Lo que yo quiero decir es América Latina...

Lo que yo quiero decir es América Latina...

domingo, 9 de marzo de 2008

Diario el Siglo - Maracay 7 de Marzo/2008

Mi primer reportaje en un periodico
el hecho se empieza a registrar...

jueves, 21 de febrero de 2008

Páginas de díario

Aquí asistirá el lector a las páginas de un díario inconcluso, se caragaran días sin orden lógico, jornadas inconexas, pero llenas de sentido...

Día 1

La confrontación de los sueños con la vida real es un hecho que puede resultar devastador si no se esta lo suficientemente preparado para ello y aunque se estuviera; como lo es mi caso, el hecho resulta de una dureza cruel, tanto que pone a tu corazón a tambalear en una cuerda creyendo que vas a caer al vacío y de allí nadie te podrá sacar. Estos sucesos de confrontación suceden en todas las esferas, académicas, laborales, sentimentales, pero pienso que con algo tan puro y sentido como son los sueños que se vienen alimentando tanto tiempo resulta casi escabroso, lo tienes ahí en la punta de tus narices y pareciera que se hace añicos, pero esto es lo interesante, llegar a la cima, casi tocarla y entonces pensar que es una ilusión. Mi anhelo de recorrer Suramérica en bicicleta estaba alimentado desde hace mucho tiempo atrás y todos estos días trataba de recordar cuando fue que este empezó a gestarse. Había creído que fue cuando descubrí en la Internet la historia de aquel español que decidió llegar hasta Estambul desde su casa, un viaje que no duraría demasiado dada la distancia, pero que termino siendo de cuatro años de duración y con una vuelta al mundo. Y es que así son las cosas, los bellos sueños alimentados de la más pura sinceridad. Pienso en aquel español y en cuan vasto vería el mundo desde la frontera entre Asía y Europa, cuantas baterías no tendría para estar en ese otro borde, ese abismo lleno de posibilidades. Pienso también en la frase del desesperado kafka que nos dice: “A partir de cierto punto no hay retorno posible, ese es el punto al que hay que llegar”. Así entonces quedo la historia del español, como una especie de germen para mí, pero ahora en estos días que ya surco el camino y hurgo en mi memoria creo recordar cual fue la semilla de todo. Fue un lejano día en algún momento de aquel diciembre de 1997, en un viaje, mi primer gran viaje en auto stop, en aquella ocasión hacia la guajira colombiana. Bajando hacia Puerto Valdivia, subían unos cansados bici viajeros, un grupo como de cinco personas, entre hombres y mujeres, además un tipo bastante mayor y claro, surgió en mí la inmensa satisfacción e irrumpí con la sonora pregunta desde el carro que velozmente nos llevaba… ¿de dónde vienen? Y una de aquellas personas aunque cansados victoriosa grito: ¡Canadá! En aquel momento se dibujo en mí un mapa interior y ahora que lo pienso; pues en aquel entonces no conocía la sentencia, sigue teniendo mucho más sentido la frase de Stevenson: “No hay mejor materia para un sueño que un mapa”. Dibuje a Canadá en mi interior, visualice la ruta hasta Colombia para ubicarme con estos ciclistas. Yo no sabía que haría lo mismo, pero ahora 11 años después montado sobre la dama de los radios ardientes, mi bicicleta decido rodar. Hablaba líneas atrás sobre la confrontación del sueño con la realidad y es que yo, gran conocedor de historias y viajes , el mejor lector de cuanto periplo viajero se publicase en la red, yo, el gran conocedor de alforjas, mapas, rutas, consejos sobre equipaje, era bien poco lo que había experimentado en realidad sobre la bicicleta con todos estos aparatajes. A pesar de haber rodado mas de 12 años con la negrita y con ella me haberme aventurado a hacer duros viajes, no sabía lo que me esperaría en realidad. Como dice una frase de Bacino Ponce de león, escritor uruguayo, en aquel precioso libro llamado “Maluco”, que relatara de otra forma el viaje de Magallanes, diciendo: “A grandes sueños, grandes porrazos”. Mi primer gran porrazo sucedió minutos antes de partir, al darme cuenta de cuanto pesaba mi sueño. Demasiado equipaje y la imposibilidad de cargar con él, hicieron que el desespero y la angustia se apoderaran de mí transitoriamente, pero como también he dicho mi espíritu es bastante fuerte para dejarme amedrentar por una carga de peso. Inmediatamente con la oportuna ayuda de mi hermano y mi gran amigo Camilo disminuimos peso y reacomodamos el equipaje, a sabiendas de que seguiría siendo mucho. Claro esta que este viaje para mi es el continuo aprendizaje, la lección de nunca acabar. Ahí estaba la primera batalla, la otra, una de las más fuertes quizás, era tomar aire, darse vuelta, ver por última vez la casa que habite tanto tiempo y mirar a mi madre con los ojos encharcados por las lágrimas más sentidas que se puedan derramar. Su abrazo y sus palabras arrancaron las lágrimas de todos los que estábamos allí, pero como siempre he sido malo para las despedidas y la ansiedad era incalculable partí pronto en compañía de mi amigo camilo que me acompañaría el primer tramo. Cuestión que en últimas no se pudo hacer en bicicleta, pero que mi buen amigo hizo en su moto y hasta allí me acompaño. ¡Gracias Gran Camilin por ese gesto!

