo a la altura de Santa Clara aparece. Es el mar haciendo una perfecta entrada. Tiñendo al viento de de ese dulce olor salada que se te mete por los poros. Hay que saludarlo, hacerle una reverencia. Te acarician los colores, el verde turquesa y el azul de variadas tonalidades. Veo la ciudad a lo lejos bajo esa bruma de las grandes ciudades, me acerco cada vez más. Me gusta la sensación de ir viendo como la ciudad se acerca al ritmo del pedaleo, así la voy dibujando. De repente me veo circulando una gran avenida de gente que quiere desembocar a la playa, con sus reposeras, su termo para el mate, sus sombrillas de playa. Salen de todas partes y una fila de carros secunda al mar. Son cientos, estamos en temporada y este es uno de los lugares más visitados de toda la Argentina, sobre todo la gente de Buenos Aires que parece que se volcara en una sola a estas playas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Aquí me esperan otro par de buenos amigos, Brian y Aldana. Viajeros, músicos, literatos. Amigos de corridas por el mundo que conocen de caminos. Se instalan lejos del bullicio en la otra Mar del Plata. Su rincón me acoge como al que más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;De esos lugares grandes y congestionados me quedo con pocas apreciaciones, parece que ya todo estuviera dicho y que el bullicio no dejara llegar las palabras. Camine la rambla que va paralela a la playa y cada vez veía más gente aquí en “la feliz” como apodan a la ciudad. Cada playa traía más gente que la otra, era una colmena de hormigas con sombrillitas de color, hasta tuve la osadía de meterme dentro del tumulto y esquivar una que otra pelota playera. Fui hasta las rocas y entre pescadores veteranos y aficionados, enamorados tostándose al sol y chiquitos dando brincos vi otra cara del mar. Me fui casi hasta el puerto para saludar de lejos a los barcos y regrese a casa cuando ya caía el día llevándome esa imagen de la ciudad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Prefería volver a casa a conversar con mis amigos, escuchar las recomendaciones musicales de Brian y las literarias de Aldana, hablar de sus recorridos por Europa y Latinoamérica a dedo con bandoneón y guitarra, viviendo otra forma de viajar muy similar a la mía. Se extendía la conversación y se cerraba el telón de Mar del Plata, pero se abría toda la Argentina para mí en un recorrido que apenas comienza.  &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7869486338135456887?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7869486338135456887/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7869486338135456887' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7869486338135456887'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7869486338135456887'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/02/buenos-aires-mar-del-plata-o-el-paso-la_04.html' title='Buenos Aires – Mar del Plata, o el paso a la libertad.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-831915162814436793</id><published>2010-02-04T10:54:00.005-05:00</published><updated>2010-02-21T10:32:15.766-05:00</updated><title type='text'>Buenos Aires o del beso judío.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;br /&gt;Fue en la esquina de Bartolomé Mitre y Rodríguez Peña. Otro más que se le vino la vida encima y decidió lanzarse al pavimento desde las alturas en esta ciudad que aniquila sueños y esperanzas. Al lado de su cuerpo inerte cubierto por un plástico negro corre un hilito de sangre que se convierte en un pequeño charco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Yo llegaba en primavera ingenuo de todo lo que aquí acontecía, todavía no intuía esa sonrisita sospechosa en los labios de las mujeres que transitan por las calles porteñas, una sonrisita que encierra mil intenciones, la primera, la de la seducción.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Han sabido vender bien esta ciudad, el marketing les ha funcionado y como muchos fui presa del espejismo que se disfraza de ciudad y que dentro esconde una poderosa fiera que resopla de odio e indiferencia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Buenos Aires es esa puerta falsa de una Europa que muchos quieren alcanzar y no pueden, es el sueño del sur, el otro norte donde no se permite la entrada. Pero no es Europa y me temo que Latinoamérica tampoco. La identidad aquí se diluyo entre tanta migración, negro e indios desaparecieron y con ellos un ser se fue yendo. Vengo de una ciudad enclavada entre montañas, nos sumimos en un valle pero nos reconocemos un tanto más en una unidad de continente, con unas costumbres más nuestras y aunque este a nueve horas del mar sigue siendo el trópico, la condición de Caribe es la que impera en nuestra región. El Caribe es un concepto que va más allá de la palmera y el coco. Es una actitud de vida ante la vida así suene redundante.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En este extraño sur de variadas estaciones el Caribe se pierde, no existe. Como diría el Gabo, el Caribe comienza en Nueva York y termina en Brasil. Y digo que no existe en eso exótico que escasea, la ausencia de frutas, sabores y colores. Por supuesto hay otros aires aquí pero no sé si son buenos. Aires de extremo miedo y paranoia, aires de individualidad y egoísmo, aires de urbe arrogante que se viste con ropajes antiguos y que ahora son hilachas. Se me antoja que es como la imagen de ese mendigo con ropas raídas que ves sentado en la banca de un parque en el que intuyes que en antaño fue prospero. Todavía lleva un sombrero de copa aplastado y agujereado, viste un sobretodo largo y sucio así haga calor, puede sacar de sus bolsillos una boquilla partida para fumar las colillas de cigarrillo que recoge del piso y sueña que se come un bife de chorizo, unas milanesas, un sándwich de roquefort, una picada con todo tipo de fiambres, un pollo al verdeo con purecito de zapallo, cuando solo cuenta con las migajas de pan que saca de su otro bolsillo. Este mendigo solo sabe del baile pasional y profundamente triste que invento en estos Aires, el Tango, el bendito y el maldito, melancólico y arrabalero. Por eso este mendigo se queja cuando habla, su canto y su hablar es una eterna queja. Antes se quejaba de todas esas minas que no fueron suyas, ahora el quejido es un canto colectivo, un coro de mendigos pro esos manjares que le son negados y por las zapatillas que le robaron, por las nuevas gripes que lo aquejan y que su gobierno pinta como pandemia queriéndolo alejar de los otros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;También buscaba ese baile, ese canto que es la única y más profunda expresión de un pueblo, aquel que no se canta y se baila muere en su silencio. Venía a perseguir la milonguita de los cafetines y me encontré con otro producto de mostrador empaquetado con precios altísimos para extranjeros. Copa, cena, show, show prefabricado en lugares de lujo que el tango mismo no conoció. Excursión para escuchar la comparsita y mi buenos aires querido en algún suntuoso local de la Boca, Puerto Madero o la Rural donde sumisos turistas con cámara en mano disparan los flashes al espectáculo que más tarde verán en casa. Esos cuatro pasos y la coreografía fría de todas las noches encanta y les encanta, esa es la magia del Buenos Aires turístico, de la puerta del hotel al local, de noche y con vidrios oscuros para que la miseria de la ciudad no se vea mucho. Al ritmo del 2 x 4, con bife y botella de vino sale el turista convencido vivió una autentica experiencia local.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Todos caemos, yo anotaba esto en mis blancas libretas de apuntes a la llegada a Buenos Aires en aquella primavera:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Vengo a coquetearle a esta Buenos Aires, de parques varios, de mujeres al sol, de edificios plantados cientos de años atrás a los que todavía se les caen algunas flores. A esta ciudad tan desesperadamente cantada por tantos apenas la camino haciéndole guiños desde las aceras. Me asaltan avenidas que conocía en poemas. Aquí está la sombre de monstruos que se hicieron de letras. Palpita de esta forma tan extraña, con un tiempo tan desigual, las formas del pasado en viejos apartamentos. Este presente transfigurado con un sentimiento del pasado es el que habla aquí. Tengo miles de nombres y plazas en la cabeza, tantos cafés por descubrir, me espera el canto de la uva y el grito melancólico del tango que todavía no escucho, a pesar de haber visto algunos en la cara de los viejos, porque ese ritmo tan argentino no solo es una nota tras otra y una musiquita venida del bandoneón, aquí eso existe en todas partes y es un aire que se respira, así como en Brasil me atacaban las notas de la Bossa nova por las calles de Rio. Toca el viento de la primavera en Buenos Aires y se pone más tarde el sol. Tenemos días por vivir y noches por parir antes de que germine mucha más nostalgia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Vi en las calles, en esos tempranos días bonaerenses una experiencia más verdadera que tenía que acontecer solo allí. En esa gran avenida de Mayo cerraban un gran pedazo y la regaban con música y orquestas típicas, a la gente no le quedaba más opción que volcarse al pavimento y dejarse ser, sentirse piel a piel en el arrebatado ritmo pasional y sensual del bendito tango. No había edad ni condición social, aquí el tango se daba como es, o más bien como debería ser, de todos y para todos. Pensaba en Nietzsche parodiándolo un poco con aquello que decía: “No creo en un Dios que no dance”, yo no podría creer en un pueblo que no dance y no se encuentre en ese íntimo ritual. Ese espectáculo me había tranquilizado un poco aunque el producto empaquetado se seguía vendiendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Viviendo una ciudad en su día a día se le quita la máscara que el mercado le ha impuesto y aquí pude ver más allá del glamur que le ponen a Buenos Aires. De aquí para allá trasegué por posadas, pensiones, hoteles y residencias como un paria en tierra de exiliados. Bolivianos, peruanos, paraguayos y en el mayor y más triste de los casos por lo que me toca. Huyendo de lo que les fue negado encuentran en este espejismo un oasis, una ilusión que por contraposición de nuestra realidad resulta medianamente paradisiaco.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En esas posadas y residencias de estudiantes y habitantes pasajeros se empezaba a caer el velo de la ciudad. Los mismos platos, las mismas comidas, la necesidad común, la angustia colectiva, la nostalgia por la tierra. ¿Dónde están las frutas miles, el calor del trópico, de gente, donde la sonrisa que no sea la irónica del porteño? Ese que putea como idioma común. ¡Qué hijo de puta! ¡Andate a cagar! ¡La Puta que te pario! ¡Andate a la concha de tu madre! ¡Sos un tarado!...”No es que estemos enojados, es que hablamos así, somos así”, le escuche decir al antropólogo argentino Néstor García Canclini desde tierras aztecas. Yo me sigo preguntando el porqué de esta actitud que no abraza, que no conoce de su propia tierra, que siempre esta mirando para afuera y desdeña sus producto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;El porteño que es el que me ha tocado vivir, grita para alabar su carne y vino; exquisitos por demás, y canta en los estadios a vivo pulmón, aunque ahora sea época de vacas muertas y cueros rotos. Hay un cadáver no tan exquisito paseándose por las calles de Buenos Aires, es una melancolía por la prosperidad del pasado y ahora esa melancolía se transfigura en la cara de la miseria de esas familias instaladas en las aceras de las calles, de cualquier calle y también en esa rabia de un pueblo que no aguanta la desfachatez de sus dirigentes que desangran las riquezas del estado. Una frase desesperanzadora escucho en los labios de la gente siempre: “Es lo que hay”, como si no pudiera haber más, como si no fuera a haber más. Hay poco, hay nada, hay todo a medias, hubo ferrocarril, hubo progreso, hubo prosperidad. Ahora hay miedo y desesperanza, esos síndromes tan de nuestro tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;En Buenos Aires fui despojado de mi compañera de viajes aquel fatídico 7 de Agosto cuando cortaron la cadena que la ataba al puesto de diarios y se la llevaron no sé a dónde. Pero es el pan de cada día de nuestras grandes ciudades, miles de historias de bicicletas robadas, de vidas robadas por la desesperación y el consumismo. En Buenos Aires conocí la villa 31 donde también tuvo precio mi curiosidad. La ley del gueto no admite forasteros, carne de cañón, perro come perro. Un mundo que la misma Buenos Aires desconoce o no quiere mirar. Tal vez uno que otro programa “periodístico” amarillista que se jacta de tener corazón tocando las puertas de la miseria con sus cámaras solo para alimentar nuestro morbo. Las villas son el mundo entero, son el resumen de una sociedad que niega y entonces la vida tiene que buscar escapatoria en cualquier hueco, pegar sus casas con babas y cartón. Multicolor espacio lleno de vida por doquier, la vida abriéndose paso con voracidad. Una Latinoamérica unida por la necesidad toda junta. Aquí no hay glamur, no hay gaseosa servida en copas ni menús con nombres raros, un pizarrón y una tiza basta para proponer la comida del día, Perú, Paraguay, Bolivia, Colombia todos presentes, la América mestiza y olvidad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Buenos Aires es un sueño del que quiero despertar y del que ella misma tiene que despertar para mirarse, pensarse y caminar en dirección a sí misma. Para que no la sobrevivan esas nuevas formas de dictadura que tanto le pesaron tiempo atrás.