Lo que yo quiero decir es América Latina...

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domingo, 5 de octubre de 2008

Habláme de Brasil

¿De qué país querés que te hable? , son muchos este inmenso Brasil. El del norte, nordeste, el del sur, el del litoral, el de los deportes, el de sus comidas, sus bastas pasiones. Brasil son muchos, no se por dónde hablar de lo que tanto quiero hablar, de lo que tengo que hablar. ¿De qué país querés que te hable?, del que me despisto en el norte cuando no sabía su lengua y me asustaba lo desolado de su floresta, de no encontrar un alma en kilómetros y no llegar a ningún lado para después y como siempre llegar a casa, a la sonrisa de este pueblo que parece que nació alegre. De la jugosa melancia que me chorreo por las mejillas cuando la mordí, la más dulce, la del norte. No encontrara otra como esta me dijeron, es verdad no la encontré porque todo en Brasil es único, se puede repetir es verdad pero es único. De ese norte que es otro país, del que no sale en las postales más que cuando pasas a la amazonia para venderte exotismo barato, de la Roraima indígena, la de su reserva que asusta en extensión y diversidad. Norte alejado y distante, norte de precios inalcanzables y sutaque diferente, tonalidades de lenguaje, norte que me enseño mi primer portugués, norte de animales varios, de nubes de papagayos amarillos y azules, de armadillos que saludaban en la carretera, de macacos saltando de árbol en árbol, norte de serpientes que no me mordieron porque antes las mordió las llantas de los autos que van a millón y no pudieron parar ya sea para esquivar los huecos de carreteras olvidadas o por costumbre de ir siempre adelante. Norte sin norte, norte que divide el río más grande del mundo, río que separa al país. Puerto de progreso, Manaus cauchera, Manaus de mil barcos donde cabe el mundo entero, Teatro de Manaus, Teatro amazonas que canta al mundo en las temporadas de opera que todavía no se apagan, Manaus de bebidas más poderosas que el café, Guarana de la Amazonia, tantos frutos en un vaso. ¿Te hablo de las frutas?, ¿Qué te puedo decir yo que vengo de un país tropical y llego a otro que me presenta una fruta todos los días? ¿Ya probo…? Es la pregunta que se repite aquí. Y yo decía, no, no y no. Mi paladar se abría como flor en primavera para recibir esos nuevos frutos, Caju, Caja, Copo Açu, Acerola, Ate, miles de frutas todos los días, de todos los tamaños, de todos los sabores, de todas las regiones. Pimienta amazónica que me reta, hecha con los frutos que la gente cultiva en su quintal, que afortunados son. ¿Qué otro país hay?, muchos muchos y muchos mas si te sumerges en el río Amazonas mecido por estos titanics criollos donde duermes por cinco días y te despiertas luego en otro mundo, done se funde el sol en el horizonte que no alcanzas a ver. Luego llegas a Belen, belencito corazón como en la ciudad de Medellín, nombres que se repiten y todos tan distintos. ¿Qué país es este?, Brasil, el otro, el del otro lado del río, el de otras frutas, otros peces, otros mercados, mil olores, el de más puertos, porque quiérase o no este país es hijo de navegantes, hijo insurrecto al fin y al cabo que invento otra lengua y bailo y sigue bailando con su ritmo, el que no termina de re inventar. El del Forró Nordestino que se mezcla con los muchos otros y convive con la samba y la bossa nova, tan nueva y tan de aquí, tan de siempre. ¿Y el Brasil Litoral?, el de la costa claro, línea delgada y fina que alberga lo que muchos de afuera no conocen y los locales solo saben de nombres, porque este gran Brasil reta a quien lo quiera recorrer con esas distancias como para no llegar nunca. Ciudades que miran siempre el mar y se reflejan en el, en su danza de olas, en su agua de coco que calma la sed, en la condición de sentirse pueblos de mar, en asustarse cuando sabían que yo vivía lejos de la mar, que yo no era caribe como ellos, soy un hijo de las montañas, un montañero como diríamos en mi tierra. La línea del litoral esta llena de puntos que la cortan, esos puntos son puertos con toda la historia del mundo y hay un fuerte a cada tanto que defendía la soberanía, ahora el mundo tiende a convertirse en museo y la historia se cuenta desde otro lado. Pero este pueblo sigue escribiendo su historia con tranquilidad, con la tranquilidad de la brisa del mar que los mece o los adormece en ocasiones. Brasil, tranqüilo, Beleza, Brasil Tudo bem. ¿Y de las fiestas?, dijo Hemingway que París era una fiesta, no se si fue que no vino a Brasil, para ver que aquí siempre es una fiesta, así el carnaval; que es lo más conocido pero no lo único, dure tan solo tres días, la fiesta aquí es un saludo amable y si llegas a una casa entonces lo más probable es que haya un churrasco por que si y porque llegaste y porque también. La vida es la fiesta misma, es la celebración constante y el brasilero bien lo sabe, no hay brigas como dicen allá, no tiene por que haberlas, si hay un malentendido, pues bien meu filho vem com a gente