Lo que yo quiero decir es América Latina...

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jueves, 27 de diciembre de 2007

Oda a la Negrita

Como todos los buenos amores me enamore de vos antes de conocerte. Tu hermano en las clases aquellas de ingles de hace tanto tiempo me contó como habías llegado a sus manos y lo feliz que andaba con vos. Yo empezaba a fantasear con tenerte, con andar con vos, con rodar contigo por tantos lugares, fue como empezaste a ser una fantasía para mí. Cada vez me llegaban con alguna noticia tuya y yo me emocionaba, a la vez que sabía que sería tan difícil tenerte a mi lado. Era fácil quedar deslumbrado por tu figura. Por aquellos días se paseaban por estas calles, figurines, imitaciones baratas de tu hermosa figura pero yo seguía con tu imagen, la única, pensando que podía compartir un pedacito de vida a tu lado. Como no quedar preñado con tus formas. Esa piel negra intensa, esa rigidez en tu cuerpo y a la vez una esbeltez que no reñía con tu conjunto. Había que saberte mirar, siempre he pensado que hay que saber mirar, pienso también con una infinita tristeza que de todos los sentidos que nos han ido aniquilando bajo la uniformidad, la mirada a sufrido una considerable mutilación y el ojo a olvidado captar los detalles, todo para meter en formas generales cuantas cosas podemos admirar . Un leve barrido y la forma queda registrada bajo una ligera mirada. Gordo, feo, bajito, simple, blanco, negro y ya queda despachado el objeto. Podemos dejar pasar por algo lo delicado de unos dedos finos, de pronto, en un cuerpo gordo. Son miles las posibilidades si observamos el detalle, pues a “simple vista” se nos escapa la vida. Fue por todo eso que tu cuerpo me acogió cuando te vi. Y es que era fácil empezar a mirarte mientras desfilabas tan coqueta y a la vez con ese aire de sumisión pero sobrándote toda la dignidad del mundo, porque aunque te sabias pesada y rígida, te movías con el viento y por supuesto, enamorabas a tu paso. Yo lo sabía, sabía que enamorabas, ya tenías muchos adeptos, no se podía negar que había en muchos eso tan horrible que llaman moda, pero como a mi nunca me ha ido aquello de estar a la moda se que mis amores son naturales y que como dicen los celtas, “nunca llego a la hora apropiada…”, siempre tarde, siempre tarde. Tarde llegan los amores, la vida, siempre tarde para ver el barco que acaba de partir, ese que nos iba a llevar al lugar que tanto queríamos conocer, siempre anclado en el puerto, siempre allí tan melancólico viendo como se pierde la vida. Por eso te quería tanto, por eso te anhelaba de esa manera, por eso ardía de envidia en saberte dueña de otro. Siempre supe que eras vía de escape en este estancado mundo, supe que eras libertad y que tu ser, mas allá de lo obvio era movimiento y ligereza. Compañía de siempre, dadora de otros mundos, de miles de espacios, tu cuerpo invitaba pero no consumía, por eso fuiste un amor real. Yo seguía fantaseando y como todo mal mortal esperaba. Esperar, esperar, esperar, acción tonta y vacía de esta raza. No esperar como puede esperar uno que caiga la tarde, un acto desinteresado, bello, transparente. Esta espera estaba condicionada y tenía un afán enorme. Pero como todo en esta vida, o casi todo, sucede sin pensarlo, en una transacción del destino nos vimos rodando juntos. Mi negra, negra de mis eternos amores, mi compañera de siempre, la de tantos trayectos a la felicidad, la de ninguna caída más que la del juego y aquella vez que nos apalearon, la inmaculada, la coqueta que levanta miradas y recibe propuestas indecentes en mi presencia, la que sale contoneándose y no se deja comprar, la que sabe lo que vale y por que lo vale, la que no se presta, la que no carga más que con su peso, esa negra sin par es mi bicicleta. Bicicleta mujer, capricho de ser, ruedas grandes para navegar, guardabarros para la elegancia y el estilo, melodías al pasar, vieja campana que ya no esta, comodidad para transitar, mantequilla sobre el pavimento. Cuantas cosas no hicimos cuando nos vimos juntos, de cuantos caminos no fuimos testigos en el cansancio y la fatiga de quien todavía no sabe transitar, pero que viaja despacio y como dice el maestro González se detiene donde lo coja el amor. El amor en tan diferentes formas de cómo lo puede ver cualquiera y con vos si que lo vi diferente, por ejemplo en estas eternas noches de Medellín, camuflándonos por los paisajes urbanos al son de cualquier tonada, en esas escapadas que duraban horas recorriendo esta ciudad como fantasmas para escapar del asecho de la casa. O que decir de los trayectos que creímos eternos pasando de un municipio a otro por fronteras invisibles, mirando al frente un camino que se hacia eterno como esos cuerpos de mujer que se creen infranqueables para luego pasar suavemente por el lomo del asfalto y sentir esa hermosa sensación de placer, rozar ese cuerpo, coronar, sentirse en la cima del mundo y disfrutar. Ya no quiero recordar más por el momento, quiero quedarme con este buen sabor de boca de tu presencia y tu memoria, pues llega el momento de decir hasta pronto ya que en ti no caben los adioses, es el tiempo de dejarte en buenas manos, en las mejores que puedas quedar mientras a mi me es dado imprimir otro peso en mi vida y rodar con otro aire por caminos insospechados donde tu esencia me acompañara. Negra de mis amores y mis andanzas hemos de volver a encontrarnos y seguir andando, para decirle al mundo que la lentitud y el movimiento se ven mejor desde tu lomo, en dos ruedas y esos caminos que ilumina tu farola. Rodando hasta siempre mi negra.

1 comentario:

Elena dijo...

Esa negrita te dejo loco, espero que las locuras y el aguante de la nueva señorita mona, te pueda durar otra ensoñación mas.