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Que no siga pasando como canta Fito…”La Argentina ensimismada, que contiene enciclopedia de uno mismo…” que la casa no desaparezca…nunca más. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-831915162814436793?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/831915162814436793/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=831915162814436793' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/831915162814436793'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/831915162814436793'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/02/buenos-aires-o-del-beso-judio_04.html' title='Buenos Aires o del beso judío.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-72890274035365329</id><published>2010-02-04T10:34:00.002-05:00</published><updated>2010-02-21T10:32:47.410-05:00</updated><title type='text'>Montevideo, escuelas de Café.</title><content type='html'>&lt;div  style="text-align: justify;font-family:arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;En un libro de viajes las páginas sí que no suelen ser continuas. Aquí, para traer estas letras hubo un largo silencio de más de un año y para el cómodo lector no es más que la sucesión de capítulos, o kilómetros como lo es en este caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo desde el otro lado del río de la plata lo que aconteció al otro lado. Todavía tengo en la piel y el corazón los recuerdos del amigo en aquella playa. Me fui abriendo camino a la capital, Montevideo, por una suerte de bellas playas y con la mar siempre de compañera. Me saludaba la blanca casa del pintor Carlos Páez Vilaró donde el color saluda de cara al mar y el blanco y el azul se funden. Visitantes ilustres como el gran Vinicius de Moraes fundieron copas hablando de la vida. Yo seguía mi rumbo buscando la mía. El camino no traía mayores problemas y rodaba con tranquilidad. En Atlántida, un pueblo costero, me detuve a mirar el mar y juro que me daban ganas de dejarlo todo y entregarme a las placidas olas. Mi compañera de dos ruedas me miraba de reojo y también descansaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos kilómetros me separaban de la capital, de otra urbe, de otro centro. Previamente había hablado con quien me daría hospedaje, mi amigo Javier. “Venite por la rambla” me dijo. Ves entonces a la entrada de Montevideo una glorieta que te marca el rumbo, si quieres entrar hacia el centro o maravillosamente bordear la ciudad por la rambla, yo decidí lo segundo por un buen consejo. La rambla de variados nombres en todo su largo trayecto es como un gran malecón que bordea a la apacible Montevideo. ¿Porqué habrá ciudades con las que se hace más fácil conversar? O por lo menos escucharles sus profundos silencios y en ese acto establecer el dialogo. Así me paso con Montevideo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Montevideo es una ciudad en la que se puede caminar y con la que se puede caminar. Como ir con un amigo mirando al frente, en silencio, y así decirlo todo. La Rambla, esa especie de malecón me fue llevando y no había forma de perderse. No es el mar con lo que te encuentras, es el inmenso Río de la Plata, una mezcla apacible de aguas formando tímidas playitas donde la gente va a encontrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Malecón, que mezcla mágica de rocas con miradores y aceras para caminar, montar en bicicleta, trotar o lo que sabe hacer muy bien este pueblo: tomar mate. Se ha regado bien la yerba por estas tierras. Inseparable mate y bombilla para conversar hasta que caiga el sol. Los veo por todas partes con su termito, es parte de ellos, no le puede faltar a un uruguayo, su mate y sus galletas. Lo vi, lo vi al loco aquel cebando mates en su bicicleta, ingenioso malabarista de la tradición. Qué bien sabe el mate en estas tierras. Aquí donde la gente sabe escuchar y es un absoluto ritual tomarse unos matecitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la rambla hay gente por doquier pero hay tanto espacio que puedes encontrar tu sitio para posarte mientras cae el sol o hasta en la noche. La gran acera y la inmensa avenida son como un respiro entre el rio y la ciudad que toman distancia para convivir en armonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que ese primer día montevideano además del cálido abrazo de amigos que se reconocen por quien fuera muy bien recibido, una redonda y desbordante luna se alzaba en el cielo para mi deleite. Nos fuimos más allá en automóvil para coronar un pequeño cerro desde el cual se contempla la ciudad, otra cara de ella. Así deja uno la porción de rambla, se adentra por el salvaje centro y va viendo esos rostros de la noche y me cuentan de la realidad del “paco”, esa droga hecha de residuos que consumen ahora los jóvenes de estratos bajos, bajos precios para taladrarse la cabeza. Vamos subiendo por barrios populares y recuerdo el olor a pescado, no se porque pero todavía lo recuerdo. Luego estamos en el cerro, justo en su cima que tampoco es muy alta y da paso a otra porción de Montevideo. Con sus contradicciones de buena capital latinoamericana y un edificio que construyo la estupidez de ser más, otro juego político. Al fondo un pedazo de centro donde se deja ver lo mejor, es decir los muelles, el puerto donde anclan enormes barcos. Siempre trayendo sus historias del mundo. ¡Qué bellos que son los puertos! Son como almohadones donde reposan estos titanes después de la gloria de llevar el mundo a cuestas y atrás, más allá el infinito, el río que mas atrás conversa con el mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que vivir mi primer asado en estas tierras. Una reunión de hombres hambrientos alrededor de los leños y esa carne tan de aquí, las verduras bordeándola y todo tipo de asaduras también. Nos encontrábamos en un lugar desde donde divisábamos Montevideo, le veíamos la cara mientras había sol y luego veíamos como se encendían sus luces. Se derretía el sol en el rio de la plata. Aquí la carne esta mas allá del simple acto de engullir un pedazo de animal. Es la perfecta excusa para la reunión de amigos donde correo el vino y la conversación. Así voy entrando en los ritos de cada pueblo, comer un asado es uno de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo pasó y tenía que ir a conocer la otra cara de la ciudad adentrándome en su centro. Montevideo es una ciudad bien particular ya que se puede dividir en ciudad vieja y nueva. Justo hay una puerta que marca esa división. Una inmensa y antigua puerta que da entrada a la ciudad vieja, esa que desemboca al puerto. La puerta que en verdad es una construcción inmensa se encontraba en restauración, tapada por unos velos negros no me dejo verla tal y como es, había una foto de lo que fue y esa imagen me lleve. Me gustaba como iba todo en dirección al puerto y entre construcciones viejas y cafés se iba sucediendo la ciudad. Es imposible estar en esta ciudad y no pensar en tipos grandes como Onetti, Benedetti y para mí el más cercano Eduardo Galeano, ilustres habitantes de esta ciudad que escribieron sus historias en cuartos, en el exilio y sobre todo en cafés. A Galeano le encanta decir que su universidad fueron los cafés de Montevideo y que fue en sus mesas donde se hizo, escuchando historias y aprendiendo de los que las contaban. Lastimosamente eso ya no es tan así, veía los cafés desde afuera, no quería dármelas entrando y reviviendo viejas historias, los observaba como a una vitrina pero me gustaba pensar cómo sucedieron las cosas ahí dentro cuando tenían que ocurrir. Como se formaban folletines y futuros periódicos y revistas y como esos jóvenes hombres se la jugaban por un ideal y escribían desde la necesidad con todas las dificultades que representaba para la época, desde lo político hasta lo práctico. Sin embargo me picaba la curiosidad de saber que todavía el café al que siempre asistió Galeano se encontraba en funcionamiento como años atrás. Fui con mucho ímpetu a conocerlo y me encontré con que estaba cerrado, había ido en la noche y me dije que al otro día lo encontraría abierto, pero cuál sería mi sorpresa al leer el cartel que no había leído la noche anterior que anunciaba cerrado por reparación, próximamente reinauguración. Pase de nuevo como un obstinado al otro día porque no me cansaba de dejarme estar en el centro de Montevideo con sus placitas y sus corredores antiguos. El café seguía cerrado efectivamente, pero en el centro tenía una pequeña puerta abierta, aproveche y me cole pidiendo permiso. Es un café bastante pequeño, muy tradicional. En el centro había un par de hombres haciendo cuentas. Todas las sillas estaban sobre las mesas. Dale seguite, tranquilo, me dijeron. No lo podía creer, por fin conocía el café. Tenía hasta mas merito conocerlo así, cerrado, sin gente. Les conté del porque estaba allí, bueno igual también muchos persiguiéramos lo mismo y cansaríamos al pobre de Galeano perturbándolo mientras tomaba su café. Si, ahí se sienta siempre Eduardo, viene se toma un café y empieza a escribir, me decía el tipo. Cuantas páginas se habrán escrito en esa mesa, cuantas que nos conmovieron y nos siguen conmoviendo. Cuantos versos del libro de los abrazos se habrán gestado allí. Esa para mí era la magia del café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Montevideo dejaba un gran amigo de esos que reconoces apenas los ves, una de esas personas que en adelante cargaría en la mochila y de los que se siguen quedando con gran parte del corazón. Hombre de conversaciones mil, volcado a la literatura como un escape a la vida y músico para seguirle el ritmo a la misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había decidió salir de Montevideo tomando el buque bus que cruza el río de la plata. Por cuestiones económicas debía aligerar el paso y saltar el charquito que divide estas ciudades. Salía en la madrugada, nunca había cargado a mi compañera de noche, ni siquiera dormí, seguimos derecho en esas conversaciones que tanto me gustan. Anómala hora de salida cuando todos duermen y un tipo mete su vida en dos mochilitas para seguir con su sueño. Javier me acompañaba a esa hora mientras atento y ayudándome cargábamos la bicicleta. Un abrazo y al buque por esas dormidas calles de Montevideo. Tranquila Montevideo, recordada Montevideo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-72890274035365329?