Y entonces se sucede, el camino tantas veces transitado me acompañaba, una mañana tranquila, fresca, de esas que sabe Medellín, la de la eterna primavera dicen, a la que tanto cante y a la que tanto insulte también con su afán de progreso olvidándose de ella misma. Yo rodaba esa mañana casi que por un pueblo fantasma, creo que la emoción no me dejaba ver nada, no reconocía la ciudad. Mi peso me apegaba más a la tierra y yo solo quería volar, volar rápido, en suma ya estaba cansado de ver tantas veces lo mismo y necesitaba el camino, comérmelo para salir de allí. Así fui pasando por Bello, Copacabana, pasando de soslayo por Girardota, bordeando Barbosa y adentrándome en la carretera que me llevara a Cisneros, lugar al que alguna vez fui con la negrita, pero que ahora no merece mención. Por supuesto esta vez todo se veía diferente, aunque la memoria; pienso que la corporal, esa que me acompaña y me ayuda a acordarme por los lugares que pase mientras iba caminando o rodando, me hacia sentir tantos lugares. El factor predominante del trayecto fue la fatiga, haciendo que cada pedazo de asfalto se sintiese como ningún otro. En momentos como estos si que se piensa. En ese instante te resuenan las voces de tus amigos que te dan aliento, recuerdas todas las líneas leídas de historias soñadas y piensas que ya estas incursionando escribiendo otra página con sudor, esfuerzo y ganas, muchas ganas. También en aquellos momentos escuchas las voces de los que callaron o de los que te dijeron cuan loco y errado estabas, pero paradójicamente estas también te alientan, tal vez más que las otras quizás, no se, de pronto será por ese espíritu competitivo que tenemos en ciertas ocasiones los humanos y que hace que nos alimentemos de esas pequeñas ráfagas de odio. En todo caso me mantuve con un esfuerzo casi sobre humano, este, mi primer día de pedaleo hacia la construcción de mi sueño, en la creación de mi nuevo estilo de vida, en esa otra forma de escribir que es rodar sobre una bicicleta, siete horas como lo hice este primer día y saber que si se puede construir el camino que quieres y cumplir tu meta. Mi meta ese primer día saliendo a las 8.30 a.m. y llegando a las 3.30 p.m. fue el pueblo de Cisneros, donde la nostalgia viaja sobre rieles y en el aire queda el sabor de los vagones que ya no están.

martes, 12 de febrero de 2008

Dialogando con Colombia a pedalazos.

