Lo que yo quiero decir es América Latina...

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martes, 11 de marzo de 2008

A la Mérida ¡Preciosa!

Siempre estoy recordando la voz de mis maestros, sus palabras, sus sabios consejos y apuntes.
...detenerse donde nos coja el amor, reza uno de esos buenos consejos. En la ciudad de Mérida no escribí mucho, porque como decía otro de los grandes, los acontecimientos necesitan un poco de tiempo para volverse palabra. La forma del amor en Mérida no se reduce a la facilista, tonta y absurda forma dada por muchos en juntar al hombre y la mujer para desperdigar dicho sentimiento. Ya antes de este viaje pensaba que el amor puede y debe darse de muchas maneras. En esta ciudad tuve varios hospedajes y sea este texto un sentido homenaje a la ciudad y su gente, al buen amigo Abdón que me acogió. Este es un tipo que conoce bien la ciudad y que posee un sentido critico que permite establecer una comunicación fluida y verdadera. El amor es palabra entonces también y hay que saberlo habitar. De otro lado el clima de aquí cautiva de sobre manera. En la medida que te vas moviendo por el mundo tú y tu cuerpo van manifestándose. Con una temperatura que invita al sol en la mañana, un sol no muy fuerte y ese tímido frío que se aleja pero se queda a la vez y permite que no te quieras ir de la ciudad. Con el frío entonces estoy mas a gusto y me dejo estar de una mejor manera. Mi anfitrión un hombre casi de mi edad, es alguien centrado y conocedor de un espacio que ha sabido asimilar. A lo largo de mi estadía allí caminando de un lugar a otro o sentados en la comodidad de su pequeño apartamento, de repente venia de su parte una historia cargada de tradición y entre mitos indígenas, historia inmediata y conflictos actuales las conversaciones fluían. Como hecho particular hay que decir que este hombre es medico. Aquel día que lo conocí pase mi primera noche acompañándolo en su clínica donde debía hacer turno, una clínica de obstetricia, especialidad a la que se dedica y justo allí en ese lugar tuvimos los primeros acercamientos de largas conversaciones venideras sobre la política de este singular país y el proceso que pretende construir. Estar en una clínica me hizo recordar muchas cosas que tienen que ver con mi pasado. De un lado mis enfermedades cuando pequeño y mis largas jornadas en hospitales, por otra parte las innumerables horas que acompañaba a mi madre, quien fuera enfermera, en sus múltiples lugares de trabajo. Se puede decir entonces que crecí entre clínicas, médicos y medicamentos. Ahora, a esta edad y siendo mi mejor amigo medico, las historias de hospitales y pacientes no terminan para mí, por eso ese día allí el espacio no se me hacia extraño. Los días tranquilos en Mérida se desarrollaron con una calma tal que conmueve al recordarlo. En este viaje me revisto en ocasiones con mi actitud de turista y voy a conocer aquellos lugares de las guías, los que los medios nos dicen visitar. Ese juego no me gusta mucho, por no considerarme un turista, si no mas bien un tipo que deambula por ahí. En Mérida en un par de ocasiones hice este juego de jugar por jugar. Con mucha curiosidad fui a la no menos famosa heladería Coromoto, la de los mil sabores (830 hasta ahora según me documente) que aparece como no en el libro ginness. Allá llegue a asombrarme como muchos, de su infinita carta de sabores, la mayoría de ellos traídos de los cabellos. Pensaba también que en su dueño, un hombre de origen portugués, hay un gran jugador, que entre la invención de nombres y combinaciones de sabores existe un hombre que construyo un cálido sueño con los fríos helados. Mi otro juego de turista fue ir a conocer el teleférico mas alto del mundo. 12 kilómetros y una altura de 4700 msnm fueron el embeleco de uno de nuestros presidentes latinoamericanos de turno, emulando construcciones, pero este, que es el continente de la hipérbole se presta para estas grandes proezas. El teleférico se remonta hasta el Pico Bolívar, el mas alto de Venezuela con 4980 msnm, que ya casi no esta cubierto de nieve, estas dejaran de ser perpetuas, unos pobres parches blancos le dan otro color al pico que ya casi quiere tocar el cielo. A medida que subes por sus cinco estaciones puedes apreciar la magnitud de dicha obra y por supuesto la inmensidad de la naturaleza. Ese día nos calentaba un agradable sol que golpeaba en la cara mientras subíamos, pero arriba las cosas son a otro precio y la justa altura hace lo suyo. El cuerpo se entumece de punta a punta mientras el viento corre como loco inundándolo todo. Lo otro en Mérida es su centro limpio, sus callecitas agradables y aquello de que es una ciudad incrustada dentro de una universidad. El hecho que la universidad principal no este ubicada en un solo lugar si no que sus facultades se desperdiguen por toda la ciudad hace que cuando la recorras te sientas transitando por la academia. Mérida es una ciudad de muchos, de todos, la condición de ciudad universitaria hace que confluyan jóvenes de todos los lugares del país y esto le da un aire juvenil, entre cafés, panaderías, bares, lugares para el deporte y siempre donde disfrutar de comidas rápidas que aquí abundan, Mérida se empina y deja que en la noche la bruma la cubra y que en las mañanas el sol vaya iluminando sus picos.

2 comentarios:

Yiro dijo...

Condenado! si ya hasta pareces un deportista de alto rendimiento isque flaco y con piernas (mandesito siempre ha sido piernón diría tu madre) y como siempre tan buena vida isque cohiba de despedida... el de la victoria que será un solo larguisimo habano que fumaremos con cada triunfo y por que no con cada derrota.
Solo hay algo que no me gustó de a mucho... que negriada tan fea te pegaste en la playa!!! pareces melchor el rey mago pero con pelo y barba de Baltazar!!!!
Hermano mio... hermosas fotos y sus textos, y no son flores.

Elena dijo...

Curiosamente hoy te leo desde la fría tarde en la candelaria de bogota, por donde también tus pensamientos y tus zapatos cruzaron, mi emoción pareciera ser similar a la frenética belleza con la que recuerdas la ciudad de Mérida, cualquier habitante de allí se sentiría muy agradecido con tus palabras.

Ah¡¡¡ Y apoyo el comentario sobre Melchor...y yo diria, mas que pinta de deportista, estas quedando como BUENO¡¡¡.