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/72890274035365329/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=72890274035365329' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/72890274035365329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/72890274035365329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/02/montevideo-escuelas-de-cafe.html' title='Montevideo, escuelas de Café.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-8228749406892311707</id><published>2010-01-15T11:37:00.001-05:00</published><updated>2010-02-21T10:33:19.956-05:00</updated><title type='text'>Punta del Este</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Sin mucho ánimo, más bien con una morbosa curiosidad me dirigí a esta ciudad. Renombrado en todo el continente como sitio de veraneo de ricos y famosos ya más o menos tienes una idea de lo que te vas a encontrar. Esto no me llamaba mucho la atención pero ya que estaba de paso, porqué no pasar un par de días en el. Es exactamente como me lo imaginaba. Te vas internando por una pila de casa lujosas, shoppings plantados a cada tanto como árboles al lado y lado del camino, restaurantes de lujo y tiendas de todas las marcas famosas.&lt;br /&gt;Tenía una posada y fui en búsqueda de ella. Con dirección en mano me interne en cierto barrio y me empezaban a intimidar las fachadas exuberantes de sus casas. Todas con sus jardines bien cuidados, garajes enormes y moradas de varias plantas para albergar un batallón y que de seguro nunca se llenan. En estas calles con nombres variados y donde las casas no tienen número si no un nombre me despiste para llegar. Luego de lagunas vueltas con la bici encontré mi lugar y así empezaron las buenas sorpresas. No estaba con las típicas personas que pueden habitar un lugar como este. Mi anfitriona tenía una modesta casa en la que vive con su esposo y sus dos hijos, además de su perrito. Magela es una mujer que le ha apostado por el lado alternativo y autónomo de la vida. Nada de horarios ajustados ni jefes, un delicioso anarquismo reina en ella. Diseña collares pulseras, en su taller ubicado en la parte de atrás de su casa, al lado del taller hay un inmenso árbol en cuyas ramas se gesta un proyecto hermoso, “la casita del árbol”. Junto con su esposo juntan tablas y clavos para diseñar una acogedora morada en las alturas y de altura diría yo. Se suponía que iba a vivir en la casita pero a mi llegada todavía no estaba lista, está en proceso, pero debes subir y tener una vista al mar desde allí, seguro que cuando este lista no querrás bajar de ella. Entre alambres, brocas, piedras de todos los colores, verduras variadas y especias vive Magela con su familia. Además del negocio de la bisutería, tienen también una línea de alimentos alternativos, maravillosos, berenjenas, champiñones, mermeladas que ella misma prepara. No todos tienen que jugar el juego de la oficina, el traje y los tacones, la empresa, la fabrica, para poder en este mundo competitivo. Es una hermosa sorpresa encontrarse con gente así y sobretodo en un lugar como este. Un lugar así debe ser mirado desde muchos puntos de vista. Me fui con la dama a recorrerlo, mi compañera habitual, curiosa como yo de conocer también quiere ver. Hablemos de Punta del Este en tanto espacio construido. Como lo dije antes, las tiendas de moda imperan aquí, vitrinas con maniquíes que lucen prendas de diseñadores famosos, los artículos deportivos en los que los deportistas se convierten en otro maniquí mas que adorna vitrinas, que teatral suele ser el mundo. Las avenidas son enormes pasarelas donde autos de lujo descargan pálidos turistas cubiertos con grandes capas de protector solar y sus consabidos anteojos oscuros, el guion y la consigna se sigue al pie de la letra. Cada vitrina, cada local por pequeño que sea acepta dólares y euros, a veces me siento en otro lugar y hasta pienso que los pesos uruguayos no tienen valor aquí. Por suerte he venido en temporada baja (que glorioso termino) y todavía las calles no se ven muy pobladas. Las listas de precios afuera de los restaurantes te ahuyentan, los crustáceos y los peces se diluyen en precios que llegan a las nubes como si estos fueran perlas preciosas que el mar se negara a dar, por supuesto no es así. En el puerto los humildes barcos de los pescadores descargan peces a granel. Es un espectáculo majestuoso, cada uno de esos barquitos llega constantemente cargado en su vientre con frutos del mar y es un festín para todos, las aves que revolotean esperando las sobras o uno que otro pez caiga de los botes y de otro lado los lobos marinos tan comunes allí, gigantes perezosos con la boca abierta y tostándose al sol., dicha de turistas que disparan con sus cámaras fotográficas. Barquitos multicolores con nombre ingeniosos, una pintura en fila con su cargamento y los puestos de pescado que los preparan para luego ser llevados a los restaurantes donde habían adquirido otro valor. La otra Punta del Este, la natural, tiene la belleza que le ha concebido la divina providencia. Este lugar es una punta con sus playas que reciben nombres distintos, playa mansa, playa brava. Es por la interacción del viento en sus arenas, en una golpea fuerte y  los tipos de las tablas remontan sus olas, en otra todo es calmo y tranquilo. El faro que en la noche tiene su supremacía se yergue inmenso y callado en el día y en la punta, en toda la punta del este ondea la bandera uruguaya con su vivido sol al costado, aquí golpean los dos vientos y las rocas puntiagudas hacen que solo impere la soledad de las aguas y el infinito a mi espalda, los cientos de edificios que atestaran las playas en temporada alta llenando todo de ruido y absurdo consumismo y en frente de esta solitaria plataforma, el mar, el soberano océano que está por encima de todo y en su rugir de olas deja que lo contemplemos para dicha nuestra.    &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-8228749406892311707?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/8228749406892311707/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=8228749406892311707' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/8228749406892311707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/8228749406892311707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/01/punta-del-este.html' title='Punta del Este'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-8384244875629411362</id><published>2010-01-15T11:36:00.001-05:00</published><updated>2010-02-21T10:34:23.619-05:00</updated><title type='text'>San Carlos…! Qué impecable Che!</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Hubiera podido seguir derecho hasta Punta del Este pero tenía una invitación que no podía rechazar. Un tiempo atrás y por esas piruetas tecnológicas un buen hombre, Germán, se había enterado de mi travesía y me ofreció un lugar en su casa. Son esas oportunidades que no desaprovecho, no tanto por la posada si no por la oportunidad de parar y conocer un tanto más de cerca cada lugar por el que voy transitando. Este pudo haber sido otro pueblo que estaba de paso y rodado rápidamente. Germán gusta de la bicicleta, de los viajes, quería compartir historias y charlas conmigo así que allí fui. San Carlos sí que es una ciudad pequeña, solo 20 kilómetros la separan de la fastuosa Punta del Este. Germán como muchos de los habitantes de San Carlos viaja todos los días a trabajar a ese lugar. Esos grandes centros de recreo para personas adineradas están llenos de gente humilde ( pero de gigante corazón) como Germán que los trabajan. Esas personas que limpian sus piscinas, barren sus calles, limpian sus ventanas, brillan sus botes, arreglan sus autos, para que esos espacios sigan siendo lo que son, un sueño, un espejismo donde se esconde el sol a cada tanto. Pero volviendo a San Carlos, un lugar que tal vez tenga más magia que la pomposa Punta del Este, el sitio donde hay vecinos, amigos de verdad, donde hay un saludo a cada cuadra y parece que no hubiera extraños. Donde ir a comprar el pan y las facturas para acompañar el mate es un hecho cotidiano y un momento para preguntar por la vida del otro, un lugar donde el campo se siente y en su feria rural hay comidas típicas y bailes que hablan de su historia. Alrededor de su plaza hay cafecitos y vinerías nada suntuosos pero con el calor de la amistad. Como olvidar la vinería artesanal, inmensos botellones donde te venden un litro de vino gustosísimo por un precio irrisible y con todo el espíritu de la hermana uva y como no, con una sonrisa. Ese parque donde los domingos se juntan los muchachos  y los viejos. San Carlos y sus pintadas, los esténcils que entre jocosos y contestatarios armonizan con sus casas antiguas de calles empedradas. Veo carnicerías en cada esquina y se lo hago notar a mi anfitrión, para él eso es común y en tono de chiste me dice: Aquí sembramos vacas. Es cierto es una tierra muy ganadera, pocas verduras y mucho ganado. En este pueblo Germán hace un contacto para que me hagan una entrevista en una emisora local, lo importante de esto además de poder difundir mis ideas alrededor de mi viaje, hablar de los puentes que nos deben conectar en nuestra América, es la conversación que sigue después de la entrevista. Vamos a la casa del amable periodista y luego me quedo hablando con su familia, soy invitado a unos exquisitos mates, una bebida social, hecha para conversar, una tarde de mates para hablar de fútbol, de política, de la vida en general. Hay tiempo para regalos, pequeños presentes que se quedan conmigo. Sigo atando lazos a través de mi recorrido con esa gente bella que no te deja de abrazar. La madre, su hijo, su novia, Germán, me saludan como a uno de los suyos. Cebamos y cebamos mates, mates uruguayos y sellamos con una foto para llevármelos a todos en un recuerdo tangible porque desde ahora viajan como muchos en mi corazón.    &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-8384244875629411362?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/8384244875629411362/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=8384244875629411362' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/8384244875629411362'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/8384244875629411362'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/01/san-carlos-que-impecable-che.html' title='San Carlos…! Qué impecable Che!'