Esta es la materialización de un sueño de tiempos atrás. Recorrer Suramérica en bicicleta desde Medellín Colombia para pasar a Venezuela, bajar por Brasil, Uruguay, Argentina, llegar hasta tierra del fuego y subir por Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador y regresar a Colombia. Un viaje sin tiempo y sin prisas que puede tardar años, con esa única premisa que proponía el maestro Fernando González, el filósofo de Otraparte: “El único sistema para viajar es la lentitud y detenernos donde nos coja el amor”. Entiendo por amor, un olor, una pasión, una música, el abrazo de un lugar. Este viaje comenzó el 2 de febrero cuando por fin salí de mi ciudad. Ahora 11 días atrás me encuentro en la ciudad de Cúcuta y con un poco de nostalgia, de esa que nunca me abandona miro atrás y veo los pasos andados, pedaleados en este caso. Atrás queda este país de contradicciones, un país que algunos pintan bárbaro pero los que a bien hemos tenido la oportunidad de recorrerlo sabemos que es otra cosa.
El sábado 2 de febrero cargue por vez primera a la Dama de los radios ardientes, mi bicicleta, nombrada así como un pequeño homenaje al poeta de mi tierra, Porfirio Barba Jacob, quien escribiera el poema, La Dama de los cabellos ardientes. La Dama aquel día quedo investida con sus mejores ropajes, le puse sus alforjas y demás atuendos y juntos salimos de viaje por fin.
Manejar la bicicleta así era difícil y los primeros pedalazos había que mantener el equilibrio, por lo demás había que dejar que el cuerpo fuera manifestándose, sintiendo el agotamiento por tanta carga, apenas me adecuo a estas nuevas rutinas en las que exijo tanto al cuerpo.
La meta del primer día fue el pueblo de Cisneros, su historia está ligada al paso del tren que unía a Medellín con Puerto Berrío en el río Magdalena, a la caña y los trapiches paneleros, un pueblo ubicado a 88 kms de Medellín y que ya alguna vez había surcado en bicicleta, ahora el peso y la emoción de tamaño viaje hizo que las cosas fueran diferentes, mas despacio todo se va viendo distinto y las ultimas cuestas en la cercanía a él hicieron que su llegada fuera aun más emotiva. Me quedo esa noche allí en alguno de sus hoteles cerca al parque y en la tarde salgo a recorrerlo, sintiendo en el ambiente la nostalgia del paso del tren, viendo sus olvidados rieles que se come la maleza, las bodegas que otrora estuvieron repletas de mercancía, el paso del progreso. Dejo Cisneros cargado de energía y recorro ese delicioso camino a Puerto Berrío, un camino plano que se deja andar fácilmente. 100 kilómetros me separan de él. Un calor que a veces desgasta y algunas cuestas hacen que el viaje se vaya sintiendo. Detenerse para hidratarse constantemente es una consigna en este viaje, paso a paso caen las gotas de sudor y en cualquier momento te puedes quedar sin energía por eso el agua se hace de vital importancia. La llegada a Puerto Berrío se hizo dura, el lugar pareciera que no aparecía en mi camino y luego se dejo ver en los letreros que lo anunciaban. Cansado por el viaje busco alguna posada y me instalo para cumplir con el sagrado ritual de la ducha y la comida que reponen las energías. En el puerto tienes que acercarte a ver cuan imponente es el río Magdalena. En sus orillas evocas la canción que habla sobre él, el río que se la pasa viajando y sabes porque es así. Un día para caminar por sus calientes calles y ver como hierve la vida, las casas coloniales que sobreviven al tiempo y la vida típica del puerto, con su comida de río, sus sancochos, sus pescados en fin. El viaje sigue y la meta ahora es larga, voy en búsqueda de mi primera gran ciudad, Bucaramanga. Se que el tramo es largo, 220 kilómetros a los que me lanzo con ímpetu para abarcarlos en dos etapas. En la primera recorro 120 kilómetros por extensas rectas que parecen no acabar nunca, bajo un ardiente sol el ganado te mira pasar con unos ojos de admiración preguntándote a donde vas, mientras pequeñas aves parecidas a halcones hacen lo suyo volando de rama en rama. Cuando el cansancio me vence pido posada en algún lugar en medio del camino y paso una noche difícil presa de los zancudos y el agotamiento pues no tengo como ducharme y duermo bastante mal al no poder poner mi carpa, pero son gajes del camino diríamos. Al otro día tempranísimo tomo camino y decido llegar a la ciudad sea como sea, un poco menguado en energías decido hacer los últimos kilómetros, una dura subida en bus para por fin y muy temprano estar en la ciudad de los parques. En esta hermosa y calida ciudad, la familia Pinzón me acoge y me trata como a uno más de los suyos. El contacto lo hice a través de la página de Internet couchsurfing, una herramienta bastante útil para los viajeros que posibilita el intercambio de alojamiento. Allí paso unos días maravillosos donde dialogo con ellos, me muestran un poco la ciudad, conozco algunas de sus avenidas, universidades, admiro la organización de la ciudad y me deleito con los guayacanes rosados que andan floreciendo por todos lados. El momento de la partida no deja de ser nostálgico pues en el poco tiempo que compartes con alguien que abrió las puertas de su casa tan gustosamente se crean lazos fuertes, igual sabes que le abres un espacio en el corazón y los llevas en tu viaje. Para salir de Bucaramanga se hace necesario de nuevo la ayuda del bus, pues hay que sortear una subida de casi 60 kilómetros y todavía no estoy en condiciones para ello. La subida es hasta el alto denominado “el picacho”, una escarpada loma, angosta, y que es bastante peligrosa por el cruce de carros muy pesados y la cantidad de buses que transitan por allí. En el alto las cosas son a otro precio, llegamos al páramo de Berlín y todo es frío, por primera vez siento frío en mi viaje y estoy feliz por ello. El paisaje cambia de manera considerable. Le vegetación de clima frío, los colores, hay ovejas pastando y los cultivos son como una pintura. Pedaleo en un frío que me llega hasta los huesos, acompañado por una leve brizna y con una meta muy definida, la ciudad de Pamplona en el norte de Santander. La constancia y el terreno hacen que pueda llegar a mi meta ese mismo día. Pamplona es una ciudad bellísima, la segunda en importancia con sus fiestas de semana santa, una ciudad religiosa por excelencia. Con un sin numero de panaderías puedes degustar un delicioso pan con café y despistar al frío. Visitar sus museos y ver la bruma que rodea sus montañas, en la ciudad cultural y estudiantil como reza el cartel que esta a la entrada. La salida de Pamplona a Cúcuta es una delicia para nosotros los ciclistas. Es el mejor trayecto que pude haber tenido en todo el viaje, kilómetros en bajada, un clima delicioso y unas rectas que se dejan pedalear. Llegar a Cúcuta es el cumplimiento de una primera etapa en este largo viaje, es saber que se puede seguir adelante cumpliendo un sueño por cuenta propia. Es estar a un paso de la primera frontera y empezar ahora a sumar países, costumbres diferentes y seguir aprendiendo pedalazo a pedalazo.