para falar um poco. Hay carnaval y también fiestas juninas, las del nordeste con más fuerza, banderines de colores en las calles, parques, plazas, banderines que anuncian el baile y la comida, la licencia para más felicidad, este pueblo lo sabe, creo que no se lo tienen que recordar. Rueda el baile de muchas tarimas hasta las cinco de la mañana y las bandas con ritmos clásicos y los más nuevos que atrapan a la juventud, pero también creo que en Brasil no hay viejos o por lo menos no de espíritu. La línea del litoral te conecta con otros Brasiles y el negro de Salvador te tiñe el corazón, no es mentira, poderosos negros que embrujan con canto baile y comida, con su estela de energía venida no se de donde te embriagan y la bahía que es la de todos los santos te revuelca, pero hay un faro que te marca el camino. ¿Cuántos países llevo hasta ahora? Creo que no se pueden contar todos los que hay dentro del gigante, sería como intentar contar las sonrisas o los abrazos o las invitaciones que me hicieron o las puertas que se abrieron mientras lo recorría, soy malo para las matemáticas, tal vez sepa un poco más de amor y tal vez un poco más después de recorrerlo. Tal vez acredite más en la humanidad desde que Brasil me mostrará esa cara, era imposible no creer con esas interminables muestras todos los días. La costa en Brasil nunca termina y las montañas a veces me escondían el mar, Brasil juguetón, juega a la pelota, danza de piernas que agita corazones, gritos de miles de almas cuando rueda el balón en todos los estadios y las calles que son el más grande de todos. Brasil de postal más grande que una postal, un cuadro que se chorrea a través del marco, Río de Janeiro se sale de Brasil, lo supera, supera la ficción y el espíritu de sus cantantes de Samba en el barrio villa Isabel y la Bossa nova de Ipanema, sientes las notas de Vinicius de Moraes y sus poemas están incrustados todavía en las aceras, las calles y las mujeres a las que tanto canto. ¿Las Mujeres?, pueblo vivo, piel jugosa, boca definida, ojos para perderse en ellos, ojos que extravían, peligroso animal son todas ellas y cuando abren la boca es para robarte, te roban, te enamoran, te cantan, se cantan, se agitan de la cadera para abajo cuando bailan, ellas corren con soltura por la arena. La canción más famosa de Vinicius ya estaba hecha hace mucho rato, el solo recogió lo evidente, eso hacen los buenos poetas, ponernos a nosotros los parcialmente videntes lo que esta ahí. Mujeres mil, mujeres fatal como diría Sabina, mujeres de Santos para enloquecerse, negras de bahía de ojos verdes para delirar, Cariocas de piel canela para desvariar, rubias del sur que crees que no existen, mininas, garotas, mulherada, cuantos suspiros que son el lenguaje del alma me robaron todas y ahora que la lembrança no muere me roban más. Su corazón es el Brasil mismo de las puertas infinitas que aquí se me abrieron, las de parques para una conversación y un suco, las de la casa a la Beira de la estrada y un almoço, la de un pueblo y un colchón, la de mil ciudades y muchas familias, yo tengo todos los apellidos del Brasil en mi nombre, las de derrocar mitos y abrir puertas de batallones de policía militar para dormir entre armas y más sonrisas, las de cuerpos de bomberos y jugar como niños a salvar vidas, mi vida, bomberos alegres, resumen de Brasil. Tantas familias anónimas que creyeron en mi y me hicieron su hijo por un par de días, tantas comidas que más que llenar mi estomago calmaron mi alma, miles de temperos para temperar la vida, hijos del Feijao, grano mágico que alimenta este pueblo y Latinoamérica toda. ¿Y de la seguridad?, me dijeron que es un país inseguro. Sí claro, el más. Peligrosísimo. Aquí te roban el corazón en cada esquina y te punzan con abrazos en cada puerta y si la cruzas te dejaran solo con afectos en la piel y moretones de cariño. En las mal conocidas favelas te bombardean con música poderosa, pagode, samba, Mpb y entonces tu cuerpo se resiente y se retuerce, viene alguien a salvarte y terminas entrelazado con el danzando. Peligroso es este Brasil sin mas ley que la del cariño para el que llega, aquí existen los secuestros por amor, yo como soy un prófugo de la injusticia tuve que fugarme porque si por ellos fuera todavía estaba como por Manaus donde me secuestro mi primera familia o en Fortaleza donde el mar y una sonrisa de mujer me revolcó o en Recife donde los puentes me llevaban por calles que salían a un lugar que traía música, o en Itabuna o en Vitoria o…mil nombres mil personas, todas ellas peligrosas, hermosamente peligrosas, encantadoramente peligrosas, cautivadoras. En ese Brasil sude las gotas mas dulces pedaleando, bailando, conversando, emborrachándome con cada gota de licor que me dieron y que siempre duraba hasta le amanecer. Brasil no duerme para poder ver el sol que despunta en la montaña o en el inmenso mar, el más grande de todos.
Obrigado por tudo meu Brasil, voceis fican com meu coraçao.

1 comentario:

ine dijo...

te han robado el corazón