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-1835036615779309052</id><published>2010-01-15T11:34:00.001-05:00</published><updated>2010-02-21T10:35:01.340-05:00</updated><title type='text'>Rocha – Un hostal bajo perfil</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Esos caminos del Uruguay, tan planos plantados de verdes y ganado aquí y allá, tímidas cuestas con un ínfimo nivel de inclinación me permiten rodar con tranquilidad. La meta de esta día ya estaba definida y me proponía llegar a la ciudad de Rocha, tenía la posibilidad de que alguien me recibiera allá, debía hacer una llamada para concretar esto y me detuve en una población cercana, un pueblito llamado 19 de Abril, por un día más y me hizo recordar la bella canción de los celtas cortos llamada 20 de Abril, canción  llena de recuerdos de juventud, de amigos, de amores. A la vera del camino uno de esos locutorios con una sola cabina de teléfonos. Una casa, cualquier casa en cuya sala a la entrada se ubica la cabina. Me detengo y llamo para ser atendido, un hombre sale de su interior, cualquier hombre que hacia sus tareas diarias. La cabina es su negocio y lo atiende cada vez que alguien llega, ya sean los locales que la utilizan como medio de comunicación o como yo un viajero que va de paso. Los uruguayos tienen un hablar tranquilo, te van introduciendo a la conversación, una charla con escucha de ida y vuelta. Al terminar mi llamada en la que soy enterado de que no poseo albergue en mi próxima parada el buen hombre de la cabina me provee de una charla que comienza con las concebidas preguntas de rigor, preguntas que siempre abren paso a una amistad, a la sorpresa del recorrido, a la hermandad de pueblos, al recuerdo y las conexiones entre países hermanos. El hombre alaba mi aventura y por unos minutos el camino queda de lado para plantar un nuevo amigo y hasta me deja sus datos por si algún día pasara de nuevo por allí pero estos caminos con un retorno lejano dejan un alto grado de incertidumbre, solo me voy con un apretón de manos y una sonrisa que me manda de nuevo al pedaleo. Es un día de sol aunque no caluroso y el habitual sudor junto con la arena se pegan sin que prime mucho el cansancio, pero como siempre hay que ir en búsqueda de un lugar para quedarse y limpiar el sudor. Me encuentro entonces con la sorpresiva secuencia de negativas para obtener una posada solidaria en la ciudad de Rocha, que más que una ciudad parece uno de eso pueblos chicos sin mayor atractivo. Ante el fortín militar mi voz se pierde y la negativa es contundente. Me interno en la ciudad y me entero del cuerpo de bomberos, me digo entonces que nada puede fallar y encamino mis esperanzas hacia allí. Ubicada en una cuadra cualquiera el inmenso garaje donde habitan esos carros color rojo, gigantes apaga fuegos me indican que allí es. Después de contar mi historia recibo la noticia de que no es posible pernoctar aquí, me cuentan que antes era posible pero que otro viajero anterior al que se le brindo la posibilidad de pasar la noche en ese lugar no tuvo un buen comportamiento, desde entonces las puertas quedaron cerradas para nosotros los peregrinos. Sin embargo me cuentan sobre otro albergue destinado para estos casos. Tercamente toco otras puertas y la negativa persiste, ahora el cansancio del camino y la entrada de las horas de la tarde hacen presencia, la dama pesa más y mis movimientos se hacen lentos. La única opción entonces es el albergue aquel, ese lugar del que no se mucho y entonces por las empedradas calles de esta ciudad sin atractivo voy hacia él. Una casa blanca con una parca fachada parece ser el lugar y con la última esperanza golpeo la pesada puerta de madera. Una amable mujer me recibe y me escucha atenta, un si una bienvenida, ya tengo un lugar, ese en el que el estado a veces hace las veces de paternalista y da lugar a personas de la calle para que pasen el día. Así es, personas que deambulan en el día por la ciudad, tienen esa vieja casa de patio en el centro, habitaciones múltiples, baño rustico y un solar enmarañado, un lugar para hacerle un quite al frio de la noche. Pero hay unas reglas. La hora de entrada es a las 7 pm y ahora acaban de pasar unos minutos después de la 1 pm. No se me permite guardar mis cosas ahí. Con mucho gusto esa será mi casa después de las 7 pm se me recuerda. 6 horas en el limbo entonces, sucio, cansado y con hambre. De nuevo al puesto de bomberos con la intención de que almenos se me permita guardar mis pertenencias y sobre todo se cuide a la dama, esto sí es aceptado. No tengo ese ansiado baño repositor después del pedaleo pero almenos puedo cambiar mis ropas de ciclista, me digo entonces que esas horas han de irse rápido. Me proveo de un buen libro para despistar al tiempo y me voy de caminada. Lo primero es comer, buscar con que llenar la panza, para almenos tener fuerzas para mantenerse en pie. Siempre hay algún puesto de sanduches o hamburguesas barato dispuesto a calmar el hambre, pero la comida pasa rápido y luego de esto me veo con toda una tarde por delante. Comienza mi deambular por calles poco atrayentes donde el tiempo parece detenido y es que en verdad en estos lugares del interior lo es. La siesta de la tarde es imperdonable y el pueblo muere hasta las tres de la tarde. Entre diagonales y avenidas se agota el recorrido rápidamente. El parque central que nos acoge a todos siempre tiene una banca de mas y allí me postro para decirme que en la lectura podría aniquilar el tiempo por un buen rato, pero el cansancio de la jornada me aniquila a mi primero y no logro pasar de un par de páginas, s eme cierran los parpados y solo alcanzo a distinguir un revoltijo de letras. Tiempo quieto, muerto, adormilado, mudo, hasta las palomas vuelan en cámara lenta. Una calle otra, calle y otra más, vista y vuelta a ver, me siento como un sospechoso que pasa y vuelve a pasar por los mismos lugares, pero después de mucho el tiempo se mueve y ha caído el sol.&lt;br /&gt;El albergue. Hablando en términos contemporáneos era nada más y nada menos que un Hostel. Pero no de estos de ahora donde apilan a 5 o 6 turistas europeos en un cuarto y les ponen una salita con TV de plasma y DVD, una terraza para que hagan sus fiestas de madrugada y bed and breakfast, todo por precios altísimos, no. Este era una casa que destinaba el estado para personas de la calle sin ningún recurso. Aquí no había TV de plasma y revistas de farándula en el living. Aquí encontraba de nuevo a esos vagabundos que como yo esperamos todo el día en la banca del parque sin un lugar a donde ir. Esos padres con sus tres muchachitos, sus rústicos juguetes y una bolsa de pan, sus muchas risas, sus cigarros y sus charlas. Estos éramos los habitantes de nuestro “Hostel”. Un cuarto con camarote para los hombres, otro para las mujeres con sus niños, un poco de shampoo y una barrita de jabón para esperar el turno al baño. Mientras tanto uno que otro se pregunta por la vida y ya bajo un techo hay cierta tranquilidad. Es un hogar para todos. Hay un pan con café. Después del baño el cansancio me vence y tengo que dormir un poco, me hubiera querido quedar un tanto a escuchar algunas historias pero así son estas jornadas. Más tarde me levantan para sentarnos todos a la mesa y disfrutar un arroz con pollo, benditos alimentos. Comparto esta vez con la gente, les comparto mi vida, ellos la suya, conozco aquella mujer que estudiaba derecho y fue estafada en no sé qué negocio y ahora duerme aquí con nosotros. Así nos junta la vida en estos y a la noche vuelve el tranquilo sueño en nuestro hostal.      &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-1835036615779309052?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/1835036615779309052/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=1835036615779309052' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/1835036615779309052'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/1835036615779309052'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2010/01/rocha-un-hostal-bajo-perfil.html' title='Rocha – Un hostal bajo perfil'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-6211016008458560965</id><published>2008-12-05T11:27:00.003-05:00</published><updated>2010-02-21T10:37:44.221-05:00</updated><title type='text'>Un ángel en la Punta del Diablo</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"  style="line-height: 150%; text-align: justify;font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" face="georgia" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;Ahí venia el Pablo, por una de esas callecitas cortas que van al centro de Punta del Diablo, aunque no se si haya un centro aquí, el centro siempre será el mar, el punto de partida y de llegada. Venia con su matesito en la mano y paso lento, fumándose uno de sus cigarritos. Hacia un calor terrible y las montañas de arena encandilaban los ojos. Pablo era leve como el viento que venia del mar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" face="georgia" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;¿Venís de lejos?, me pregunto.&lt;span style="font-size:0pt;"&gt; &lt;/span&gt;Reconocí otro ángel entonces. Los identificas por su levedad, ya lo dije. Menudito el Pablo, un silbido que se suma a los aires que soplan en ese resguardo llamado Punta del Diablo, del que me cuenta ya no quiere salir. Le estaba cuidando unas cabañas al Tano, su amigo. Se quedaba en una de ellas y allí tenia su palacio. Rodeado de plantitas que el mismo sembraba.&lt;span style="font-size:0pt;"&gt; &lt;/span&gt;Pablo no tenia la edad que decía tener, Pablo tenia mucho menos, Pablo es un hermoso adolescente de 50 años. Me brindo una de esas cabañas sin mas ni mas. Yo solo le había preguntado por un lugar para poner mi carpa. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;Y es que el Pablo es un hombre de muchas historias. Me hablaba de su periplo por el Canadá y su enamoramiento por la lengua inglesa, gustaba de hablar ingles, loro viejo si aprende a hablar, parodiando el refrán. Seguía inquieto con las palabras, un niño, jugaba con ellas y se sentía feliz al aprender tantas mas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;En el Pablo también estaba resumido el pueblo uruguayo, su amor por el país y el reconocimiento de vivir en un lugar tranquilo. Eso es la patria sin patrioterismos, el más puro amor. Me decía que no había pisado la Argentina y que tampoco le interesaba, que ya no quería salir de Punta del Diablo. Ese lugar embruja con su calma, aunque esta sea rota en los tiempos de temporada alta donde hasta los ratones tienen que alquilar una madriguera, allí todo se alquila, terreno, cabaña, cualquier cosa es apta para vivir por esos días donde los humanos aquí se multiplican como arroz y de 800 habitantes netos que son pasan a ser 22.000 mil, una cosa para no creer y sobretodo para no estar por esas épocas, yo se lo decía al Pablo. Igual los tiempos de temporada baja eran majestuosos y ese mar frío, friísimo seguía allí refrescando la arena que calienta el sol en ese pueblo de pescadores artesanales, todavía con sus barquitos viejos, esos barquitos que son poesía pura, esos barquitos que son un canto, esos barquitos que pueden ser un tango, un fado. Están atados en la playa esperando ir a la búsqueda de peces y en la punta de la punta esta el faro que indica el camino y todo parece tan quieto, tan en silencio. En esos pequeñísimos barquitos se juegan la vida los hombres que toda la vida no han hecho mas que pescar. Y esos nombres sonoros de los barcos, Lina Valeria, Victoria, Yogane, son los titulos de las poesias que son.&lt;span style="font-size:0pt;"&gt; &lt;/span&gt;Por eso el Pablo no quiere salir de allí, lo entiendo. Yo mismo me vi atrapado un par de días cuando solo estaría uno. Junto con el mar y la arena clara, las caminadas por la playa donde te conviertes en fantasma, el pueblo donde todos se saludan, porque todos son familia, me quedaba conversando con el Pablo, nos quedábamos cebando matesitos y no había de otra que oír sus fascinantes historias y dejar que me pintara sus narraciones de cuando trabajaba en el hipódromo allá en Canadá, porque hay que decir de su afición por los caballos que cuidaba , un hombre cercano a la tierra, un Zorba de este tiempo. Hasta tiempo para una caña y un buen asado hubo. Esa carne a la brasa chorreando finos hilos de grasa y luego sentarse a la mesa para comer como buenos hombres primitivos, pasar la carne con unas buenas migas de pan, unas galletas como la llaman aquí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Hablo de los hombres porque son los que construyen los lugares, los que hacen una geografía, sigo encontrándome con gentes locales porque me dicen mucho mas que las guías o los encuentros buscados de gente sin eco, de turistas perdidos tratando de encontrar soledades, reuniéndose para aburrirse juntos y así ser felices. Con personas como Pablo siento que aprendo de un país, con personas como él hay silencios mas constructivos que el mundanal ruido de las hordas que se reúnen para hacer rebuznos colectivos y pasarla ¨bomba¨ .&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:0pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-6211016008458560965?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/6211016008458560965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=6211016008458560965' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6211016008458560965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6211016008458560965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/12/un-ngel-en-la-punta-del-diablo.html' title='Un ángel en la Punta del Diablo'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-2849312555229881840</id><published>2008-12-05T11:25:00.003-05:00</published><updated>2009-03-05T23:58:01.389-05:00</updated><title type='text'>Viento grande del sur.