lunes, 4 de febrero de 2008

Tira los Dados

El poema que quiero publicar a continuación me acompaño durante mucho tiempo y me dío muchísimas fuerzas para hacer lo que ahora estoy haciendo, ir detras de un sueño que coseche hace mucho tiempo. ya estoy en camino y auque ha sido duro no dejo de recordar estas lineas que estuvieron sobre mi escritorio tanto tiempo alentandome de una manera particular.

Tira los dados

"Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
De otro modo, no empieces siquiera.

Si vas a intentarlo, ve hasta el final.
Tal vez suponga perder novias, esposas,
parientes, empleos y quizá la cabeza.

Ve hasta el final.
Tal vez suponga no comer durante 3 o
4 días.
Tal vez suponga helarte en el
banco de un parque.
Tal vez supongo la cárcel,
Tal vez suponga mofas, desdén,
aislamiento.

El aislamiento es la ventaja,
todo lo demás es un modo de poner a prueba tu
resistencia, tus auténticas ganas de
hacerlo.

Y lo harás a pesar del rechazo y las
ínfimas probabilidades
y será mejor que cualquier otra cosa
que puedas imaginar.

Si vas a intentarlo ve hasta el final.
No hay sensación parecida.

Estarás a solas con los
dioses y las noches arderán en
llamas.

Hazlo, hazlo, hazlo.

Hazlo.

Hasta el final.
Hasta el final.

Llevarás las riendas de la vida hasta
la risa perfecta, es la única lucha digna
que hay."

Charles Bukowski (1920-1994)

