Lo que yo quiero decir es América Latina...

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martes, 3 de junio de 2008

Belém – Fortaleza, Periplo lunático o en las manos de un Dios.

Como resumir esta otra parte del viaje, un viaje de 20 días en bicicleta, atravesando 4 estados del enorme Brasil, pernoctando en los lugares más insospechados, contar como recibí las mas claras pruebas de hospitalidad de las que pueda dar cuenta alguien, estas y otras cuestiones me propongo contar ahora. El primero de mayo Salí de la ciudad de Belém, todo tan tranquilo, todo tan en calma, a esa hora del día no habían comenzado las manifestaciones tan típicas de esta fecha y era como ir acariciando la ciudad, dar ese paso tan sutil a través de esta. Ya cuando estas en la carretera es otra sensación, las curvas y las rectas te dan la bienvenida, estas en camino. Lo otro es siempre ir en procura del horizonte, no dejarse perder en la lejanía de la carretera y ser un explorador buscando pueblos y ciudades. Viajar también es un juego de matemática, va avanzando el día y hago mis cuentas con las horas y los kilómetros sobre la bicicleta, pregunto sobre la próxima ciudad, el próximo pueblo, miro el camino, siento mi cuerpo y se si puedo seguir avanzando o no. Hay un juego con los nombres también en este viaje, recuerdo cada uno de ellos y que por ser tantos no valdría la pena nombrarlos, se quedan en el tintero vilas como Timboteua, ciudades como Santa luzia do Pará, Santa Luzía do Paruá, Ze doca, Santa Ines, Bacabal, Caxias, Teresina, en fin. Saltar de un estado a otro como un grillo, un grillo lentísimo dibujando una eterna parábola. Días en los que me deslizo como mantequilla sobre el pavimento y otros tantos donde los pedales se pegan. Días en que pareces no encontrar nada y otros en cambio donde te colman de abrazos y bendiciones. Tantos café da manha que recordar, tantas frutas gustosas con las que me deleite y me sigo deleitando. Tanto tanto que queda filado sobre el pavimento y otro tanto más inscrito en el corazón.
Hablo de un periplo lunático por la demencia de ciertos momentos y el recorrido geográfico efectuado que dibuja una media luna y hablo de la mano de un Dios por el tipo de ayuda que procure en otros tantos. El recorrido Belém – Fortaleza dibuja una media luna en su trayecto y que fácil suena, una media luna, una dona que alguien mordió, un dulce mordisco que yo fui dando como lo da una hormiga. Una luna con sus cráteres y fuentes de agua también, otro hombre que quería habitar la luna. Y las manos de Dios, por tocar puertas que no dejaron de abrirse y seguir sorprendiéndome. Recuerdo, vuelvo a pasar por el corazón, la ciudad de Santa luzia do Pará. En mi memoria y mi cuerpo esta todavía el cansancio de ese día, comida que procure en el restaurante de camioneros y la tenaz lluvia que se desprendió del cielo he hizo que en la búsqueda de un lugar encontrara el otro que debía encontrar. Resguardándome de la lluvia veía como la ciudad se detenía, estas ciudades que mas bien parecen pueblos grandes, pueblos disfrazados de ciudades donde la gente sigue rodando en bicicleta, aquí todos amamos la bicicleta y lo mas sorprendente es ver que ni la lluvia puede hacer que se bajen de ellas las gentes. Una mano en el volante y la otra sosteniendo la sombrilla, guardabarros atrás y adelante y listo, sigue el camino en dos ruedas mientras el cielo se desprende. Estando allí en esa acción de esperar se me ocurrió pedir la ayuda de la iglesia para pasar el día, era la única ayuda a la que no había acudido y como lo dije la mano de un Dios se me tendió y me dio la llave de un cuarto, un cuarto presa de la humedad tan corriente en este trópico, pero un palacio para mi. No cabía duda, la suerte seguía conmigo, en aquel cuarto, en su recuerdo también cabe la familia que me invitara a comer esa noche para seguir conociendo a Brasil. Pero esa era solo una de las sorpresas de esos parajes que parecen inhabitables. No dejaba mis escuelas de lado y en una de esas Vilas que son un nombre pequeñito en el mapa volví a ser dueño y soberano de una de ellas, caminando por sus pasillos cuando sus alumnos no están, allí me dio por llevarme un pedazo de ella y preso de cierta nostalgia en vez de disparar un arma, como recordaría en el artículo de Susan Sontang, este hombre disparaba una cámara por doquier. En la ciudad de la miel, Santa Luzia do Paruá, vuelve la mano de un Dios, cada vez más fraternal, morar con la propia familia, la casa del padre, un hombre como cualquiera, un hombre que oficia su misa, ritual de tantos tiempos, de otras culturas, de otras maneras y retorna a su casa, pero hombre al fin y al cabo maravillado también con otras historias. Otras ciudades donde lo ves todo perdido, por el cansancio, por la hora, por comer el plato de un real y el pastel con jugo de acerola y seguir desorientado, jugar la ultima carta y salir triunfador en la partida. Fue en Ze Doca, buscando una de mis escuelas, donde en vez de encontrar salones de clase, encontré una familia que abrió sus puertas y no dejo de mostrarme su ternura hasta el otro día cuando Salí con frutas, galletas y bendiciones por parte de todos. Otras ciudades eran solo el paso donde había albergue, no había conexión con nadie y entonces solo quedaba ruido de ciudad. En ese paso de estado, en aquel estado, mi dama se resentía de varios de sus radios quebrados