</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;Había que volver a Brasil, siempre habrá que volver a Brasil. Pedalee 150 kilómetros para regresar a ese país, al estado de Río grande del sur. El pedacito de carretera Argentina me trajo satisfacciones, las satisfacciones aquí son kilómetros bien andados, son pájaros que te saludan, son árboles incólumes que a metros te miran extendiendo sus ramas al cielo y a vos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;El camino de Argentina también traería sus particularidades, de pinchazos y estrellones. La buena suerte me ha acompañado, mis verdugos y a la ves amigos, que son los camioneros me siguen coqueteando al costado de la Dama, siguen rozándome azarosamente con sus maquinas infernales que de tocarme me llevarían a otro viaje. En Argentina ocurrió el primer incidente directo con ellos. Kilómetros atrás escucho la bocina, no hay acostamiento, bajo la velocidad, no quiero meterme a ese truculento lado del camino lleno de baches que puede afectar a la Dama, ellos tienen espacio para rodar sobre su carretera de asfalto, sigo escuchando las bocinas insistentes, me da rabia, no se que hacer, respira el camión encima de mi…se escucha el crujir de espejos, dos monstruos chocan y ya no podrán mas mirar hacia atrás con sus retrovisores, existen en pedazos, desperdigados por la carretera. ¡Pelotudo! Me grita el primer conductor, el segundo me hace parar y me injuria hasta el delirio por el incidente del que me culpa. Yo pongo mis argumentos sobre el asfalto y sigo&lt;span style="font-size:0;"&gt; &lt;/span&gt;camino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;Es un paso rápido por la Argentina del norte, voy a conectar con Brasil y busco afanosamente la frontera, otra de esas desoladas fronteras donde nada acontece, el paso por Sao Borja, vuelvo a mi Brasil, pero las segundas versiones no son lo mismo, aunque Brasil nunca defraude. Igual me palpita el corazón cuando me vuelven a decir: “Ben Vindo ao Brasil”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;El viento sopla con fuerza en ese inhóspito pasaje, un puesto fronterizo en medio de la nada, sin el agite de las fronteras comerciales. Ocho kilómetros para llegar a la próxima ciudad y como casi siempre un puente que conecta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;Sao Borja vuelve a ser Brasil, el de la sonrisa en el rostro cuando trato de ubicarme preguntando una dirección, una palmadita en el lomo para seguir mi camino, un camino que se me complica para conseguir posada en esta pequeña ciudad que se me escurre de las manos. Termino en el albergue de no creer y la policía militar vuelve a ser mi cobijo. Un cuarto en caliente y con humedad en la trastienda de un batallón, de nuevo la batalla con los zancudos y su sinfonía en los oídos. Camino por Sao Borja para volver a sentir a Brasil y esa música que es el portugués y en este horario de verano el sol se pone más tarde y caliente como nunca. El nuevo día traerá lluvia y yo que pensaba quedarme en mi cuarto húmedo soy arrancado por golpes en la puerta y la noticia de que debo dejar aquel resguardo, estos policías no entienden de razones y me hacen salir al camino. Las calles están mojadas y todavía una leve brizna ocupa el ambiente, las horas tardías no me favorecen pero debo tomar camino e internarme en este estado que traerá duras pedaleadas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;El viento soplo como nunca en Río Grande do Sul. Enemigo invisible, ligeramente ruidoso, constante, insistente, arrasante. Una pared de aire a ser atravesada. A eso había que sumarle los kilómetros inhóspitos de laderas inhabitadas y cuestas por sortear. El frío, la amenaza de lluvia que muchas veces fue presente, las horas al lado de la carretera esperando que el cielo y sus gotas mil me dieran paso, donde cualquier techo fue refugio. El sur y su frío, su ganado que me mira, sus ovejas que balan a mi paso, las asustadizas ovejas que se cubren con finas pieles y no paran de masticar con sus bocas pequeñas. Las carreteras de este sur tan desolado como para que los pájaros hagan las veces de caminantes y se posen sobre el asfalto, caminen de lado a lado, hagan sus reuniones en la mitad del camino, vivan la experiencia de caminar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;En mi primera parada en la mitad de la nada, en esas villas que aparecen cuando el cuerpo no da mas, toco a la puerta de un paisano que me dicen, sabe acoger a los viajeros y así es. Su extenso terreno me sirve de cama y la carpa vuelve a ser mi cobijo, ya en la noche me veo sentado a la humilde pero gustosa mesa compartiendo unas costillas de oveja, típicas de la región. No pude haber mejor comida que esta, al calor de la mesa con gente local, tan verdadera y tan pura, tan ellos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;Junto pueblos y pequeñas ciudades hasta donde el viento me lo permite, ese viento que aquí ruge como en ningún otro lugar, ese que me pone sus hilos en la cara y me lleva hasta el delirio con su ruido constante en su devenir. Ese que en la estación de servicio donde pernocte, quería llevarme con todo y carpa y no se canso de rugir hasta el día siguiente. Traspasaba por las paredes de mi morada y se colaba por mi saco de dormir, me fustigaba. Quien sabe que furia antigua traía ese viento, con que rabias estaba cargando. Era como si se quisiera llevar a toda la humanidad con el. Sería la furia de algún diosecito. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;En el camino hacia la ciudad de Pelotas, mi ultima ciudad grande en el gran Brasil, un hecho bien particular me asalto en el camino. Es un hecho que me sigue cargando de preguntas y como no, de absurdas admiraciones ante tales acontecimientos. Un hombre va en su auto, parece un trasteo. Va lleno hasta el tope su auto, lo acompaña una mujer. Yo ruedo al lado de la desolada carretera y me pregunta hacia donde queda Pelotas. Miro hacia el frente y veo una intercesión, se que allí hay un cartel indicando la ruta, le digo que tal cartel le indicara así donde debe seguir. Él es un hombre mayor de unos 40 años aproximadamente y me dice: no se leer. No me queda mas que decirle que me siga, yo le indicare cual camino debe seguir. El hombre no sabe leer, me lo dijo así no mas. Me siento consternado por el hecho y me pregunto sobre que significa la ignorancia, que es la ignorancia, hasta hoy todavía me pregunto, me seguiré preguntando como puede acontecer. No estoy hablando de que aquel hombre fuese ignorante por no saber leer, de seguro tendrá mucha sabiduría en su haber, solo que la ignorancia como todas las otras cosas del mundo, la muerte, el amor, el odio, tiene sus múltiples formas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;La ciudad de Pelotas y mis anfitrionas me reciben con sonrisas y abrazos, Brasil me sigue recordando lo que es. Esa pequeña ciudad fue casa por unos días. Ciudad de estudiantes y arquitectura conservada con un río que la saluda donde ver un amanecer es un bonito regalo que te puedes dar. La ciudad de las librerías de sebo que tanto visite. Me explicaría mi buena amiga Juliana que son llamadas así por vender libros ya leídos, lo de sebo es un decir, es por esa partícula de grasa que se ha quedado en el extremo de sus paginas al ser pasadas por sus lectores, bonita forma de nombrar las cosas. En alguna de esas librerías tuve que comprar un par de textos para seguir recordando las tonadas escritas de Brasil, seguiría mi viaje con Vinicius y Jorge Amado. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;Ahora había que emprender la salida de Brasil y 300 kilómetros me separaban de mi próximo país, Uruguay. El camino en este tramo fue mas benévolo conmigo, largas rectas se extendieron hasta la salida del país. En mi primera parada me deje estar tan a gusto en una olvidada estación de policía, que no me lo podía creer. Un solo hombre cuidaba de aquel espacio, el mismo que me recibió con una amabilidad impresionante y me dijo que a las 5 de la tarde partía. Yo me quede allí, toda una tarde disfrutando de frutas, acompañado por Vinicius y Jorge Amado, acompañado por las golondrinas que en esta primavera hacían un concierto fabuloso como si quisieran que las escuchasen hasta en el ultimo rincón del mundo, acompañado por el cielo más azul posible, acompañado de mi mismo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify; font-family: georgia;"&gt;Unos pasos más adelante presentí a Uruguay pero antes de salir volvería a pernoctar en otra estación más de policía y como recuerdo aquel joven policía escuchando al viejo Bob Marley su ¨Redemption Song´, una de esas cosas raras de la vida, en una estación de policía suenan las notas de ¨ otra canción de libertad...canción de redención ¨ &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-family: georgia;"&gt;Una calle que divide dos países y otro sello en mi pasaporte y me indica que estoy en Uruguay, donde necesariamente soplaran otros vientos.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="line-height: 150%; text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:0;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-2849312555229881840?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/2849312555229881840/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=2849312555229881840' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/2849312555229881840'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/2849312555229881840'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/12/viento-grande-del-sur.html' title='Viento grande del sur.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-3155003411243902508</id><published>2008-10-30T14:47:00.001-05:00</published><updated>2008-10-30T14:49:37.539-05:00</updated><title type='text'>Periódico Argentino.</title><content type='html'>Noticia que se publicó en el diario "Primera Edición" de la ciudad de Posadas en Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.primeraedicionweb.com.ar/index.php?idnoticia=8951&amp;dgprincipal=nota&amp;tipo=impreso&amp;idEdicion=465&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-3155003411243902508?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/3155003411243902508/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=3155003411243902508' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3155003411243902508'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/3155003411243902508'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/10/peridico-argentino.html' title='&lt;strong&gt;Periódico Argentino.&lt;/strong&gt;'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-5317132758582253125</id><published>2008-10-19T14:43:00.001-05:00</published><updated>2008-11-29T20:22:40.552-05:00</updated><title type='text'>De Asunción a un pedacito de Argentina.