Lo que yo quiero decir es América Latina...

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sábado, 19 de julio de 2008

SALVADOR. Negra desde siempre, festiva por naturaleza y profundamente LATINOAMERICANA.

Escribo esto cuando en el piso de arriba de la academia de Capoeira “Porto da Barra”, donde pase 4 de los 6 días en Salvador, todavía suenan unas notas de birimbao y unos jovenes juegan a danzar, bella juventud que se agarra a sus tradiciones pasajeras.
Hablar de esta Salvador es hablar de un pedazo que representa a toda latinoamerica. Salvador negra, salvador puta, salvador que danza, salvador que se muestra en las calles y la Salvador que también se esconde. Venia robandome el corazón este continente y aquí hubo un zarpazo de fiera que se quisiera comer de un bocado entero la presa, la presa en este caso fui yo y toda mi pobre humanidad y el zarpazo atravezo el corazón dejando el alma doliente. Todo duele, duele la belleza cuando es pura y sincera, duele el terror cuando viene de las entrañas, toda la vida es un eterno dolor, duele el amor porque es profundo y duele el golpe aun cuando solo toque la superficie. Había una fuerza en esta ciudad que ejerciera un llamado constante en mi y sentia que algo pasaria aquí. Largo fue trayecto para llegar, el próximo y el de antes. Como me gustan los dichos populares, cuanta sabiduria hay en ellos y bien traigo uno ahora: “Desde el desayuno se sabe que va a ser el almuerzo”. Mi desayuno al llegar a Salvador estaba frio, pero al fin y al cabo tenia desayuno, apenas me pusieron un parco plato sobre la mesa y eso me tuve que servir.
Me ubique en la casa de alguien que vive bastante lejos del centro, un negro, homosexual él, esto me importa tres rabanos, si no fuera por la constante de que con estos personajes ha sido con los unicos que no he tenido empatia como anfitriones, no soy homofobico ni mucho menos, de hecho muchos de los grandes que admiro son homosexuales, en ultima instancia no importa que se sea, chino, marciano, lunatico, lo importante es el respeto y el feeling, la disposición para.
Esta Slavador festejaba su 2 de julio y el pueblo, esa masa amorfa que siempre promulgan los politicos para hecharse al bolsillo y tener eslogans incluyentes; solo en el papel, se volcaba a las calles, yo lo vi por televisión en aquella mi primera casa en Salvador, solo que ahora estaba en el ojo del huracan y debia ir a él. Alla fuimos con mi anfitrion que seguia distante y ya en el centro al encuentro con sus amigos con los que se despacho en abrazos y quereres, la distancia conmigo se hizo mayor, a mi no me importaba, como decia un maestro cercano, “Soy testigo”. El desfile para mi fue una burla y todo por el tumulto de una horda de amanerados irrespetuosos y hablo en estos terminos, solo desde la estetica, lo mismo podría decir de un desfile de mujeres donde los machos se pespachan en coros que hechan babas mostrando un fetido insitinto animal. En aquel desfile las bastoneras eran bastoneros con los que el público gay viraba loco o locas más bien. Todo este saperoco recordando entre banda y banda de música alguna figurilla alusiva a la independencia de bahia que dicen, fue la del Brasil mismo, esta fecha todavía se pelea. Yo no aguante mucho tiempo allí y fui a refugiarme en casa. El día siguiente me lo robo la burocracia, la de los pasadizos y papeleo absurdo. Yo latinoamericano, mendigando permisos de frontera en frontera para pasearme y conocer mi continente, mi casa. Las leyes estan hechas para las nubes, por hetereas, por pasajeras, nosotros los humanos tenemos que debatirnos con dictamenes que alguien sugiere con un antojo de niño malcriado que no entiende de razones. Absurdo es decir a la entrada de Brasil, en la frontera con Venezuela, que si por favor pueden romper con la regla de solo dar 90 días de permanencia en un pais, ellos jamas abriran los ojos para ver que me propongo atravezar su país en bicicleta, el quinto más grande del mundo y que necesitare muchos más. Los días se cumplieron aquí en Salvador donde todo habría de cumplirse. Siempre el tramite se efectua en la policía federal y viaje hasta allí para encontrarme con la noticia de que debía ir hasta el aeropuerto para hacer la diligencia, volver a atravezar toda la ciudad en una vuelta de costoso bus, costoso para mi. En ese lugar tengo que desembolsar otra buena cantidad de dinero para un permiso que no tendría porque ser así y bueno, un sello más que me deja legal. Vienen despues los días en este centro de Salvador, los días en esta academia que me supo acoger con esa energia propia de los que libres andan y viven con ritmo y tradición. Aquí empezo la verdadera historia. Salvador se abrió para mí como sexo de mujer, unas veces gustoso de secreciones que saben a miel y en otras acido y amargo donde la hiel se convierte en hiel. Como un explorador me fui adentrando en esta enmarañada ciudad, en ese sexo que se va calentando con el día y hierve en la noche, Salvador de cachaça y cerveza, Salvador de crack y maconhia, Salavador de mil drogas en compensación de una realidad inmunda, drogas salida, pasadizo al encierro perpetuo, un golpe certero a la cabeza. El centro comercial y el historico conversan a distancia, en los dos mora la miseria y la belleza del paso de la historia. El historico es la puerta, el sexo de mujer que atrae y todos como animales en celo caemos a degustar sus maravillas, solo que el calor hace estragos y hasta en estos días de lluvia la temperatura se reniega a bajar. Me fue chupando ese sexo fuerte desde la praça da piedade donde habito, pasando