miércoles, 23 de enero de 2008

Si. De esta absurda comodidad. De todos estos años vividos sin sentido, sin saber que buscar, solo mal esperando lo que a mal tenga por llegar. Del ruido, de este ruido fruto del desespero y la soledad de los otros que de ellos es y jamás será mía. De su estruendo que se convierte en una sorda algarabía que no dice nada. De la falsa idea del progreso que hace rato viene cobijando esta ciudad apta para consumir y producir cuanta idea pase por la cabeza de alguien. De esa ida de progreso que acabo con los cimientos de una memoria arquitectónica para dar paso a ladrillos baratos y mal puestos. De esa idea del progreso que desemplea a tantos activos inútiles que no saben cultivar el buen ocio. De esa falsa idea de progreso que crea parques paradójicos que no hacen honor a su nombre, solo deseos y nada de realidades, solo oscuridad en los parales de la luz, pies descalzos en los parques de lisiados sin hogar, y en el de la presidenta acentuando la ironía de la identidad sexual de nuestros mandatarios. De lo propio también. De lo más, de lo mió, de lo íntimo, de lo que me circunda, de lo degustado día a día en estas cuatro paredes adornadas como un pesebre, fruto del tiempo que le sobra a mi madre y la falta de gusto y de imaginación que siempre ha poseído mi padre. De esta falta de aire ante tanto objeto que no tiene su lugar en este espacio, mientras el mió sigue igual e inmutable por años, entra algo y sale lo otro. Del ruido propio de este espacio como también lo tiene la ciudad. Por momentos se hace más insoportable el ruido de aquí que el de afuera. Esta es la pelea de la falsa comodidad. No hablo del teatro de los otros, hablo del mío, que los otros si quieren sigan con el telón abajo sin querer darse cuenta de su ridícula función. De este ruido que puede ser tan fastidioso como el zancudo que te visita cuando estas cerrando tu acto y emprende su sinfonía de locura en la oscuridad, a las puertas de tu oído y cuando ya las luces han caído. De este ruido que no puedo dejar de odiar como me odio a mí mismo por odiarlo también. Este ruido que habla en los momentos más inesperados y no me deja ser, cuando simplemente quiero estar. Pareciera que este pequeño espacio se multiplica y son todas las calles y todas las voces de ellas que pregonan la desesperación de la soledad. Una casa es eso, el encierro del pregón de la soledad. Por eso existen aparatos como los teléfonos, para seguir amplificando la angustia y contar a otros nuestros pesares, y la televisión como un grito prolongado de muchas voces, de extrañas voces que mutan en seres increíbles anunciando su desesperación. Las ventanas son la indiscreción, las cortinas son la moral, por eso aquello de que la moral es doble. Hay un tela transparente que roza el vidrio haciéndole un leve coqueteo, pero atrás hay una tela que nada deja ver. Los hay entonces que en las más de las veces habitan su prisión, encienden el medio ciego en el cual la fealdad se oculta y crean monstruos horripilantes, con voces salidas de cavernas mitológicas, hablo como no, de la radio, invento detestable para difundir la ignorancia y las formas del mal hablar, aparato en el que el pueblo errado se agazapa y se solaza. El loro, el lorito, pica que repica, en la casa, en los buses, en los almacenes de ropa (Absurda idea de marketing), altavoces en el puesto de salud, musiquita bastarda de fondo en los supermercados y los grandes almacenes de cadena, que encadenan, falso asomo de cultura en los restaurantes. El loro, el lorito, pica que repica. Bocinas agujereadas expeliendo una agonizante compañía que nunca se ve, despistando las soledades de muchos, “Vea préndame ese radio que esto esta como un cementerio”, exclama alguna voz. Benditos muertos descansando en la paz de la nada, pero tampoco, aquí estos sufridos muertos que sufrieron en vida; vaya uno a saber sus pesares y sus pocas dichas, siguen sufriendo si van a dar al San Pedro, no pueden descansar, donde los saltimbanquis, maromeros y cuanta propuesta artística ramplona se le ocurra al que vive de las musas que nunca lo visitan, hacen el mas mundanal ruido, pobres almas que siguen atormentándose, en el cielo, en el infierno, en el purgatorio donde estoy seguro llega toda esa bullaranga. De este ruido de hogar, desdeño mientras lo tengo, no se si llegara el momento de extrañarlo. Por ahora propondría el humilde voto de silencio y la santa paz de la gestualidad o por lo menos la letra que necesariamente ha de decirse. La comunicación certera, eficaz y edificante esta en la letra de menos. Del ring, ring, ring, del que se desprenden preguntas sin dirección e intereses sin intereses. Exclamaciones programadas y gestos ciegos. Del otro lado de la pantalla con canales programados solo se puede emitir el más perfecto curso de ignorancia y consumismo, de parámetros a seguir.