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me despedí de la capital de Paraguay como me gusta hacerlo, caminando por su centro, volviendo siempre a él. Ese día el calor de este trópico rebelde azotaba la ciudad, los buses se movían más lentos y todo tenía ese sopor tan típico en días como esos. Centro llano de locales medio abiertos, centro limpio pero olvidado, ese Paraguay del desarrollo a medias, ese pueblo castigado por años de dictadura disfrazada con las máscaras comunes. Fui al puerto en busca de vientos y cebadas para despedir a la ciudad, para decirle un adiós a largo plazo, sé que me demorare para pisar de nuevo estas tierras donde el amor no se afinco mucho, pero claro que queda un sentimiento de gratitud. En esa pequeña tienda del puerto bebiendo una robusta cerveza pensaba en el pedazo de Paraguay que me fue dado conocer y las capitales que son la muestra del país pero que por supuesto no lo son todo, se concentra la gente y la industria pero se escapan tantas cosas. El Paraguay del guaraní no se escucha tanto en la capital, nuestras lenguas autóctonas para algunos son vergüenza y en las capitales que son de todos y de nadie hay muchos fantasmas que hablan. Iba más lento el día con la cerveza en el puerto, pero mucho más llevadero, el calor se apagaba y los recuerdos como siempre, se adherían a la piel que es lo más profundo, como bien decía Paul Eluard. Había que partir de la capital entonces, montar a la dama que se encontraba rozagante por la reparación que le hicieran, cadena nueva, piñones nuevos, nuevas pastas de freno y un baño rejuvenecedor, ella es mujer yo la entiendo, a ellas les gusta ese tipo de cosas por el cuento de la vanidad, mi chica también es vanidosa. El calor del día anterior se extendió al siguiente y bueno, hay que bendecir al rey sol pero los reyes a veces abusan de su poder y este hoy se estaba excediendo, pegaba duro, con fuerza, menos mal la dama sabia como llevarme en su lomo, pero en ocasiones y con gran dificultad remontábamos pequeñas cuestas que cortaban las extensas rectas que iban apareciendo en el camino que dejaba Asunción por aquella, la ruta número uno como es llamada. Me encontraba literalmente bañado en sudor y los kilómetros llegaban lentos, en ocasiones los caminos no son de mantequilla si no de barro y este era uno de esos. Había que parar mucho e hidratarse aun más, al medio día con el sol en la cúspide se hacía  imposible pedalear, necesario parar a comer algo y en uno de esos pueblitos en medio del camino me detengo, es notable ya aquí la presencia del guaraní, la otra lengua del país. Con soltura la gente se comunica en ella, yo ignorante escucho como testigo mudo. La gente se sigue interesando por esta, mi historia de recorrer Suramérica en bicicleta, la Dama y yo seguimos sacando expresiones de asombro cuando contamos de dónde venimos y como cada vez nos alejamos más, más es el asombro. Después del almuerzo hay espacio para una charla con los locales, a falta de cafecito, un dulce y una buena conversación y la oportunidad para saber quién es quién. Una profesora de guaraní me cuenta de cuan viva esta esa lengua, me trata de enseñar algo, pero nada, me es difícil. Hay que seguir camino a pesar de que el sol no se calma, las rectas desafían pues es ahí donde quedas a merced de él, tengo que hacer otra parada en una estación de servicio, el sol es implacable hoy, pero es bien, tengo más conversación, mas de esta lengua local, un dulce de maní que me regala una anciana que vende dulces, Latinoamérica no defrauda, descansa y te agarra donde estés. Cuando ya he cumplido con un kilometraje justo y el cuerpo se manifiesta me detengo en mi primer pueblo, San Roque y vuelve una mano amiga. Silvino es un joven del cuerpo de bomberos, su boina negra con una estrella roja en el medio me habla algo de quien es, por supuesto me tiende su ayuda y entre un refrescante tereré dejamos caer la tarde mientras él me habla de este su golpeado país por la eterna dictadura. Me habla del posible cambio que puede venirse con Lugo, el nuevo presidente, conversamos sobre las paradojas de nuestra América. Paraguay tiene la mayor represa del mundo y falta luz, es costosa y más de la mitad de la represa no es de ellos, en el mismo San Roque hasta hace poco llego la luz, me contaba de lo desesperado que se encontraba antes de las elecciones pasadas y me decía que si la hegemonía del partido colorado seguía, él tomaría decisiones extremas, yo lo entiendo, a eso nos llevan estos caudalosos ríos que duermen pero que acaban con todo. Seguí al día siguiente para llegar a San Miguel, entrar en el departamento de misiones y dormir por vez primera con la policía paraguaya, amables como siempre pude poner mi carpa en sus terrenos. Ellos se siguen comunicando en guaraní yo me sigo sintiendo perdido, quién pudiera habitar tantas lenguas. Al otro día el panorama climático cambió y una lluvia me puso en problemas, fina lluvia sin rumbo, fina lluvia indecisa y yo queriendo continuar. En un acto desesperado me lanzo a la ruta pero como era de esperarse la lluvia me toma en sus manos y por espacio de 17 kilómetros nada que hacer, seguir por las rectas hasta el pueblo más cercano. En momentos como ese todo si que va lento, pesado, adverso, soy un caracolito que no puede moverse y no ve más que un lejano horizonte y hay que armarse de kilos de paciencia para mantenerse, pero llego, llego y hago una pirueta que no me molesta, no soy héroe, ya lo dije, no me gustan y entonces tomo un bus que me lleve cercano a mi próximo país. El pronóstico son dos días de  lluvia que me tendrían quieto y gastando el dinero que me falta y entonces 170 kilómetros se hacen fácil en uno de esos viejos buses que se mueven en tierras paraguayas, voy a la ciudad frontera, Encarnación, que conecta con tierras Argentinas a la ciudad de Posadas. La frontera es bastante particular, muy tranquila con poco tráfico de personas y automóviles, debo ir esa ciudad y estar poco en Argentina, luego cruzaré de nuevo a Brasil para seguir mi camino hacia el sur del continente. Estoy en un nuevo país, el quinto en esta travesía y la ciudad de Posadas es una pequeña introducción para lo que será la Argentina de más adelante. Vuelve a suceder que hablo de estar en Argentina y para los otros solo existe su capital, yo estoy bien al extremo, en el norte del país. Posadas es un bello rinconcito, tranquilo, con un clima supremamente agradable y donde soy muy bien recibido y claro, esto es Argentina, la del mate, la del vos, la de la tradición europea de pastas y de vinos, pero bella y acogedora como ella misma. Un centro pequeño que se deja recorrer, unas costumbres diferentes para mi, un manejo de horario inquieto, locales que mueren al medio día para volver a las cuatro de la tarde, podríamos decir que los argentinos se toman su tiempo. Todo aquí está bien puesto y también hay puerto, hay barquitos que también descansan en su cascarón, la costanera que bordea el inmenso río Paraná va por toda la orilla y es delicioso pasearse por ella, uno saluda desde allí a la ciudad de Encarnación, se puede sentar a tomarse unos matecitos en sus bancas y ver cómo pasa el día, los hay deportistas que van de aquí para allá, los hay que caminan lentos al ritmo del viento, los hay desprevenidos que solo van. Yo fui de aquí para allá recorriendo cada calle, atento a lo que oía y veía, y lo que más recuerdo es estar tomándome un mate en el tercer piso de la ventana del apartamento de mi amigo Fabricio mirando al horizonte, hacia el sur, pensando en la todavía lejana Ushuaia que algún día rodare con mi Dama, pensando en ese frío y distante sur donde se acaba el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-5317132758582253125?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/5317132758582253125/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=5317132758582253125' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5317132758582253125'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/5317132758582253125'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/10/de-asuncin-un-pedacito-de-argentina.html' title='&lt;strong&gt;De Asunción a un pedacito de Argentina.&lt;/strong&gt;'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-6324389817217389179</id><published>2008-10-13T12:40:00.002-05:00</published><updated>2008-11-29T20:23:07.226-05:00</updated><title type='text'>Paraguay. De lo que es, no es o lo que fue.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Voy entrando a otro país, a su lógica especial y esta Latinoamérica tan mía no deja de sorprenderme con sus cosas. Me siento más latinoamericano que colombiano mismo, me siento más de todos los lugares por los que voy pasando y hace tanto tiempo soñé, recorro sus carreteras y soy testigo, la mayor de las veces mudo, soy testigo. Cada lugar me duele tanto como el siguiente por eso cuando veo dificultades y diferencias me siento más movido que cuando veo el candor y la fiesta que muchas veces son nuestro escape a lo que no puede ser. Paraguay me volvió a recordar una parte de lo que significa ser latinoamericano. De muchos lugares se puede decir que parece que el tiempo no avanzara, que estuviera detenido. Con Paraguay sucede algo particular, su tiempo no es el tiempo continuo, pero tampoco el detenido, es un avance de cauchera, hay un estiramiento momentáneo, un avance y luego si un tiempo detenido, es el reflejo de nuestros pueblos, ese impulso, esa fuerza que tenemos para, pero luego hay tantas tantas cosas que nos detienen y entonces el barco se queda a mitad de camino y va naufragando lento, sucumbe, nos volvemos anfibios que aprenden a respirar bajo el agua, bajo las eternas dificultades que nos sepultan, hasta que venga otra momentánea marea que nos saque a flote y venga otro efímero triunfillo. Después del gigante brasilero todo quedaba cerca, tudo fica perto como dirían allá. Así es como solo 330 kilómetros me separaron de la capital Asunción. Fui pasando rápido, con paso seguro en esa línea recta que me llevara a mi destino, al centro mismo del país, donde todo acontece, o no acontece según como se le mire, pasando por Juan Manuel frutos, Coronel Oviedo, Itacurubi de la cordillera, Caacupé. Fui atravesando pueblitos, pequeñas poblaciones, ciudades, en esas rectas de campos de soja, cultivos de yerba, la yerba del mate y el Terere, tan consumidos aquí. Terere frío y refrescante, Terere de todas horas, Terere costumbre, de menta o clásico, pero siempre rico. Un termo con abundante agua fría que dure bastante y la bombita con la yerba, siempre Terere, siempre Paraguay, así sabes quien es quien aquí y afuera. El mate lo dejamos calientito para la mañana. Así iba avanzando entre nuevos términos, por aquello de que somos lenguaje y el lenguaje es movimiento también. Un copetín, una despensa, una milanesa, una gomería, minutas, chipas, chipa guazú, lomiterias, tantas cuestiones por descifrar. Un Copetín que es un lugar donde venden comidas rápidas, osea, unas minutas y una minuta que puede ser una milanesa, que es lo que en mi tierra llamaríamos carne apanada y si te pinchas vas a una gomería osea a un montallantas. Lo otro son comidas para reafirmar aquello de la unidad, seguimos con la conexión del maíz, y la yuca. La yuca que es Mandioca aquí, la que te sirven en todos los platos, el acompañante de siempre, estamos alimentados por las raíces de la tierra, la misma que desechamos y ensuciamos hasta el cansancio y la inconciencia.&lt;br /&gt;La cuestión del tiempo en suspenso se nota con fuerza en la capital, Asunción. Aquí me saludan viejos buses que me recuerdan a las provincias de Colombia donde esos antiguos artefactos todavía se pasean ofreciendo transporte eficiente, de algún modo todavía se mueven, sus latas truenan por todas las calles, aquí los buses “nuevos”  son los del vecino país, los que brasil desecho. Latinoamérica es como el reflejo de una familia y aquella situación donde la ropa del hermano mayor pasa a la del más pequeño y así hasta que el resorte no aguante más, hasta que la transparencia aparezca y develemos nuestra humilde humanidad, tenemos que vivir todo prestado porque el desgrano de nuestras economías a manos de políticos ineptos; perdón el eufemismo, no da para más. Lo de los buses es solo una parte, pero no deja de asombrar, aunque por el golpe de cauchera también veo una Asunción que progresa bajo la sombra de su gran represa, Itaiupu, la más grande del continente, que provee luz y energía, también la venden, de ella se toma más que agua para transformarla en progreso cuando se quieren dar esos grandes pasos, invertir en educación, en el país. Así tenemos una Asunción con un centro limpio, organizado y unas construcciones que impresionan, en el panteón de los héroes descansa la sangre que se derramo en sucesivas guerras, como decía Roberto Zuco, todo héroe descansa y se yergue sobre sangre, es por eso que nunca me han gustado los héroes.  