por la praça Castro Alves y me embeleso con la vista al mar desde allí, ya me empezaba a cegar, subiendo por la rua chile me llevo hasta el palacio de rio Branco donde los locales juegan a atrapar con sus baratijas a los incautos turistas. Otra praça, la de Sé, para seguir viendo el mar o dejarse llevar por el elevador “la Cerda” a ver la parte baja de la ciudad para beber del puerto y su historia de mil barcos. Yo baje pero enseguida subi, ese centro me llamaba y despúes de la Praça da sé ya no hay nada que hacer, atraviezas otra praça y te ves bajando por callecitas empedradas que te llevan al centro del centro, el famoso largo de Pelourinho, el de las postales con el museo da cidade y la casa del escritor Jorge Amado, famoso escritor que retrato en sus libros al Salvador del que estoy tratando de hablar. Ya en el centro del centro solo queda tratar de hilvanar rua con rua y lamer el encanto de sus paredes, hacer siempre el ejercicio de borrar las chucherias para turistas, los que llevan recuerdos pues ya no recuerdan, e imaginarse la vida natural rodando por allí, los tiempos de esclavitud negrera, el transito a la libertad, las tiendas con productos de la época, los pueblos de afuera disputandose ese lugar, holandeses, portugueses, ingleses, franceses. Ese mar caribe y el de la Bahia de todos los santos fue testigo de las constantes abatidas desde afuera, los fuertes, el de São Pedro, São Marcelo, Monte Serrat, hablan de ello. En una casa viejisima con más de 200 años, un antiguo edifício de muchos pisos, el Mestre Cabeludo, maestro de la academia “Porto da Barra” me lleva para ver como se fabrican algunos de esos instrumentos que utilizan en su danza, en ese espacio hay tradición, el hombre, el hijo que sigue la enseñanza de su padre, de lo que contiuara el abuelo también, una bodega llena de objetos dispuestos a ser instrumentos musicales puestos al combate de la armonía para la danza. Pero ese ritmo frenetico de Salvador, ahora a cinco meses de mi viaje me recordaría la cara de lo que es, de la realidad que no se esconde, que no se muestra pero que esta ahí. Ya la intuia en mi segundo día pasando por el centro cuando los que viera en la plaza con sus ropas en varandas durmieran todos apiñados en la acera en cajas de cartón, familias enteras, es la miseria de muchos por la incompetencia de unos pocos, mala dirigencia y desviación de dineros. Me dispuse a que no quedara calle sin recorrer en el cenro historico de Salvador y la cachaça fue mi compañera para combatir la soledad y la lluvia, ella venida de la caña y su destilado me cobijo y empezo a mal seguir mis pasos, yo me fui perdiendo cada vez más agusto y entre lluvia y lluviecita me escampaba y me mojaba con placer. Entrada la noche y al calor del efecto del licor el matiz era otro, el matiz de las cosas bajo el cristal destilado. Baje a puerto a uno de esos viejos bares de mujeres gordas, a beber una cerveza con olor a mar y la música de las rockolas llenaba el espacio, reggae en este caso, también se dan las paradojas musicales. Volvi a la ciudad y el centro que no me soltaba y la noche con su negrura extendio su velo. Aparecio entonces aquel hombresito festivo de piel negra, negrisima y entre charlas me fui llendo con él, me mostro algún recoveco el centro que no tenia el glamour para extranjeros con dinero, me mostro más que eso, los ranchos que quedan detras de alguno que otro almacensito medio lujoso donde se instala la miseria de los que se debaten con la vida, seguian quedando en lo alto y esa favela me recodaba nuestras comunas. La negrura de este hombre junto con la de la noche le dio ese tono perfecto a Salvador, negro animal. El efecto de todo hizo que nuestro hombresito, el negro aquel, quisiera cosas más fuertes, la cerveza no le basto, yo lo acompañaba como su sombra con ese llamado mio siempre hacia lo oscuro. La casa – pension era un pasadizo de junkies y familias en decadencia, allí se hicieron los tramites, yo fui testigo, cargado de todo esto senti la hora de salir, salir solo, no queria más aquella sombra y solo en esa profuna calle fui asaltado, latinoamerica me lo recordo, cinco hombres encima de mi como gallinazos tirando de la presa, tratando de llevarse cada uno la mejor parte, es otra forma de violación, fui la bola que golpearon hasta dejar desinflada, sin cartera y sin reloj corri hacia lugar seguro, ya no había nada que hacer, el hecho estaba consumado.
El día anterior trajo la calma y me despedi de Salvador en una forma literaria, pase toda la mãnana hasta que me sacaron de allí en el gabinete de lectura portuguesa, casa Fernando Pessoa, leyendo a mi maestro en portugues, indagando en su vida, recordando a ese hombre que fue muchos para ser nadie, ese diminuto hombre perdido entre las ruas de Lisboa que viajo por todos los puertos sin moverse de su oficina, pero yo mundano tenia que seguir camino, ahora dejando a esta Salvador.

3 comentarios:

Troyana dijo...

Con que frialdad se hace del cuerpo una palabra?
Se despedazan desnudamente las extremidades,
Se fragmenta agresivamente el corazón
Bélicamente se piensa en estar pleno,
Y así, aunque oscuros sean
Atajar recuerdos desde las palabras
Que nos recuerdan; ¡Vivo Soy¡

Rosalinda dijo...

Jaime en verdad disfruto mucho ver tu recorrido, me emociona y me abre los ojos a esta latinoamerica de principios de siglo. Animos nos animas el corazón a estos viajeros sedentarios.

Rosalinda, Xalapa, Veracruz, México

carlos dijo...

Jaime, saludos de Carlos Zapata=EPA He comenzado a ver tu blog. Es una llamada a la libertad, a los desapegos.

Mucha suerte