De todas estas malas yerbas creciendo como una gran maleza, desplazándose en las más variadas plataformas que da la vida, estos pedazos de humanos enmarañándolo todo, tomando múltiples formas, abarcando todos los espacios posibles con su hedor. Yerba mala, rastrojo que ya no se quita ni con el más duro y afilado machete. Crecen estas personillas y los vez desplazándose en sus automóviles de lujo, sintiéndose dueños del mundo, conduciendo con las vendas de toda una vida, una magna sonrisa tan perfecta como su falta de lucidez. La maleza crece y crece y los autos pasan a colonizar el cielo en edificios que se pegan como enredaderas en el aire, entonces si, la industria del ladrillo prospera, las compañías de lo efímero triunfan para hacer desaparecer las montañas y pegar árboles artificiales. Ahora los árboles no crecen, se trasladan, la maleza humana no los deja ser, tumbándolos para dar paso al ancho de cemento, para prolongar la risa de quien pilotea a los dioses de cuatro ruedas. Este rastrojero humano imposible de acabar planta semillas por doquier. De sus malas construcciones, artificiales como sus vidas, de sus huecos de pájaros plásticos para anidar cómodamente mientras vengan las lluvias que son más y más y cada vez más, alto alto bien alto como su mentira se erigen sus viviendas como el monumento único al despilfarro y entonces las casas, las pocas casas que quedan son museos a los que se mira raro. Dejemos el cemento y las moradas. Pasemos al otro teatro. De la academia, de la loca carrera por ser alguien, la compra de títulos para ser y pertenecer. Médicos, abogados, ingenieros, constructores, informáticos, carreras con futuro, lindos cartones que no tapan nada, colgados a una pared que deslumbra cuando se lee en voz alta. De ese otro discurso que nos tuvimos que tragar como tontos, como lelos, bajo esa otra dictadura del rigor, un rigor que tampoco era tanto si uno sabía no dejar consumirse, si se sabía “astuto” para trasegar entre esos discursos rimbombantes en boca de tímidos profesores que si acaso invitaban al conocimiento. Repetir y repetir, para al final poder seguir al parloteo, olvidando lo esencial: la memoria. La memoria como pasado, como cimiento para construir futuro, memoria como orientación. Pero aquí es imposible, todo se nos olvido, inclusive desde el almuerzo, por eso hay que repetir lo que nos acaban de decir, de dictaminar. Academicomicos, tragedia que muchos quieren seguir por años para sumar cartones, construir una caja y enterrarse con ella, como construir su propia tu tumba, ese parece ser el único trabajo del hombre. Que lucido me suenan las palabras de Vicente Huidobro cuando dice: “Soy abogado, soy ingeniero, soy… ¿y a mi qué? Eso sólo prueba que posees un diploma de limitación”. Ahí están entonces los miles de limitados que se siguen limitando aun más en la carrera de ratas. Es igual el mendigo que duerme en la calle al académico que todavía no se cansa de albergar “el alma mater”, la de aquí y la de allá y la de más allá que por supuesto siempre será la mejor, digo que son iguales porque a los dos no les queda más que cartones para cubrirse, los dos los exhiben y cubren con ellos su miseria. De esa limitación, de comprar conocimiento, de comprar prestigio, de esa inversión a años, años luz diría yo, invertir en dinero para tener tiempo y después volverse locos cuando no saben que hacer con el. Recodemos las palabras del joven Werther diciéndonos: “los más de los hombres trabajan la mayor parte del tiempo para vivir, y la pizca de libertad que les queda los atosiga tanto, que buscan por todos los medios verse libre de ella”. Luego de todo esto quedan los rostros de siempre. Los que ves todos los días así no los conozcas, o lo que es peor conociéndolos. De este espacio diminuto lleno de aeropuertos, un gusano gris que atraviesa y se trepa por cada resquicio de esta ciudad. Un espacio con cientos de salas de cine donde no encontrarse y no verse. Las caras, las caras, siempre los espacios comunes, donde vuelves y los ves, los ves, te cansas de verlos, con otra ropita, la misma de siempre, la niña nueva, la moda de ayer con otro doblez. Las mismas épocas encontrándose en el mismo espacio, espacio asfixiante, insuflado por olor a frituras, cerveza en vaso de plástico y en el aire el inconfundible olor de la hierba de siempre, que flota para perderse en el aire y así todos tan etéreos, pero todos tan de aquí. Pero el capitán me recordó una frase capital que no se me borrará nunca: no soy de aquí, ni me parezco a nadie. Por eso, por todas estas cosas que acabo de nombrar y por tantas otras gigantescas pequeñeces que se me quedan en el tintero, quiero gritar a viva voz las palabras de Montaigne: “A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de que huyo pero ignoro lo que busco”