Te sigues paseando por el centro histórico y te saluda el majestuoso palacio de gobierno, palacio de los López edificación bella, antigua, un poco más al lado esta el palacio legislativo, edificación nueva con ese modernismo tan forzado de espejos superpuestos que en este caso me sacan de casillas y me muestran la ceguera de quienes planean, lo digo por varias cosas. Al nombrado palacio lo cubren miles de espejos y justo en frente hay un barrio miserable de casuchas que se sostienen como pueden, literalmente en ese palacio se ve reflejado la miseria. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?, al lado de nuestro poder esta instalada la miseria que se sostiene por puro milagro, esa que ellos mismos edifican, su suntuosidad con el perfecto contraste de la pobreza que generan. Al lado del palacio de los López hay un pequeño parque con un sonoro nombre, “Plaza de los desaparecidos”, en la que un solitario hombre hace una huelga de hambre, ya lleva 28 días allí, yo espero que esa solitaria hambre tenga alguna minina repercusión, ya que todas estas hambres nuestras no han sido escuchadas. El primer día que recorrí el centro de la buena Asunción contabilice cinco manifestaciones populares en la calle. Los mismos temas de siempre, educación, transporte, terrorismo de estado, estampas comunes de un mismo mosaico. Como también hay espacio para las buenas sorpresas aprendo que Asunción tiene un puerto, ¡Ah los puertos!, barcos que entran y salen. Aquí no hay mucho movimiento, también hay otra huelga, pero eso no impide sentir el poder del agua, en este caso el agua de río que navegara camino a la mar, de los barcos que descansan para remontar aguas, del poder de una aduana, de lo que llega camino de las aguas en el puerto de Asunción.&lt;br /&gt;El punto de encuentro amable siempre se dará con la gente, somos nosotros lo que construimos lo que en parte somos. Yo voy tratando de buscar eso que la gente tiene para dar sin tener que pedírselo, eso es lo que hace a un pueblo. Por supuesto Paraguay tiene mucho para dar. Repiquetean los teléfonos y muchos buenos amigos me dan la bienvenida a la capital, ya me la habían dado a la entrada al país y el camino también hizo lo suyo. En aquella estación de servicio donde pase la noche escuchando música colombiana, el recuerdo sonoro de la patria, el refresco local que me regalaran, mis primeras palabras de Guarani, la otra lengua del Paraguay, la que se me escapa de los oídos, la que no logro aprehender. Lengua como un fuerte, impenetrable para quien viene de afuera, lengua indígena, resguardos que se niegan a morir. Latinoamérica no muere, agoniza pero no muere. Hablaba de la gente, de la que todavía sonríe, Paraguay tiene una forma particular de sonreír ante las adversidades, su debilidad hace que mire un tanto hacia fuera, es común, cuando no tenemos de que asirnos miramos hacia fuera en vez de construir para dentro. Cerveza extranjera, modelitos importados, mucho bar ingles e irlandés, la gran paradoja, venerar a quien fue verdugo hace tiempo y quebró el puente del verdadero progreso cuando se era prospero y solo se quería buscar una salida al mar, tener un pedacito de cielo y terminar vilmente aplastado. La historia hace sus fisuras que el ejercicio de la memoria tiene que reparar, eso se reclama aquí y en todos nuestros pueblos, quiero irme de Paraguay y que cuando vuelva me encuentre al tiempo rodando junto con la gente no siendo aplastados en silencio por el, quiero un país que se mire de verdad y no solo al encuentro de once jugadores tras una pelota, hay que recordar que la patria definitivamente es y tiene que ser otra cosa.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-6324389817217389179?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/6324389817217389179/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=6324389817217389179' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6324389817217389179'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6324389817217389179'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/10/paraguay-de-lo-que-es-no-es-o-lo-que_13.html' title='Paraguay. De lo que es, no es o lo que fue.'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-4229624283961878807</id><published>2008-10-05T20:05:00.004-05:00</published><updated>2008-10-05T20:08:49.347-05:00</updated><title type='text'>Reportaje en Laranjeiras do Soul</title><content type='html'>Noticia que salió en el diario "Correio do Povo" en la ciudad de Laranjeiras do Soul.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.jcorreiodopovo.com.br/noticias/?url=aventura-de-bike&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-4229624283961878807?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/4229624283961878807/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=4229624283961878807' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4229624283961878807'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/4229624283961878807'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/10/reportage-en-laranjeiras-do-soul.html' title='Reportaje en Laranjeiras do Soul'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-6826037898590809025</id><published>2008-10-05T19:36:00.002-05:00</published><updated>2008-11-29T20:23:24.797-05:00</updated><title type='text'>Frontera Brasil – Paraguay, la nueva Ciudad del Este.</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mi salida de Brasil fue como el final de la película “El Gran Pez”, de Tim Burton. Mientras pedaleaba buscando la frontera se me iban apareciendo todos los personajes de mi estancia en Brasil, iban desfilando por la carretera y me saludaban, justo así como en la muerte de “El Gran Pez”, solo que yo no moría, o tal vez si, un poco, era otra despedida en sostenido como son las muertes, mi muerte por la salida de Brasil, los hombres que son las historias se pasearon al lado de la carretera para que el olvido nunca llegase. De repente una estructura gigante que dice “Receita Federal – Brasil” se me presenta, es la salida y yo no lo puedo creer, el nuevo caos me recibe, una interminable fila de automóviles se agolpa para entrar y salir, es la frontera, el paso, el puente. Entrar para sellar el pasaporte de salida, es como si marcaran a la res, hay dolor, hay distancia. Me preguntan si salgo definitivamente, tengo que decir una mentira, digo: Si. Se que ya nunca saldré definitivamente de ese país. Me despiden con otra sonrisa, soy el único que esta sellando el pasaporte y tengo que volver al flujo de carros y peatones que se dirigen a Paraguay. Decidí cruzar el “Ponte da amizade”, como se llama el puente que une los dos países, a pie, por la acera, como un peatón más, mas lento de lo que podría hacerlo en la bicicleta. De bicicleta en mano cruce el puente aquel sábado 27 de septiembre, seis meses se sellaron aquel día de mi paso por Brasil. La altura del puente era la de mis vivencias, arriba arriba, el agua verde que va hacia las cataratas se paseaba diáfana allá abajo y los autos no caminaban, día de tumulto en la frontera, en la frontera con más movimiento comercial posible en toda Latinoamérica. Ciudad del Este te recibe como una pintura abstracta, es un Pollock en movimiento. Ruido, suciedad, gente que va y viene. El cartel que te da la bienvenida a Paraguay tiene el 95% de publicidad en artículos digitales y electrodomésticos, eso ya te dice algo de a donde vas a entrar, solo abajo hay un ínfimo: “Bienvenido a Paraguay”. Todas las fronteras tienen su lógica y sus puntos en común, esta por supuesto no escapa a lo suyo. Los cambistas de dinero están a los costados de las calles jugando con la economía, como bancos del juego Monopoly, juegan con su monedas y sus precios, te dicen el precio que ellos quieren y si estas de suerte te dan todo el dinero de verdad. Las fronteras son el cruce de lenguas y monedas. La de la entrada a Paraguay es bastante particular, el portugués y el español se dan la mano todavía junto con la lengua local, el guaraní, es una fantástica babel, sin que se escape que por ser frontera de jugosos bajos precios y contrabando otras culturas por años se han afincado aquí para hacer negocio, libaneses y coreanos tienen su parte. Es común comprar y vender en, Guaraní paraguayo, peso argentino, real brasilero, dólar americano, en fin. Campea esta economía loca de productos variados, aquí consigues desde una aguja hasta lo último en tecnología, desde una galleta, hasta peces disecados del Japón. La frontera no tiene un único producto todos juegan en la calle, en esa empinada calle que te va llevando adentro de la nueva ciudad, la famosa Ciudad del Este, la que mira a Foz de Iguazú a través del rió. Ciudades casi hermanas de productos y servicios. En esas ciudades de fronteras todavía te sientes en el país que acabas de dejar pues la economía sigue bastante ligada y el gracias y el obrigado conviven por mucho rato. Yo seguía de bicicleta en mano tratando de descifrar la lógica de esta frontera que paradójicamente no atropellaba, entre el nuevo sello que legitimaba mi estancia y la nueva moneda me iba dejando estar en Paraguay. Lo otro son las nuevas costumbres, la otra gente, los otros rostros, la común fascinación por mi viaje en bicicleta, las preguntas de rigor. En este Paraguay indígena, latino, mestizo, las nuevas costumbres me van sorprendiendo. Normal ver a la gente con su termo de agua fría, algunos con yerbas y ramajes dentro de el, y su bombita con pitillo, sorbiendo el bien conocido: Terere. Esta bebida tan Paraguaya que calma la sed y sigue la tradición, todo paraguayo que se respete anda con su termo, sorbe Terere. En cada país tienes que preguntar y descubrir su ley, si hay o no teléfonos públicos, cual es su comida, que es común beber, como orientarse, son cuestiones que el mismo país te ira indicando según te pasees por él. No choque con Paraguay, inclusive viniendo de un país tan diferente como lo es Brasil. Para mi Latinoamérica es una, tiene una unidad y no me sorprendió volver a ver buses viejos y destartalados, no me sorprendió volver a ver un tapete de basura y que no me recibieran con una sonrisa, así como una frontera tiene su lógica, un país si que tiene la suya. Paraguay con esas características de  caos tiene una de las lógicas que mas me gustan, la del libre albedrío, la de que aquí esta todo por hacer, organizar la casa para poder luego salir a fuera, yo por mi parte estoy conociendo mi casa con todos sus cuartos y patios. Hay que mencionar la otra particularidad que solo se da en esta frontera, el punto de encuentro de tres países, aquí se saludan Paraguay, Brasil y Argentina, se bordean, se tocan y sobretodo lo hacen en el punto más bello, las cataratas de Iguazú, esa enorme caída de agua donde siempre habrá un arco iris y los pájaros se bañaran en esas aguas, aguas un poco disminuidas por aquello de que la tierra se seca, habla a su manera, pero igual no pierden la majestuosa belleza de la interminable caída de aguas y cada país sigue diciendo desde que lado se ve mejor, si del brasilero o el argentino, yo estaba en el brasilero y me sorprendió igual, estas cataratas siguen bañando la sed de muchos, propios y extraños y se siguen paseando por las fronteras como nos deberíamos pasear muchos solo que la burocracia sigue poniendo las barreras que solo para ellos existen, quien fuera agua entonces para saltar de catarata en catarata y no presentar pasaportes a la entrada de algún nuevo río.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-6826037898590809025?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/6826037898590809025/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=6826037898590809025' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6826037898590809025'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/6826037898590809025'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/10/frontera-brasil-paraguay-la-nueva.html' title='&lt;strong&gt;Frontera Brasil – Paraguay, la nueva Ciudad del Este.