Lo que yo quiero decir es América Latina...

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lunes, 7 de julio de 2008

Recife, un puente, dos puentes, tres puentes a la felicidad...

Especial acontecimiento en la ciudad de Recife. De muchos días atrás y de un encuentro que sentimos inconcluso acorde con mi amiga jenny, de Bogotá Colombia que deberíamos vernos de nuevo en este periplo. Fue un encuentro del que aprendí mucho, un encuentro que trajo múltiples sorpresas y por sobre todo que trajo tranquilidad que en estos caminos es la felicidad. Abrí las puertas a este encuentro ya que con esta mujer es con una de las pocas que puedo encontrarme de la manera en que me gusta hacerlo, encontré en ella a una amiga. con ella puedo hacer a plenitud varias cosas en las que me siento pleno cuando encuentro con quien compartirlas; caminar y conversar, lo otro es añadidura, el afecto, la buena comida y la gustosa bebida. ahora bien, no hay que olvidar que esto es viaje y el andar hace parte de todo. la particularidad aquí fue la compañía para hacer todo esto, en este caso tuve una compañía óptima, pero la relfexión que me viene es sobre lo que significa conocer bien una ciudad. Siempre he sido un hombre que se conforma con lo sencillo y he pensado entonces que conocer bien una ciudad es caminarla bien, las ciudades se me pasan cuando no las camine y las pude haber vivido por los pies, si no que se me fueron en las ruedas de la bici viéndolas desde la carretera o encerrado en algún lugar. Recife no defraudo y muy por el contrario cautivo. Su parte antigua sigue latente, la pregunta siempre será por el pasado, por el funcionamiento de esa estructura en antaño. había que ir despacio y mirar las fachadas de esos edificios viejos que se resistieron a morir y bueno, claro esta, una que otra administración que supo mantenerlos en pie, difícil acabar con la memoria de Recife. había que mirar bien arriba, allá donde se encaramaba la historia de esos edificios, también se tenia que sentir el piso viejo en piedra, todo iba lento allí, a la manera en como se debe viajar. En los muchos días que estuve allí no hubo día en que no encontramos una calle nueva y donde el ritmo de este Brasil musical lo contajiara todo hasta encontrar la otra esquina donde se ofrece ropa y calzado y el hombre que tiene el micrófono mientras hace todo esto, canta también. así es este pueblo hecho de ritmo. Lo otro de Recife es su historia, sus numerosos puentes que conectan cada punto de la ciudad, cada uno de ellos como conexión para ir a mirar otra cara, para ver el otro lado del espejo. Cada puente tiene su tiempo y su historia, tiene su placa y sus moradores, os hay solitarios y también concurridos, pero en todos, por debajo, va ese río negro y tristemente mal oliente que va caminando lento hacia el mar. En el marco Zero que es de donde parte todo más allá del otro lado presientes el mar y tienes que ir en busca de él y la otra cara de la ciudad, la de las otras postales con hoteles en venta y playas atestadas de gente, meticulosa mente cuidadas para que más gente venga a ellas, hasta una artificial barrera de contención para las olas puede verse desde la arena. yo que también habite la arena con mi traje de turista, felizmente pase por uno nacional, pude ver la vivencia como hace tiempo no la sentía, picar cuanto alimento local se atraviese por delante y sentirse como uno más dentro de la manada, eso esta bien. También hubo tiempo para visitar la ciudad cercana de Olinda, en la cual parece nació Recife cediéndole luego el puesto, allí sorprende la cantidad de iglesias, eso habla de algo que paso y no deja de suceder, pero hay color en las fachadas y el sol lo intensifica, el sol que también se mete por las calles y callejones y nos persigue, solo podemos esquivarlo al entrar a un local donde en su interior el color no se apaga, son faroles y banderines indicando el carnaval, ese de São João que estamos viviendo, ese que se multiplica con toas esas almitas que se encienden más en la noche al llamado de todas las músicas, no hay lugar que no sea un perfecta tarima, todos bailan y se saben las canciones, yo soy un feliz analfabeto que gozo con la ignorancia de mi propia fiesta. Ni me quiero imaginar esta ciudad en carnaval, el otro, el grande, siento que viví solo las esquirlas y así fui feliz.

3 comentarios:

Elena Zamudio dijo...

Quiero contarte que una mañana vi un sol resplandeciente en el portal de mi ventana,

La mañana parecía algo extraña para mi agitado corazón, que entre cantos de pájaros mañaneros
Me avisaba que el día comienza
Que la tarde esta cerca
Y que en la noche,
El alma de nuevo recordara con un éxtasis algo similar producto de una fresca marea,

Los volátiles instantes
De eso que llamas FELICIDAD.

flor maria londoño g dijo...

hijo eres un beraco

flor maria londoño g dijo...

hijo esto fué apenas un ensayo que al fin lo logre te quiero mucho, sigue adelante, con toda la fuerza y la valentia que te caracteriza.Sabes que como un dia me lo dijiste? yo pedaleo siempre contigo.