jueves, 27 de diciembre de 2007

Vos al menos te vas

Esta es la voz de mis semejantes y cada vez que saco a relucir este descabellado proyecto, vuelve esa eterna sentencia “vos al menos te vas”, pienso en la huida, pienso en tantas cosas, pienso en la distancia, en la certeza de los actos, en los salvavidas, en los botes que se desinflan, en aquello de “las mujeres y los niños primero”, pero este bote que algunos creen firme es una barca vieja y porosa comida por los sueños y el tiempo, los sueños que crean deseos que son nuestra perdición y el tiempo que cura las heridas sin dejar de hacer otra fisura en el alma. Tal vez vaya a hundirme irremediablemente, nadie lo sabe, lo único que espero (y dale con la maldita esperanza) es poder cruzar algunos ríos, llegar a alguna orilla así no este muy lejana, al fin y al cabo lo que importa es el camino no la llegada. Este bote parece ser la salvación, pero todos sabemos que la salvación es la eternidad, o esta en la eternidad o en la algún lugar que ya alguien olvido. El camino parece ser la salvación, mis semejantes talvez no hayan visto el camino; parece me digo yo, que ya la he visto, al menos siento que la he vislumbrado y esa parece ser la única salvación, esa es la consigna que remite a la sentencia de…”vos al menos te vas”, sentencia que presupone varias cosas, la salvación del que parte, el tedio de los que se quedan, la angustia de la distancia, tantas y tantas cosas que solo serán resueltas o por lo menos evidenciadas con la partida. No dejo de pensar en esa sentencia, revolotea en mi cabeza como miles de pájaros enjaulados en una jaula de tamaño familiar, cada una de sus partículas no deja de rebotar en mi testa y por efímeros instantes me hacen sentir un ganador que va por su trofeo al culo del mundo, por otros, como ese dictador que va a aplastar el mundo entero en dos ruedas, mientras muchos se quedan aquí con sus cadenas y sus angustias. Las muchas más de las veces es el sentimiento del ser que anda más perdido que todos y que nada encontrara porque nada busca, porque nunca supo leer brújulas ni mapas, que los trazos de los caminos que lee constantemente en la cartografía que lo desvela solo son líneas de un eterno laberinto al que saldrá a perderse cuando muchos creen que va a su salvación. No dejan de repetirse las mismas palabras, huida salvación, lucha, fatiga, desesperanza, camino, búsqueda. Caminos chuecos agregaría yo, perdidas kilométricas, otra de las tantas formas de ir muriendo que busca el ser humano, que es lo único que busca, lo único que saber hacer, que puede hacer, tratar de llenar los inmensos vacíos de su existencia con esas cosas que cree verdaderas para esperar el momento de la real partida. Yo quiero llenarla de otra forma, es cierto, una forma no muy convencional, ir al camino en dos ruedas y perderme tal vez eternamente solo para hallar más preguntas que no me digan nada, volver a intentar leer las páginas de un mundo que apenas se esta escribiendo así tenga miles de años de historia, descifrar jeroglíficos en los rostros de la gente, detectar los códices impresos en la calle de una nueva ciudad, volver, volver sobre lo mismo de aquí en todos los lugares del mundo, recordar las hermosas palabras de kavafis en su poema “La Ciudad” :
No encontrarás otra tierra, otro mar.
La ciudad te perseguirá.
Caminarás las mismas calles, envejecerás en los mismos barrios,
en las mismas casas encanecerás.

Aquí terminarás, no esperes nada mejor.
No hay barco para ti, no hay camino.
Como has destruido aquí tu vida,
en esta angosta esquina de la tierra,
así las has destruido en todo el mundo.

Oh poetas del mundo que ya han sabido sufrir, es decir, vivir. Oh eternos poetas cantando las desgracias de todos los hombres, poetas que ya se fueron, lectores de todos los mundos, trotamundos de las sensaciones, sujetos que no supieron quedarse nunca en ningún lugar, que profundizaron en su vida para poder ver las de los otros, ser el otro, ser el vidente. Se fueron como me quiero ir yo, como quiero descolocarme, ponerme en otra parte, donde todas las voces de mis semejantes me sigan resonando, donde mi sombra los cobije y haya de acompañarlos para que ellos me acompañen y también se vayan y vayan dejando a los otros para que así estemos mas cerca de todos, no de mi que de seguro ya estaré muy lejos, si no mas cerca de ellos mismos para que tengamos todos de que conversar en un dialogo que nos diga todo y llene por fin el vacío que nos acompaña a todos. Vos al menos te vas, pero espero que tú no te quedes. Que cada quien encuentre su camino sea cual sea, que no haya ganadores que apesten con su hedor a triunfo mal ganado donde solo reina el temor, que salgan todos juntos a perder a perderse para que ganen un pedazo de valor, algo de vida y decir como dijo Van Gogh a su hermano Theo en una de sus bellas cartas: “Quien trate de salvar su vida perderá, pero quien la pierda por algo elevado, aquel la encontrará”.