&lt;/strong&gt;'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-7130406595796534365</id><published>2008-10-05T19:28:00.002-05:00</published><updated>2008-11-29T20:20:45.193-05:00</updated><title type='text'>Habláme de Brasil </title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¿De qué país querés que te hable? , son muchos este inmenso Brasil. El del norte, nordeste, el del sur, el del litoral, el de los deportes, el de sus comidas, sus bastas pasiones. Brasil son muchos, no se por dónde hablar de lo que tanto quiero hablar, de lo que tengo que hablar. ¿De qué país querés que te hable?, del que me despisto en el norte cuando no sabía su lengua y me asustaba lo desolado de su floresta, de no encontrar un alma en kilómetros y no llegar a ningún lado para después y como siempre llegar a casa, a la sonrisa de este pueblo que parece que nació alegre. De la jugosa melancia que me chorreo por las mejillas cuando la mordí, la más dulce, la del norte. No encontrara otra como esta me dijeron, es verdad no la encontré porque todo en Brasil es único, se puede repetir es verdad pero es único. De ese norte que es otro país, del que no sale en las postales más que cuando pasas a la amazonia para venderte exotismo barato, de la Roraima indígena, la de su reserva que asusta en extensión y diversidad. Norte alejado y distante, norte de precios inalcanzables y sutaque diferente, tonalidades de lenguaje, norte que me enseño mi primer portugués, norte de animales varios, de nubes de papagayos amarillos y azules, de armadillos que saludaban en la carretera, de macacos saltando de árbol en árbol, norte de serpientes que no me mordieron porque antes las mordió las llantas de los autos que van a millón y no pudieron parar ya sea para esquivar los huecos de carreteras olvidadas o por costumbre de ir siempre adelante. Norte sin norte, norte que divide el río más grande del mundo, río que separa al país. Puerto de progreso, Manaus cauchera, Manaus de mil barcos donde cabe el mundo entero, Teatro de Manaus, Teatro amazonas que canta al mundo en las temporadas de opera que todavía no se apagan, Manaus de bebidas más poderosas que el café, Guarana de la Amazonia, tantos frutos en un vaso. ¿Te hablo de las frutas?, ¿Qué te puedo decir yo que vengo de un país tropical y llego a otro que me presenta una fruta todos los días? ¿Ya probo…? Es la pregunta que se repite aquí. Y yo decía, no, no y no. Mi paladar se abría como flor en primavera para recibir esos nuevos frutos, Caju, Caja, Copo Açu, Acerola, Ate, miles de frutas todos los días, de todos los tamaños, de todos los sabores, de todas las regiones. Pimienta amazónica que me reta, hecha con los frutos que la gente cultiva en su quintal, que afortunados son. ¿Qué otro país hay?, muchos muchos y muchos mas si te sumerges en el río Amazonas mecido por estos titanics criollos donde duermes por cinco días y te despiertas luego en otro mundo, done se funde el sol en el horizonte que no alcanzas a ver. Luego llegas a Belen, belencito corazón como en la ciudad de Medellín, nombres que se repiten y todos tan distintos. ¿Qué país es este?, Brasil, el otro, el del otro lado del río, el de otras frutas, otros peces, otros mercados, mil olores, el de más puertos, porque quiérase o no este país es hijo de navegantes, hijo insurrecto al fin y al cabo que invento otra lengua y bailo y sigue bailando con su ritmo, el que no termina de re inventar. El del Forró Nordestino que se mezcla con los muchos otros y convive con la samba y la bossa nova, tan nueva y tan de aquí, tan de siempre. ¿Y el Brasil Litoral?, el de la costa claro, línea delgada y fina que alberga lo que muchos de afuera no conocen y los locales solo saben de nombres, porque este gran Brasil reta a quien lo quiera recorrer con esas distancias como para no llegar nunca. Ciudades que miran siempre el mar y se reflejan en el, en su danza de olas, en su agua de coco que calma la sed, en la condición de sentirse pueblos de mar, en asustarse cuando sabían que yo vivía lejos de la mar, que yo no era caribe como ellos, soy un hijo de las montañas, un montañero como diríamos en mi tierra. La línea del litoral esta llena de puntos que la cortan, esos puntos son puertos con toda la historia del mundo y hay un fuerte a cada tanto que defendía la soberanía, ahora el mundo tiende a convertirse en museo y la historia se cuenta desde otro lado. Pero este pueblo sigue escribiendo su historia con tranquilidad, con la tranquilidad de la brisa del mar que los mece o los adormece en ocasiones. Brasil, tranqüilo, Beleza, Brasil Tudo bem. ¿Y de las fiestas?, dijo Hemingway que París era una fiesta, no se si fue que no vino a Brasil, para ver que aquí siempre es una fiesta, así el carnaval; que es lo más conocido pero no lo único, dure tan solo tres días, la fiesta aquí es un saludo amable y si llegas a una casa entonces lo más probable es que haya un churrasco por que si y porque llegaste y porque también. La vida es la fiesta misma, es la celebración constante y el brasilero bien lo sabe, no hay brigas como dicen allá, no tiene por que haberlas, si hay un malentendido, pues bien meu filho vem com a gente para falar um poco. Hay carnaval y también fiestas juninas, las del nordeste con más fuerza, banderines de colores en las calles, parques, plazas, banderines que anuncian el baile y la comida, la licencia para más felicidad, este pueblo lo sabe, creo que no se lo tienen que recordar. Rueda el baile de muchas tarimas hasta las cinco de la mañana y las bandas con ritmos clásicos y los más nuevos que atrapan a la juventud, pero también creo que en Brasil no hay viejos o por lo menos no de espíritu. La línea del litoral te conecta con otros Brasiles y el negro de Salvador te tiñe el corazón, no es mentira, poderosos negros que embrujan con canto baile y comida, con su estela de energía venida no se de donde te embriagan y la bahía que es la de todos los santos te revuelca, pero hay un faro que te marca el camino. ¿Cuántos países llevo hasta ahora? Creo que no se pueden contar todos los que hay dentro del gigante, sería como intentar contar las sonrisas o los abrazos o las invitaciones que me hicieron o las puertas que se abrieron mientras lo recorría, soy malo para las matemáticas, tal vez sepa un poco más de amor y tal vez un poco más después de recorrerlo. Tal vez acredite más en la humanidad desde que Brasil me mostrará esa cara, era imposible no creer con esas interminables muestras todos los días. La costa en Brasil nunca termina y las montañas a veces me escondían el mar, Brasil juguetón, juega a la pelota, danza de piernas que agita corazones, gritos de miles de almas cuando rueda el balón en todos los estadios y las calles que son el más grande de todos. Brasil de postal más grande que una postal, un cuadro que se chorrea a través del marco, Río de Janeiro se sale de Brasil, lo supera, supera la ficción y el espíritu de sus cantantes de Samba en el barrio villa Isabel y la Bossa nova de Ipanema, sientes las notas de Vinicius de Moraes y sus poemas están incrustados todavía en las aceras, las calles y las mujeres a las que tanto canto. ¿Las Mujeres?, pueblo vivo, piel jugosa, boca definida, ojos para perderse en ellos, ojos que extravían, peligroso animal son todas ellas y cuando abren la boca es para robarte, te roban, te enamoran, te cantan, se cantan, se agitan de la cadera para abajo cuando bailan, ellas corren con soltura por la arena. La canción más famosa de Vinicius ya estaba hecha hace mucho rato, el solo recogió lo evidente, eso hacen los buenos poetas, ponernos a nosotros los parcialmente videntes lo que esta ahí. Mujeres mil, mujeres fatal como diría Sabina, mujeres de Santos para enloquecerse, negras de bahía de ojos verdes para delirar, Cariocas de piel canela para desvariar, rubias del sur que crees que no existen, mininas, garotas, mulherada, cuantos suspiros que son el lenguaje del alma me robaron todas y ahora que la lembrança no muere me roban más. Su corazón es el Brasil mismo de las puertas infinitas que aquí se me abrieron, las de parques para una conversación y un suco, las de la casa a la Beira de la estrada y un almoço, la de un pueblo y un colchón, la de mil ciudades y muchas familias, yo tengo todos los apellidos del Brasil en mi nombre, las de derrocar mitos y abrir puertas de batallones de policía militar para dormir entre armas y más sonrisas, las de cuerpos de bomberos y jugar como niños a salvar vidas, mi vida, bomberos alegres, resumen de Brasil. Tantas familias anónimas que creyeron en mi y me hicieron su hijo por un par de días, tantas comidas que más que llenar mi estomago calmaron mi alma, miles de temperos para temperar la vida, hijos del Feijao, grano mágico que alimenta este pueblo y Latinoamérica toda. ¿Y de la seguridad?, me dijeron que es un país inseguro. Sí claro, el más. Peligrosísimo. Aquí te roban el corazón en cada esquina y te punzan con abrazos en cada puerta y si la cruzas te dejaran solo con afectos en la piel y moretones de cariño. En las mal conocidas favelas te bombardean con música poderosa, pagode, samba, Mpb y entonces tu cuerpo se resiente y se retuerce, viene alguien a salvarte y terminas entrelazado con el danzando. Peligroso es este Brasil sin mas ley que la del cariño para el que llega, aquí existen los secuestros por amor, yo como soy un prófugo de la injusticia tuve que fugarme porque si por ellos fuera todavía estaba como por Manaus donde me secuestro mi primera familia o en Fortaleza donde el mar y una sonrisa de mujer me revolcó o en Recife donde los puentes me llevaban por calles que salían a un lugar que traía música, o en Itabuna o en Vitoria o…mil nombres mil personas, todas ellas peligrosas, hermosamente peligrosas, encantadoramente peligrosas, cautivadoras. En ese Brasil sude las gotas mas dulces pedaleando, bailando, conversando, emborrachándome con cada gota de licor que me dieron y que siempre duraba hasta le amanecer. Brasil no duerme para poder ver el sol que despunta en la montaña o en el inmenso mar, el más grande de todos.&lt;br /&gt;Obrigado por tudo meu Brasil, voceis fican com meu coraçao.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6721342696009701221-7130406595796534365?l=erransaudade.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erransaudade.blogspot.com/feeds/7130406595796534365/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6721342696009701221&amp;postID=7130406595796534365' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7130406595796534365'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6721342696009701221/posts/default/7130406595796534365'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erransaudade.blogspot.com/2008/10/hablme-de-brasil.html' title='&lt;strong&gt;Habláme de Brasil &lt;/strong&gt;'/><author><name>Jaime Roldán</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10424338482456896836</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6721342696009701221.post-3199865849892299269</id><published>2008-10-05T19:23:00.001-05:00</published><updated>2008-11-29T20:25:08.385-05:00</updated><title type='text'>Saliendo del gigante</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Había pensado que mi salida de Brasil comenzaba en la ciudad de Curitiba, de allí era cruzar el estado de Paraná y listo, estar en otro país, pero ahora que lo miro en retrospectiva y con gran dificultad escribo estas atrasadas líneas siento que mi salida comenzó mucho mas tarde, cuando partí de la ciudad de Santos en el estado de Sao Paulo. Desde aquel lugar donde también deje otra tajada de corazón todo se me hacia más difícil, cada kilómetro me recordaba las vivencias de lo recorrido, nunca avanzar fue tan difícil. La misma ciclo vía que me recibiera en Santos me llevaría a su salida, esta se extendía y me creaba un puente casi hasta la otra ciudad, era increíble sentir como iba navegando aquella mañana con un mar de bicicletas a mi lado, muchas personas yendo a su lugar de trabajo en esas dos ruedas movidas a motor de corazón, yo me iba alejando y cambiando de paisaje, me iba con el olor de mar en la piel, de la última vez que viera el océano a mi salida de Brasil. Esas mañanas en las que pedaleo después de mucho tiempo estático no se me hacen tan difíciles y ayud