por el peso de los días, por lo extenso del recorrido, el más largo hasta el momento, días casi sin tregua. Lo más angustiante fue que en ningún sitio supieron dar cuenta por la reparación de ella, siempre tan sofisticada nadie atinaba a cambiar su rueda trasera y teníamos que seguir entonces con las heridas de guerra, pero ella siempre firme, firme en el combate. Fue solo hasta la ciudad de Caxias donde la mano de uno de eso brujos que todo lo saben sobre marcos, manzanas, rodamientos, cadenas y demás la dejo presta para el combate sobre el pavimento, yo también tuve mi recompensa y volví a recordar el mítico libro del popol vuh donde dice aquello de que somos los hombres de maíz. Cuantos alimentos maravillosos no probé en esa casa, todos venidos del maíz, todos con esos tonos de amarillo y unos sabores que empalagan. Todo ese recorrido para llegar a Teresina en el estado de piaui, aunque el trayecto todavía no terminase, era una ciudad grande en la que tenia otros vientos, otro respiro. Volverme a sentar a la mesa con la familia para conversar y sentir que Brasil no es tan ingenuo como pensaba y que el fútbol no es tan distractor y que ese alimento por el que aquí están benditos les da la energía para darse cuenta de sus problemas, lo otro siempre será el como actuar, saber de ese cáncer que afecta a nuestros pueblos llamado corrupción y yo que he visto tan de primera mano, metro tras metro, juntando kilómetros como se desvían muchos dineros y como en tantas escuelas en las que he dormido las cosas siguen funcionando casi que de milagro y esos profesores, abnegados en su labor, iluminadores de caminos, se ven cegados por un sueldo que no reconoce su labor y así entonces el dinero se pierde en la guerra y en banquetes para ir a mendigar a Europa o Estados Unidos mas ayuda o en esas producciones que nunca nos hablarán de nuestra verdadera identidad y siguen dibujando figurines en la televisión.
El recorrido sigue, hay ciudades que son descanso, reposo, viros que toma el viaje para sentarse a la mesa con la familia y conversar, es el verdadero intercambio de culturas de ese que tantos viajeros hablan pero no practican, en la ciudad de Teresina acontece y me sigo preguntando por que es aquello de conocer bien una ciudad, aquí no fue tanto ir en busca de su arquitectura y sus calles si no más bien de la gente próxima, eso me sigue hablando de Brasil. Nunca podré dejar de recordar a la salida de Teresina aquella bella frase que decía: é viajar e deixar saudades. La saudade brasilera, este fuerte sentimiento de extrañar, de evocar, de recordar en la distancia. La estancia en Teresina deja lazos que van hasta la próxima ciudad, Campo Maior, donde las vivencias me llevan a no olvidar nunca la experiencia allí. Ese día un albergue de niños comandado por la hermana Natividade me recibe y estos niños me roban el corazón y por supuesto muchas risas, aunque en mi interior no dejan de asomarse rabias por la desigualdad y conductas erróneas del ser humano. El albergue como me dice la hermana funciona casi que de milagro, pero los niños tienen dormida y alimentación en el día, luego en la tarde regresan a sus hogares. No puedo dejar de olvidar la tarde que pasamos haciendo recortes de revistas y jugando a ponernos mascaras, luego cuando la profesora les leyera el cuento de cenicienta, ya no recuerdo cuando fue la primera vez que lo conocí, me gustaría acordarme, en fin. La enseñanza de este viaje esta en habitar los diferentes espacios que son otro viaje dentro del miso un calidoscopio hecho de kilómetros. En cierta ocasión volví a recurrir a una estación de policía para dormir y si, fui bien acogido y claro, la vida sigue enseñando. Entrar a estos lugares no es tan tranquilo como hablar para quedarse en una escuela, la sola presencia de balas y armas ya intimida, incomoda, en ese lugar pequeño me dijo el policía habían 30 presos que eran visitados por sus familias todos los días para llevarles comida, yo conversaba con ellos y me seguía acercando a sus historias y sobretodo a pensar que significa la libertad, no lo se. El ultimo paso en este periplo fue llegar a Fortaleza, nada fácil aquel día que me lo propuse, una serie de kilómetros en bicicleta para luego en un esfuerzo de horas poder tomar un carro que me llevase a mi destino, quería llegar allí como fuera y un auto por fin me llevo, pegue una carona como dirían en Brasil, una carona que como Fortaleza merece un capítulo aparte que ya vendrá, líneas que hablaran de mar e historias sobre cuatro ruedas.

2 comentarios:

TROYANA dijo...

Y la luna
Y Brasil
Y las cuatro fases
Y los cuatro estados

Y la locura
Y la eternidad de un Dios
Y las demencias del viaje-esos trayectos jamás imaginados y nunca habitados-
Y la permanecía y cercanía con el otro-esa entrega transparente y realmente generosa-


Y vos
Y el recorrido
Y el ser que se sorprende y nos sorprende
Y la permanente incertidumbre de tus periplos


Y…
Siempre quedara algo más por decir…

viviane dijo...

Hola, Jaime, estoy adorando seguir sus aventuras. Adoro la manera como disserta acerca de los lugares, la gente, las impresiones que tienes y que tu provocas en la gente que encuentra. Creo que estoy "viciada" en su blog (risas), es como si yo pudiera ver, oír,sientir lo que usted describe. ¡Gracias por dividir todo esto con nosotros! ¡ besos y sigue bien feliz!
Que Dios bendiga tu sonrisa siempre