Oda a la Negrita

Como todos los buenos amores me enamore de vos antes de conocerte. Tu hermano en las clases aquellas de ingles de hace tanto tiempo me contó como habías llegado a sus manos y lo feliz que andaba con vos. Yo empezaba a fantasear con tenerte, con andar con vos, con rodar contigo por tantos lugares, fue como empezaste a ser una fantasía para mí. Cada vez me llegaban con alguna noticia tuya y yo me emocionaba, a la vez que sabía que sería tan difícil tenerte a mi lado. Era fácil quedar deslumbrado por tu figura. Por aquellos días se paseaban por estas calles, figurines, imitaciones baratas de tu hermosa figura pero yo seguía con tu imagen, la única, pensando que podía compartir un pedacito de vida a tu lado. Como no quedar preñado con tus formas. Esa piel negra intensa, esa rigidez en tu cuerpo y a la vez una esbeltez que no reñía con tu conjunto. Había que saberte mirar, siempre he pensado que hay que saber mirar, pienso también con una infinita tristeza que de todos los sentidos que nos han ido aniquilando bajo la uniformidad, la mirada a sufrido una considerable mutilación y el ojo a olvidado captar los detalles, todo para meter en formas generales cuantas cosas podemos admirar . Un leve barrido y la forma queda registrada bajo una ligera mirada. Gordo, feo, bajito, simple, blanco, negro y ya queda despachado el objeto. Podemos dejar pasar por algo lo delicado de unos dedos finos, de pronto, en un cuerpo gordo. Son miles las posibilidades si observamos el detalle, pues a “simple vista” se nos escapa la vida. Fue por todo eso que tu cuerpo me acogió cuando te vi. Y es que era fácil empezar a mirarte mientras desfilabas tan coqueta y a la vez con ese aire de sumisión pero sobrándote toda la dignidad del mundo, porque aunque te sabias pesada y rígida, te movías con el viento y por supuesto, enamorabas a tu paso. Yo lo sabía, sabía que enamorabas, ya tenías muchos adeptos, no se podía negar que había en muchos eso tan horrible que llaman moda, pero como a mi nunca me ha ido aquello de estar a la moda se que mis amores son naturales y que como dicen los celtas, “nunca llego a la hora apropiada…”, siempre tarde, siempre tarde. Tarde llegan los amores, la vida, siempre tarde para ver el barco que acaba de partir, ese que nos iba a llevar al lugar que tanto queríamos conocer, siempre anclado en el puerto, siempre allí tan melancólico viendo como se pierde la vida. Por eso te quería tanto, por eso te anhelaba de esa manera, por eso ardía de envidia en saberte dueña de otro. Siempre supe que eras vía de escape en este estancado mundo, supe que eras libertad y que tu ser, mas allá de lo obvio era movimiento y ligereza. Compañía de siempre, dadora de otros mundos, de miles de espacios, tu cuerpo invitaba pero no consumía, por eso fuiste un amor real. Yo seguía fantaseando y como todo mal mortal esperaba. Esperar, esperar, esperar, acción tonta y vacía de esta raza. No esperar como puede esperar uno que caiga la tarde, un acto desinteresado, bello, transparente. Esta espera estaba condicionada y tenía un afán enorme. Pero como todo en esta vida, o casi todo, sucede sin pensarlo, en una transacción del destino nos vimos rodando juntos. Mi negra, negra de mis eternos amores, mi compañera de siempre, la de tantos trayectos a la felicidad, la de ninguna caída más que la del juego y aquella vez que nos apalearon, la inmaculada, la coqueta que levanta miradas y recibe propuestas indecentes en mi presencia, la que sale contoneándose y no se deja comprar, la que sabe lo que vale y por que lo vale, la que no se presta, la que no carga más que con su peso, esa negra sin par es mi bicicleta. Bicicleta mujer, capricho de ser, ruedas grandes para navegar, guardabarros para la elegancia y el estilo, melodías al pasar, vieja campana que ya no esta, comodidad para transitar, mantequilla sobre el pavimento. Cuantas cosas no hicimos cuando nos vimos juntos, de cuantos caminos no fuimos testigos en el cansancio y la fatiga de quien todavía no sabe transitar, pero que viaja despacio y como dice el maestro González se detiene donde lo coja el amor. El amor en tan diferentes formas de cómo lo puede ver cualquiera y con vos si que lo vi diferente, por ejemplo en estas eternas noches de Medellín, camuflándonos por los paisajes urbanos al son de cualquier tonada, en esas escapadas que duraban horas recorriendo esta ciudad como fantasmas para escapar del asecho de la casa. O que decir de los trayectos que creímos eternos pasando de un municipio a otro por fronteras invisibles, mirando al frente un camino que se hacia eterno como esos cuerpos de mujer que se creen infranqueables para luego pasar suavemente por el lomo del asfalto y sentir esa hermosa sensación de placer, rozar ese cuerpo, coronar, sentirse en la cima del mundo y disfrutar. Ya no quiero recordar más por el momento, quiero quedarme con este buen sabor de boca de tu presencia y tu memoria, pues llega el momento de decir hasta pronto ya que en ti no caben los adioses, es el tiempo de dejarte en buenas manos, en las mejores que puedas quedar mientras a mi me es dado imprimir otro peso en mi vida y rodar con otro aire por caminos insospechados donde tu esencia me acompañara. Negra de mis amores y mis andanzas hemos de volver a encontrarnos y seguir andando, para decirle al mundo que la lentitud y el movimiento se ven mejor desde tu lomo, en dos ruedas y esos caminos que ilumina tu farola. Rodando hasta siempre mi negra.